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Rainbow factory

La Fábrica de Arcoíris
Por AuroraDawn


“El relato de un arcoíris no es tan agradable
Como la historia que conocíamos del azúcar y condimentos”

Por un largo tiempo ha habido rumores de cómo, exactamente, los arcoíris eran hechos en Equestria. Mientras una gran cantidad de ponies Pegasos eran contratados en el departamento de Arcoíris de la fábrica del clima, casi todos ellos trabajaban de mala gana. Lo que se conoce es que en las grandes corrientes de Espectros, los individuales colores del arcoíris, fluyen a través de largas grietas hacia vastas tinas. Desde ahí, los trabajadores cuidadosa y equitativamente mezclaban los espectros en coaguladas piscinas de arcoíris que corrían por la fábrica y rodeaban la ciudad. Luego, la mezcla es bombeada hacia la planta baja, donde otros empleados la atomizaban y guardaban hasta que el Pegaso del clima activo la desplegase en el campo.
Aún así, nadie sabe como los espectros en particular son hechos. Los suplementos nunca se veen llevados dentro, dejando siquiera una pista de lo que va en el arcoíris. Los turistas, cuando visitan la fábrica, se les permite admirar todo a su alrededor, con grandes puertas solidas que dan la bienvenida a quien sea a toda hora. A pesar de que varios letreros y arquitectura diesen la bienvenida, el piso superior de la fábrica estaba protegido por imágenes de riesgos potenciales y muerte, y la muralla de nube no estaba era blanco como el del resto de la ciudad, sino una negra, y truenosa niebla.
Para volverse un empleado del piso superior de la fábrica de arcoíris, había que sacrificar el no poder salir más de esas murallas negras. Los trabajadores tenían que jurar discreción y les era prohibido salir, y tenían que vivir dentro de la instalación. Aquellos que pudieron salir no en una bolsa estaban locos y perturbados, muy dañados como para hablar de ello. Muchas teorías fueron propuestas; Magia negra de unicornios capturados, químicos y peligros ambientales que ningún pony que fuese cuerdo pudiese tolerar, e incluso el de otra hermana desconocida de Celestia, que estuviese destinada a crear espectro en vez de levantar el sol o la luna.
Ninguno de ellos podía estar más lejos de la verdad.

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“Pero un arcoíris es fácil una vez lo conoces
Con la ayuda de la magia de un aparato de los pegasos”

“Vamos, Orion! Llegaremos tarde para nuestro exámen final!” Scootaloo llamó a un amigo de ella. Era más grande ahora, en su último año de la escuela de vuelo. Ella, como todos los otros pegasos en la escuela, estaba muy nerviosa con el exámen final. Aquellos que la pasaran se les concedía la libertad al mundo, para encontrar sus Cutie Marks siesque aun no lo habían hecho, y volverse en ponies trabajadores.
Poco conocido, o al menos poco se había pensado en ello, que era lo que le ocurría a las potrancas que fallaban sus exámenes. Mientras no fuese común, uno o dos de cada clase generalmente no podían realizar actos riesgosos ni maniobras. Aquellos que fallaban sus exámenes se les miraba de menos en las peores formas, evitados, y odiados. Cloudsdale siempre ha criado una forma de nacionalismo entre sus habitantes. Si no eras el mejor, o no mostrabas el potencial para ser el mejor, no se te permitía ser parte del “glorioso colectivo”.
Scootaloo se movió un poco al lado mientras que Orion, un alto, y delgado pony, se colocó junto a ella. Acolchó sus ligeras plumas café y dio un preocupado intento de sonreir mientras miraba a su alrededor de donde se sentó. Estaban sentados en la larga sala de espera mirando hacia el coliseo, con todos los otros pegasos graduándose. A la distancia se veía la fábrica. Orion lo observó, y tragó saliva.
“Que ocurre, Orion? Tienes miedo de conseguir un mal trabajo en la nieve?”
Orion sonrío un poco, cerró sus ojos y suspiró. “No…es solo que…No lo sé. No sé si puedo hacer esto. Qué pasa si fallo? Qué pasa si *no* fallo, pero lo hago lo suficientemente mal para que todos me odien? No creo que pueda soportar el ser exiliado. Donde siquiera iríamos, en todo caso?”
Scootaloo le dio un golpe amistoso a Orion. “Nadie sabe, tonto. Y no vamos a fallar. Todos aquí les irá bien. Al menos yo se que me irá bien,” rió. “Gracias a los consejos de Rainbow Dash, estoy segura que me irá bien.”
“Oh, si, seguro. Eso me tranquiliza. Eso solo es, si no más asegurador, que el odio psicópata que a todos aquí parece que aman propagar.”
“Deja de tener pánico, miedoso,” Scootaloo respondió. “El único aquí que pienso que podría fallar es esa pony amarilla con la melena verde oscuro. Ella es la única que estuvo enferma por ese mes.”
“Oh, si,” Orion recordó mientras estiró su cabeza en dirección hacia la otra pony. “La que tuvo ese mal caso de la pezuña y el ala. Aún así se vee bastante segura.”
“Supongo que ahí veremos,” Scootaloo prosiguió, volteando la mirada hacia la fábrica. Le dio escalofríos, pero no de miedo, sino de orgullo. “Espero que pueda hacer un genial trabajo en el clima. Te puedes imaginar? Todos en Ponyville o Fillydelphia mirándome, diciendo “Ahí va Scootaloo! Es una asombrosa voladora! Y de Cloudsdale, no hay duda!” Sonrió con emoción, olvidando su tensión por un momento.
“Eso sería asombroso, debo admitir. Te imaginas, solo viniendo de Clousdale…quien no estaría asombrado?”
“Exactamente. Alabada sea la bandada.”
“Alabada sea la bandada.”
“Lugares, tomen lugares, todos.” Un gran, robusto Pegaso caminó hacia la entrada del coliseo. “Haremos esto por nombres. Sus jueces están en el lado Este del campo. No vuelen, repito, NO VUELEN tan lejos hacia el Oeste. Si les pierden de vista por cualquier sazón, fallarán inmediatamente. Tomen respiros profundos. Estiren sus alas una última vez. La prueba consistirá en tres secciones. Despeje del clima, Agilidad, y finalmente Recuperación. Despejen las nubes, vuelen a través de los aros, y luego vuelen hacia la elevación marcada. Cierren sus alas por al menos tres segundos. Poco menos y fallarán, y recuerden que no hay “puntos extra” por segundos extra. Finalmente, recupérense antes de que choquen con el piso de nube. Está claro? Alguna pregunta?” El instructor se detuvo, y miró cuidadosamente a cada pony en la habitación. Los ojos de todos estaban completamente enfocados en él, y nadie tenía ninguna confusión. “Está bien. Aurora Dawn. Tú vas primera. Despeja, Vuela, Cae, Termina.”
La pony amarilla hizo un gesto en aprobación y rápidamente caminó hacia la rampa de comienzo. Miró hacia los jueces, esperó por la señal de los jueces, y despegó con una poderosa fuerza. La rampa brincó ligeramente por la fuerza del despegue.
Todos observaron como Aurora rápidamente alcanzó la altura de comienzo, y empezó un directo ataque a las nubes posicionadas. Con un ritmo experto e inteligentes ángulos, el cielo rápidamente estuvo vacío de alguna humedad. Scootaloo y Orion observaron con sus bocas abiertas como la primera en ir ejecutaba rápidas y fuertes vueltas, expertamente atravesando el centro de cada aro. Finalmente, Aurora llegó a la altitud correspondiente, planeó un instante, y cerró sus alas.
El grupo de estudiantes se sorprendió cuando comenzó a caer, directamente hacia las nubes, y contaron casi sin aliento. “Uno…Dos…Tres.” Suspiraron cuando vieron que abrió sus alas en el monto correcto de tiempo, colectivamente estando aliviados.
Repentinamente, las alas de Aurora se doblaron hacia arriba, y el grupo de estudiantes se doblaron de horror cuando escucharon el ruidoso, hueco SNAP, solo para ser reemplazado por un interminable, perforante grito. Muchos, como Orion, taparon sus ojos con sus alas, otros como Scootaloo solo pudieron observar, aterrorizados, como el aspecto borroso de amarillo, verde, y rojo cayó en una nube con un pesado golpe.
Sin perder tiempo, el instructor caminó hacia adelante nuevamente mientras los tres jueces simplemente apuntaron hacia abajo y empezaron a barajar los papeles. Hablando fuertemente, como si nada hubiese pasado, llamó denuevo. “Daisy Fields. Despeja, Vuela, Cae, Termina.”
Scootaloo y Orion miraron boquiabiertos, mientras otro pony preocupado, caminó directamente hacia el camino y despegó. Voltearon la vista devuelta a la nube donde Aurora había caído y miraba. Mientras el viento soplaba los fragmentos que se desprendieron de la nube con la colisión, vieron como el tembloroso cuerpo amarillo intentaba moverse, solo para colapsar con un llanto.
“Faraday Spots. Despeja, Vuela, Cae, Termina.”
Autota aún luchaba por caminar, gimiendo con cada paso. Sus piernas no estaban rotas, podía usarlas bien, pero obviamente el dolor de sus alas y la pérdida de su vida potencial la destrozaba. Scootaloo sintió que a Orion le caían lágrimas, mientras en su rostro se formaba un gesto de molestia.
“Holyday Shine. Despeja, Vuela, Cae, Termina.”
“Nadie va a ayudarla,” Orion furiosamente dijo con los dientes entrecerrados.
Scootaloo se sintió extremadamente triste por la Pegaso amarilla, pero no podía ir a ayudarla. Podría fallar y ser enviada lejos, muy lejos de Cloudsdale y de cualquier lugar de Equestria, a algún lugar donde ella y cualquier otro estudiante que haya reprobado no manchara la reputación de Cloudsdale. Era lamentable, pero Scootaloo no podía hacerlo. No podía fallarle a sus amigos, y definitivamente no podría fallarle a Rainbow Dash. No después del cuidado y ayuda que le había dado a Scootaloo durante su vida. Scootaloo secó las lágrimas de sus ojos, y se forzó a observar a los estudiantes compitiendo. Uno después de otro despegó, logrando completar el examen, y voló hacia la puerta Este, bajo el lugar donde se ubicaban los jueces. Eso es todo en lo que Scootaloo estaba concentrada. Completar el examen. Volar hacia la puerta. Vivir una vida feliz.
“Orion Solstice. Despeja, Vuela, Cae, Termina.”
“…No.”
“Qué?” El instructor dio un paso hacia atrás, con una pata levantada en el aire. “No puedes rehusarte a tomar el examen de vuelo. Ve ahí afuera antes de que molestes a los jueces.”
“No. S-Siquiera pretendas que te importa mi futuro si siquiera te importa el de ella,” Orion desafió, inseguro de sí mismo. “Dices que quieres conseguirme una buena vida, y aún así permites que los que fallan sufran un insoportable dolor.”
“Vete de inmediato a ese campo antes de que te repruebe yo mismo,” repondió gritando el instructor amenazantemente.
“Está bien,” Orion dijo bruscamente, antes de caminar hacia la rampa. Miró hacia los jueces, esperó por la señal, y al segundo despegó. Aún así, antes de llegar a la altura de comienzo, bruscamente te volteó y aterrizó gentilmente donde Aurora. Se volteó y le miró, con sangre cayendo desde su frente y de los lados, mientras el llanto corría por su rostro.
“Qu…Que estás haciendo? Fallarás, como yo. Serás exiliado.”
“Preferiría ser exiliado de un lugar que trata a los ponies así que vivir mi vida mientras otros no viven las suyas.”
Aurora sonrió, la felicidad prontamente reemplazó su tristeza en sus oscurecidos ojos, hasta que tropezó nuevamente e intenso dolor corrió por su cuerpo. Orion se ganó junto a ella, usando su ala para sostener a la pony amarilla con él. Miró hacia los jueces, con odio sus ojos. Miraron hacia abajo, no afectados, y simplemente apuntaron hacia abajo, antes de mirar devuelta hacia la rampa para el próximo contendiente.
Scootaloo se sintió shockeada, apenas escuchando su nombre, siendo la siguiente. Se dirigió aturdidamente hacia la rampa, nunca despegando sus ojos de su amiga y el pony que se sacrificó para ayudarle. Después de un pequeño momento, agitó su cabeza, se recuperó de sus pensamientos, y miró hacia los jueces. Pensamientos cruzaron por su cabeza mientras observó como los jueces dieron la señal.
“Oh Celestia. Qué hago? No puedo defraudar a todos los que conozco…pero, nunca volveré a ver a Orion nuevamente…supongo…Espero que haya sabido el riesgo cuando hizo eso. Estoy segura que está pensando lo mismo ahora.”
Miró hacia Orion. El no le estaba mirando. Despegó, con el corazón roto. Sus instintos volvieron cuando un conocido soplido de viento le refrescó y desvaneció sus pensamientos. Se detuvo a la altura correcta, y se lanzó nuevamente, sintiendo y viendo cada nube, formulando un plan de juego. En cosa de una docena de segundos, el cielo estaba despejado.
Hizo una vuelta rápida en medio-vuelo, apuntando hacia el primer aro. Con un poderosa fuerza de sus alas, se propulsó a través del primer aro. Luego el segundo, y el tercero, expertamente doblando por cada aro. Curvó hacia el segundo último aro, cerca del fondo del campo. Mientras descendió, fue vista por Orion y Aurora, casi en la puerta Oeste ahora. Orion volteó su cabeza, y sonrió débilmente.
La concentración de Scootaloo se rompió. Orion supo lo que hizo. Se preocupaba por ella. La extrañaría, y nunca podría darle un adiós.
Scootaloo se tropezó con la parte baja del aro, cayendo hacia atrás y golpeando el piso. Con una repentina sensación de temor, se puso de pie y comenzó a agitar sus alas, levitando del piso. “Talvés eso no cuente como una falla,” pensó. “Aún puedo volar.” Habría una distracción en el campo. Giró alrededor de los jueces.
Las tres pezuñas, apuntaron hacia abajo.
Scootaloo comenzó a llorar ahí, lagrimas poniendo borrosa su visión. No estaba bien. Esto no tuvo que pasar. Nada de ello. Orion tuvo que haber pasado el examen, y haberle hecho barras desde la puerta este. Ella no le hubiese mirado, se hubiera concentrado en el vuelo. Pero no había lugar para excusas. Derrotada, lentamente se dirigió hacia Orion, sentándose al lado de él. Ella le miró con sus ojos Púrpuras. Él le miró devuelta, ofreciendo una sonrisa.
“Hiciste un buen trabajo.”
Scootaloo agachó su cabeza y sollozó. Caminó alrededor de Orion, levantó un ala, y ayudó a Aurora a caminar a la puerta Oeste. Delante de ellos había un largo, sin alumbrar pasillo, con un letrero barato en la muralla, notificando a las “fallas del examen” proceder por el pasillo. Esperaron, cortamente, a que se juntaran y prepararan a donde serían llevados, luego avanzaron juntos.
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“Profundicémonos en la filosofía del arcoíris
Mucho más lejos de la mitología de Cloudsdale
Es fácil juzgar mal esa ciudad flotante
Con su atrayente decoración y psicología social”

Afirmándose en un vagón vacío al final del solitario pasillo había tres imponentes ponies, inclinados en una desinteresada y aburrida pose. Uno de ellos vio como el lamentado trío se encontraba en campo abierto. Estaban al fondo del coliseo, con vastas colinas y campos de Equestria visibles a lo lejos abajo.
“Hey, Jefe. Tenemos algunos pegasos inútiles,” el primero llamó a un pony aun más grande al otro lado del vagón. “Supongo que ya es hora de trabajar, cierto?”
“Calmate, amigo. Aún podrían haber más, también.”
“N-no…Yo era l-la ultima estudiante en ir,” Scootaloo dijo sollozando. Orion solo pudo hacer un gesto con su cabeza. “Solo…Solo…” Pausó, respiró hondo, determinada a permanecer lo más fuerte que pudiese. “Solo somos tres. Las alas de Aurora…están rotas. Necesita ayuda.”
“No es esa solo una lastima por cual llorar. Qué hay para nosotros? Mucho mejor así no volverá a volar devuelta hacia nosotros.”
“Puede que hayamos fallado nuestro maldito examen pero eso no significa que valgamos permanecer con vida!” Scootaloo gritó con furia. Estaba determinada a sostener cuanta dignidad fuese posible.
“Está bien, está bien, sheesh. Hey, Patches. Curala antes de que nos volvamos. No quiero algo de sangre en esos asientos, lavé recién esa cosa. Ustedes dos. Al carro.”
Orion y Scootaloo saltaron dentro del vagón y se pusieron tan cómodos como pudieron en los duros asientos, pero se aseguraron de dejar lugar para Aurora. Tan pronto como los tres ponies grandes vendaron sus alas, Aurora cuidadosamente se subió al vehículo, y se recostó en el asiento trasero. Scootaloo se acercó a ella, y se recostó para hablar mientras la puerta del vagón se cerró. El pony Jefe estaba dentro en la parte trasera, parado junto a la puerta, observando a cada uno de ellos.
“Asiesque,” Scootaloo comenzó silenciosamente, intentando no hablar tan fuerte. “Tú eres Aurora? Soy Scootaloo. Lo siento que hayamos tenido que conocernos así.”
“Conocer siempre a un nuevo amigo es siempre bienvenido,” Aurora dijo gentilmente, con sinceridad en sus ojos. “Hicimos lo mejor que pudimos. Es todo lo que podemos decir. Es todo lo que cualquiera de nosotros puede decir. Quien es para decir que la ciudad de los exilidados no es una buena, de todos modos?”
El pensamiento golpeó a Scootaloo mientras lo consideró. Nadie había dicho donde eran llevados los pegasos. La mayoría de los ponies consideraban que era una extraña tierra, como de donde venían las Zebras. Eso hizo que Scootaloo se diese cuenta de algo más profundo.
“Hey, si nos llevan de donde viene Zecora, debe de haber alguna manera de volver. No es como si se nos prohíba la entrada a Equestria. Fluttershy, una vieja amiga mia, es una pegaso que vive en Ponyville. Nunca ha pasado la escuela de vuelo, nunca tomó el examen. Nunca han llegado y la han sacado de ahí.”
“Exactamente,” Aurora guiñó un ojo en acuerdo. Orion escuchó, y dijo lo que pensaba.
“Creo que la razón por la cual nos envían lejos es porque ningún pony de Cloudsdale admitiría que alguien falló en la escuela de vuelo viniese de su ciudad. Qué lugar más horrible, ahora que pienso en ello. No quiero volver nunca más.”
“Tal vez por eso es que ningún Pegaso vuelve, simplemente no les gusta Cloudsdale.”
“Ustedes malditos ponies inútiles difícilmente pueden llamarse “Pegaso”,” Habló el jefe desde la puerta. “Inútiles fallas que resultaron ser. Ningún pony vuelve del exilio. Sin importar la razón. No pudieron siquiera pasar su maldito examen, ustedes tres me ponen enfermo.”
Scootaloo se levantó de su asiento, se elevó en el aire con sus alas y se dirigió hacia el Jefe. “Tu CALLA acerca de nosotros, no tienes derecho a tratar a otros así!”
Jefe levantó una pezuña y bofeteó a Scootaloo, haciéndole caer al piso. “Puedo tratarles como se me dé la gana. Ustedes difícilmente se pueden calificar como “Ponies” a Cloudsdale, o en cualquier parte de Equestria. Ahora siéntate y cállate hasta que lleguen a su destino.”
“Donde nos llevan, de todos modos? No es como que le vayamos a decir a alguien ahora, y estoy seguro que los conductores, así como ustedes deben de saber,” Orio cautelosamente razonó.
“Qué se yo. Le entregamos este vagón a los ponies con trajes, conseguimos una bolsa llena de monedas para mantenernos callados acerca de ello. Así ha sido siempre, por mil años.”
Los tres se ganaron juntos nuevamente, asustados de lo desconocido. Se mantuvieron callados mientras esperaron a través del inaguantable viaje, perdidos en sus pensamientos. Amigos, familia, amados y mascotas. No volverían a verlos de nuevo, y algunos nunca sabrían porqué. Una hora pasó. Luego otra. Finalmente, el incómodo silencio fue roto por un repentino tambaleo cuando el vagón se detuvo en su vuelo.
“Ah,” Jefe sonrió. “Aquí es mi para. Ustedes sean buenos ahora. Diviértanse en cual sea el infierno al cual los envíen.” La puerta del vagón se abrió y Jefe saltó fuera con una ráfaga de viento helado. Era de noche afuera, y difícilmente podía verse algo de luz. Scootaloo miró hacia afuera, y vio otra figura viendo hacia adentro. Estaba vestido con un traje negro, si cola teñida con un negro innatural imposible por la naturaleza. Su rostro cubierto por una oscuridad, con una máscara suelta, ocultando su melena. Lo único visible eran ojos color fucsia, mirando indiferentemente a los tres ponies dentro. Se detuvieron mirando a Scootaloo, sin reconocer, pero luego miró devuelta. Un segundo pasó. El pony oscuro cerró la puerta, y el vagón comenzó a avanzar nuevamente.
“Al menos podemos hablar, ahora,” Aurora susurró en la oscuridad.
Pero no tenían nada de qué hablar.

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“Pero con todas las grandes cosas viene una gran responsabilidad
Siendo la de Cloudsdale la estabilidad del clima”


El vagón finalmente se detuvo. Los tres desolados potros despertaron, teniendo todo resuelto para conservar energía para lo que sea que viniese luego. Con un fuerte ruido, las puertas se agitaron, y luego ampliamente se abrieron. Muchos más ponies, cubiertos con máscaras y trajes, estaban moviéndose alrededor del area. Scootaloo guiñó contra la luz que estaba viendo.
Estaban en un edificio de nubes. Cuando sus ojos se ajustaron, vio más detalles. Varios ponies oscuros corrían de un lado a otro, algunos sosteniendo portapapeles, algunos llevando maletas y otros objetos que parecían importantes en sus espaldas. La complejidad estaba llena de maquinaria y letreros. Corrían tubos por el techo, un fuerte ruido en el fondo, ocasionalmente se unían algunos sonidos industriales como estruendos y alarmas. Scootaloo dio un fuerte suspiro.
“Este lugar…la arquitectura…es todo tan familiar…Creo que estamos en la fábrica del clima!”
Orion frunció el ceño. “Eso no puede estar bien. Hemos viajado muy lejos. Deberíamos de estar lejos de Equestria ahora, por no mencionar la ciudad.”
“En realidad, Scootaloo puede que esté en lo correcto,” Aurora reflexionó. “Me di cuenta…tal vez haya sido la misma cantidad de tiempo de cuando dejamos el coliseo al lugar donde cambiaron a los conductores del vagón, que fue del lugar de cambio hasta aquí. Pero…No lo sé. Estoy confundida. Tal vez haya sido solo una coincidencia.”
“Bienvenidas, mulas,” Una gran y poderosa voz comandó. Varios ponies con trajes se movieron para dar paso a un pegaso rojo oscuro, vestido con un traje blanco de laboratorio. “Ustedes degenerados probablemente se pregunten donde exactamente están. Estúpidas potrancas. Están en Cloudsdale! La instalación del arcoíris, para ser más precisos. Permítanme mostrarles alrededor.”
“Que está sucediendo aquí? Esperas usarnos como esclavos? Ya que de ser así preferiría ser exiliado, gracias,” Scootaloo gritó. Orion y Aurora volvieron a sus asientos detrás de Scootaloo, dando un gesto en acuerdo.
“Como si fallas como ustedes tuvieran elección. Estarán aquí por el resto de sus vidas! Oh, lo siento, donde están mis modales? Soy el Dr. Atmósfera, mi diploma no es uno médico, se los aseguro, en caso de que estén pensando en alguna horrorosa cirugía detrás de escenas. Es extraño cuantos inútiles pegasos han tenido esa idea. No, no, mi diploma está en la ingeniería. Soy uno de los mandamases en esta instalación. Estoy seguro que todos ustedes ya han tenido un tour en la planta baja de la fábrica, no cierto?”
Los tres ponies asintieron lentamente con la cabeza, inseguros de que era lo que estaba ocurriendo.
“Excelente! Quien puede decirme donde comienza el tour?”
Orion habló primero. “Donde proviene el espectro de la planta superior y es mezclado.”
“Muy bien. Que lastima que seas inútil para la bandada, podrías haber sido uno inteligente.” Dr. Atmósfera sonrió sádicamente y golpeó levemente la cabeza de Orion. “Pero, hoy, iremos a la planta superior. Por favor, síganme, y no se queden tan atrás, o uno de mis ayudantes será forzado a…estimularlos.” Con ello, guiñó a los ponies vestidos.
Asintiendo con la cabeza, tres de ellos se acercaron y electrocutaron a los pegasos con tasers, electrocutándolos en el piso. Dr. Atmósfera lloriqueó de la risa mientras gritaban y caían, y continuó con una suave risa mientras se paraban.
A Scootaloo le cayeron más lágrimas de sus ojos, y sacudió nuevamente su cabeza, intentando perder la inquietud de sus nervios.
Volvió su vista y rápidamente miró a cada uno de los ponies con traje, mirando a los ojos de cada uno. Ninguno de ellos era el pony de ojos fucsia del vagón. De mala gana, comenzó a caminar detrás del ingeniero rojo.
“Simplemente deben ser cuidadosos en esta sección,” Dr. Atmósfera habló en un tono no como muchos de los guías turísticos del piso inferior. “Hay muchos rincones, grietas, agujeros y tinas en los que uno puede caer. Uno debe ser cuidadoso de no dañarse a sí mismo. Después de todo, ustedes ya están perdidos así como están, poco más y no tendríamos uso para ustedes.” Miró detrás de él maliciosamente mientras los tres miraban molestos, insultados.
Estuvieron caminando por varios pasillos con vibrantes maquinas y líneas de asemblamiento alineando el camino, ocasionalmente agachándose bajo colgantes cables o cuidadosamente pisando en tubos vaporosos. Mientras caminaban, sin embardo, el edificio se volvía más y más frío. Los tres estuvieron observando, sintiendo, buscando por una salida. No pudieron encontrar ningúna.
“Ahora, déjenme contarles una historia. Cloudsdale es donde el clima es hecho. Sin nosotros, el resto de Equestria moriría de hambre, se congelarían, ahogarían, y generalmente no sería un lugar muy agradable. Eso nos da un honor especial, uno que no puede ser manchado por, er, incompetentes potros como ustedes. Como nos miraría el mundo y confiaría si pegasos como *ustedes* estuviesen volando alrededor acarreando el nombre de Cloudsdale? No, no, necesitamos hacer algo con ustedes. Y entonces tuvimos una deliciosa idea, un día, hace mil años atrás. Eran ponies bastante inteligentes, debo decir. No encuentran muchos de ellos hoy en día. Pero me estoy apartando del tema, ja ja. Aquí, ahora, vayan por esas puertas, rápido, antes de que más “estímulos” les sean aplicados.” Dr. Atmósfera abrió una puerta con aspecto pesado en un estrecho corredor, y apuntó con una pezuña hacia dentro. Scootaloo le miró. El miró hacia uno de los ponies con traje. Scootaloo y los otros caminaron dentro, mientras él reía nuevamente.
“Disfruten el resto de su penosa vida.”
Con ello, cerró fuertemente la puerta. Se voltearon, y vieron la gran habitación a la que les habían conducido. Era bastante abierto y vacío, casi como una habitación de teatro. A un fin de la habitación, habían seis tinas, cada una de ellas casi llenas con espectro. Arriba de ellos había una maquina con un aspecto peculiar. Del montón central, seis mangueras estaban rotas y llevaban hacia arriba de cada tina. En la cima del montón había una apertura, roja con óxido pese a que el resto de las maquinas estuviesen brillantes y limpias. Aún más lejos había un objeto con aspecto complejo, con cadenas y engranajes colgando de vigas y tubos flojamente. Funcionando mucho más alto que la maquina completa había un andamio, con puertas en ambos lados dirigiendo fuera de la habitación. Abajo en el piso, una pequeña colección de derrotados, llorosos ponies, hablando silenciosamente.
“Esos trajes, ahí, esos son de la otra escuela de vuelo de la ciudad,” Aurora informó, sonando impactada. “Y…esos ponies, sentándose ahí, veen? Recuerdo un viaje en el que fuimos una vez con la escuela privada de Levitating Acres. Los recuerdo de ese viaje.”
“Entonces…aquí es donde van todas las fallas? Ningún exiliado, pero forzado a trabajar por siempre?” Orion sollozó silenciosamente. A cambio de ayudar a alguien, había condenado a sí mismo y a su buena amiga a una vida de servitud. Scootaloo extendió un ala y levantó su barbilla. Le sonrió, entendiendo su depresión.
“Al menos no tendremos que pasar por ello solos,” dijo suavemente.
Repentinamente, hubo una conmoción en el grupo de ex-estudiantes. Un pony de una escuela no identificada despegó, se dirigió hacia una de las puertas en el andamio. Inmediatamente, dos ponies con traje se lanzaron a velocidad record y ambos detuvieron su vuelo con sus tasers. El pony intentó forzosamente mantenerse en el aire, pero luego cayó como una piedra. Un audible crujido sonó cuando aterrizó, con un violento estallido de contracciones, todos los ponies caminaron hacia atrás, mirando horrorizados a su amigo. Lo observaron, esperanzadamente, por un largo tiempo.
No se movió.
Algunos lloraron silenciosamente, otros se dieron la media vuelta, muy confundidos como para sentir más emociones.
“Supongo que esa es la salida,” Aurora silenciosamente dijo a nadie en particular.
“Pero, no puedes volar en tus condiciones ahora, de todos modos,” Orion cuestionó.
“Ese chico medico, Patches o como sea que se llame. Colocó mis alas en su lugar y vendó donde mi piel había sido rasgada. No ganaré ninguna carrera, pero…puedo volar nuevamente.”
Lentamente caminaron hacia delante y se unieron al grupo de ponies, mirándose unos a otros con una compresiva pena.
“Ojos al frente y centradas, mulas ineptas,” uno de los ponies con traje gritó. Después de la demostración anterior, nadie quiso desafiar esa orden y miraron hacia el andamio, como una de las puertas se abría.

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Como, te preguntas, están para la tarea
Para la cual la respuesta está en una simple instalación


Unos cuantos Pegasos con tenida de oficial caminaron en el andamio, y volvieron la vista hacia abajo para mirar al grupo con disgusto. Uno de ellos se paró en un pequeño podio puesto en el centro, y comenzó a hablar fuerte y claramente.
“Hasta el momento, ya todos deberían tener claro que no serán exiliados. No hay deportación. Nunca lo hubo. Ustedes están en La Fábrica. Ustedes nunca dejarán La Fábrica. Y mientras ustedes sean llamados inútiles, eso no es del todo cierto. Son inútiles para la bandada como un Pony. Pero, aún tienen un propósito! Propósito para todos los ponies en esta vasta y ancha tierra. Tienen que ayudarnos a hacer arcoíris! Hermosos, mágicos arcoíris, no les emociona?” El misterioso locutor sonrió con gran euforia, viendo todos los disgustados rostros de cada potro en el piso bajo el. “Lo supuse,” soltó una leve risa. “Es un honor, saben, deja a cada pony confiado con la tarea sin habla también! Entonces, tenemos algún voluntario?”
Nuevamente, todos abajo le miraron con odio. Una pony valiente, color rosado claro de Levitating Acres, caminó hacia adelante unos pocos pasos, y gritó.
“Como te saldrás con esta? Como podría Celestia, o siquiera Luna saber y tolerar esto? Es esclavitud! Es tortura!”
“Creo que encontrarás que es más que eso,” un segundo oficial salió de entre las sombras y subió al podio. El pony tenía un traje, y enmascarado. El primer pony salió del podio y permitió al segundo hablar. Scootaloo se dio cuenta que era el pony de ojos color fucsia de antes. Observó más atentamente ahora. Su voz era familiar.
“Hace mil años atrás, cuando Celestia exilió a su hermana de Equestria y la envió hacia la luna, se le asignaron tres tareas. Originalmente estaba a cargo de levantar el sol, y cubrir la tierra con arcoíris. Pero, con la luna siendo una tarea adicional, tuvo que entregar la responsabilidad de los arcoíris. Celestia confió a los Pegasos de Cloudsdale para que hiciesen arcoíris para ella. Los primeros doce años, se nos dio poderosos unicornios para que ayudaran a crear espectro. Espectro es pigmento puro, color puro. Todo está lleno de espectro, pero no puedes simplemente cosecharlo. Nunca puedes separar el color de un objeto. Asiesque fue hecho artificialmente con magia.” El pony enmascarado nunca quitó sus ojos de la valiente rosada. “Eso fue, hasta que nuestros mejores ingenieros lo consiguieron. Descubrieron una ingeniosa forma de extraer el pigmento, era tan hermoso que incluso una simple máquina podía hacerlo. Pero no podía ser hecho con cualquier cosa. Las condiciones tenían que ser correctas.
“Que es lo que esa horrible gente hizo,” la pegaso gritó, enfureciéndose cada minuto.
La misteriosa pony sacó su máscara, revelando más que sus ojos fucsia. Su piel era color cian claro, y su melena era un precioso arcoíris. Varias potrancas se sorprendieron; Las rodillas de Scootaloo se debilitaron cuando le vio. Era Rainbow Dash. Los pensamientos de Scootaloo cruzaron rápidamente por su mente, y la habitación comenzó a girar. No podía ser. Una gemela malvada, tal vez. O quizás una hermana abandonada. Rainbow Dash no podía ser tan malvada. Era su amiga, su mentor… su única familia, aunque no fuera por sangre. Como…Como? Como era lo único que podía pensar.
“Tenían que ser ponies vivos! Solo en los ponies, donde la magia y el espectro corrían libremente juntos!” Rainbow Dash echó su cabeza hacia atrás y comenzó a reir maniáticamente. “Solo encones el espectro podía ser separado! Era tan hermosa idea, como tan maravillosamente horrible. Funcionó bien; Podíamos crear exponencialmente más arcoíris, de mejor calidad que con espectro real. Y finalmente nos dio una forma de prevenir que Cloudsdale fuese manchado por esos horribles pegasos que no podían volar! Ajajajajaja!”
Scootaloo no podía soportarlo más. Mientras los otros ponies exclamaban por su disgusto y temor, corriendo y gritando de donde venían, volviendo mientras los ponies con traje les rodeaban y reunía en el centro del piso, Scootaloo no pudo soportarlo más.
“PENSÉ QUE ME AMABAS!” Se lamentó, deteniendo la corta risa de Rainbow Dash.
“Huh?” Se volteó, y vio a la pegaso color naranjo-ámbar.
“Pensé que me amabas! Cómo pudiste hacerme esto? Pensé que te importaba! Después de toda la ayuda…Toda mi vida, me has tratado como una hermana pequeña! Y te traté como mi hermana mayor! Tú eras mi hermana mayor, para mí! Eras la única familia que tuve, y lo sabías!” Lagrimas corrían de su rostro ahora, oscureciendo nuevamente su visión. Su garganta le dolía del llanto y los gritos, pero no podía parar. “Después…después de todo…simplemente me dejarás morir? Me he esforzado tanto, por tí…”
Ella quedó mirando al piso por un momento. Todos estaban en silencio. Luego Scootaloo miró hacia arriba lentamente, y mientras ella no pudo ver por la tristeza en sus ojos, miró directamente a Rainbow Dash. Directamente a sus ojos, tras ellos, profundamente en la misma Rainbow Dash.
“Pensé…que me amabas.”
Rainbow Dash devolvió la mirada. Sus ojos no revelaron ninguna emoción, amor, cariño, solo indiferencia. Lentamente, sin embargo, miraron a Scootaloo. Puro, un gran odio emanó de la boca de Rainbow Dash, mientras gritaba devuelta.
“YO SI TE AMABA! Me esforcé tanto por ti! Te enseñé todo lo que sabía, esperando que pudieras pasar tu examen! Lo tenias en ti chica! Lo sabía…Sabía lo que hice ahí. Desde que hice ese Sonic Rainboom, se me acercaron…Querían encontrar más formas de hacer espectro. Pensaron que si, era yo capaz de hacer arcoíris, podría ayudarles a hacer sus componentes. Bueno, no pudieron. Pero aprendí mucho de este lugar. Soy la manager aquí ahora, sabes? Trabajé por mis ascensos, en secreto, pretendiendo ser una simple controladora del clima. Como crees que me pude costear esa gran casa sobre Ponyville? Como crees…”
Recordó, repentinamente su odio, sacudiendo su cabeza.
“Lo intenté! Dependía de ti salvarte a ti misma! No solo te fallaste a ti. No solo le fallaste a Cloudsdale. Me fallaste a mí! Me fallaste a mí! Y esa es la peor cosa que hayas hecho. No solo estás muerta para Cloudsdale ahora. Estás muerta para mí.”
La habitación temblaba mientras Scootaloo intentaba comprender que era lo que le había dicho. Su mente fue rota, mientras le era incapaz concentrarse en alguna cosa. Cayó ligeramente, mientras Orion abrió un ala, y ella se afirmó en él para la estabilidad. Rainbow Dash se percató de esto, apuntó y gritó con aún más furia.
“No puedes tener felicidad. Me has arruinado. Ahora yo te arruinaré a ti. Trabajadores! El café, aquí! El primero!”
“No!” Scootaloo, Aurora y Orion saltaron. Los ponies uniformados rodearon a Orion, empujando a las otras dos a un lado. Intentó echarse a volar, para escapar, pero uno de los ponies se giró y le pateó. Su pezuña conectó con su espalda, y Orion colapsó con un grito.
“Vuelve,” más uniformados gritaron hacia Aurora y Scootaloo mientras arrastraban a Orion al frente de la habitación. La máquina gigante atrás comenzó a cobrar vida, y el ensamblaje de las cadenas se elevó a la cima y se movió hacia el piso. Todos se dieron cuenta que eran grilletes ahora, y los Uniformados abrocharon a Orion a ellos. Levantando la mirada, se volteó hacia Scootaloo.
“No te preocupes, Scoots. Te amo. Adios.”
“…Adios, Orion,” Scootaloo suspiró fuertemente. “Tam…También te amo.”
Con ello, las cadenas tiraron fuertemente y elevaron al pegaso café hacia los engranajes. Las cadenas se ajustaron, y comenzaron a estirar las extremidades de Orion hacia arriba y abajo.
“Encontramos que la máquina funciona mejor si las costillas están rotas,” Rainbow Dash explicó indiferentemente, mientras las cadenas giraban alrededor, en direcciones opuestas, retorciendo a Orion. Sus gritos casi cubrieron los ruidos quebrantes. Uno o dos dentados huesos salieron por su costado, y sus gritos se volvieron a un lento, silencioso ruido de respiro. Las cadenas de desenrollaron, los grilletes se abrieron, dejando caer al pony hecho trizas en una apertura.
Con horror, Scootaloo observó. Su cerebro, superado con lo que estaba sucediendo, se desprendió de toda emoción. Se dio cuenta que la cima de la máquina no estaba oxidada. Era sangre. Sangre, como lo que estaba saliendo de los estropeados restos de Orion, mientras el resto de su cuerpo era engullido en la gran máquina, finalizando con una sola pezuña apuntando hacia arriba, luego no quedaba nada.
Mientras las mangueras sobre las tinas Verde y Rojas de espectro comenzaron a vomitar sus brillantes colores, la visión de Scootaloo comenzó a desvanecerse, la última cosa de la que se dio cuenta fue de la voz preocupada de Aurora, con una voz rota diciendo su nombre mientras Scootaloo cayó hacia un lado.

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En la Fábrica de Arcoíris, donde tus temores y horrores se vuelven realidad
En la Fábrica de Arcoíris, donde una simple alma consigue salir


“Scootaloo. Levántate. Levántate, ahora, apúrate, Scootaloo. Despierta! Despierta!”
Scootaloo agitó su cabeza, preguntándose donde estaba y que estaba sucediendo. En un instante, recordó todo, y se paró de inmediato. Aurora le estaba sacudiendo, con susto apoderándose de su rostro. Los Uniformados empezaron a acercase a las dos ahora, con tasers y grilletes listos.
“Scootaloo! Vienen por nosotras! Qué hacemos?”
Scootaloo buscó una salida. Todas las puertas estaban bloqueadas, excepto una. En el andamio. Los ponies uniformados lentamente se acercaban, sin apurarse para prevenir que las potrancas se asustaran. El temor era su herramienta. Scootaloo miró alrededor, buscando una salida. Solo había una, se percató.
“Tengo un plan,” susurró Aurora.
“De que se trata?
“Despeja, Vuela, Cae, Termina.”
Aurora asintió con la cabeza en gesto de entendimiento, con sus ojos abiertos. Repitió, mas fuerte ahora, para que las otras potrancas pudiesen escuchar.
“Despeja, Vuela, Cae, Termina. Entendido.”
“Uno,” Scootaloo comenzó a contar.
“Dos,” Aurora chilló, mientras estaba junto a Scootaloo. Los Uniformados estaban a pocos pies ahora.
“TRES!” Un grito colectivo cruzó por la habitación, mientras cada potranca despegó. Los ponies uniformados jadearon y retrocedieron, inseguros de dónde ir. Había mucha confusión. Unos cuantos que pensaron más rápido despegó también, con tasers listos, apuntando al pegaso más cercano.
“Paso uno,” Scootaloo gritó. “DESPEJEN!”
Con su comando, las “fallas” comenzaron a apuntar hacia los ponies oscuros en manadas. Las pezuñas conectaron con sus cabezas, y mientras que algunos de los estudiantes cayeron sin vida al piso, la mayoría de las bajas fueron de ponies uniformados. Scootaloo y Aurora aterrizaron en el andamio, al lado de la puerta, y se acercaron a abrirla.
Estaba cerrado.
“Oh dios, que hacemos ahora?” Aurora lloró
“Aún tenemos que despejar!” Gritó, volteándose y pateando la puerta. Aurora le siguió, concentrando lo más fuerte de sus golpes en la parte de la muralla donde estaba el pestillo. Rainbow Dash, en el otro lado del andamio, se recuperó de su shock inicial de la rebelión, y se dio cuenta de Scootaloo golpeando la puerta.
“Mátenla,” gritó hacia los otros ponies con aspecto importante. “Mátenla!” Comenzó a galopar hacia las potrancas, olvidándose de sus alas momentáneamente. Scootaloo cerró sus ojos, golpeando más y más fuerte la puerta. Comenzó a crujir y a astillarse.
En cualquier segundo, pensó, Rainbow Dash estará aquí. Se acabó. Estoy condenada. Hubiera llorado, pero ya no le quedaban más lágrimas. Pero nada vino. La puerta comenzó a abrirse, ahora, inclinándose hacia adelante. No faltaría mucho hasta que se abriera. Abrió sus apretados ojos, viendo hacia el andamio.
Todos los ponies restantes que estaban ahí, presionando juntos, retrasando a la pegaso azul enfurecida y sus lacayos. No durarían mucho, sin embargo- incluso mientras Scootaloo observó, tiritones y ponies gritando caían al piso, algunos incluso aterrizaban en el gran estómago de la máquina de espectro. La pony rosada de Levitating Acres estaba ahí, y volteó su mirada hacia donde estaba Scootaloo y Aurora, justo cuando la puerta voló devuelta en el pasillo.
“Vuela,” La pony rosada demandó con su voz envuelta en dolor. Abrió nuevamente su boca para hablar, pero fue interrumpido por la pila de Pegasos volando hacia afuera, con Rainbow Dash enrabiada a la vista. Estaba parada en sus dos patas traseras, con las dos delanteras agitándolas en el aire. Un pequeño tajo en su costado gotereaba sangre, y su melena multicolorida fue rasgada. Un aullido sobrenatural cruzaron por sus labios, y sus ojos color fucsia fueron drenados de cualquier cordura que le restara.
“Vamos Aurora,” Scootaloo suplicó cuando se volteó. “Tenemos que volar si queremos vivir.”
“No…No puedo. Esto es mucho. No me he sanado.” Aurora miró a Scootaloo con ojos anchamente abiertos. “Tu ve, Scootaloo. Dile a todos lo que ocurre aquí. Hazles saber.” Miró devuelta hacia la muralla de estudiantes, casi pelado ahora, mientras que la sed de sangre de Rainbow Dash los hacía pedazos. Su pelaje azul ahora era brillante carmesí, casi gotereando mientras ignoraba la necesidad de ponies vivos. Habrían más. Cloudsdale podría arreglárselas con una pequeña escasez de arcoíris. En unos pocos meses, habrían más clases. Más fallas. Pero por ahora, lo único que sabía es que Scootaloo debía morir, violentamente si fuese posible.
Décadas de trabajar en la Fábrica de Arcoíris le habían roto. Era la único que se le permitía salir en público, manteniendo el horrible secreto con ella ya que su niñez solo le había conducido a problemas psicológicos que ningún monto de terapia pudo curar. Scootaloo era su último enlace para la cordura, y ella le había fallado y borrado eso. No había más lógica en su mente. Ningún cuidado, sin capacidad de compasión. Solo odio. Puro, concentrado y malvado odio llenó el hueco que una vez su amor por Scootaloo ocupó. Rainbow Dash dejó de existir; Solo quedaba este monstruo.
“Casi no te conocí, Aurora,” Scootaloo dijo suavemente a la amarilla pegaso a su lado. “Disculpa no haberte conocido hasta que pasó esto. Lo siento que nos hayamos tenido que conocer así, y lo siento por que tengamos que separarnos así.” Lloró. Había encontrado más lágrimas.
“Conocer siempre a un nuevo amigo es siempre bienvenido,” le aseguró Aurora a Scootaloo. “Ahora, escuchaste a la otra pony. Vuela, Scootaloo. Vuela. Adiós.”
“…Adiós, Aurora.” Con ello, Scootaloo, levitó y giró alrededor, miró hacia los ojos de la pony amarilla una última vez, y se lanzó por el corredor. No tenía ni idea de donde iba, pero cualquier oportunidad por su libertad debía ser tomada.
Aurora pestañó unas cuantas veces, parándose en frente de la puerte. Rainbow Dash tendría solo un obstáculo para llegar donde Scootaloo. La pony azul arrojó al último de los estudiantes en el andamio, y lentamente caminó hacia Aurora.
“Qué lindo. Crees que tú, una inútil, pila de deshechos rotos podría ponerse en mi camino? Realmente me haces reir! Ninguno de ustedes puede competir con el poderoso poder que tengo!”
“El amor puede vencer todos los males en este mundo!” Aurora se paró en rebelión mientras Rainbow Dash se detuvo frente a ella. Aurora se quedó frente a Dash, bloqueando su entrada hacia el corredor tras ella.
“Está bien, perra. Veremos si el amor puede vencer eso.”
Con ello, Rainbow Dash tomó una de las alas vendadas de Aurora y lo arrancó completamente. Aurora colapsó en sus rodillas, rechinando los dientes de dolor. Pero no gritó. No se rendiría ante Rainbow Dash. Rainbow tomó su otra ala, y la arrastró hacia el centro del andamio. Levantó a Aurora por el ala, riendo silenciosamente para ella mientras la mirada de intensa agonía aparecía en el rostro de Aurora. Rainbow Dash llevó en el aire, trayendo a la retorcida pony amarillo con verde con ella, sobre la máquina. Con un chillido de malvada risa, arrancó el ala con su pezuña. Desconectado también de la convulsionante pegaso, Aurora cayó.
La puerta en el andamio se había cerrado con una ráfaga de viento, justo mientras la máquina comenzó a bombear los más brillantes verdes y amarillos que haya producido. Y nadie estuvo ahí para verlo.

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Scootaloo miró hacia atrás momentáneamente, con su corazón latiendo. El ruido constante de ello ahogó cualquier otro ruido en su cabeza, con sus orejas palpitando junto a ello. El corredor era justo como el que llevaba hacia la habitación de teatro, estrecho, con docenas de obstáculos sobresaliendo en distintos intervalos. Tras ella, tal vez a unos 500 metros ahora, la sangrienta yegua que solía ser Rainbow Dash estaba navegando. Ambos pegasos, completamente derechos, con pezuñas hacia adelante, alas agitando a una cuenta imposible, una intentando escapar, la otra capturar. Scootaloo miró hacia adelante nuevamente, concentrándose en lo que había frente a ella.
Eso es todo lo que importa, pensó. Que es lo que hay frente a mí. No habrá cambio para lo que hay tras de mí. Ignóralo. Concéntrate.
Por la segunda vez en muchos días, una corriente de instintos se apoderó de Scootaloo, a pesar del terror que sintió en su cuerpo, la pena que le rodeaba, y la maldad tras ella, sus preocupaciones se fueron y el pensamiento de volar se apoderó de su ser. Bajo cables y tubos se agachó, arriba y alrededor de varios trabajadores cuyas quejas y gritos fueron ignorados, solo para ser repetidas momentáneamente mientras la enrabiada pony chocaba con ellos.
Su cuerpo hacía el vuelo, los pensamientos de Scootaloo se ocuparon de avistar oportunidades de escape. Dobló alrededor de esquinas secas a velocidades imposibles, subió y bajó incontables escaleras, intentó perder a su asesina perseguidora, sin tener éxito. Contempló cada rincón y grieta por cual pasó, brevemente considerando ocultarse. Desechó esa idea; por cuan loca hubiese estado Rainbow Dash, aún era muy inteligente como para mirar por cualquier posible lugar en el cual Scootaloo pudiese estar.
Pero ahí, frente a ella, Scootaloo pensó haber encontrado una solución. Un conducto de basura de algún tipo, saliendo de la muralla, hacia el piso de abajo. Momentáneamente pensó hacia donde pudiese dirigir, o hacia afuera de la fábrica o a algún incinerador que no sabría cuál sería, pero valía la pena el riesgo. Dio un último vistazo tras ella para asegurarse que la yegua inestable estuviese lo suficientemente lejos. Rainbow Dash no ponía atención a ningún peligro mientras acechaba a su presa, rompiendo cables eléctricos y disparando tubos calentados, atravesando cualquier obstáculo en vez de rodearlo para salvar tiempo, pero las colisiones le habían retrasado lo suficiente como para dar a Scootaloo una oportunidad. Ella dio un repentino alto y brincó por el conducto abierto, esperando por su vida.
“Caer,” dijo, cerrando sus ojos y alas, resistiendo el impulso de comenzar a aletear inmediatamente. Ella contó silenciosamente mientras las sombras pasaron por sus ojos cerrados, esperando lo mejor hacia donde llevaba el conducto. Uno, Dos, Tres. Abrió sus ojos y alas, miró hacia arriba, planeando.
Rainbow Dash estaba arriba, mirando bajo el conducto. Sus ojos estaban cegados y torcidos, sus pezuñas golpearon el borde del conducto. Ella era muy grande como para entrar, la potranca apenas pudo entrar. Pero entonces, cuando la ira se desvaneció de su rostro, solo fue reemplazada por una sonrisa maliciosa. Comenzó a reír de nuevo, la carcajada sonando bajo el conducto y retumbando en la mente de Scootaloo.
“Imbécil! Nunca tuviste buen sentido de la dirección!” Le fastidió, riendo nuevamente.
Scootaloo miró hacia abajo, conociendo su rumbo. “Oh, no,” chilló.
Estaba nuevamente en la sala de teatro. Solo, que ahora, estaba lleno de ponies uniformados, rodeándola, con sus caras enmascaradas pareciendo sonreir hacia ella mientras Rainbow Dash gritaba sus ordenes bajo el conducto.
“No la dejen morir! Lo debo hacerlo! Sujétenla! Captúrenla!” relinchó con gloriosa victoria mientras los Uniformados electrocutaban a Scootaloo con un taser y, mientras su cuerpo comenzó a caer, la atraparon y llevaron al piso. Scootaloo se desmayó momentáneamente mientras la electricidad corría a través de ella, pero despertó recostada en el piso de nube fría, con grilletes de metal previniéndole escapar. Luchó por liberarse.
Apenas podía sacudirse.
Las cadenas la elevaron levemente, llevando su pequeño cuerpo ojo a ojo con la pegaso frente a ella. La pony era una profunda, rojo sangriento, brillando en la luz artificial de La Fábrica. Su melena tenía pequeños lugares de gloriosos colores del arcoíris, pero la mayoría era el mismo color rojo como la de su pelaje. Trozos de piel restaban de pequeños lugares, y su cabello estaba rasgado en algunos lugares, parches pelados de piel en otros. La única pista que Scootaloo tenía de quien podía ser eran esos ojos color fucsia enfocados en ella.
“Algunas últimas palabras, miserable puta de un potro?”
Scootaloo levantó su barbilla, aún demandando la más pequeña fracción de dignidad.
“Tienes hermosos ojos,” dijo, suavemente, aún claro. _algunas imagenes:
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