Check the new version here

Popular channels

Petróleo en nuestro menú diario




Petróleo para desayunar, petróleo para comer y más petróleo para cenar. Las consecuencias del actual sistema de alimentación impactan en nuestra economía, salud y en el ecosistema que nos rodea.


El sistema de producción, distribución y consumo de alimentos está directamente vinculado con el llamado oro negro. Sí, comemos petróleo y en la mayoría de los casos no somos conscientes. La necesidad de esta materia la observamos a lo largo de todo el proceso de la cadena alimentaria. El sistema agrícola dominante necesita altas dosis de fertilizantes elaborados con petróleo; los alimentos llegan al supermercado envueltos en plásticos, derivados del petróleo, y en muchas ocasiones nos los llevamos a casa con bolsas de plástico.



Por otra parte, están los largos viajes que realizan los alimentos desde donde son cultivados hasta el lugar en el que se consumen. Según un informe de Amigos de la Tierra, se calcula que la comida viaja de media unos cinco mil kilómetros del campo al plato. Esto genera casi 5 millones de toneladas de CO2 al año, contribuyendo al agravamiento del cambio climático. Todo ello es la consecuencia de que paguemos por los alimentos más del doble de lo que nos corresponde.


La globalización alimentaria en su carrera por obtener el máximo beneficio posible, deslocaliza la producción de alimentos. En unas partes de la tierra produce a gran escala, aprovechándose de unas condiciones laborales precarias y una legislación medioambiental inexistente y, vendiendo posteriormente sus productos en otra parte del planeta a un precio competitivo. El resultado: mucho beneficio para unos pocos, gran pobreza y precariedad para los agricultores y contaminación ambiental para todos.



Desmantelado el sistema agrícola tradicional y dependientes totalmente del petróleo, nos encontramos, como resultado, con otra problemática: millones de famélicos en una parte del mundo y millones de obesos en otra parte. En unas zonas del planeta se tiran alimentos a causa de las regulaciones y las discriminaciones por calibre,maduración, forma o color, mientras en otras zonas el hambre es la máxima epidemia.



Ante tal panorama, existen empresas que ya apuestan por reducir la dependencia del petróleo a partir de la producción local aplicando una logística diferente y una particular tecnología en la producción de alimentos. Foodtopía, por ejemplo, sería uno de los casos. Esta empresa dispone de alimentos que cubren más del 90% de las necesidades energéticas de la dieta, equilibrados, sanos, con buena calidad y representativos del recetario tradicional perteneciente a cada cultura local. De esta forma crea un nuevo paradigma alimentario, siendo solidario con el medioambiente, promoviendo la soberanía alimentaria y evitando malgastar comida (todo un ahorro para los bolsillos de las familias).


link: http://www.youtube.com/watch?v=n5XrmhKCyQw


Según su fundador, Jesús Pagán: “Consumimos en la actividad diaria cerca de 30 veces la energía contenida en nuestros alimentos y, en concreto, para confeccionar los alimentos consumimos 10 veces la energía que contienen. Estamos hablando de casi 2,5 kilogramos de petróleo equivalente por persona/día”. Pagán opina que consumimos más petróleo del que generamos. “Estamos en pleno pico en este momento, pero el problema es que ni la ciencia ni la técnica disponen de una alternativa. El consumo de petróleo disminuirá a la fuerza, pero en paralelo se producirá un enorme nivel de extinción. Nuestro statu quo depende de la energía y volveremos a un nivel más bajo, más bajo de lo que somos capaces de imaginar” señala.



Por ello mismo Pagán apostó por Foodtopía, una empresa que basa el futuro en el desarrollo local. Para optimizar la máquina social y producir alimentos con menos energía, en esta empresa lo tienen claro: “ensamblar nodos locales, cinturones agrícolas en las ciudades conectados a fábricas locales y sistemas de distribución que permitan comer a parte de la sociedad en código abierto, alimentos en el procomún, para el bien de todos.” Esta, entre otras muchas iniciativas que ya están emergiendo, es una vía para transformar un mundo en el que la comida, mezclada con tanto oro negro, es la responsable de numerosas patologías y enfermedades actuales.

Es necesario apostar por un modelo de agricultura local, social, de pequeña escala, respetuosa con el medio ambiente y en manos de agricultores en vez de empresas multinacionales y especuladores. Un modelo de alimentación contrario al que ahora nos envuelve, que ponga en el centro las necesidades de las personas y nuestro ecosistema. ¿Apostamos por él? ¿O quieres seguir comiendo petróleo?

Puedes ver otros artículos de interés aquí
0
0
0
0No comments yet