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The Maze Runner - Correr o Morir - Capitulo 61 a 62 EL FINAL

CAPITULO 61
La hora que siguió transcurrió en una nebulosa de imágenes y se Atravesaron pueblos y ciudades a una velocidad temeraria, en medio de una lluvia constante que dificultaba la visión. Las luces y los edificios parecían manchas curvadas y acuosas, como si todo fuera parte de una alucinación. En un momento dado, algunas personas corrieron junto al autobús. Tenían aspecto andrajoso, el pelo apelmazado y esas extrañas llagas —las mismas que Thomas había visto en la mujer- cubriendo sus caras de terror. Golpearon los costados del transporte como si quisieran subirse para escapar de las horribles vidas que les habían tocado en suerte.
El vehículo nunca disminuyó la marcha. Teresa permanecía en silencio junto a él.
Finalmente, Thomas juntó el valor necesario para hablarle a la mujer que estaba sentada al otro lado del pasillo.
—¿Qué está ocurriendo? —preguntó, no muy seguro de lo que decía.
Ella lo observó con ojos llenos de tristeza y el pelo negro mojado cayéndole a los lados del rostro.
—Es una historia muy larga.
La voz surgió mucho más amable de lo que él había esperado, alentándolo a pensar que era realmente una amiga... y que todas las personas que los habían rescatado también lo eran. A pesar de haber atropellado a una mujer a sangre fría.
—Por favor -dijo Teresa—. Cuéntanos un poco.
La desconocida llevó la mirada de uno a otro y dejó escapar un suspiro.
—Les va a tomar un tiempo recuperar la memoria, si es que eso ocurre alguna vez... No somos científicos, no tenemos ni idea de lo que ellos les hicieron ni de los métodos que utilizaron.
Se sintió muy desanimado ante el hecho de que quizás hubiera perdido sus recuerdos para siempre, pero quería saber más.
—¿Quiénes son ellos? —preguntó.
—Todo comenzó con las llamaradas solares —comenzó a explicar la mujer con mirada ausente.
—¿Qué...? —intervino Teresa, pero él le hizo una seña para que se callara. Déjala hablar, le dijo en su mente. Parece que está dispuesta a hacerlo. Está bien.
La mujer parecía haber entrado en estado de trance, con la vista fija a lo lejos en un punto indefinido.
-Las llamaradas solares no se podían haber pronosticado. Son fenómenos normales, pero éstas fueron de una intensidad nunca antes experimentada y la velocidad de su desarrollo fue tal que, cuando las percibieron, en cuestión de minutos la explosión arrasó la Tierra. Primero, se incendiaron nuestros satélites y miles de personas, que pasaron a ser millones con el correr de los días, murieron instantáneamente; kilómetros y kilómetros de tierra se convirtieron en páramos. Luego vino la enfermedad.
Hizo una pausa para respirar.
—El ecosistema quedó destruido y fue imposible controlar la enfermedad, incluso mantenerla dentro de Sudamérica. Las selvas desaparecieron pero no los insectos. La gente la bautizó como "la Llamarada". Es un mal realmente pavoroso. Sólo los más ricos pueden recibir tratamiento, pero nadie logra curarse. A menos que los rumores que vienen de los Andes sean ciertos.
Thomas estaba lleno de preguntas y tuvo que reprimirse para no abrir la boca. Aunque el horror crecía dentro de su corazón, siguió escuchando la explicación.
—En cuanto a todos ustedes, son sólo unos pocos de los millones de chicos que quedaron huérfanos. Ellos probaron a miles, pero los eligieron a ustedes para la experiencia más importante de todas: la prueba máxima. Todo lo que les sucedió fue calculado y pensado
hasta el último detalle. Se diseñaron catalizadores para estudiar sus reacciones, sus ondas cerebrales y sus pensamientos. Todo eso se creó para descubrir a aquellos que fueran capaces de ayudarnos a encontrar una manera de vencer a la Llamarada.
La mujer hizo otra pausa y se acomodó el pelo detrás de la oreja.
-La mayor parte de los efectos físicos son causados por alguna otra cuestión. Primero vienen los delirios; luego los instintos animales comienzan a sofocar a los instintos humanos hasta que los consumen y destruyen la naturaleza y la esencia de la persona. Todo está en la cabeza. La Llamarada habita en las mentes. Es algo aterrador. Es preferible morir que contagiarse de esa enfermedad.
La desconocida dejó de mirar a un punto remoto y volvió la vista hacia Thomas, luego a Teresa y otra vez a él.
—No vamos a permitir que hagan esto a los chicos. Juramos por nuestra vida que lucharíamos contra CRUEL. No podemos perder nuestra humanidad, sin importar cuál sea el resultado final.
Cruzó las manos sobre las piernas y bajó la vista hacia ellas.
—Ya se enterarán de más cosas con el tiempo. Nosotros vivimos muy al norte. Estamos a miles de kilómetros de los Andes. Ellos lo denominaron el Desierto; se extiende entre aquí y allá. Se concentra principalmente alrededor de lo que se solía llamar el "ecuador". Ahora no hay más que polvo y calor. Es un sitio lleno de salvajes consumidos por la Llamarada, sin posibilidad de salvación. Estamos tratando de cruzar esas tierras para encontrar la cura. Pero hasta que eso ocurra, combatiremos contra CRUEL y detendremos los experimentos y las pruebas —miró atentamente a Thomas y después a Teresa—. Esperamos que ustedes se unan a nosotros.
La mujer apartó la vista y se puso a mirar por la ventanilla de su asiento.
Thomas observó a Teresa con expresión inquisitiva. Ella simplemente sacudió la cabeza, la apoyó en su hombro y cerró los ojos.
Estoy demasiado cansada como para pensar, le dijo. Disfrutemos de estar a salvo. Por ahora.
Quizás tengas razón, respondió.
Puede ser.
Escuchó la suave respiración de Teresa mientras dormía, pero sabía que eso sería imposible para él. Sentía una avalancha de emociones contradictorias, que no podía identificar. De cualquier manera, eso era mejor que el vacío gris que había experimentado antes. Lo único que podía hacer era quedarse allí mirando por la ventana la lluvia y la oscuridad, meditando sobre términos como Llamarada, Enfermedad, Experimento, Desierto y CRUEL. Sólo le quedaba esperar que, a partir de ese momento, las cosas fueran mejores de lo que habían sido en el Laberinto.
Pero mientras se mecía de un lado a otro con los movimientos del autobús, con la cabeza de Teresa sacudiéndose en su hombro por los baches del camino, sus pensamientos regresaban una y otra vez a lo mismo.
Chuck.
Dos horas después, el vehículo se detuvo.
Se encontraban en un estacionamiento todo sucio de lodo, alrededor de un edificio poco llamativo con varias hileras de ventanas. La mujer y algunos hombres del grupo que los había rescatado guiaron a los diecinueve chicos y a la chica a través de la puerta delantera. Subieron unas escaleras y llegaron a un gran dormitorio con varias literas alineadas contra una de las paredes. En el lado opuesto, había cómodas y mesas. Las ventanas tenían cortinas que alegraban las paredes del cuarto.
Thomas observó todo con un asombro mudo y distante: estaba más allá de la sorpresa y de la emoción.
El lugar era una explosión de color: pintura amarilla, mantas rojas, cortinas verdes. Después de la gris monotonía del Área, era como si estuvieran en medio de un arco iris. Al contemplar las camas y las cómodas bien hechas y en buen estado, la sensación de normalidad resultó abrumadora. Demasiado bueno para ser verdad. Minho fue el que mejor definió lo que sentían.
—Shuck, larchos. Estamos en el paraíso.
A Thomas le costaba sentirse alegre, como si estuviera traicionando a Chuck. Pero había algo allí que no tenía sentido.
El líder y conductor del autobús los dejó en manos de un pequeño equipo: nueve o diez hombres y mujeres que llevaban pantalones negros planchados y camisas blancas, el pelo impecable, y las caras y las manos limpias. No dejaban de sonreír.
Los colores, las camas, el personal. Sintió que una imposible felicidad trataba de abrirse camino en su interior. Sin embargo, un gran vacío acechaba en el medio de esa alegría, un abismo negro que tal vez nunca desaparecería: los recuerdos de Chuck y su muerte brutal. Su sacrificio. Pero a pesar de eso, a pesar de todo lo que habían sufrido y de lo que la mujer les había contado en el autobús acerca del mundo al que habían regresado, se sintió seguro por primera vez desde que había salido de la Caja.
Se asignaron las camas, se distribuyeron los elementos de tocador y la ropa, y se sirvió la cena. Pizza. Pero pizza de verdad, bien grasosa. El hambre superó todo lo demás y Thomas devoró cada bocado. El buen ánimo y el alivio que lo rodeaban eran evidentes. La mayoría de los Habitantes se había mantenido en silencio durante casi toda la comida, temiendo quizás que las palabras hicieran que todo se esfumara. Pero había muchas sonrisas. Estaba tan acostumbrado a las miradas de desesperación que le pareció casi inquietante ver caras felices, principalmente por lo difícil que le estaba resultando sentirse contento.
Apenas terminaron de comer, nadie se opuso en lo más mínimo cuando les dijeron que era hora de ir a la cama.
Especialmente Thomas. Tenía la impresión de que podría dormir durante un mes entero.



CAPITULO 62
Thomas compartió una litera con Minho, quien insistió en dormir arriba. Newt y Sartén estaban en la cama contigua. Instalaron a Teresa en una habitación separada del resto. Ella se alejó arrastrando los pies sin llegar a despedirse. Tres segundos después de que se fuera, ya la extrañaba desesperadamente.
Cuando se estaba acomodando en un suave colchón para pasar la noche, alguien lo interrumpió.
—Hey, Thomas —lo llamó Minho desde arriba.
-¿Qué?
Estaba tan cansado que la palabra salió con mucha dificultad.
—¿Qué crees que les pasó a los Habitantes que se quedaron en el Área? No había pensado en ello. Había tenido la mente ocupada en Chuck y luego en Teresa.
—No sé. Pero basándome en todos los que murieron tratando de llegar hasta aquí, no querría estar allí en este momento. Es probable que los Penitentes ya se hayan arrojado sobre ellos —contestó, al tiempo que se sorprendía por el tono tan despreocupado de su comentario.
—¿Crees que estamos seguros con esta gente?
Pensó un rato antes de contestar. Sólo había una respuesta a la cual aferrarse.
—Sí, creo que estamos seguros.
Minho dijo algo más pero no lo escuchó. Estaba completamente exhausto. Su mente vagó por su breve estadía en el Laberinto, la época en que fue Corredor y cuánto había deseado serlo... desde esa primera noche en el Área. Parecía que todo eso había ocurrido hacía cientos de años. Como si hubiera sido un sueño.
Los murmullos flotaban por la habitación, pero Thomas sentía que venían de otro mundo. Miró fijamente las tablas de madera de la cama de arriba, sintiendo la atracción del sueño. Pero como quería hablar con Teresa, se resistió.
¿Cómo es tu habitación?, le preguntó. Ojalá estuvieras aquí.
¿Sí? —contestó ella—. ¿Con todos esos chicos apestosos? Me parece que no.
Tienes razón. Creo que Minho ya se ha echado tres pedos en el último minuto. Sabía que no era un buen chiste, pero fue lo más gracioso que se le ocurrió.
Se dio cuenta de que ella se estaba riendo y deseó poder hacer lo mismo. Sobrevino un largo silencio.
Lamento mucho lo de Chuck, dijo ella finalmente.
Sintió una punzada aguda y cerró los ojos. A veces podía ser tan irritante, dijo. Luego recordó aquella noche cuando Chuck le dio un susto a Gally en el baño. Pero duele. Siento como si hubiese perdido a un hermano.
Lo sé.
Te prometo...
Basta, Tom.
¿Qué pasa? Quería que Teresa lo animara para que el dolor desapareciera mágicamente.
Olvídate ya de las promesas. La mitad de nosotros logró escapar. Todos estaríamos muertos si nos hubiéramos quedado en el Laberinto.
Pero Chuck no lo logró.
La culpa lo atormentaba porque sabía con certeza que cambiaría a cualquiera de los Habitantes de ese dormitorio por Chuck.
Murió para salvarte, dijo Teresa. Fue su elección. No la desperdicies.
Las lágrimas se arremolinaban bajo sus párpados. Una se escapó deslizándose por la sien hasta el pelo. Pasaron un minuto en silencio.
¿Teresa?, la llamó.
¿Sí? Tenía miedo de compartir sus pensamientos.
Quiero acordarme de ti. De los dos. Ya sabes, antes.
Yo también.
Parece que nosotros... No sabía cómo decirlo.
Ya lo sé.
Me pregunto cómo será mañana.
Lo sabremos en unas pocas horas.
Sí. Buenas noches. Quería decir más, mucho más, pero no se le ocurría nada.
Hasta mañana, dijo ella, justo cuando las luces se apagaron.
Thomas se volteó, contento de que estuviera oscuro, así nadie podría notar la expresión de su rostro.
No era exactamente una sonrisa. Tampoco una expresión alegre, pero casi. Y por el momento, casi era suficiente.




EPILOGO
CRUEL, Memorándum, Fecha 232.1.27, Hora 10:45 p.m.
Para: Mis Colegas
De: Ministra Ava Paige
RE: COMENTARIOS SOBRE LAS PRUEBAS DEL LABERINTO, GRUPO A
Según mis consideraciones, creo que todos estaremos de acuerdo en que las Pruebas resultaron un éxito. Veinte sobrevivientes: todos ellos bien calificados para el proyecto que hemos planeado. Las respuestas a las Variables fueron satisfactorias y alentadoras. El asesinato del chico y el "rescate" demostraron ser un final valioso. Teníamos que sacudir sus organismos y analizar las reacciones. Les digo, sinceramente, que estoy asombrada de que hayamos podido reunir, a pesar de todo, una cantidad tan grande de chicos que nunca se dieron por vencidos.
Curiosamente, verlos así, pensando que todo está bien, ha sido lo más duro que me ha tocado presenciar. Pero no hay tiempo para lamentaciones. Por el bien de nuestra gente, seguiremos adelante.
Ya tengo una opinión formada de quién debería ser elegido como líder, pero me abstengo de decirlo en este momento para no influir en las decisiones de los demás. Aunque, para mí, es una elección obvia.
Todos sabemos muy bien lo que hay en juego. Yo, personalmente, me siento muy confiada. ¿Recuerdan lo que la chica escribió en su brazo antes de perder la memoria? ¿La única cosa a la que decidió aferrarse? CRUEL es bueno.
Con el tiempo, los reclutados recordarán y comprenderán el motivo de las experiencias tan duras a las que los hemos sometido y a las que aún planeamos someterlos. La misión de CRUEL es servir y preservar a la humanidad, a cualquier precio. Somos, efectivamente, "buenos".
Por favor, respondan con sus propias reacciones. Se autorizará a los reclutados a dormir durante toda una noche antes de implementar la Fase 2. Por el momento, permitámonos alentar cierta esperanza.
Los resultados de las pruebas del Grupo B también fueron extraordinarios. Necesito tiempo para procesar la información, pero podremos abordar ese tema en breve.
Hasta mañana, entonces.

FIN DEL LIBRO UNO
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