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El infierno de dante

Relato corto de terror

El infierno de Dante


Desperté intranquilo en mi habitación como hace tiempo no lo hacia. Sudaba mucho (nada extraño la verdad, Lima, mi ciudad estaba pasando por una ola de calor como en muchos años no se daba) y aun con la somnolencia del momento, me di cuenta que la angustia me embargaba

Me era imposible dormir con la luz encendida. Nunca he podido hacerlo… es como si el brillo de un foco eléctrico me taladrase el cerebro y no me dejara conciliar el sueño, así que en medio de mi intranquilidad acerqué una mano derecha a la lámpara que estaba sobre el velador para encenderla. Busqué a tientas el interruptor y después de un par de segundos lo encontré. Accioné el botón y escuché el click del circuito cerrándose.

No pasó nada. MI habitación seguía a oscuras.

En la soledad de mi casa cientos de macabras ideas me habían asomado desde hacia casi 15 meses que la había comprado con mi jugoso sueldo de gerente. Situada al costado de un pantano de Lima las calles donde estaba ubicada eran desoladas y sin ruido la mayor parte del día, pero en las noches, el viento silbaba con fuerza contra las paredes y las ventanas trayéndome sonidos que me erizarían la piel si no fuera por que hasta el día de hoy era un ser adulto y racional, con la habilidad de separar las sombras malignas de la luz de la razón. Y así me jactaba de ser cada día de mi vida, pero en ese momento, al escuchar el click del interruptor, el pequeño y temeroso niño que habita dentro de cada uno de nosotros tomó parte de las riendas de mi cabeza.

Volví a accionar el botón. Fue inútil. Todo permaneció en penumbras.

Miré sobre la cabecera de mi cama buscando la luz que se filtra a través de las cortinas para que me diera algo de tranquilidad. La encontré allí, pero lejos de confortarme en el momento, un macabro y pálido rayo de luna me mostró una imagen que nunca olvidaría.

Sobre el costado más lejano de mi cama, una mano sangrienta manchaba mis sábanas.

Era un muñón de color blanco y rojizo en los bordes. Las uñas largas se veían asquerosamente rosadas y sucias.

Sentí instantáneamente que una horcajadas llegó a mi boca y cerré los ojos tratando de olvidar esa terrible visión…. ¿Como era posible que en mi cama hubiera una mano mutilada? ¿Cómo era posible que mi mundo ordenado y lógico me trajera estas cosas?

Mi razón trató de prevalecer. Aun con los ojos cerrados traté de convencerme que aquel horroroso muñón solo estaba en las cloacas mas profundas de mi mente, no sobre las sabanas blancas que había usado para dormir esa noche. Traté de convencerme que el horror que estaba viviendo no era real, no podía ser real.

Me tomé unos segundos para abrir los ojos. Despacio, con toda la calma que podía reunir aunque mi corazón estuviera a punto de salir disparado de mí pecho

Allí sobre mi sabana seguía la mano ensangrentada.

Me quedé paralizado y esta venzo cerré los ojos. Busque recorrer el contorno de aquel pavoroso objeto con mi mirada para poder encontrar la lógica de todo esa pesadilla pero fue inútil… allí estaba indudablemente, allí como un ídolo sangriento de algún olvidado y demencial rito

Quise evitar las horcajadas nuevamente y no pude. Sentía que algo dentro de mí luchaba por salir hacia el exterior para protestar por que mi mundo, mi casi perfecto y lógico mundo, se derrumbaba por aquel macabro miembro.

Levanté ambas manos hacia mi cara y sentí mi mano derecha (la misma que se había acercado a la lámpara para encenderla) sobre mi rostro y mi boca, pero la izquierda no estaba allí. No lo estaba. En medio de la oscuridad que no llegaba ha alumbrar la pálida luz de luna no había nada.

De repente lo comprendí todo.

Acerqué mi brazo hacia el rayo lunar. Un hueso blanco salía de él, allí donde debía estar mi mano.

MI mundo se hizo añicos de golpe. Mis ojos se salieron casi de sus orbitas y un grito angustiante salió de mi garganta. Durante un tiempo que no puedo recordar no dejé de gritar con toda la fuerza de mi garganta, con todo el aire que podía tener en mis pulmones. No paré ni cuando sentí el dolor de mis cuerdas vocales explotando por el esfuerzo de ese grito salvaje y tampoco paré cuando las lágrimas aparecieron en mis ojos al darme cuenta que no estaba soñando.

Me puse de pié e intenté llegar hasta la puerta de mi habitación. La distancia entre mi cama y el marco de la puerta no es más de un par de metros pero aún así creí que estaba a kilómetros de distancia de allí. Apretaba contra mi pecho desnudo mi muñón y buscaba con la otra mano el picaporte. Por fin lo encontré y abrí la puerta. La oscuridad seguía en el pasadizo que estaba al otro lado.

Me moví lo más rápido que pude en medio de la angustia y la ausencia de luz. Mis piernas buscaban desplazarse hacia otro lugar, hacia donde la cordura y la razón todavía fueran puertos seguros para mí, pero no lo podía hacer. Todo se movía alrededor mío, todo era una vorágine de una oscuridad densa y cruel que buscaban acabar con mi cordura.

Y por fin lo vi. Monstruoso y terrible. Con una sonrisa entre cruel y burlona. Allí de pié, reconocí su figura a pesar de la poca luz que nos rodeaba. Sabia que existía, lo había imaginado muchas veces pero nunca creí que fuera posible que nos encontráramos cara a cara.

- Te estaba esperando – me dijo

- ¿Quien eres?

- ¿Necesitas realmente que te lo diga?

Quise moverme pero no pude, Mis piernas se negaron a moverse de donde estaba. El lo estaba provocando, él con su infame y poderosa mente me tenia atado allí, observándolo, a punto de perder toda la razón y la cordura.

De repente estiró su mano y vi que tenía algo allí. Una pieza metálica que a pesar de la oscuridad reinante reconocí inmediatamente

- Si tu mano te ofende, córtala – me dijo y se acercó un paso hacia mí.

Vi el muñón de mi mano y entendí lo que me quería decir. Si mi mano me había ofendido alguna vez, hoy había pagado un precio salvaje por eso

- Si tu ojo te ofende, sácatelo – habló mientras acercaba el cuchillo a mi rostro.

La hoja filuda atravesó la oscuridad directamente hacia las orbitas de mis ojos y se hundió en el derecho. La sentí fría mientras le penetraba fuertemente. Se escuchó un ruido como el de un tenedor cortando un huevo escalfado.

Quise volver a gritar y no tuve fuerza para hacerlo. En ese momento pedí a Dios que me hiciera perder el conocimiento pero no me escuchó. De pie allí, con una mano cortada y un ojo cruzado por un cuchillo, era aun conciente del mundo que me rodeaba,… del mundo, su locura y su crueldad.

- Detente por favor!!!- alcancé a decir con una voz temblorosa. Lo dije con el ultimo rezago de cordura que tenia en mi cerebro

El no me hizo caso. Solo habló con una voz fría como la hoja del cuchillo que había hundido en mí

- Si tu lengua te traiciona, sácatela. Volvió a decir en medio de una risa insana

Sentí sus dedos que reptaban en mi boca buscando mi lengua. Intenté cerrarla con toda mis fuerzas pero no pude hacerlo. Dos falanges fuertes y ásperas tomaron mi lengua y la presionaron. Después la sacaron hacia fuera

El ser monstruoso sacó el cuchillo de mi ojo y esta vez el dolor fue tan intenso que sentí el calor de mi orina sobre mis muslos, cayendo hacia el suelo. Mi cuerpo, ante la imposibilidad de emitir sonido alguno reaccionaba permitiendo que mis esfínteres se suelten.

Lo siguiente que sentí fue el cuchillo trozando mi lengua de izquierda a derecha. La hoja afilada la cortó limpiamente, de un solo tajo, como un carnicero hábil haría con un bife fino.

La sangre empezó a manar a borbotones uniéndose en el piso a mi orina.

Esta vez aquello que me mantenía en pie simplemente se fue y caí estrepitosamente al piso en medio del charco que había salido de mi cuerpo.

El piso duro se estrelló contra mi cuerpo torpe y macilento que apenas podía mantenerse conciente. Sentí el frío del suelo sobre mi cara cuando esta se estrelló pesadamente contra las lozas de la sala de mi casa. Sentí el dolor en la boca primero y luego en el ojo, que apenas era una especie de globo desinflado en mi cuenca. Era el dolor de la realidad maldita sea, de la realidad y no de una pesadilla. Lo que me estaba sucediendo era real indudablemente.

Con mi único ojo busque el rostro de mi mutilador. En medio de la oscuridad era fácilmente ubicable, como si una luz espectral y sobrenatural de tonos negros y grises lo realzara sobre el resto de mi casa.

- Y si un pie te falla, córtatelo – terminó diciendo.

El cuchillo cruzó mi pierna derecha justo bajo mi rodilla, desbastando primero la carne y luego el hueso, llevándose todo un complejo sistema de nervios en el camino. El dolor que ya antes me había parecido inmenso esta vez se multiplicó por 10 haciendo que mi garganta adolorida y ardiente lanzara un gemido imposible de articular por la falta de una lengua para hacerlo.

El ser demoró 20 eternos segundos en cortar de extremo a extremo mi pierna.

Veinte eternos segundos de infernal dolor
Veinte eternos segundos para desear la muerte con toda la fuerza de mi corazón.
Veinte eternos segundos para entender lo que era el infierno de Dante

Por fin el ser se puso de pie con mi pierna en una mano y un cuchillo ensangrentado en la otra.

Mis horas estaban contadas, lo sabía. El dolor en algún momento cortaría el circuito que mantiene encendido mi cerebro y después, seguramente moriría desangrado aunque eso no era lo peor…

Lo peor era el saber que el infierno existía y era un inmenso mar de dolor y angustia.

El ser tiró lo que quedaba de mi pierna sobre uno de los muebles de mi sala. Ya había dejado de sonreír y podía sentir su respiración agitada.

Caminó un par de metros y estiró la mano hacia un interruptor sobre la pared. Esta vez la luz inundó toda la habitación cegando a mi único ojo que no podía dejar de ver la silueta de ese hombre.

La repentina iluminación trajo a mi trastornado cerebro una figura que yo conocía. Y que yo conocía muy bien a pesar del dolor , a pesar de la angustia y de la repentina locura en que se había convertido mi vida, pude reconocer el rostro de ese hombre cruel y sanguinario que me había mutilado.

Era mi rostro, ese hombre era yo.

Se acercó a mí y puso el cuchillo sobre mi cuello. Sentí el filo del metal sobre mi piel.

Esta vez su rostro, lejos de reflejar la furia que había imaginado que tendría, estaba triste y cansado. Profundas arrugas lo recorrían en la frente y las comisuras de los labios. Su cabello era largo y cano y los ojos amarillos y viejos.

- Por queme hiciste esto? – me dijo – por que me convertiste en lo que ahora eres? Eres el pálido reflejo de lo que quise ser…. Te dejaste vencer!!! Te dejaste corromper!!!!!! … hiciste que mi ojo, mi mano, mi lengua y mi pie me traicionara… ¿Por qué? ¿Por qué lo hiciste???

- Sabias que un día iba a venir por ti no? Lo sabias????? Y así seguiste transando , seguiste traicionándome … escogiste una vida cómoda sin pensar en lo que me prometiste…ahora tu mundo no sirve de nada, ni tu lógica ni tu dinero. Ahora estas solo aquí, conmigo y sabes que mi sentencia es justa.

Sentí el filo de la navaja cortando lentamente la piel de mi cuello. Lo sentí hundirse y buscar mi carótida primero, mi garganta después y tropezar torpemente con los huesos que hasta hace unos momentos mantenían erguida mi cabeza. Y sentí que mi respiración abandonaba mi cuerpo para entregar mi alma a la oscuridad eterna… el verdadero infierno.
Mi cerebro no murió con el cuerpo. Demoró unos segundos más, apenas los necesarios para entender que todo eso que acababa de vivir era real y no podía dar vuelta atrás en nada. Mi vida, mi existencia, se escapaba y nada evitaría eso. Por fin supe que lo que había formado mi existencia se había convertido en una luz que inevitablemente estaba destinada a apagarse. Allí recordé todo lo que acabo de narrar y ahora en este último momento soy conciente de lo poco que he sido para el mundo.

Fin

Fuente:
http://www.ymipollo.com/comparte.php?95431
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