Un virus diezma el alimento del Lince

La población de conejos se reduce en el entorno del felino El programa de cría cierra con buen resultado



El lince ibérico parece cargar en este breve periodo de la humanidad con un estigma, una especie de maleficio bíblico que prácticamente le obliga a esquivar diariamente a la parca y reivindicar su supervivencia. Su mayor depredador continúa siendo el hombre, quien en la figura de cazador furtivo o al volante de un vehículo encabeza la estadística de muerte no natural del felino más amenazado del planeta.

Pero no sólo la especie humana parece confabular a la hora de poner piedras en el camino de su subsistencia. La madre naturaleza le impone también sus propios desafíos, en esta ocasión diezmando la población de conejos, su principal fuente de alimento, cuya mortandad se ha incrementado en un 50%, si bien desde Seo Bird Life elevan esta cifra hasta un 70%.

El informe de la memoria de actividades de las que se dio cuenta en el último Consejo de Participación de Doñana apuntan a la última variante del virus RHDV como culpable de esta lacra mortal. Los estudios se han extendido hasta Portugal y las zonas limítrofes de la provincia de Huelva, demostrando que "la nueva variante del virus afecta ya a la subespecie algirus" (característica del suroeste de la península) y alerta de "las graves implicaciones que puede tener en materia de conservación" para el lince ibérico.

En el Espacio Natural se han venido realizando censos mediante transeptos en vehículo que detectan la población en los meses de marzo, junio y septiembre. Aunque los resultados tienen un carácter estimativo, permiten tener una radiografía bastante fidedigna al lograr lo que se denomina un Índice Kilométrico de Abundancia (IKA).

Según apuntan los técnicos, "este seguimiento está orientado a conocer la realidad de las poblaciones de conejos en los cotos de caza", por lo que abarca zonas en el perímetro del Parque Natural de Doñana y en áreas de caza como El Pinto, La Rociana y el Acebuche.



Estos trabajos se complementaron con los que realiza la Estación Biológica de Doñana (EBD), que dispone de su propio equipo de seguimiento y rastrea las áreas más recónditas del Parque Nacional. Sumando ambos muestreos, en la memoria de actividades se confirma "la grave disminución de las poblaciones de conejos experimentada en el último año".

Frente a este desafío, a finales del pasado año se inició "la adecuación y puesta en carga de algunos cercados de cría de conejos", a la par que "se repoblaron otros quince en el área de Abalario, con un total de 890 conejos".

Miguel Ángel Simón, director del proyecto Life+Iberlince, explicó que el problema radica en el hecho de que una enfermedad vírica como la EHV no tiene tratamiento, por lo que únicamente se pueden aplicar medidas de tipo "preventivo" que, "en una población silvestre, son prácticamente imposibles de llevar a cabo".

Para más inri, subraya Simón, "la dinámica de la nueva cepa es aún desconocida y, por tanto, la evolución del virus en la población de conejos es impredecible. Lo que sí conocemos es que la patogenicidad y letalidad de la nueva cepa son menores que las antiguas", lo que ofrece una esperanza para mitigar sus efectos.



Mientras, se desarrollan nuevas repoblaciones, si bien desde la Consejería de Medio Ambiente se insiste en que sus efectos "dependen de numerosos factores, algunos conocidos y controlables y otros desconocidos". Ello conlleva que la recuperación numérica no sea la esperada, si bien se continúa trabajando para "contar con un número óptimo de especies".

En este escenario, WWF saca a colación la necesidad de prohibir la caza como medida que contribuya a mitigar las muertes que se cobra el virus.

No obstante, desde la Consejería se insiste en que el conejo silvestre está afectado por numerosos factores que se relacionan intrínsecamente, y los limitantes de las distintas poblaciones son muy diferentes. Por ello, las medidas que se adopten han de plantearse a escala local, y siempre estudiando cómo afectan al resto de factores que regulan las poblaciones. De otro modo, "la adopción de cualquier medida podría ser infructuosa".

Pero no todo es negativo en la vida del felino más amenazado de Europa. El Programa de Conservación Ex-situ ha finalizado su última campaña de cría con datos muy esperanzadores: 44 cachorros han sobrevivido a los primeros meses de vida.

De ellos, 17 pertenecen al Centro Nacional de Reproducción del Lince Ibérico (CNRLI) de Silves (Portugal); diez al de Zarza de Granadilla (Cáceres); nueve en el centro de cría de El Acebuche (Huelva); y ocho en el de La Olivilla (Jaén).

La mayor parte de esta nueva camada está siendo adiestrada para programas de reintroducción de la especie, es decir, para que puedan cazar, relacionarse con hembras y, en síntesis, vivir en libertad.

El Programa de Conservación Ex-situ, que cuenta con una importante inversión de la Unión Europea, agrupa actualmente una población de 146 ejemplares distribuidos en los cinco centros de cría señalados con anterioridad y ubicados en la Península Ibérica.



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