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The Maze Runner - Correr o Morir - Capitulo 46 al 50

CAPITULO 46

Thomas no quiso hablar con nadie durante el resto del día. Teresa trató de verlo varias veces, pero él repetía que no se sentía bien y que deseaba estar solo en su refugio del bosque. Necesitaba tiempo para dormir y también para pensar un poco: estaba seguro de que debía existir algún secreto oculto dentro de su mente que los ayudaría a decidir qué camino tomar.
Pero en verdad, estaba juntando fuerzas para lo que había planeado hacer esa noche, intentando convencerse de que era lo correcto. Tal vez, lo único que podía hacer. Además, estaba absolutamente aterrorizado y no quería que los demás lo notaran.
Finalmente, cuando el reloj le mostró que ya había llegado la hora, se fue a la Finca con todo el grupo. No se había dado cuenta de lo hambriento que estaba hasta que comenzó a comer las galletas y la sopa de jitomate que Sartén había preparado a toda prisa. A partir de ese momento, tenía por delante otra noche sin dormir. Los Constructores habían cerrado con tablas los huecos dejados por los Penitentes al llevarse a Gally y a Adam. Pensó que el trabajo parecía hecho por un ejército de borrachos, pero daba la impresión de que resistiría. Alby también se encontraba allí, con la cabeza vendada, pues ya se sentía mejor. El y Newt ordenaron a los Habitantes que rondaran todas las noches el lugar en donde dormían.
Thomas terminó en la gran sala de la planta baja de la Finca con los mismos chicos con los cuales había estado dos noches antes. El silencio pronto se instaló en la habitación, aunque no quedaba claro si era porque todos estaban en realidad dormidos o simplemente asustados, deseando que las criaturas no regresaran. A diferencia de la otra vez, a Teresa se le había permitido quedarse en el edificio con el resto de los Habitantes. Se hallaba cerca de él, acurrucada bajo dos mantas. Tuvo la sensación de que ella había logrado conciliar el sueño. De verdad.
Pero él no podía dormir, aunque sabía que su cuerpo se lo pedía con desesperación. Hizo un gran esfuerzo por mantener los ojos cerrados y relajarse, pero no tuvo suerte. La noche transcurría lentamente y el nerviosismo de la espera era un gran peso sobre su pecho.
De pronto, como todos habían esperado, se oyeron los horrorosos sonidos mecánicos en el exterior. Había llegado la hora.
Se agruparon contra la pared más alejada de la ventana, haciendo lo imposible por mantenerse callados. Thomas se apartó en un rincón junto a Teresa, con los brazos alrededor de las rodillas y los ojos clavados en la ventana. La realidad de la terrible decisión que había tomado le oprimía el estómago como si hubiera recibido un golpe. Pero sabía que seguramente todo dependería de eso.
La tensión iba en aumento. Los Habitantes estaban mudos, no se movía ni un alma. Un roce distante del metal contra la madera sonó por toda la casa. Pensó que un Penitente debía de estar trepando por la pared trasera de la Finca, en el lado opuesto de donde ellos se encontraban. Unos segundos después, se escucharon más ruidos que venían de todas las direcciones. El más cercano se oyó fuera de la ventana. El aire del recinto pareció congelarse. Apoyó los puños contra sus ojos, temiendo el horror que se avecinaba.
Una explosión de maderas despedazadas y vidrios rotos en el piso de arriba sacudió toda la casa como si se tratara de un trueno. Quedó paralizado mientras escuchaba algunos alaridos, seguidos de pisadas que huían. Fuertes crujidos y gemidos anunciaron que una horda de Habitantes se dirigía hacia el primer piso.
—¡Atraparon a Dave! —gritó alguien, con la voz atravesada por el terror.
En el dormitorio de Thomas nadie movió un músculo. Sabía que todos se sentían culpables por el alivio que experimentaban al comprobar que, al menos, no les había tocado a ellos. Quizás estarían seguros por una noche más. Se habían llevado un chico por vez durante dos noches seguidas y los Habitantes habían empezado a creer que lo que Gally había dicho era verdad.
Thomas dio un salto al escuchar un estruendo justo del otro lado de la puerta, acompañado de aullidos y madera que se astillaba, como si un monstruo con mandíbula de hierro se estuviera comiendo todo el hueco de la escalera. Un segundo después, vino otro estallido de madera que se partía: la puerta del frente. El Penitente había atravesado toda la casa y ahora se marchaba.
El miedo se apoderó de él: era ahora o nunca.
Se incorporó bruscamente, fue hasta la puerta de la habitación y la abrió de un golpe. Escuchó que Newt gritaba, pero no le prestó atención y corrió a lo largo del pasillo esquivando cientos de trozos de madera desparramados por el piso. En el lugar donde había estado la puerta, ahora podía ver un gran orificio con los bordes dentados que se abría hacia la noche gris. Lo atravesó velozmente y salió al Área.
¡Tom!, gritó Teresa en su cabeza. ¡¿Qué estás haciendo?!
Ignoró la pregunta y continuó su carrera.
La criatura que llevaba a Dave —un chico con el cual nunca había hablado— se deslizaba con sus púas hacia la Puerta del Oeste, agitándose y emitiendo zumbidos. Los otros monstruos ya se habían reunido en el patio y siguieron a su compañero hacia el Laberinto. Sin vacilar y sabiendo que los demás pensarían que eso era un suicidio, se apuró hasta ubicarse en medio de la manada de Penitentes. Tomados por sorpresa, éstos titubearon unos segundos.
Saltó sobre el que tenía a Dave, trató de liberar al chico con un movimiento brusco, esperando que el monstruo buscara vengarse. El alarido de Teresa en su mente sonó con tal fuerza que le pareció que un puñal le había perforado el cerebro.
Tres Penitentes se lanzaron en tropel hacia él revoleando sus largas pinzas y agujas. Sacudió frenéticamente los brazos y las piernas, bloqueando las horribles garras de metal y arrojando patadas a la asquerosa grasa burbujeante que cubría a las criaturas. No quería que se lo llevaran como a Dave, sólo que lo pincharan. El ataque implacable de las bestias se intensificaba y sintió que el dolor atravesaba todo su cuerpo: los pinchazos de las agujas le confirmaron que su plan había resultado. Lanzando gritos, comenzó a patear y retorcerse por el suelo, tratando de alejarse. Siguió luchando y, en un desborde de adrenalina, encontró finalmente un espacio abierto a través del cual, una vez de pie, salió huyendo con todas sus fuerzas y agilidad.
Apenas estuvo fuera del alcance de los Penitentes, ellos abandonaron la pelea y se perdieron dentro del Laberinto. Thomas se desplomó aullando de dolor.
Newt apareció de inmediato junto a él, seguido de cerca por Chuck, Teresa y varios más. Lo levantó de los hombros, tomándolo por debajo de ambos brazos.
—¡Sujétenle las piernas! -gritó.
Parecía que el mundo daba vueltas. Sentía náuseas y estaba mareado. Alguien -no podía decir quién— obedeció la orden de Newt. Lo transportaron por el patio, entraron a la Finca por la puerta delantera y lo depositaron en el diván de una de las habitaciones. Todo seguía girando sin parar.
—¡¿Qué estabas haciendo?! -le preguntó Newt desesperado—. ¿Cómo puedes ser tan estúpido?
Tenía que hablar antes de perderse en la oscuridad.
—No... Newt... Tú no comprendes...
—¡Cállate! —le ordenó—. ¡No gastes energía!
Notó que alguien revisaba sus brazos y piernas, le quitaba la ropa y examinaba cuál había sido el daño. Escuchó la voz de Chuck y se alegró de que su amigo se encontrara bien. Uno de los Docs mencionó que había recibido más de doce pinchazos.
Teresa estaba a sus pies, apretando su tobillo derecho con la mano. ¿Por qué, Tom? ¿Por qué hiciste semejante cosa?
Porque... No tenía la fuerza necesaria para concentrarse.
Newt pidió a gritos que le trajeran el Suero de los Penitentes y, un minuto después, sintió la aguja en el brazo. Una ola de calor se extendió por todo el cuerpo, calmándolo y aplacando el sufrimiento. Pero el universo seguía desmoronándose a su alrededor. Sabía que desaparecería en unos pocos segundos.
La habitación giraba, los colores se confundían unos con otros, agitándose cada vez más rápidamente. Utilizó toda la fuerza que le quedaba para decir algo antes de caer para siempre en las tinieblas.
—No se preocupen —murmuró, esperando que pudieran oírlo—. Lo hice a propósito.


CAPITULO 47
Durante la Transformación, Thomas perdió por completo la noción del tiempo.
Comenzó de manera similar a su primer recuerdo dentro de la Caja: en medio del frío y la oscuridad. Pero esta vez, sus pies y su cuerpo no parecían estar en contacto con nada. Flotaba en el vacío, con la mirada fija en un agujero negro. No escuchaba voces ni ruidos, tampoco percibía olores. Era como si alguien le hubiera robado los cinco sentidos, dejándolo en medio de las tinieblas.
El tiempo se alargaba. El miedo se convirtió en curiosidad y ésta, en aburrimiento.
Finalmente, tras una espera interminable, todo comenzó a cambiar.
Un viento fuerte se levantó a lo lejos. No lo sentía pero podía oírlo. Enseguida surgió una bruma blanca distante: parecía un tornado de humo que giraba formando un embudo tan grande que no permitía ver dónde terminaba el remolino. Luego aparecieron huracanes, que fueron absorbidos por un gran ciclón, y pasaron volando detrás de él, rasgando su ropa y su pelo como banderas destrozadas por una tormenta.
La espesa bruma era como una torre gigantesca, que comenzó a acercarse hacia él —o era él el que se movía hacia ella, no estaba seguro- aumentando la velocidad a un ritmo alarmante. Donde segundos antes había podido ver la forma nítida del embudo, ahora sólo quedaba una extensa planicie blanca.
Entonces la niebla lo devoró. Sintió que se llevaba su mente y que los recuerdos inundaban sus pensamientos. Todo lo demás no fue más que sufrimiento.



CAPITULO 48
—Thomas.
La voz era distante, casi un murmullo, y sonaba como el eco dentro de un largo túnel. -Thomas, ¿puedes oírme?
No quería contestar. Su mente había dejado de funcionar cuando ya no pudo soportar más el dolor. Temía que todo comenzara otra vez si volvía a estar consciente. Le pareció que había luz al otro lado de sus párpados, pero supo que sería intolerable abrirlos. No hizo nada.
-Thomas, soy Chuck. ¿Estás bien? Por favor, no te mueras, güey.
De pronto, todo el pasado explotó en su mente. El Área, los Penitentes, la aguja punzante, la Transformación. Recuerdos. El Laberinto no tenía salida. La única posibilidad era algo que ellos nunca habían imaginado. Algo terrorífico. Lo invadió la desesperación.
Con un gruñido se obligó a abrir los ojos poco a poco. La cara redonda de Chuck estaba allí observándolo con mirada asustada. Su rostro se iluminó de inmediato y desplegó una gran sonrisa. Se mostraba alegre a pesar de lo terrible de la situación.
-¡Está despierto! -gritó, sin dirigirse a nadie en particular—. ¡Thomas se despertó!
Hizo una mueca de dolor ante la voz atronadora del chico y cerró nuevamente los ojos.
—Chuck, ¿es necesario que des esos alaridos? Todavía no estoy muy bien.
—Lo siento, es que estoy feliz de ver que estás vivo. Tienes suerte de que no te dé un gran beso. —Ni se te ocurra -masculló, abriendo los ojos otra vez.
Se sentó en la cama empujando la espalda contra la pared y estirando las piernas. Le dolían mucho las articulaciones y los músculos.
—¿Cuánto tiempo transcurrió? —preguntó.
—Tres días —contestó Chuck—. Te poníamos en el Cuarto Oscuro por la noche para que estuvieras seguro y te traíamos de vuelta acá durante la jornada. Pensé que estabas muerto unas treinta veces desde que todo empezó. Pero mírate ahora: ¡estás como nuevo!
Thomas sabía que eso no era precisamente cierto.
-¿Vinieron los Penitentes?
El júbilo de Chuck desapareció de golpe.
—Sí, se llevaron a Zart y a un par más. Uno cada noche. Minho y los Corredores han registrado el Laberinto intentando hallar una salida o utilizar ese estúpido código que ustedes descubrieron, pero sin resultado. ¿Por qué piensas que las criaturas se están llevando a un larcho por vez?
A Thomas se le revolvieron las tripas: ahora sabía la respuesta exacta a esa pregunta, y a algunas otras. Lo suficiente como para haber comprendido que a veces saber era un asco.
—Ve a buscar a Newt y a Alby —dijo, finalmente, a modo de contestación—. Diles que tenemos que hacer una Asamblea. Lo antes posible.
—¿En serio?
Lanzó un suspiro.
—Chuck, acabo de pasar por la Transformación, ¿no te parece que hablo en serio?
Se levantó de un salto y salió de la habitación sin decir una palabra. Thomas cerró los ojos, inclinó la cabeza contra la pared y se concentró. Teresa.
Tardó un poco en responder, pero pronto pudo escuchar su voz claramente dentro de sus pensamientos, como si ella estuviera sentada junto a él. Tom, eso fue muy estúpido. De verdad.
Tenía que hacerlo, contestó.
Te odié mucho durante los últimos dos días. Tendrías que haberte visto. La piel, las venas...
¿Me odiaste? Estaba emocionado de que Teresa se hubiera preocupado tanto por él.
Ella hizo una pausa. Esa es mi manera de decir que te habría matado si hubieras muerto.
Una repentina ola de calidez subió por su pecho. Bueno... gracias. Supongo.
Entonces, ¿cuánto recuerdas?
Tardó unos segundos en responder. Suficiente. Lo que dijiste acerca de nosotros dos y lo que les hicimos a ellos...
¿Era cierto?
Percibió frustración en la voz de ella, como si tuviera miles de preguntas, pero no supiera por dónde empezar. Hicimos algunas cosas malas, Teresa.
¿Averiguaste algo que nos ayude a salir de aquí?, preguntó, y parecía no querer enterarse de qué papel había jugado ella misma en todo eso. ¿La forma de usar el código?
Thomas no respondió de inmediato, antes quería organizar sus pensamientos. La única posibilidad que tenían de escapar sería a través de un acto suicida. Quizás, contestó después de unos segundos, pero no será fácil. Tenemos que hacer una Asamblea. Les pediré que te permitan estar presente. No tengo fuerzas para decir todo dos veces.
Ninguno de los dos habló durante un rato, como si una sensación de desaliento flotara en sus mentes.
¿Teresa?
¿Sí?
El Laberinto no tiene solución.
Ella tardó mucho en responder. Creo que ahora ya todos lo sabemos.
Thomas no soportaba el dolor que había en su voz. Lo podía sentir en su mente. No te preocupes, la intención de los Creadores es que nos escapemos. Tengo un plan. Quería darle algo de esperanza, por poca que fuera.
¿Sí? No me digas.
Sí. Es terrible y algunos podríamos morir. ¿Suena alentador?
Totalmente. ¿Qué es?
Tenemos que...
Antes de que terminara la frase, Newt entró al cuarto e interrumpió la conversación.
Te lo contaré después, concluyó rápidamente. ¡Date prisa!, dijo ella y desapareció.
—Tommy, casi no tienes aspecto de enfermo —exclamó, sentándose en la cama junto a él.
—Me siento un poco mareado, pero aparte de eso estoy bien. Pensé que sería mucho peor —repuso con una sonrisa.
Newt sacudió la cabeza con una mezcla de enojo y admiración.
—Lo que hiciste fue medio valiente y medio estúpido. Parece que tienes una habilidad especial para eso —hizo una pausa—.Yo sé por qué decidiste hacerlo. ¿Qué recuerdos recuperaste? ¿Algo que nos pueda ayudar?
—Hay que reunir a la Asamblea —respondió, acomodando el cuerpo. Sorprendentemente, no se sentía muy dolorido, sólo un poco atontado—. Antes de que empiece a olvidarme de algo.
—Sí, Chuck me contó. Lo haremos. Pero ¿qué descubriste?
—Es una prueba, Newt. Todo esto es una prueba.
Pareció comprender.
—Como un experimento.
—No, no entiendes. Ellos nos están eliminando, observando si nos rendimos para quedarse con los mejores. Arrojándonos Variables, tratando de que abandonemos. Están probando nuestra capacidad para resistir y pelear. Mandar a Teresa aquí y cortar todo fue sólo la última parte, el último examen. Llegó la hora de la prueba final: escapar.
Newt tenía la frente fruncida por la confusión.
—¿Qué quieres decir? ¿Conoces una salida?
-Sí. Reúne a la Asamblea. Ahora.



CAPITULO 49
Una hora después, Thomas estaba sentado delante de los Encargados en la Asamblea, igual que la vez anterior, una o dos semanas atrás. No habían dejado entrar a Teresa, lo cual los había irritado mucho tanto a él como a ella. Newt y Minho ahora confiaban en la chica, pero los demás todavía tenían sus dudas.
—Muy bien, Nuevito —dijo Alby luciendo muy recuperado, mientras se ubicaba en el centro del semicírculo de sillas, junto a Newt. El resto de los asientos estaban todos ocupados, excepto dos: un cruel recordatorio de que Zart y Gally habían sido llevados por los Penitentes-. Evita todo ese plopus de irte por las ramas y empieza a hablar.
Todavía un poco débil por la Transformación, se tomó unos segundos para serenarse. Tenía mucho que decir, pero quería asegurarse de que no sonara como una tontería.
—Es una larga historia —explicó—. No hay tiempo para repasarla toda, pero les voy a contar lo esencial. Durante la Transformación, pasaron fugazmente por mi mente cientos de imágenes como si fuera una proyección de diapositivas con avance rápido. Muchos recuerdos volvieron, pero sólo algunos están lo suficientemente claros para mí como para hablar de ellos. Hay otros que ya desaparecieron o que se van esfumando poco a poco —hizo una pausa para ordenar su mente—. Pero retuve bastantes datos. Los Creadores nos están probando. El Laberinto no fue pensado como un enigma a resolver. Es una prueba. Ellos quieren que los ganadores, o sobrevivientes, hagan algo importante.
Se detuvo, un poco confundido con respecto al orden en que debía contar los hechos.
-¿Qué? -preguntó Newt.
—Déjame empezar desde el principio —respondió, frotándose los ojos—. A todos los que estamos aquí nos llevaron de nuestros hogares cuando éramos muy pequeños. No me acuerdo cómo ni por qué, sólo tengo imágenes fugaces y sensaciones de que las cosas en el mundo han cambiado, que ocurrió algo realmente malo. No tengo idea de qué fue. Los Creadores nos robaron y, aparentemente, ellos piensan que tienen una justificación por haberlo hecho. Parece que llegaron a la conclusión de que nosotros tenemos una inteligencia por encima del promedio normal y es por eso que nos eligieron. La mayor parte de esta información es fragmentaria y no es demasiado importante. No puedo recordar nada acerca de mi familia o qué ocurrió. Pero después de que se apropiaron de nosotros, pasamos varios años aprendiendo en escuelas especiales y llevando vidas más o menos normales hasta que ellos finalmente estuvieron en condiciones de financiar y construir el Laberinto. Nuestros nombres son estúpidos apodos que ellos inventaron: Alby por Albert Einstein, Newt por Isaac Newton y yo, Thomas, por Edison.
Alby estaba completamente asombrado.
—Nuestros nombres... ¿ni siquiera son los verdaderos?
Thomas sacudió la cabeza.
—Y por lo que sé, es probable que nunca lleguemos a conocerlos.
—¿De qué estás hablando? —preguntó Sartén—. ¿Acaso somos unos malditos huérfanos criados por científicos?
—Sí —contestó, deseando que su expresión no demostrara lo deprimido que se sentía—. Teóricamente, somos muy inteligentes y ellos están estudiando todo lo que hacemos. Observan quiénes se rinden y quiénes no, y así analizan cuáles lograrán sobrevivir hasta el final. No es extraño entonces que haya tantos escarabajos correteando por todo este lugar. Además, las mentes de algunos de nosotros... han sido alteradas.
—Yo creo que toda esta garlopa es tan buena como la comida de Sartén -interrumpió Winston con un gruñido, con aspecto cansado e indiferente.
—¿Por qué habría de inventar algo así? —exclamó, levantando la voz. ¡Él se había hecho pinchar a propósito para recordar todo eso!—. Díganme, ¿cuál piensan ustedes que es la explicación? ¿Que vivimos en un planeta de extraterrestres?
—Sigue hablando —dijo Alby-. Pero yo no entiendo por qué ninguno de nosotros recordó nada de esto. Yo pasé por la Transformación, pero todo lo que vi era... -echó una rápida mirada a su alrededor, como si acabara de decir algo que no debía—. No me enteré de nada.
—Enseguida te voy a contar por qué pienso que yo averigüé más cosas que los demás —contestó, temiendo llegar a esa parte del relato—. ¿Continúo?
—Sigue adelante —repuso Newt.
Respiró profundamente como si fuera a comenzar una carrera.
—Muy bien. De alguna forma, nos borraron la memoria; no sólo nuestra infancia, sino todo lo anterior a la llegada al Laberinto. Nos pusieron en la Caja y nos mandaron aquí arriba. Enviaron un grupo grande para empezar y luego uno por mes durante los últimos dos años.
—Pero ¿por qué? —preguntó Newt—. ¿Cuál es el maldito sentido de hacer todo esto?
Levantó la mano para pedir silencio.
-Ya estoy llegando a eso. Como dije, ellos querían ponernos a prueba, ver cómo reaccionábamos a lo que llaman las Variables y a un problema sin solución. Querían probar si podíamos trabajar juntos e, incluso, llegar a construir una comunidad. Nos proporcionaron todo, y el problema se dispuso con la forma de uno de los rompecabezas más comunes que conoce la civilización: un Laberinto. Todo esto contribuyó a hacernos creer que tenía que existir una solución, alentándonos a trabajar todavía más duro para encontrarla pero, al mismo tiempo, aumentando nuestro desaliento al ver que ello no ocurría —hizo una pausa para asegurarse de que lo estuvieran escuchando—. Lo que quiero decir es que no hay una solución.
Todos se pusieron a hablar y a hacer preguntas al mismo tiempo. Reclamó otra vez que se callaran, deseando que fuera posible simplemente cargar sus pensamientos en las mentes de los otros.
—¿Ven? La reacción de ustedes demuestra que tengo razón. A esta altura, la mayoría de las personas ya se hubiera rendido. Pero yo creo que nosotros somos distintos. No podíamos aceptar que un problema no tuviera solución, especialmente si se trataba de algo tan sencillo como un Laberinto. Y seguimos luchando por más que ya casi no queden esperanzas de encontrar la salida.
Thomas se dio cuenta de que había ido levantando gradualmente la voz a medida que hablaba, y sintió que el calor encendía su rostro.
—Cualquiera sea la razón, ¡de todas maneras me enferma! Todo esto: los Penitentes, las paredes que se mueven, el Acantilado... son solamente elementos de una prueba estúpida. Fuimos usados y manipulados. Los Creadores querían que mantuviéramos nuestras mentes ocupadas en buscar una solución que nunca existió. Actuaron de la misma manera al mandar a Teresa aquí y al utilizarla para que detonara el Final —sea lo que sea que eso signifique—, al desactivar todo el lugar, el cielo gris, y todo lo demás. Nos proponen cosas delirantes para ver cómo reaccionamos, evaluar nuestra voluntad y también ver si nos peleamos entre nosotros. Al final, ellos quieren a los sobrevivientes para algo importante.
Sartén se puso de pie.
—¿Matando gente? ¿Ese también es un simpático detalle del plan?
Sintió miedo de que los Encargados arrojaran su furia hacia él por saber tanto. Y, para colmo, las cosas se iban a poner peor.
—Sí, Sartén, matando gente. El único motivo por el cual los Penitentes están llevándonos uno a uno es para no eliminarnos a todos antes de que esto termine como se supone que debe terminar. La supervivencia del más fuerte o del más apto. Sólo escaparán los mejores.
Sartén dio una patada a la silla.
—Bueno, ¡entonces más vale que empieces a explicar esa forma mágica de escapar!
—Ya lo hará —dijo Newt con calma—. Cierra la boca y escucha. Minho, que se había mantenido callado la mayor parte del tiempo, se aclaró la garganta. —Algo me dice que no me va a gustar lo que está por venir.
—Es probable que no —dijo Thomas. Cerró los ojos unos segundos y se cruzó de brazos. Los próximos minutos serían cruciales—. Los Creadores quieren a los mejores de nosotros para aquello que planearon. Pero tenemos que ganárnoslo —la habitación quedó en silencio, todos los ojos clavados en él—. El código.
—¿El código? —repitió Sartén, con un dejo de esperanza en la voz—. ¿Qué pasa con él?
Thomas lo miró e hizo una pausa para lograr mayor efecto.
—Existía una razón para que estuviera escondido en los movimientos de los muros del Laberinto. Yo debía saberlo... estaba allí cuando los Creadores lo diseñaron.



CAPITULO 50
Por un rato largo no se escuchó ni una voz y todos se quedaron observando a Thomas, confundidos. El sudor corría por su frente y sentía las manos resbaladizas: tenía terror de continuar. Newt, incrédulo, fue el primero en reaccionar.
—¿Qué estás diciendo?
—Primero, hay algo que quiero compartir con ustedes sobre Teresa y sobre mí. Existe una razón para que Gally me acusara de tantas cosas, que también explica por qué todos los que pasaron por la Transformación me reconocieron.
Esperaba que le hicieran preguntas, que gritaran, pero reinaba un silencio mortal en la sala.
—Teresa y yo somos... diferentes —continuó—. Fuimos parte de las Pruebas del Laberinto desde el comienzo, pero contra nuestra voluntad. Lo juro. Esta vez, fue Minho el que habló. —Thomas, ¿cómo puedes afirmar algo así?
—Los Creadores nos usaron a los dos. Si ustedes recuperaran todos sus recuerdos, probablemente querrían matarnos. Pero tenía que confesarles esto yo mismo para demostrarles que ahora pueden confiar en mí. Así me creerán cuando les explique cuál es la única manera de salir de aquí.
Contempló los rostros de los Encargados, preguntándose por última vez si debía decirlo y si ellos entenderían. Pero sabía que tenía que hacerlo. Sí o sí.
Tomó aire y disparó lo que había venido a confesar.
—Teresa y yo ayudamos a diseñar el Laberinto y a crear todo esto.
Quedaron demasiado aturdidos como para reaccionar. Una vez más recibió miradas inexpresivas. Supuso que no entendían o, simplemente, no creían que fuera cierto.
—¿Qué quieres decir? —preguntó Newt finalmente—. Tienes sólo dieciséis malditos años. ¿Cómo puedes haber creado el Laberinto?
Él también tenía algunas dudas, pero sabía cuáles habían sido sus recuerdos. Por loco que pareciera, era la verdad.
—Éramos... inteligentes. Y pienso que también podría ser parte de las Variables. Pero lo más importante es que Teresa y yo tenemos un... don, que nos hizo muy valiosos mientras ellos diseñaban y construían este sitio —se detuvo allí, sabiendo que todo debía sonar absurdo.
—¡Dilo de una vez! —gritó Newt—. ¡Habla ya!
—¡Tenemos telepatía! ¡Podemos hablar entre nosotros adentro de nuestras cabezas!
Al decirlo en voz alta se sintió un poco avergonzado, como si acabara de admitir que era un ladrón.
Newt pestañó varias veces de la sorpresa; alguien tosió.
-Pero escúchenme -prosiguió, intentando defenderse rápidamente-, nos obligaron a colaborar. No sé cómo ni por qué, pero lo hicieron. Quizás fue para ver si podíamos ganarnos la confianza de ustedes a pesar de haber sido parte de ellos. Tal vez siempre fuimos los elegidos para revelar la forma de escapar. Cualquiera sea la razón, con los Mapas de ustedes desciframos el código y ahora tenemos que usarlo.
Hizo un paneo general de la sala y, para su sorpresa y asombro, nadie parecía enojado. Algunos Habitantes continuaban mirándolo con rostros carentes de expresión y otros sacudían las cabezas maravillados o incrédulos. Y por alguna extraña razón, Minho sonreía.
—Es la verdad y les pido perdón —continuó—. Pero puedo asegurarles algo, ahora estamos todos en el mismo barco. Teresa y yo fuimos enviados aquí igual que ustedes, y también podemos morir tan fácilmente como cualquiera. Pero los Creadores ya han visto suficiente: es la hora de la prueba final. Supongo que yo necesitaba la Transformación para
agregar las últimas piezas del rompecabezas. De todos modos, quería que ustedes supieran la verdad, que comprendieran que existe una posibilidad de escapar.
Newt se movía nerviosamente de un lado a otro. Luego se quedó quieto y abarcó con la vista al resto de los Encargados.
—Los Creadores, esos larchos miserables, nos hicieron esto. Ni Tommy ni Teresa. Los Creadores. Y lo van a lamentar.
—Como sea —dijo Minho—, todo eso me importa una garlopa. Empecemos de una vez con la fuga.
A Thomas se le hizo un nudo en la garganta. Se sentía tan aliviado que casi no podía hablar. Hubiera jurado que lo someterían a algún tipo de tortura por su confesión o que lo arrojarían por el Acantilado. Lo que le quedaba por decir parecía entonces mucho más sencillo.
—Hay una terminal de computadoras en un lugar en el que nunca antes miramos. El código abrirá una puerta para que nosotros salgamos del Laberinto. También desactivará a los Penitentes para que no puedan seguirnos, si es que logramos sobrevivir lo suficiente como para llegar hasta ese punto.
—¿Un lugar en el que nunca antes miramos? —preguntó Alby—. ¿Qué piensas que hemos estado haciendo estos dos años?
—Créeme, nunca estuviste en este sitio.
Minho se levantó.
—Bueno, ¿y dónde queda?
-Es casi un suicidio —contestó Thomas, sabiendo que estaba posponiendo la respuesta—. Los Penitentes nos van a perseguir cuando intentemos hacerlo. Todas las criaturas juntas. Es la prueba final.
Quería estar seguro de que entendieran cuáles serían los riesgos. La posibilidad de que se salvaran todos era escasa.
—Bueno, dinos dónde está —intervino Newt, inclinándose hacia delante en la silla.
—Después del Acantilado —respondió—. Tenemos que entrar a la Fosa de los Penitentes.
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