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Los peores trancones en Bogotá, ni un carro más...

ATORADOS EN EL TRANCÓN
VÍCTIMAS DEL CAOS

Parece que Bogotá no aguanta un carro más. A diario, las vías congestionadas convierten las distancias más cortas en horas de trancón. El tráfico está cada vez peor y lo más preocupante es que no se ve ninguna solución.


SEMANA convocó por las redes sociales a sus lectores para que contaran cómo es vivir atorados en los trancones de Bogotá. Llegaron cientos de mensajes. Algunas personas alcanzan a pasar hasta cinco horas diarias metidas en un carro, es decir: un día a la semana, una semana al mes y más de
¡dos meses al año!. Acá algunas historias:


EL CALVARIO

EL REBUSQUE

EL DERROTADO

CIUDAD DORMITORIO

EL CONTRAFLUJO


¡QUÉ DESESPERO!

Los trancones en Bogotá tienen enloquecido a más de uno. El caos del tráfico comparte un lugar en los debates nacionales al lado de la pelea Santos y Uribe y las chuzadas. Hasta Alfredo Molano dejó sus reflexiones sobre la Colombia rural para relatar el calvario que es entrar o salir de Bogotá por Chía y La Calera. Poncho Rentería fue más lejos. “Dos horas torturantes, dentro de un carro, secan hasta la paciencia del santo papa argentino”, escribió. Para el columnista el insoportable tráfico ha dañado tanto la siquis de la ciudad que no descarta que se dispare el número de divorcios. Y aconseja a los foráneos “No vengan, Bogotá está invivible”.



¿Qué está pasando?
Bogotá siempre ha sufrido por los trancones, pero de unos meses para acá muchos sienten que la cosa está peor. Estas son algunas explicaciones al porqué del caos.

1. No cabe un carro más:
Todos los años entran en promedio 120 mil vehículos a Bogotá. En tan solo una década el número se triplicó: pasó de 400.000 en 2002 a 1.300.000 en 2012. Esto hizo que para finales de julio de este año se llegara a la cifra record de: 1.395.549 que hacen diariamente casi dos millones de viajes. Y eso por no hablar de las motos. Estas pasaron de 16.000 en 2002 a casi 400.000 en 2012 y se han convertido en uno de los principales factores de discordia de la movilidad urbana.



2. Las vías son insuficientes:
Muchas obras afectan el tráfico. Las primeras son las que se están haciendo. La extensión de la calle 153 y una estación de Transmilenio de la 192 han colapsado esos puntos del norte. Pero hay muchas otras que están por hacerse y no están ni en pañales. Un ejemplo es la Avenida Longitudinal de Occidente (ALO) que le quitaría a Bogotá el transporte de carga y destrabaría el enorme trancón para salir de la ciudad por Soacha, Bosa, Kennedy y Suba. Enrique Peñalosa compró casi toda la tierra para hacerla, sin embargo el alcalde Gustavo Petro decidió suspenderla con el argumento de que esta dañaría una zona de humedales.

3. ¿Y qué hacemos con los cuellos de botella?
La ciudad ha tomado decisiones como la peatonalización y el carril exclusivo para buses en la carrera séptima que hacen hoy casi imposible entrar o salir del centro en carro. Estas pueden tener una motivación loable como es privilegiar el transporte público, pero cayeron como una bomba en medio del caos del tráfico capitalino.



4. El efecto del carrusel de contratos.
El escándalo de la contratación en Bogotá es también culpable del trancón. Muchas obras se toman años de más por pura y simple corrupción. Un ejemplo es el deprimido de la calle 94. La obra fue adjudicada en 2009 a un consorcio que pertenecía al polémico empresario Julio Gómez. La pagaron los bogotanos en 2008 y se calculaba que su precio sería de 43.000 millones. En 2011, el IDU decretó la caducidad del contrato y todo volvió a empezar. Hoy se calcula que la obra va a costarle a la ciudad 166.000 mil millones (cuatro veces más del precio inicial). Se espera que pueda estar para enero del próximo año. Y ese es tan solo una. Los hermanos Nule, por ejemplo, dejaron otra lista de víctimas de cemento.



¡No hay para dónde!…
Y sin embargo, las obras tampoco solucionan el problema. “No importa cuánta infraestructura se haga, no le hará cosquillas al embotellamiento”, dice el ex alcalde Enrique Peñalosa. La secretaria de movilidad, María Constanza García le da la razón. “Podríamos tener la locomotora de construcción de vías, pero si la gente sigue comprando carros, al otro día se llenarían”, concluye. ¿Y entonces? La movilidad es ante todo un asunto de espacio. En este momento el 20 ciento de los viajes de los bogotanos se realizan en carro, pero estos ocupan el 80 por ciento de las vías. Por otra parte, el transporte público moviliza más del 40 por ciento de los viajes, pero ocupa menos del 8 por ciento. Esto es lo que ha llevado a las principales ciudades del mundo a declararle la guerra al carro. El problema es que para que esta batalla tenga éxito tendría que existir un excelente sistema de transporte público y lo cierto es que Bogotá no lo tiene.

Ni bus, ni transmi



La idea de hacer un sistema de transporte público integrado en la ciudad ha hecho aguas. Los nuevos buses azules andan casi solos porque muchas personas o no tienen la tarjeta “TuLlave” o no saben dónde paran o cómo usarlos. A eso se suma que siguen en las calles los buses viejos, que es todo lo contrario a lo que se busca con un sistema integrado.



Otro que se ha quedado corto es el Transmilenio. El sistema tenía que estar completo para 2016 con 388 kilómetros y más de 20 troncales. Hoy solo hay 109 kilómetros construidos y hace seis años que no se construye una nueva troncal. Además, Bogotá coronó cifras mundiales en términos de hacinamiento en un sistema de transporte y en las horas pico las estaciones están a reventar.

¿Y el metro qué?
Sobre la movilidad suele haber tantos mitos como teorías. Hay quienes piensan, por ejemplo, que el metro sería la solución, pero esta también es un poco irreal. Ha sido la propuesta de casi todos los alcaldes desde Carlos Sanz de Santamaria en 1942. Casi 70 años después, la noticia de la semana fue que el presidente Santos y el alcalde Gustavo Petro presentaron los estudios para construir la primera línea.



Mejor en bici
Bogotá no será Ámsterdam, pero cada vez más personas van de un lado a otro en cicla (una por cada tres que lo hacen en carro). Entre 2005 y 2011 el número de usuarios casi que se duplicó. “Al día se hacen por lo menos 500 mil viajes de esta manera. Eso es el 3% de la movilidad total. Pero hay un potencial para que se hagan 2.6 millones”, explica la Secretaría de Movilidad. Pero la bicicleta es también una alternativa excluyente. Solo le sirve a quienes viven muy cerca al trabajo o tienen un excepcional estado físico. Y no es muy útil para quienes tienen niños o para las personas de la tercera edad. “Se ha creado una oda a la bicicleta, pero la verdad es que nadie le puede pedir a una persona que trabaja 12 horas diarias a más de 100 cuadras de su casa que pedalee todos los días”, señala Fernando Rojas, experto en transporte.

¡Nadie ha podido!
Bogotá también lo ha intentado todo. El alcalde Gustavo Petro cree que la ciudad perdió el rumbó desde el Bogotazo cuando el gobierno de Laureano Gómez decidió acabar con el tranvía eléctrico. Desde hace décadas el tema ha sido prioridad en todas las alcaldías, sin que nadie tenga la solución. Peñalosa creó el pico y placa. Antanas Mockus lo amplió. Lucho Garzón le sumó los buses y los taxis. Samuel Moreno lo puso todo el día. Petro lo reversó, pero ha intentado sin éxito establecer el sistema de cobros por congestión (para que los carros paguen 6.500 pesos por andar de la 72 a la 116) y prohibir que personas solas anden en carro por el centro.

Muchos dicen que la solución definitiva es acabar con el carro. Subirle los impuestos, prohibir su uso en ciertas zonas, elevar el precio de los parqueaderos. Esta afirmación tiene lógica pero es muy injusta. Muchos bogotanos que usan el carro tampoco lo hacen porque les guste sino porque les toca. Soportan, trancones, pitos, atracos. Es verdad que pueden ir mejor que los que andan en los apretados buses, pero tampoco viven en el paraíso. Como dijo el alcalde Gustavo Petro “lo que hace que una ciudad se mueva más, viva mejor, es usar menos el carro, usar más el cuerpo, usar más la bicicleta, usar más el transporte público”. Lamentablemente en Bogotá no hay cómo hacer ninguna de esas cuatro cosas.
Los peores trancones del mundo
Varios estudios con GPS (Sistema de Posicionamiento Global) revelaron cuáles eran las 10 ciudades más congestionadas. Estas son algunas de ellas.


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Los Angeles
A pesar de que las autopistas tienen entre 5 y 6 carriles, durante las horas pico el promedio de velocidad es muy bajo.


México, D. F.
Los trancones en la capital mexicana son legendarios. Para mejorar la movilidad las autoridades tienen restricciones que duran todo el día similares al pico y placa.


Moscú
En 2012 y 2013 la capital rusa fue la ciudad más congestionada del mundo. Y las fuertes nevadas, durante los 5 mesos del invierno, hacen que la congestión sea aún peor.


Bangkok
El tráfico en las grandes ciudades asiáticas es caótico. Los conductores no respetan las normas y crean trancones peores.


Estambul
Durante las horas pico las autopistas, que permiten a los carros entrar y salir de la ciudad, se convierten en un parqueadero y el tráfico aumenta en un 140 por ciento.


Río de Janeiro
A consecuencia del aumento en la cantidad de carros las horas pico han comenzado a alargarse y evitarlas es cada vez más difícil, los fines de semana la situación mejora.


Yakarta
Esta ciudad le está apostando a construir un sistema de metro en los próximos años para aliviar la constante congestión de las calles.


Fuente: http://www.semana.com/bogota/multimedia/carros-en-bogota-crean-caos-en-el-trafico-historias-de-las-victimas/405667-3
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