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Una cooperativa construye casas de adobe para el Procrear





Ya tienen dos proyectos aprobados y seis en proceso. Con una mirada desde la economía social, los asociados buscan generar emprendimientos sociales que brinden servicios complementarios.



En 2009 un grupo de compañeros que trabajaba en temáticas vinculadas a la producción social del hábitat, la construcción natural y a formas alternativas de sustentabilidad decidieron juntarse y formar la Cooperativa Teko. El nombre proviene de una palabra guaraní con la que intentan definir su búsqueda y su utopía que se hace trabajo a partir del compromiso colectivo y la práctica de la solidaridad. “«Teko, quiere decir vida, ser, modo de ser, herencia, patrimonio», una forma de vida o de vivir, una búsqueda de lo que nos hace felices o plenos”, sostienen los asociados. La cooperativa tiene una impronta social muy fuerte y trabaja la problemática del hábitat desde la mirada de la economía social y solidaria. En ese marco dictan talleres para enseñar a construir casas con adobe y a fabricar los materiales. “El objetivo de Tekos no es crecer como un monstruo, sino multiplicar. Por eso queremos generar emprendimientos productivos locales que garanticen producción y ejecución de obras, siempre dentro de la economía social y solidaria”, explicó Mariano Pautasso, uno de los asociados. Por su parte, María José Gorocito, tesorera de Tekos, dijo que “lo que se promueve es la vivienda sustentable, la construcción con tierra y las tecnologías más amigables con el ambiente”.



“Trabajamos a partir de la demanda. Hoy ya empezó a funcionar el boca en boca, las redes sociales y otras instancias en las que participó Tekos, lo que hizo que mucha gente se acerque a la cooperativa”, aseguró. Desde que arrancaron ya hicieron 60 obras y en la actualidad la cooperativa cuenta con 19 asociados. Pero desde el año pasado se plantearon un nuevo desafío: la construcción natural dentro del plan Procrear. “El primero que vino y nos lo propuso ya nos interesó porque era otra forma de seguir promocionando la construcción con tierra. El año pasado nos metimos en el baile de armar el protocolo que nos permita lograr las autorizaciones para la vivienda natural en el formato del Procrear. No es fácil que el banco te permita construir con tierra”, aseguró Pautasso. El primer paso lo tuvieron que dar en los municipios para destrabar los impedimentos para la construcción con tierra. Así lo hicieron en Arroyo Leyes, en Rincón, en Sauce Viejo y en Santa Fe, donde aún están en proceso. “Acá es más complejo porque al ser un espacio mucho más urbano, es más compleja la construcción natural que se asocia a los espacios verdes, al paisaje. Pero son procesos que se van ganando en los municipios a partir de presentar justificaciones basadas en normativas que hay en el país, información científico tecnológica y entrevistas donde nosotros mostramos los conocimientos en la materia”, añadió.




El permiso municipal allana el camino en el banco, donde además presentan algunas certificaciones de los materiales con los que se va a construir, que las hace la Universidad Tecnológica Nacional a partir de ensayos con los adobes o los bloques de tierra comprimida. “La tierra tiene mucho prejuicio”, se lamenta Pautasso, aunque exhibe con orgullo que ya tienen dos antecedentes de Procrear aprobados con construcción natural y varios en proceso. Pero también aclara que la persona que va a optar por la construcción natural tiene que estar convencido porque el trámite de aprobación es más lento, y a veces eso lleva a que se desvalorice un poco el monto del crédito. “Un proceso de Procrear demora desde la primera entrevista hasta la aprobación unos cinco meses. Mientras que uno de construcción natural estamos entre los ocho y los nueve, aunque esperamos que vayan bajando”. Sin embargo, eso no es un impedimento ni para la cooperativa, ni para la cada vez mayor cantidad de gente que opta por este tipo de construcción más amigable con el ambiente.
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