Check the new version here

Popular channels

Te enseño de: Cómo ser prudente

Regularmente la prudencia es una virtud desvalorizada y poco comprendida. Ser prudente significa tomar decisiones sabias basándose en principios. Para ser prudente antes necesitas construir una base moral y sólida. Esa base hará que te sea más fácil tomar acciones más prudentes al pasar por circunstancias específicas.

Parte 1 de 3: Construir las bases


1 Define prudencia. Prudencia es la habilidad de usar la razón, la sabiduría, la precaución y el buen juicio para tomar la mejor decisión en medio de cualquier circunstancia. Para ser prudente, necesitas convertirte en alguien que ejercite frecuentemente esta virtud.

-Para entender qué significa prudencia, también debes comprender qué es lo opuesto a esta. La prudencia por lo general está asociada con un exceso de preocupación sobre lo que parece ser correcto y lo que es erróneo, pero la verdadera prudencia está enfocada en lo que el corazón indica que es correcto y no en una simple fachada de moralidad.

-En otras palabras, ser prudente no significa que necesites evitar el peligro o las decisiones difíciles o actuar con cobardía e instinto de conservación. Frecuentemente ser prudente incluso requiere que seas valiente, ya que hacer lo correcto por lo regular requiere de coraje.



2 Comprende el valor de la prudencia. La prudencia te otorga la habilidad de saber qué debes hacer para alcanzar buenos resultados, incluyendo el momento y la forma de hacerlo. Como alguien que practica regularmente la prudencia, generalmente serás capaz de tomar las mejores decisiones y las más satisfactorias mejorando todos los aspectos de tu vida.

Ignorar la virtud de la prudencia puede llevarte a obtener placer a corto plazo pero a menudo será a expensas de la satisfacción o placer a largo plazo.

Por otro lado, al ejercitar la prudencia tendrás que esforzarte y renunciar a la felicidad temporal para asegurarte de que obtendrás mejores resultados a largo plazo.



3 Aprende los principios correctos. Ser prudente requiere que apliques principios intangibles para circunstancias concretas. Sin embargo, antes de aplicar estos principios debes saber cuáles son.

Esto es cierto sin importar de qué forma quieras aplicar la prudencia a tu vida. Si tratas de ser prudente en tu vida diaria, necesitarás construir una base general de principios que pueden aplicarse a todos los aspectos de tu vida. Sin embargo, si tratas de ser prudente solamente en tus negocios, puedes reducir tu enfoque a principios que apliques directamente al mundo de los negocios.

Un principio por lo regular se aprende al estudiarlo. Para construir una base de principios diarios, puedes consultar libros de filosofía o religión. También puedes ampliar el conocimiento sobre principios estudiando temas de principios que puedas aplicar a áreas específicas de la vida: leyes, negocios y así sucesivamente.

Un acto prudente nunca violará los principios, porque un principio moral define la verdad de lo que es correcto y lo que es erróneo. No existe ninguna excepción “correcta” a un principio verdadero.



4 Cultiva otras virtudes. La virtud engendra la virtud, por lo que practicar otras virtudes también puede facilitar practicar la prudencia.
Desde una perspectiva teológica y filosófica, la prudencia es la primera de las cuatro virtudes cardinales. Las otras tres son justicia, templanza y coraje. Puedes practicar otras virtudes a parte de estas, pero representan una base sólida por lo que son una buena opción para comenzar.


Ser justo requiere que actúes imparcialmente frente a todas las partes involucradas en una situación específica.

Tener templanza requiere que practiques el dominio propio y la moderación para evitar caer en excesos que puedan dañar a otros o a ti mismo.

Tener coraje implica que confrontes temores e incertidumbre y actúes a pesar de esto.

Preocuparte por la justicia te permite ver más allá de tus propios intereses cuando logras determinar lo correcto. Permanecer en templanza te ayuda a sacrificar la comodidad o el placer inmediato para alcanzar lo que es bueno. Tener coraje te permitirá hacer lo correcto a pesar de que tengas miedo de las consecuencias potenciales. Estas tres virtudes te ayudarán a hacer lo correcto y también te facilitarán alcanzar la prudencia.





5 Considera las lecciones del pasado. La prudencia es más fácil de practicar con madurez. Puedes aprender de una serie de principios intangibles estudiando, pero aprender cómo aplicarlos en la vida real requiere de pruebas y errores.

Piensa en algunas decisiones difíciles que hayas tenido que tomar en el pasado, incluyendo tanto las correctas como las equivocadas.

Cuando tomaste las decisiones correctas, considera como los sacrificios hechos justificaron el resultado final.

Cuando has tomado las decisiones equivocadas, considera lo mucho que perdiste al final comparado con lo que hubieras obtenido por haber hecho lo correcto. Enfócate en las consecuencias negativas de mayor impacto dejando a un lado los pequeños placeres que obtuviste al tomar esa decisión.


Parte 2 de 3: Pensar con una mente prudente


1 Examina el objetivo de cada situación. Tanto el objetivo final como los pasos que tengas que dar para alcanzar ese objetivo deben ser prudentes. Definir un objetivo prudente es lo principal porque no puedes encontrar la manera de llegar a un lugar antes de elegir el destino propio.
Ser prudente requiere de "atención y conciencia". Necesitas estar consciente de qué es lo correcto y poner atención para encontrar la mejor manera de lograrlo. Esto significa que debes ejercitar la prudencia y tomarte el tiempo para pensar bien en una situación difícil en lugar de no querer ver las cosas como realmente son.



2 Medita. Examina tus opciones y pregúntate a ti mismo cuál te permitirá cumplir el objetivo deseado de la mejor forma y de la manera más justa que sea posible.

Reúne toda la información necesaria para aplicarla en el proceso de tomar la decisión.

Piensa en todos los principios morales que están relacionados a esta situación. Deberás descartar las metas que violen estos principios. También deberás descartar cualquier acción que viole estos principios.

En esta etapa es crucial que exista honestidad absoluta. Debes ser honesto acerca de lo que es correcto y lo que no, sin permitir que los sentimientos personales o las preferencias interfieran.

Cuando no reflexionas correctamente acerca de tu decisión, entonces actúas impulsivamente y eso es exactamente lo opuesto a tomar una decisión prudente.



3 Equilibra el fin y los medios. En ocasiones puedes escuchar cuando dicen “el fin justifica los medios”, pero para realmente ejercitar la prudencia, tanto el fin como los medios, deben apegarse a la base de tus principios. Cometer un error para alcanzar el bien sigue estando mal.

Con frecuencia esta es la parte más delicada de ser prudente, debido a que la forma más fácil de alcanzar un resultado positivo puede incluir medidas incorrectas. Sin embargo, con frecuencia es más satisfactorio a pesar de la dificultad alcanzar el mismo resultado dando pasos virtuosos.

Si no existe otra forma de alcanzar tu meta sin actuar de forma imprudente, entonces necesitas evaluar la meta de nuevo.



4 Busca consejo. A pesar de que la prudencia requiere autorreflexión y examinación, debes considerar buscar consejos externos cuando la situación lo amerite. Asegúrate de obtener consejos de una fuente que te guíe a tomar decisiones basadas en principios.

Cuando sea posible, consúltale a alguien que sepas que es prudente con respecto al tema del que necesitas saber. Por ejemplo, si tratas de pensar en formas prudentes de recortar gastos dentro de tu departamento, podrías consultarle a alguien que tenga un departamento similar y que sea conocido dentro de la empresa como una persona prudente.

Si consideras la prudencia desde el punto de vista de la fe, también debes de buscar el consejo de alguien que tenga conocimiento sobre el asunto. La oración, la lectura de la palabra y la meditación también pueden ayudarte a orientar tu alma durante el proceso de la toma de decisiones.




5 Actúa a conciencia. Seguir tu conciencia requiere que pienses en lo que es correcto. Si actúas acorde a tus creencias en lo que es correcto, entonces actuarás con prudencia basándote en tus principios fundamentales.

La conciencia frecuentemente es tergiversada como nada más que una sensación vaga y misteriosa que una persona siente llevándola a sentir preocupación por tomar la decisión correcta. Los sentimientos que no se están pensando pueden desviarse fácilmente, sin embargo, puedes poner a prueba si es incorrecto lo que sientes pensando un poco.

Puedes sentir un impulso interno hacia las decisiones correctas, y el sentir ese impulso puede considerarse como un acto de la conciencia. Sin embargo, normalmente este sentido de impulso en tu interior ha sido construido por años al pensar y practicar principios morales, no solo por emoción.



6 Retrasa la toma de decisiones cuando sea necesario. Existen momentos en los que debes examinar con honestidad el estado de tus pensamientos y preguntarte si puedes hacer un juicio claro logrando distinguir qué es correcto y qué no. Cuando tu mente esté saturada, lo mejor es posponer la toma de decisiones hasta que sientas mayor claridad para pensar las cosas correctamente.

Las emociones fuertes pueden ser lo suficientemente fuertes para desviar tu juicio y guiarte a tomar una decisión sin fundamento. Estas emociones incluyen ira, lujuria, depresión o desánimo severo.

Es mejor esperar a que estas emociones fuertes pasen antes de llegar a la etapa de pensamiento de prudencia. Trabaja en resolver tus emociones antes de que trabajes en tomar una decisión.



7 Haz un juicio. Cuando logres tener todos los aspectos considerados, necesitarás evaluar toda la información relevante y obtener una conclusión para determinar qué camino debes tomar. Para tomar una decisión prudente, tu juicio debe estar basado en lo que es correcto para la situación.

Deja de lado la información irrelevante que pueda distraerte o frenarte. Solamente enfócate en la información que es relevante para la situación que tienes que resolver.

Optar por no tomar ninguna decisión es también un tipo de decisión, por lo que llegar a ese juicio final es un resultado inevitable. Mientras más rápido aceptes eso, más rápido podrás dejar ir cualquier duda que tengas acerca de la decisión que tomaste.

Parte 3 de 3: Actúa con prudencia


1 Ejecuta tu juicio. Después de hacer un juicio, necesitarás actuar de forma rápida y decisiva. Simplemente saber lo que es correcto no te hace una persona prudente. Para eso, también necesitas actuar de forma correcta.
Saber cuál es la opción correcta es importante, pero actuar tomando las opciones correctas es más importante.

Cuando logras implementar apropiadamente la prudencia, esta te permite lograr los mejores resultados en cualquier situación. Si no actúas acorde a la opción correcta entonces no podrás obtener buenos resultados y no demostrarás verdadera prudencia.



2 Administra el tiempo. Como regla general, tómate un tiempo para pensar y determinar lo correcto, pero luego muévete rápido durante la etapa en la que pongas en práctica la prudencia.

Tienes que ser cuidadoso cuando estés en la etapa del pensamiento de prudencia, para llegar a ser minucioso necesitas pensar las cosas despacio y con cuidado. Apresurarte en este proceso puede dar lugar a la dejadez.

Ser lento y cuidadoso durante la etapa de pensamiento puede ayudarte a desarrollar un sentido de confianza en tu juicio final. Cuando te sientas confiado acerca de tu juicio, entonces naturalmente te sentirás con menos dudas al actuar en base a tu decisión.

Sin embargo, si te demoras durante la etapa de la acción, tu corazón y tu mente pueden llenarse de dudas. La duda puede provocar que le des vueltas al asunto y que actúes erróneamente o no actúes por completo.



3 Acepta el riesgo. Siempre existirá un riesgo de que el juicio que emitas sea el incorrecto. Incluso si estás en lo correcto, aún así enfrentas el riesgo de que te pasen cosas desagradables como resultado de ello. Reconoce los riesgos pero aprende a actuar a pesar de ellos.

Hacer "lo correcto" y lo que "es fácil" por lo regular son opuestos, por lo que hacer lo correcto implica que pueda ser difícil o que tenga consecuencias desagradables.



4 Ten un poco de fe. Necesitas creer que las cosas saldrán de la mejor forma posible cuando practicas la prudencia. Si entrenas tu mente para creer lo contrario, poco a poco irás perdiendo de vista el valor de la prudencia. Como resultado, ponerla en práctica será más difícil.

Tienes que hacer tu parte practicando la prudencia como la mejor de tus habilidades. El resultado final puede estar fuera de tus manos, pero al menos puedes tener la certeza de que haces lo correcto. Cada decisión correcta que tomes te hará más fuerte y mejor persona.

Si tomas la prudencia desde una perspectiva religiosa, también debes tener fe en que Dios te dará el mejor resultado por tu esfuerzo incluso cuando sientas que no avanzas al querer ser prudente.
0
0
0
2
0No comments yet