About Taringa!

Popular channels

The Maze Runner - Correr o Morir - Capitulo 36 al 40

CAPITULO 36
No quería verla. Ni a ella ni a nadie.
Apenas Newt se dirigió a la Finca, Thomas se escabulló sigilosamente, esperando que no notaran su ausencia en medio de la excitación. Y no le resultó difícil. Bordeó el extremo del Área y huyó hacia su rincón aislado, detrás del bosque de las Lápidas.
Se acomodó en el nido de hiedra y se cubrió con una manta hasta taparse la cabeza. Creyó que sería una buena forma de evitar la intromisión de Teresa en su mente. En pocos minutos, su corazón se había calmado.
—La peor parte fue olvidarme de ti.
Se apretó los oídos con los puños, pensando que se trataba de otro mensaje dentro de su cerebro. Pero no... esa vez había sido distinto. Lo había escuchado fuera de su cabeza. Era la voz de una mujer. Un estremecimiento le recorrió la espalda mientras retiraba la manta de su cara.
Teresa se encontraba a su derecha, apoyada contra la gran pared de piedra. Tenía un aspecto muy diferente. Estaba despierta, alerta y de pie. Con una camisa blanca de manga larga, jeans y zapatos cafés, lucía mucho más atractiva que cuando estaba inconsciente. El pelo negro enmarcaba la piel blanca de la cara, en la que brillaban esos ojos de un azul profundo.
—Tom, ¿en serio no te acuerdas de mí? —le preguntó. Tenía una voz suave que en nada se parecía a ese sonido duro y demencial que había escuchado el día de su llegada, cuando ella había entregado el mensaje de que todo iba a cambiar.
-¿Quieres decir que... tú te acuerdas de mí? —repuso, avergonzado por el tono agudo que se le había escapado al final de la frase.
—Sí. No. Puede ser —contestó, levantando los brazos en señal de disgusto—. No sé cómo explicarlo.
Thomas abrió la boca, pero luego la cerró sin decir nada.
—Yo me acuerdo que recordaba —murmuró. Emitió un largo suspiro mientras se sentaba, encogía las piernas y ponía los brazos alrededor de ellas—. Sentimientos. Emociones. Como si tuviera en mi cabeza estantes con etiquetas para los recuerdos y las caras, pero vacíos. Como si todo lo anterior a esto se encontrara del otro lado de una cortina blanca. También tú.
-¿Pero cómo es que me conoces?
Sentía que las paredes daban vueltas a su alrededor.
—No lo sé —respondió Teresa, observándolo fijamente—. Es algo anterior a llegar al Laberinto. Tiene que ver con nosotros. Pero, como ya te dije, es un recuerdo casi vacío.
—¿Tú conocías el Laberinto? ¿Quién te habló de él? Acabas de despertarte.
—Yo... Es todo muy confuso en este momento —confesó, estirando la mano—. Pero yo sé que eres mi amigo.
Aturdido, se destapó por completo y se inclinó hacia delante para tomar su mano.
—Me gusta cuando me dices Tom.
Apenas la frase brotó de su boca, se dio cuenta de que había dicho una estupidez. Teresa puso los ojos en blanco.
—Bueno, es tu nombre, ¿no?
—Sí, pero casi todos me llaman Thomas, excepto Newt que me dice Tommy. Tom me hace sentir como si estuviera en mi casa o algo así. Aunque tampoco sé cómo es realmente tener un hogar —comentó con una risa amarga—. Creo que estamos metidos en un gran lío.
Ella sonrió por primera vez y él casi tuvo que desviar la mirada, como si no tuviera derecho de contemplar su expresión. Pensó que no podía ocurrir algo tan lindo en un lugar tan sombrío y gris.
—Sí, es cierto —dijo Teresa—Y tengo miedo.
—Yo también, puedes creerme —y se había quedado muy corto con el comentario. Permanecieron un largo rato mirando al piso.
—¿Qué...? —comenzó a decir él, sin saber cómo formular la pregunta—. ¿Cómo... hiciste para hablarme dentro de la mente?
Hizo un gesto de ignorancia. Ni idea, simplemente me sale, dijo en la cabeza de Thomas. Luego volvió a hablar en voz alta.
—Es como si trataras de andar en bicicleta aquí, si hubiera. Estoy segura de que podrías hacerlo sin pensar. ¿Pero acaso te acuerdas de haber aprendido?
—No, quiero decir... recuerdo que andaba en bicicleta, pero no haber aprendido —hizo una pausa y lo asaltó una ola de tristeza—. Ni quién me enseñó.
—Bueno —dijo ella, mientras sus ojos parpadeaban como si tuviera vergüenza de la repentina melancolía de él—. Nada, es algo así.
-Ahora está todo clarísimo.
Teresa alzó los hombros.
—No le habrás contado a nadie, ¿verdad? Dirían que estamos delirando.
—Cuando ocurrió por primera vez, lo pensé. Pero creo que Newt creyó que yo estaba agotado o algo por el estilo —respondió, sintiéndose inquieto, como si fuera a enloquecer si no se movía. Se levantó y empezó a caminar en círculos—.Tenemos que tratar de entender lo que está sucediendo: esa extraña nota que decía que serías la última persona en venir aquí, tu estado de coma, el hecho de que puedas hablarme telepáticamente. ¿Se te ocurre algo?
Ella lo seguía con los ojos mientras él no dejaba de ir de un lado a otro.
—Puedes ahorrarte el esfuerzo y dejar de hacer preguntas. Todo lo que tengo son impresiones vagas: que tú y yo éramos importantes, que nos usaron de alguna manera. Que somos inteligentes, que vinimos acá por algún motivo. Sé que fui la que activó el Final, aunque no sé lo que eso significa —lanzó un gruñido y se sonrojó-. Mis recuerdos son tan inútiles como los tuyos.
Se arrodilló delante de ella.
—No es así. Estabas al tanto de que mi memoria fue borrada sin preguntármelo, y de otros datos. Tú sabes mucho más que yo y que todos los demás.
Sus miradas se encontraron durante un buen rato; parecía que la mente de ella daba vueltas, intentando hallar una explicación.
Realmente no lo sé, le dijo en la cabeza.
—Otra vez con lo mismo —exclamó Thomas en voz alta, aunque se sentía aliviado de que el truco ya no lo volviera loco—. ¿Cómo lo haces?
—Lo ignoro, me sale solo. Y estoy segura de que tú también puedes hacerlo.
—Bueno, no estoy demasiado ansioso por probar —bromeó, sentándose y levantando las piernas como ella—. Mencionaste algo en mi mente, justo antes de encontrarme aquí. Algo así como "El Laberinto es un código". ¿Qué quisiste decir?
—Cuando me desperté, fue como si estuviera en un manicomio: unos chicos raros revoloteaban alrededor de mi cama, los recuerdos giraban como un torbellino dentro de mi cabeza. Traté de aferrar algunos y eso fue lo que tú escuchaste. No puedo recordar por qué lo dije.
—¿Te acuerdas de algo más?
—En realidad, sí —respondió mientras se subía la manga del brazo izquierdo y mostraba el bíceps. Había algo escrito en su piel con tinta negra muy fina.
—¿Qué es eso? —preguntó, inclinándose para observar mejor. —Léelo tú mismo.
Las letras eran garabatos pero, al acercarse, pudo descifrar lo que decían.
CRUEL es bueno
Su corazón comenzó a latir aceleradamente.
—CRUEL... yo ya he visto esa palabra antes —murmuró, tratando de entender el significado de la frase—. En unas criaturas que viven aquí. Los escarabajos.
—¿Qué son?
—Unas maquinitas con aspecto de lagartijas que son espías de los Creadores, las personas que nos mandaron acá.
Teresa reflexionó un momento acerca de lo que acababa de escuchar, con la mirada perdida. Luego clavó los ojos en su brazo.
—No puedo recordar por qué lo anoté —dijo, mientras se chupaba el pulgar y comenzaba a borrar las palabras—. Pero no dejes que lo olvide, tiene que significar algo.
Las tres palabras se repetían una y otra vez en la cabeza de Thomas. -¿Cuándo las escribiste?
—Al despertar. Había un bolígrafo y un bloc al lado de la cama. Las anoté en medio del caos.
Estaba desconcertado ante esa chica: primero, la conexión que había sentido hacia ella desde el principio; luego, lo de hablar en su mente y ahora eso.
—Todo lo que tiene que ver contigo es raro. ¿Te das cuenta, no?
—A juzgar por tu pequeño escondite, yo podría pensar que tampoco eres muy normal que digamos. Eso de vivir en el bosque...
Trató de poner cara de enojado pero luego sonrió. Esconderse le resultaba un poco patético y se sentía algo avergonzado.
—Bueno, tú me resultas familiar y afirmas que somos amigos. Supongo que voy a confiar en ti —concluyó y extendió la mano otra vez. Ella la tomó, y la sostuvo un rato largo. Thomas sintió que un temblor muy agradable recorría su cuerpo.
—Lo único que quiero es volver a casa —dijo Teresa, soltándole por fin la mano—. Igual que todos ustedes.
Regresó de manera brusca a la realidad y recordó lo negro que se había vuelto el universo.
—Sí, últimamente todo es un asco. El sol desapareció y el cielo se puso gris, no nos enviaron las provisiones semanales... de una manera o de otra, parece que todo va a terminar.
Pero antes de que ella pudiera contestar, Newt apareció corriendo a través del bosque.
—¿Pero dónde...? —exclamó, mientras se detenía delante de ellos y miraba a Teresa. Alby y algunos más se encontraban detrás—. ¿Cómo llegaste hasta aquí? El Doc me dijo que desapareciste en un maldito segundo.
Ella se levantó, sorprendiendo a Thomas por la seguridad con que lo hizo.
—Creo que se olvidó de un pequeño detalle, la parte en que le di una patada en la entrepierna y salí trepando por la ventana.
Thomas casi se echa a reír mientras Newt se volteaba hacia un muchacho mayor, que tenía la cara del color de un jitomate.
—Felicitaciones, Jeff —le dijo—. Eres oficialmente el primer tipo de este lugar que recibe una paliza de una chica.
Pero Teresa no se detuvo allí.
—Si sigues hablando así, tú serás el próximo.
Newt los encaró, sin demostrar miedo alguno. Se quedó en silencio, observándolos. Thomas le sostuvo la mirada, preguntándose qué estaría pasando dentro de su cabeza. Alby se acercó.
—Ya estoy harto de esto —exclamó, apuntando al pecho de Thomas como si fuera a golpearlo—. Quiero saber quién eres tú, quién es esta larcha y cómo es esto de que ustedes se conocen.
Thomas se puso muy mal.
—Alby, te juro...
—¡Garlopo, ella vino directo hacia ti apenas se despertó!
Lo invadió la ira pero, al mismo tiempo, sintió temor de que Alby explotara como Ben.
—¿Y con eso qué? Yo la conozco y ella me conoce, o al menos, eso solía ocurrir. Pero no me acuerdo de nada y ella tampoco.
—¿Qué hiciste? —preguntó Alby mirando fijamente a Teresa.
Thomas, confundido ante la pregunta, la observó para ver si sabía de qué estaba hablando Alby. Pero ella no respondió.
—¡¿Qué hiciste?! —gritó el líder—. Primero el cielo y ahora esto.
-Activé algo -contestó ella pausadamente—. No fue a propósito, lo juro. Detoné el Final, pero no sé lo que eso significa.
-¿Qué ocurrió, Newt? —preguntó Thomas, evitando hablar directamente con el líder—. ¿Cuál es el problema?
Alby lo tomó de la camisa.
—¿Qué pasó? Yo te voy a contar qué pasó, larcho. Estabas tan ocupado acá haciéndole ojitos a esta chica que no te molestaste en mirar a tu alrededor. Bueno, ¡fue por eso que no te diste cuenta de la hora que es!
Thomas miró su reloj y descubrió con horror qué era lo que se le había pasado por alto. Supo lo que Alby diría a continuación, antes de que las palabras brotaran de sus labios.
—Las paredes, shank. Las Puertas. Hoy no se cerraron.


CAPITULO 37
Thomas se quedó mudo. La vida sería diferente a partir de ese momento. Sin sol, sin provisiones y sin nada que los protegiera de los Penitentes. Teresa había estado en lo cierto desde el principio: todo había cambiado. Sintió como si el aire de sus pulmones se solidificara y se alojara en la garganta. Alby apuntó hacia la chica.
—La quiero encerrada. Ahora. ¡Billy! Jackson! Pónganla en el Cuarto Oscuro e ignoren cualquier palabra que salga de su boca de garlopa.
Teresa no dijo nada, pero Thomas reaccionó por los dos.
—¿Qué estás diciendo, Alby? Tú no puedes... —exclamó, pero se detuvo al percibir la expresión de furia—. Pero... ¿cómo puedes culparla a ella por lo de las paredes?
Newt se adelantó, apoyó su mano suavemente en el pecho de Alby y lo empujó hacia atrás.
—¿Y por qué no podemos, Tommy? Ella misma lo admitió.
Se volteó y observó a Teresa, impactado por la tristeza que vio instalada en sus ojos azules. Sintió un dolor en el pecho y se le estrujó el corazón.
—Alégrate de que no te mande con ella —dijo Alby, fulminándolos a ambos con la mirada antes de alejarse. Thomas nunca había tenido tantas ganas de golpear a alguien.
Billy y Jackson se acercaron, tomaron a Teresa de ambos brazos y la acompañaron hacia la cárcel. Pero antes de que entraran al bosque, Newt hizo que se detuvieran.
—Quédense con ella. Pase lo que pase, nadie debe tocarla. Tienen que jurarlo por sus vidas.
Los dos guardias asintieron y se marcharon, escoltándola. A Thomas le dolió aún más verla ir de tan buena gana. No podía creer lo triste que se había puesto: quería seguir hablando con ella. Acabo de conocerla, pensó. No sé ni quién es. Pero sabía que eso no era cierto.Ya existía una proximidad entre ellos que debía de haber surgido antes de su existencia sin memoria en el Área.
Ven a verme, le dijo ella.
No sabía cómo hacer para contestarle, pero decidió intentarlo.
Lo haré. Al menos estarás segura allí adentro.
No respondió.
¿Teresa?
Nada.
En los treinta minutos que siguieron, se desencadenó una confusión total. Aunque no se había percibido ningún cambio de luz desde la mañana, parecía que la oscuridad se hubiera extendido sobre el Área. Newt y Alby congregaron a los Encargados para repartirles distintas tareas e informarles que debían estar en la Finca en una hora con los grupos formados. Thomas, por su lado, se sentía como un espectador sin saber cómo colaborar.
Los Constructores —sin Gally su líder, que seguía sin aparecer— recibieron la orden de levantar barricadas en cada Puerta abierta. Mientras ellos llevaban a cabo la tarea, Thomas comprendió que no había tiempo ni materiales suficientes como para hacer algo bueno. Tuvo la impresión de que los Encargados en realidad sólo trataban de mantener a los chicos ocupados, para demorar los inevitables ataques de pánico. Ayudó a los Constructores a juntar cualquier elemento suelto que encontraran y apilarlo en las aberturas, sujetando todo con clavos, lo más firmemente posible. Las defensas lucían patéticas y lastimosas. Estaba aterrorizado: no podrían mantener alejados a los Penitentes de esa forma.
Mientras trabajaba, fue observando las distintas tareas que se realizaban en el Área.
Reunieron todas las linternas que encontraron y las distribuyeron entre los Habitantes. Newt dijo que todos debían dormir esa noche en la Finca y que las luces se usarían sólo en caso de emergencia. La labor de Sartén consistió en sacar los alimentos no perecederos de la cocina y guardarlos en la Finca, en caso de que quedaran atrapados allí. Imaginó lo horrible que sería una situación semejante. Otros amontonaban suministros y herramientas. Distinguió a Minho trasladando armas desde el sótano hasta el edificio principal. Alby había dejado muy claro que no podían correr riesgos: convertirían la Finca en un fuerte y harían lo imposible por defenderlo.
Se alejó disimuladamente de los Constructores y se unió a Minho para transportar cajas de cuchillos y rollos de alambre de púas. Un rato después, el Encargado le comunicó que tenía una misión especial que le había encomendado Newt y le dio a entender que se fuera, negándose a contestar cualquiera de sus preguntas.
Aunque se sintió herido, fue a buscar a Newt pues necesitaba hablar con él. Lo encontró en medio del Área cuando se dirigía al Matadero.
—¡Newt! —le gritó, mientras corría para alcanzarlo—. Tienes que escucharme.
Frenó tan bruscamente que casi lo atropella. Luego lo miró con tanta irritación que Thomas pensó si valdría la pena abrir la boca. -Habla rápido -repuso.
—Tienes que soltar a la chica —le dijo con cautela—. A Teresa.
Sabía que ella podía ser útil, ya que era posible que recordara algo valioso.
—Ah, no sabes lo feliz que me pone que ustedes ahora sean amigos —comentó Newt continuando su camino— No me hagas perder el tiempo, Tommy.
Thomas lo agarró del brazo.
—¡Escúchame! La chica sabe algo... Creo que ella y yo fuimos enviados aquí para ayudar a ponerle fin a todo esto.
—Seguro... dejando que los malditos Penitentes entren aquí alegremente y nos maten, ¿no es cierto? He escuchado planes espantosos en otras épocas, pero éste les gana a todos.
Lanzó un gruñido, esperando que Newt notara su frustración.
—No, no creo que signifique eso... digo, el hecho de que las paredes ya no se cierren.
Newt se cruzó de brazos. Se veía que había perdido la paciencia.
—Nuevito, ¿qué tonterías estás diciendo?
Desde que había visto las palabras en el muro del Laberinto —Catástrofe y Ruina Universal, Experimento Letal— no había dejado de pensar en ellas. Sabía que si alguien podría llegar a creerle, ése sería Newt.
—Me parece... creo que estamos aquí como parte de un extraño experimento, o prueba, no sé. Pero se supone que eso debe concluir de alguna manera. No podemos vivir así para siempre: quienquiera que nos haya enviado aquí quiere que esto termine. De una forma o de otra.
Sintió un gran alivio al poner afuera todo lo que tenía en su mente.
Newt se frotó los ojos.
—¿Y crees que eso es suficiente para convencerme de que la situación es maravillosa y que, por lo tanto, debo liberar a la chica? ¿Ella llega y de repente todo es luchar o morir?
—No, no entiendes lo que quiero decir. Yo pienso que ella no tiene nada que ver con el hecho de que nosotros estemos aquí. Es sólo un peón: ellos la enviaron al Área como nuestra última herramienta o pista o lo que sea, para ayudarnos a salir de este lugar —respiró hondo—Y creo que ellos me enviaron a mí también. Que haya activado el Final no significa que sea mala.
Newt desvió la vista hacia el Cuarto Oscuro.
—¿Sabes algo? En este momento, todo eso me importa un reverendo pito. Ella puede soportar una noche allí dentro. Además, estará más segura que nadie.
Thomas asintió, presintiendo que había logrado un acuerdo.
—Muy bien: pasaremos la noche como sea. Mañana, cuando hayamos superado todo un día a salvo, decidiremos qué hacer con ella... y también qué haremos nosotros.
Newt lanzó un resoplido.
—Tommy, ¿qué es lo que va a cambiar mañana? Ya pasaron dos malditos años, ¿entiendes?
Tenía una sensación irresistible de que todos esos cambios no eran más que un estímulo, un catalizador para la jugada final.
—Porque ahora tenemos que descifrar el misterio. Estamos forzados a hacerlo. Ya no podemos vivir de esa manera, día tras día, pensando que lo más importante es regresar al Área sanos y salvos antes de que las Puertas se cierren.
Newt reflexionó un minuto en medio del alboroto de los preparativos.
—Sigue buscando una solución. Quédate allá afuera mientras las paredes se mueven.
—Claro —exclamó—. Eso es exactamente lo que estoy diciendo. Quizás podamos armar barricadas o volar la entrada a la Fosa de los Penitentes. Tenemos que ganar tiempo para examinar el Laberinto.
—Alby es el que no quiere soltar a la chica —dijo Newt, señalando la Finca—. Ese tipo no les tiene mucho aprecio a ustedes dos. Pero ahora debemos tranquilizarnos y esperar hasta el despertar.
Thomas hizo un gesto positivo.
—Podemos derrotarlos.
—Hércules, ya lo has hecho antes, ¿no es cierto?
Sin sonreír ni esperar una respuesta, se alejó, gritándole a todo el mundo que terminara e ingresara a la Finca.
Estaba contento con la conversación: había resultado mejor de lo esperado. Decidió apurarse y hablar con Teresa antes de que fuera demasiado tarde. Mientras corría hacia el Cuarto Oscuro, observó cómo los Habitantes comenzaban a entrar a la Finca, con los brazos cargados.
Se detuvo fuera de la pequeña prisión y trató de recuperar el aliento.
—¿Teresa? —llamó finalmente, a través de la ventana enrejada.
La cara de ella surgió de golpe del otro lado, sobresaltándolo.
Lanzó un grito antes de poder reprimirlo y le tomó un segundo recuperarse.
—Puedes ser realmente terrorífica cuando quieres, ¿sabías?
—Eres muy dulce —respondió-. Gracias.
En la oscuridad, sus ojos azules brillaban como los de una gata.
—De nada —contestó, ignorando el sarcasmo—. Escúchame, he estado pensando... —hizo una pausa para reflexionar.
—Eso es más de lo que puedo decir de ese cretino de Alby —masculló ella.
Thomas estaba de acuerdo, pero se moría por contarle sus ideas.
—Tiene que haber una forma de salir de aquí. Sólo tenemos que buscarla. No sé... Quedarnos más tiempo en el Laberinto. Y lo que te escribiste en el brazo y lo que dijiste sobre el código, todo eso tiene que tener un significado, ¿verdad?
Tiene que tenerlo, pensó. Sintió que renacían sus esperanzas.
—Sí, estuve pensando lo mismo. Pero primero, ¿no podrías sacarme de aquí? —le rogó, apoyando las manos en los barrotes de la ventana.
Thomas sintió un impulso ridículo de estirarse y tocarle las manos.
—Bueno, Newt dijo que tal vez mañana —le contó, feliz de haber logrado esa concesión—. Tendrás que pasar la noche ahí adentro. En realidad, es posible que sea el lugar más seguro del Área.
—Gracias por pedírselo. Será divertido dormir sobre este piso frío —bromeó—. Aunque supongo que un Penitente no puede colarse a través de esta ventana, así que estaré bien, ¿no?
La mención de los Penitentes lo sorprendió: no recordaba haber tocado el tema con ella aún.
—Teresa, ¿estás segura de que te has olvidado de todo?
Ella pensó durante unos segundos.
—Es raro, creo que sí recuerdo algunas cosas. A menos que haya escuchado a la gente hablando mientras estaba en coma.
—Bueno, supongo que no es importante en este momento. Sólo quería verte antes de irme adentro para pasar la noche —le confesó.
En realidad, no quería dejarla. Casi deseaba que lo metieran en el Cuarto Oscuro con ella. Rio en su interior: podía imaginarse la respuesta de Newt ante semejante solicitud.
—¿Tom? —dijo Teresa.
Thomas se dio cuenta de que estaba en las nubes.
—Ah, perdón. ¿Qué?
Las manos de ella se deslizaron hacia dentro y desaparecieron. Sólo podía ver sus ojos y el pálido resplandor de su piel blanca.
—No sé si voy a poder quedarme en esta cárcel toda la noche.
Lo invadió una tristeza insondable. Quería robarle las llaves a Newt y ayudarla a escapar. Pero sabía que era una idea ridícula. Ella iba a tener que sufrir y arreglárselas. Sostuvo la mirada de esos ojos relucientes.
—Al menos, no estará completamente oscuro. Parece que vamos a tener esta especie de asqueroso atardecer durante las veinticuatro horas del día.
—Sí... —murmuró, mirando hacia la Finca, y luego volvió a posar los ojos en él—. Soy una chica fuerte. Estaré bien.
Se sentía muy mal por tener que dejarla allí, pero no tenía opción.
—Me aseguraré de que te dejen salir mañana a primera hora, ¿de acuerdo?
Ella sonrió, haciéndolo sentir un poco mejor.
—¿Me lo prometes?
—Prometido —dijo Thomas, golpeándose la sien derecha—.Y si te sientes sola, puedes hablar conmigo con tu... truco, todo lo que quieras. Intentaré responderte.
Ya lo había aceptado, hasta lo deseaba. Sólo esperaba poder descubrir la forma de contestarle, así podrían mantener una conversación.
Ya te va a salir, dijo Teresa en su mente.
—Ojalá —exclamó. Se quedó allí, sin querer marcharse.
—Es mejor que te vayas —dijo ella—. No quiero cargar con tu horrenda muerte en mi conciencia.
Esbozó una sonrisa forzada.
—Muy bien. Nos vemos mañana.
Y antes de arrepentirse, se escabulló hacia la esquina, para entrar a la Finca por la puerta delantera junto con los dos últimos Habitantes, mientras Newt los arreaba como vacas hacia el corral, cerrando la puerta tras de sí.
Justo antes de poner el cerrojo, creyó oír el primer gemido aterrador de los Penitentes, que provenía de las profundidades del Laberinto.
La noche había comenzado.


CAPITULO 38
La mayoría de los Habitantes solía dormir afuera en épocas normales, de modo que acomodar todos esos cuerpos dentro de la Finca trajo como resultado que todos quedaran bastante amontonados. Los Encargados habían organizado y distribuido a los chicos en las distintas habitaciones, junto con mantas y almohadas. A pesar de la cantidad de personas y del caos producido por semejante cambio, un silencio inquietante rondaba la casa, como si nadie quisiera llamar la atención.
Una vez que estuvieron instalados, Thomas subió a reunirse con Newt, Alby y Minho, para terminar la conversación que había comenzado más temprano en el patio. Alby y Newt se sentaron en la única cama que había en la sala, mientras que Thomas y Minho se ubicaron cerca de ellos en dos sillas. El resto del mobiliario consistía en una cómoda de madera torcida y una mesita con una lámpara, que era la única luz que tenían. La oscuridad grisácea del exterior parecía apoyarse en la ventana, como una promesa de que se acercaban momentos terribles.
—Esto es lo más cerca que he estado de rendirme —decía Newt—. Mandar todo al demonio y despedirnos de la posibilidad de vencer a los Penitentes. Suministros cortados, malditos cielos grises, paredes que no se cierran. Pero todos sabemos que no podemos abandonar ahora. Los miserables que nos enviaron aquí nos quieren ver muertos o nos están provocando. De cualquier forma, tenemos que partirnos el alma para seguir vivos o morir de verdad.
Thomas hizo un gesto afirmativo, pero no dijo nada. Estaba totalmente de acuerdo pero no tenía ningún plan para proponer. Si lograba llegar a la mañana siguiente, tal vez a Teresa y a él se les ocurriría alguna forma de colaborar.
Echó un vistazo a Alby, que tenía la mirada fija en el suelo, aparentemente perdido en sus propios pensamientos lúgubres. Mantenía esa expresión de cansancio y de depresión, con los ojos hundidos y apagados. La Transformación había resultado un nombre muy adecuado para esa experiencia, a juzgar por lo que había provocado en él.
—¿Alby? —lo interrumpió Newt—. ¿No vas a decir nada?
El líder levantó la vista sorprendido, como si no hubiera notado que había más gente en la habitación.
—¿Eh? Ah, sí. Va. Pero ustedes vieron lo que ocurre por la noche. Sólo porque Thomas, el maldito superchico, lo logró, no quiere decir que el resto de nosotros lo haga.
Thomas le hizo a Minho un leve gesto de impaciencia con los ojos, harto ya de la actitud de Alby.
Si Minho sentía lo mismo, se cuidó muy bien de demostrarlo.
—Yo estoy con Thomas y Newt. Tenemos que dejar de quejarnos y de sentir lástima por nosotros mismos —se frotó las manos y se inclinó hacia delante en la silla—. Mañana por la mañana, lo primero que tienen que hacer es asignar equipos para que estudien los Mapas a toda hora mientras los Corredores salen al Laberinto. Vamos a llevar suficientes provisiones como para quedarnos afuera varios días.
—¿Qué? —preguntó Alby, mostrando finalmente algo de emoción en la voz—. ¿Qué quieres decir con "días"?
—Eso: días. Con las Puertas abiertas y sin atardecer, no tiene sentido regresar. Es el momento de permanecer allá afuera y ver si algo se abre cuando los muros se mueven. Si es que todavía esto ocurre.
—Ni lo sueñes —dijo Alby—. Tenemos la Finca donde escondernos y, si eso no funciona, nos quedan la Sala de Mapas y el Cuarto Oscuro. ¡Minho, no podemos pedirles a los Habitantes que vayan allá afuera a morir! ¿Quién se va a ofrecer para algo así?
—Yo —respondió Minho—Y el Novato.
Todos miraron a Thomas, que asintió con la cabeza. Aunque lo aterrorizaba la idea, hacer una exploración profunda del Laberinto era su deseo desde la primera vez que había oído hablar de él.
—Si es necesario, yo también voy—intervino Newt, lo cual llenó a Thomas de asombro. A pesar de que él nunca hablaba del tema, la renguera era un recordatorio constante de que algo horrible le había sucedido dentro del Laberinto—.Y estoy seguro de que todos los Corredores harán lo mismo.
—Tú, ¿con tu pata coja? —preguntó Alby, dejando escapar una risa áspera.
Newt frunció el ceño y miró hacia el piso.
—A mí no me parece bien pedirles a los demás que hagan algo que yo mismo no estoy dispuesto a hacer. Alby se acomodó y apoyó los pies sobre la cama.
—Hagan lo que quieran. Me da lo mismo.
—¿Que hagamos lo que queramos? —repitió Newt, poniéndose de pie—. ¿Cuál es tu problema, güey? ¿Acaso piensas que tenemos alguna opción? ¿Crees que deberíamos quedarnos aquí sentados esperando que los malditos Penitentes vengan a lincharnos?
Thomas quería levantarse y aplaudir. Estaba seguro de que Alby tendría que reaccionar en algún momento y salir de su depresión. Pero el líder no parecía afectado en lo más mínimo por las palabras de Newt.
—Bueno, al menos eso suena mejor que correr hacia ellos.
—Alby, ya es hora de que empieces a ser razonable.
Por más que detestara tener que admitirlo, Thomas sabía que necesitaban a Alby para cualquier cosa que intentaran llevar a cabo, pues los Habitantes lo respetaban mucho.
Por fin, Alby respiró profundamente y fue mirando uno por uno a todos los presentes.
—Chicos, ustedes saben que estoy jodido. En serio... lo siento. Pienso que yo ya no debería ser el líder.
Thomas contuvo la respiración: no podía creer lo que Alby acababa de manifestar.
—Shuck... —comenzó a decir Newt.
—¡No! —gritó Alby, con expresión humilde, de entrega—. Eso no es lo que quise decir. Escúchenme. No estoy sugiriendo que deberíamos cambiar, ni nada de esas tonterías. Sólo creo que tengo que dejar que ustedes tomen las decisiones. No confío en mí. Así que... haré lo que quieran.
Thomas notó que Minho y Newt estaban tan sorprendidos como él.
—Eh... bueno —dijo Newt lentamente, no muy seguro—.Todo va a salir bien. Lo prometo. Ya verás.
-Sí -masculló Alby.
Después de una larga pausa, comenzó a hablar más fuerte y con un extraño entusiasmo en la voz.
—Hey, les digo lo que haremos. Pónganme a cargo de los Mapas. Haré que todos los Habitantes del Área se maten analizando esos dibujos.
-A mí me parece bien -dijo Minho.
Thomas quería decir que estaba de acuerdo, pero no tenía claro si le correspondía.
Alby apoyó los pies en el piso otra vez y se enderezó.
—Creo que fue bastante estúpido esto de dormir adentro. Deberíamos habernos quedado trabajando en la Sala de Mapas.
Thomas pensó que eso era lo más inteligente que Alby había dicho en mucho tiempo.
Minho se encogió de hombros.
—Seguramente tienes razón.
—Bueno, yo voy a ir —dijo Alby, con un gesto de confianza—. Ahora mismo. Newt sacudió la cabeza.
—Olvídalo. Ya oí los gemidos de los malditos Penitentes allí afuera. Podemos esperar hasta que llegue el despertar.
Alby se inclinó hacia delante, con los codos en las rodillas.
—Oigan, larchos, ustedes son los que comenzaron las charlas de aliento. No vengan a quejarse ahora que les hago caso. Si voy a hacerlo, tiene que ser ahora. El viejo Alby está de vuelta. Necesito concentrarme en algo.
Thomas se sintió aliviado, pues estaba harto de la discordia.
—Hablo en serio, necesito hacerlo —dijo Alby, poniéndose de pie y dirigiéndose hacia la puerta de la habitación.
—Tienes que estar bromeando -señaló Newt—. ¡No puedes salir ahora!
—Voy a ir y listo -lo desafió Alby, tomando la argolla con sus llaves y haciéndolas sonar en actitud burlona. Thomas no podía creer su repentino valor—. Shanks, los veo en la mañana -dijo, y se retiró.
Era extraño saber que, a pesar de que la noche avanzaba y que la oscuridad debería haberse tragado todo lo que los rodeaba, al asomarse sólo se veía una pálida luz gris. Eso desequilibraba a Thomas, como si la necesidad de dormir que aumentaba a cada minuto no fuera algo natural. El tiempo se arrastraba tan lentamente como en una agonía. Tenía la sensación de que el día siguiente no llegaría nunca.
Los demás Habitantes se instalaron con sus mantas y almohadas para la imposible tarea de conciliar el sueño. Nadie hablaba mucho: había una atmósfera de tristeza y abatimiento. Sólo se oían los ruidos de los pies que se arrastraban suavemente y algunos susurros.
Hizo un esfuerzo para dormir, sabiendo que de esa manera el tiempo pasaría más rápido; pero, después de dos horas, seguía sin tener suerte. Estaba echado en el piso de una de las habitaciones de arriba, sobre una gruesa manta, con otros Habitantes apiñados a su alrededor. Newt se había quedado con la cama.
Chuck había terminado en otro dormitorio y Thomas se lo imaginaba acurrucado en un rincón oscuro, llorando y apretando la manta contra el pecho, como si fuera un osito de peluche. Eso lo puso tan triste que intentó, sin suerte, quitarse la imagen de la cabeza.
Casi todos los chicos tenían una linterna para usar en caso de emergencia. Por lo demás, Newt había dado orden de mantener las luces apagadas. Todo lo que se había podido hacer con tan poco tiempo para estar preparados ante un ataque de los Penitentes, se había hecho: las ventanas se habían sellado con tablas, los muebles se habían apoyado contra las puertas, se habían distribuido cuchillos para usar como armas...
Pero Thomas no se sentía seguro.
La expectativa de lo que podía ocurrir era apabullante y flotaba en el ambiente, como una masa de miedo y sufrimiento que lo sofocaba. Casi deseaba que esos cabrones llegaran pronto y que todo se acabara de una vez. La espera era insoportable.
Los aullidos lejanos de los Penitentes se acercaban a medida que avanzaba la noche; cada minuto parecía más largo que el anterior.
Transcurrió una hora más. Y luego otra. Finalmente, el sueño llegó, pero de manera intermitente. Supuso que serían las dos de la madrugada cuando cambió de posición por millonésima vez. Puso las manos debajo del mentón y dirigió la mirada hacia los pies de la cama, una sombra en la tenue luz de la habitación.
Luego todo cambió.
Un estallido de maquinaria que provenía del exterior comenzó a sonar dentro de la Finca, seguido de los familiares repiqueteos metálicos: un Penitente rodaba sobre el piso de piedra. Era como si alguien hubiera desparramado un puñado de clavos encima de la roca. Se levantó de un salto, al igual que todos los demás.
Pero Newt ya estaba de pie antes que nadie, agitando los brazos y haciendo callar a todos, llevándose el dedo a los labios. Caminó de puntillas hacia la solitaria ventana del recinto, cubierta por tres tablas de madera clavadas apresuradamente. Grandes rendijas permitían
espiar hacia fuera. Con cuidado, se agachó para echar una mirada y Thomas se arrastró hasta él.
Se ubicó debajo de Newt contra la tabla más baja, presionando el ojo sobre la grieta. Era aterrador estar tan cerca de la pared, pero no vio más que el Área delante de sí. No tenía lugar suficiente para mirar hacia arriba o hacia abajo, o a los costados; sólo hacia delante. Después de un rato, abandonó la tarea y se quedó con la espalda apoyada contra la pared mientras Newt se sentaba en la cama.
Pasaron unos minutos. Los sonidos de los Penitentes penetraban los muros con espacios de diez a veinte segundos: el chirrido de los motores acompañado del zumbido metálico, el golpeteo de las púas contra la dura piedra, el chasquido de las garras que se abrían y cerraban bruscamente. Cualquier ruido lo estremecía de terror.
Parecía que había por lo menos tres o cuatro monstruos en el patio.
Podía sentir a esos animales mecánicos esperando allá afuera. Puros zumbidos y traqueteos de metal.
Se le secó la boca: había estado cara a cara con ellos y los recordaba muy bien. Hizo un esfuerzo para respirar. Los otros chicos dentro de la habitación se mantenían quietos, rodeados de una tensión mortal. El miedo rondaba el aire cual humareda negra.
Uno de los Penitentes emitió un ruido como si se estuviera trasladando hacia la casa. De pronto, el repiqueteo de las púas contra la piedra se transformó en un sonido más profundo y hueco. Se imaginó todo claramente: las púas metálicas clavándose en la madera de las paredes laterales de la Finca, la enorme bestia haciendo girar su cuerpo, trepando hacia la habitación donde ellos se hallaban, desafiando la gravedad con su fuerza descomunal. Escuchó cómo las agujas trituraban la madera y luego rotaban para volverse a afirmar. El edificio entero se sacudía con el movimiento.
Los crujidos, gemidos y chasquidos se convirtieron en los únicos sonidos existentes en el mundo, causándole horror. Con la cercanía, aumentaban el volumen. Los demás chicos se habían arrastrado a través del dormitorio, lo más lejos posible de la ventana. Después de unos minutos, fue tras ellos, con Newt pegado a su lado. Todos quedaron amontonados contra la pared, mirando atentamente la ventana.
Cuando la situación llegó a su punto de mayor tensión —el Penitente se encontraba justo detrás del vidrio— sobrevino un silencio inquietante. Podía escuchar hasta el latido de su corazón.
Unas luces parpadearon afuera, proyectando rayos extraños a través de las rendijas de las maderas. Luego una sombra muy delgada interrumpió el resplandor, moviéndose de un lado a otro. Comprendió que los sensores y las armas del monstruo se habían desplegado en busca de su festín. Presintió a los escarabajos ayudando a las criaturas a encontrar el camino. Unos segundos más tarde, la sombra se detuvo y la luz se paralizó, proyectando tres planos inmóviles de resplandor dentro de la habitación.
El nerviosismo que había en el aire era espeluznante: se podía escuchar la respiración de todos. Pensó que lo mismo debía estar ocurriendo en los demás dormitorios de la Finca. Entonces recordó a Teresa dentro del Cuarto Oscuro.
Estaba deseando que ella le hablara cuando, de golpe, la puerta del pasillo se abrió, despertando gritos y jadeos a su alrededor. Los Habitantes habían imaginado que algo ocurriría en la ventana y no detrás de ellos. Thomas se volteó para ver de quién se trataba, esperando encontrar a Chuck atemorizado o, quizás, a Alby arrepentido. Pero cuando descubrió quién estaba de pie en el umbral, su mente sufrió una conmoción.
Era Gally.


CAPITULO 39
Los ojos de Gally irradiaban una furia demencial. Tenía la ropa rasgada y sucia. Cayó de rodillas y se quedó en el piso, mientras su pecho subía y bajaba al ritmo de su agitada respiración. Echó una mirada por el dormitorio cual si fuera un perro rabioso buscando a quien morder. Nadie dijo una palabra. Era como si todos creyeran —al igual que Thomas— que Gally era sólo producto de su imaginación.
—¡Ellos los van a matar! —gritó, escupiendo saliva hacia todos lados—. ¡Los Penitentes los asesinarán: uno cada noche hasta que todo esto termine!
En el más completo mutismo, Thomas observó que el chico trastabillaba hasta lograr incorporarse. Luego caminó hacia delante, arrastrando la pierna derecha con una cojera evidente. Nadie movió un músculo. Todos contemplaban perplejos lo que ocurría sin atinar a hacer nada. Hasta Newt. Thomas casi tenía más miedo del sorpresivo visitante que de los Penitentes que acechaban detrás de la ventana.
Gally se detuvo muy cerca de los dos chicos y señaló a Thomas con un dedo ensangrentado.
—Tú —dijo con una mueca de desprecio tan exagerada que de tan cómica resultó completamente perturbadora-. ¡Tú tienes la culpa de todo!
Sin previo aviso, levantó la mano izquierda y estrelló el puño en la oreja de Thomas, que se desmoronó de un grito. Movido más por el desconcierto que por el dolor, en un segundo ya estaba de pie.
Newt había salido finalmente de su aturdimiento y echó a Gally de un empujón. Éste retrocedió tambaleándose y chocó contra el escritorio, que se encontraba junto a la ventana. La lámpara que estaba encima cayó al piso y se rompió en pedazos.Thomas supuso que Gally querría vengarse, pero el chico sólo se enderezó, y los contempló con sus ojos de lunático.
—No existe una solución —dijo, con la voz ahora más baja y distante, pero igual de siniestra—. El Laberinto miertero los matará a todos ustedes, larchos... Los Penitentes los aniquilarán... uno cada noche hasta que todo termine... Yo... Es mejor así... —titubeó, y sus ojos descendieron hacia el suelo—. Ellos sólo matarán uno por noche... sus estúpidas Variables...
Thomas lo escuchaba horrorizado, tratando de controlar el terror para poder memorizar todo lo que decía.
Newt dio un paso adelante.
—Gally, cierra tu maldito hocico. Hay un Penitente junto a la ventana. Siéntate y no hables. Quizás se vaya. Miró hacia arriba, entornando los ojos.
—Tú no entiendes, Newt. Eres muy estúpido, siempre lo has sido. No existe una salida. ¡No hay forma de ganar! ¡Ellos te van a matar a ti y a todos, uno por uno!
Después de emitir las últimas palabras con un aullido, se arrojó contra la ventana y comenzó a tironear de las tablas como un animal salvaje intentando escapar de la jaula. Antes de que nadie pudiera reaccionar, ya había arrancado una madera.
—¡No! —gritó Newt, corriendo hacia delante.Thomas lo siguió para ayudar, sin poder creer lo que sucedía.
Cuando Newt lo alcanzó, Gally ya había desclavado la segunda tabla. La hizo girar hacia atrás con ambas manos golpeando la cabeza de Newt, que quedó tendido en la cama. Unas gotas de sangre rociaron las sábanas. Thomas se acercó, listo para pelear.
—¡Gally! —exclamó—. ¿Qué estás haciendo?
El chico lanzó un escupitajo, jadeando como un perro agitado.
—Thomas, ¡cierra tu boca de garlopo! Sé quién eres, pero ya no me importa. Yo sólo puedo hacer lo correcto.
Mientras escuchaba asombrado las palabras de Gally, sintió que sus pies estaban pegados al piso. El chico se estiró hacia atrás y arrancó la última madera. En el momento en que la tabla tocó el suelo de la habitación, el vidrio de la ventana explotó hacia dentro como un enjambre de avispas de cristal. Thomas se cubrió la cara y cayó al piso. Se fue arrastrando hacia atrás hasta que chocó con la cama. Juntó fuerzas y levantó la vista preparado para enfrentar el final de su mundo.
El cuerpo vibrante y bulboso de un Penitente se había introducido por la ventana rota, con las pinzas metálicas sacudiéndose y arañando en todas las direcciones. Su espanto era tan grande que apenas registró que los demás chicos habían huido hacia el pasillo. Todos menos Newt, que se hallaba tendido inconsciente en la cama.
Paralizado por el miedo, observó que uno de los largos brazos del engendro se estiraba hacia el cuerpo inmóvil. Eso fue suficiente para sacarlo de su estupor. Se levantó con dificultad y buscó un arma, pero sólo encontró algunos cuchillos. El pánico lo invadió hasta consumirlo por completo.
De pronto, Gally empezó a hablar nuevamente. El Penitente retrajo su brazo como si estuviera observando y prestando atención, pero su cuerpo todavía se agitaba, intentando entrar en la habitación.
-¡Nunca entendieron nada! -gritaba por encima de los horrendos ruidos de la criatura-. ¡Nadie comprendió lo que yo vi, lo que la Transformación produjo en mí! ¡Thomas, no vuelvas al mundo real! ¡No te conviene recordar!
Gally le echó una mirada de angustia prolongada, con los ojos cargados de terror, y luego se arrojó sobre el cuerpo retorcido del Penitente. Thomas lanzó un aullido mientras los brazos extendidos del monstruo se retraían de inmediato y sujetaban firmemente los miembros de Gally, haciéndole imposible la huida. El cuerpo del chico se hundió varios centímetros en la piel viscosa emitiendo un dramático sonido de succión. Después, con una velocidad sorprendente, el Penitente retrocedió por el marco destrozado de la ventana y comenzó a descender.
Thomas corrió hacia el hueco de la pared justo a tiempo para ver cómo el Penitente aterrizaba y se movía por el Área, mientras el cuerpo de Gally aparecía y desaparecía con el rodar de la bestia. Las luces del monstruo brillaban con fuerza, proyectando un resplandor fantasmal de color amarillo sobre la piedra de la Puerta del Oeste, a través de la cual ingresó en el Laberinto. Segundos después, varios Penitentes más salieron tras su compañero, con chirridos y zumbidos que parecían los festejos de la victoria.
Creyó que iba a vomitar. Comenzó a alejarse de la ventana, pero algo allá afuera llamó su atención: una figura solitaria corría a través del patio del Área hacia la salida por la cual se habían llevado a Gally.
A pesar de la distancia, se dio cuenta enseguida de quién se trataba. Le gritó que se detuviera, pero ya era tarde.
Minho se perdió en el Laberinto a toda velocidad.


CAPITULO 40
Reinaba el caos. La Finca estaba completamente iluminada. Los Habitantes andaban de un lado a otro hablando sin parar. Un par de chicos lloraba en un rincón.
Thomas ignoró lo que estaba ocurriendo, se lanzó al pasillo y bajó los peldaños de tres en tres. Se abrió paso a empujones entre la multitud de la planta baja y corrió rápidamente hacia la Puerta del Oeste. Frenó delante del umbral del Laberinto, pues sus instintos le decían que debía pensarlo dos veces antes de cruzar. El llamado de Newt demoró su decisión.
—¡Minho salió detrás de él! —le explicó Thomas, al verlo llegar con una toalla teñida de sangre en la cabeza.
—Ya lo vi —repuso, haciendo una mueca al notar la mancha roja en la tela blanca-. Shuck, esto duele como el demonio. A Minho se le debe haber quemado la última neurona que le quedaba, por no mencionar a Gally. Aunque siempre supe que ése estaba loco.
Thomas estaba muy preocupado por Minho.
—Voy tras él.
—¿Parece que otra vez llegó la hora de hacerte el héroe? Lo miró duramente, herido por el comentario.
-¿Piensas que todo lo que hago es sólo para impresionarlos? Shank, a mí lo único que me importa es salir de aquí.
—Bueno, eres un tipo duro. Pero en este momento tenemos problemas mas graves.
-¿Qué?
Thomas sabía que si quería alcanzar a Minho no tenía tiempo para seguir conversando. -Alguien... -comenzó Newt.
—¡Ahí está! —exclamó, al ver a Minho doblando la esquina. Puso las manos alrededor de la boca para gritarle—. ¿Qué estabas haciendo, idiota?
El Encargado esperó hasta atravesar la Puerta. Luego se inclinó con las manos en las rodillas y tomó aire antes de contestar.
—Sólo... quería... estar seguro.
—¿De qué? —indagó Newt—. Sería fantástico que te llevaran con Gally. Se enderezó y apoyó las manos en las caderas. Seguía muy agitado. —¡Basta, chicos! Yo sólo quería ver si se dirigían hacia el Acantilado. A la Fosa de los Penitentes. -¿Y? —preguntó Thomas.
—Bingo —contestó Minho, secándose el sudor de la frente.
—No puedo creerlo —dijo Newt, casi en un susurro—. Qué noche.
Thomas trató de pensar en la Fosa y en el significado de todo eso, pero recordó que Newt estaba por decirle algo antes de que regresara Minho.
-¿Qué ibas a contarme? Decías que teníamos peores...
—Sí —dijo y señaló con el pulgar sobre su hombro—. Todavía pueden ver el maldito fuego.
Thomas miró en esa dirección: la puerta de metal de la Sala de Mapas estaba ligeramente abierta y una estela de humo negro emergía de ella y se elevaba hacia el cielo gris.
—Alguien quemó los baúles —anunció Newt—. No quedó ni uno.
A Thomas no le importaban mucho los Mapas, pues creía que no eran demasiado útiles. Cuando Newt y Minho se dirigieron a investigar el sabotaje a la Sala de Mapas, él se encaminó hacia el Cuarto Oscuro. Había notado un extraño intercambio de miradas entre ellos antes de separarse, como comunicándose algún secreto con los ojos. Pero, en ese momento, sólo podía pensar en una cosa.
—¿Teresa? —llamó, desde el lado exterior de la ventana.
Ella apareció, frotándose los ojos con las manos.
—¿Mataron a alguien? -inquirió, un poco aturdida.
—¿Estabas durmiendo? —exclamó, experimentando un gran tranquilidad al verla en perfecto estado.
—Sí —respondió—. Hasta que oí que algo destruía por completo la Finca. ¿Qué pasó?
—No entiendo cómo pudiste haber dormido con todo el estruendo de los Penitentes allá afuera —preguntó incrédulo.
—Prueba salir de un coma alguna vez y luego me cuentas. Ahora contesta mi pregunta, dijo adentro de su cabeza.
Parpadeó. La voz lo había tomado por sorpresa, ya que hacía algún tiempo que no se comunicaban de esa manera.
—No sigas con eso.
-Sólo dime qué pasó.
Era una historia tan larga que no tenía ganas de contarla en detalle.
—Tú no conoces a Gally, pero él es un chico trastornado que se escapó. Apareció de golpe, saltó sobre un Penitente y se largaron todos juntos hacia el Laberinto. En realidad fue muy raro —resumió rápidamente, sin poder creer todavía que eso hubiera pasado de verdad.
—Lo cual es mucho decir —repuso Teresa.
—Sí -comentó distraído, mirando hacia atrás, esperando ver a Alby en algún lugar. Estaba seguro de que ahora la dejaría libre. Los Habitantes estaban desperdigados por todo el complejo, pero no había rastros de su líder—. No comprendo por qué se fueron los Penitentes después de atrapar a Gally. Él dijo que nos matarían uno a uno cada noche hasta que no quedara ninguno. Lo mencionó por lo menos dos veces.
Teresa puso las manos en los barrotes y apoyó los antebrazos contra el alféizar de concreto.
-¿Sólo uno cada noche? ¿Por qué?
—No lo sé. También dijo que tenía que ver con... pruebas o variables.. . Algo así.
Tuvo el mismo impulso extraño de la noche anterior: estirarse y tomar una de las manos de ella, pero se contuvo.
-Tom, estuve pensando en lo que me contaste que yo había dicho. Eso de que el Laberinto es un código. Estar encerrada aquí dentro te hace usar la mente mucho más de lo normal.
—¿Qué crees que significa?
Estaba tan interesado que ignoró el alboroto que se había levantado por el incendio en la Sala de Mapas.
-Bueno. Las paredes se mueven todas las noches, ¿no es cierto?
Supo de inmediato que ella había descubierto algo.
—Y Minho dijo que ellos piensan que existe un mismo esquema que se repite, como si fuera un patrón, ¿verdad? —continuó ella.
—Exacto.
La cabeza de Thomas también había empezado a trabajar, como si una memoria previa comenzara a liberarse.
—En realidad, no puedo recordar por qué te dije eso del código. Sé que cuando estaba saliendo del coma, se arremolinaban dentro de mi cabeza pensamientos y recuerdos de todo tipo, de manera frenética, como si alguien estuviera vaciando mi mente, llevándose todo lo que había en ella. Y sentí que tenía que decir eso del código antes de perderlo. De modo que debe existir algún motivo importante.
Apenas la oía, pues estaba enfrascado en sus propias reflexiones.
—Ellos siempre comparan el Mapa de cada sección con el del día anterior, día por día: cada Corredor examina solamente su propia Sección. ¿Qué pasaría si cotejaran los Mapas con los de las otras secciones...? —dijo, y se detuvo con la sensación de que había llegado a algo importante.
Teresa tampoco parecía prestarle atención, inmersa en sus teorías particulares.
—Lo primero que me trae a la mente la palabra "código" son letras. Las del alfabeto. Quizás el Laberinto esté tratando de formar una palabra.
Todo se unió tan rápido en la mente de Thomas que casi le pareció escuchar un sonoro "clic", como si las piezas del rompecabezas se pusieran en su lugar al mismo tiempo.
—¡Tienes razón! ¡Los Corredores lo estuvieron analizando todo el tiempo de manera incorrecta!
Teresa se aferró firmemente a las rejas con los nudillos blancos y la cara presionada contra los hierros.
—¿De qué estás hablando?
Apretó los dos barrotes desde el exterior y se acercó lo suficiente como para olería: tenía un aroma muy agradable a flores y a sudor.
—Minho dijo que los dibujos se repetían, y que no podían descubrir qué significaban. Pero ellos siempre los estudiaron sección por sección, contrastando un día con el siguiente. ¿Qué pasaría si cada día fuera una pieza separada del código y tuvieran que usar las ocho secciones a la vez?
-¿Piensas que es posible que cada día esté tratando de revelar una palabra? —exclamó—. ¿Con los movimientos de las paredes?
Thomas asintió.
-O quizás una letra por día, no sé. Pero ellos siempre pensaron que los movimientos les revelarían la manera de escapar y no que formaran una palabra. Han estado estudiando todo como un mapa y no como la imagen de algo. Tenemos que... —luego se detuvo, recordando lo que Newt acababa de decirle-. ¡Ay no!
-¿Qué pasa? -preguntó ella con preocupación.
—No-no-no-no-no...
Al caer en la cuenta de su descubrimiento, soltó los barrotes y retrocedió con dificultad. Se volteó y observó la Sala de Mapas. El humo había disminuido, pero seguía saliendo una nube oscura que cubría toda el Área.
—Dime, ¿cuál es el problema? —insistió Teresa, que no alcanzaba a ver nada desde la ventana de la celda.
—No pensé que fuera importante...
—¡¿ Qué?! —le exigió la chica.
—Alguien quemó todos los Mapas. Si existía algún código, ya desapareció.
0No comments yet
      GIF