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A Uruguay le conviene tomar distancia de Argentina

Ojo! leer la nota teniendo en cuenta quién es el entrevistado, un economista que trabaja en Washington,
Director del Programa de Relaciones Económicas Internacionales de la Facultad de la American University, Arbitro de la Financial Industry Regulatory Authority, una de las entidades que supervisa a las instituciones financieras de los EE.UU., y fue investigador Asociado Senior (No Residente) del Center for Strategic and International Studies, miembro vitalicio del prestigioso Council on Foreign Relations, y de la American Economic Association, y miembro del directorio de la Tinker Foundation desde 2007.


Según el experto uruguayo en Washington, la crisis en el vecino país no va a traer las consecuencias de 2002, pero llamó a evitar actitudes triunfalistas.



El economista uruguayo Arturo Porzecanski ( http://es.wikipedia.org/wiki/Arturo_Porzecanski ) tiene una “obsesión con el drama argentino” que casi no lo deja dormir, según le confió a El Observador desde su oficina en Washington (EEUU). El gobierno del vecino país libra una batalla legal casi épica con inversores a los cuales dejó de pagarles tras el multimillonario default de 2001. Por eso, cuando El Observador le planteó hablar sobre la economía mundial y regional, sugirió concentrarse en Argentina, porque entiende que ese país está en presencia del “último acto del fallido experimento kirchnerista” y “es un buque que se está hundiendo” del cual Uruguay debería tomar “la mayor distancia posible”, gane quien gane las próximas elecciones.

A continuación, un resumen de la entrevista:

¿Qué perspectiva económica debería esperar América Latina para los próximos años?

Para entenderla bien, hay que dividir a la región en tres segmentos diferentes. En el primero está México, país que ha tenido un desempeño muy mediocre en lo económico, pero que tiene un horizonte favorable hacia adelante por dos razones: está muy ligado a la economía de EEUU y aunque eso le jugó en contra en los últimos años de crisis y recuperación lenta en su principal socio, le va a jugar a favor a partir de ahora, porque creo firmemente que la economía norteamericana por fin ha agarrado vuelo, y segundo, porque, bajo el liderazgo del presidente Peña Nieto, México está haciendo las reformas estructurales que van a abrir amplios horizontes de inversión privada en sectores estratégicos que estaban estancados o en retracción y dominados por ineficientes monopolios estatales o privados.



¿Cuál es su diagnóstico respecto a América del Sur?

Los países sudamericanos son casi todos exportadores netos ya sea de alimentos, de metales, de petróleo, gas o electricidad. Ellos se beneficiaron mucho del auge histórico de los precios de las materias primas hasta el 2011, pero, como es sabido, la tendencia cambió para peor en los últimos tres años. La excepción la configuran los países exportadores de petróleo, ya que por ahora siguen recibiendo precios muy elevados.

Dentro de este grupo sudamericano de exportadores netos de materias primas están los que despilfarraron su bonanza y siguieron políticas económicas que incentivaron el consumo, pero desincentivaron la inversión. Esto se dio como consecuencia de un populismo y nacionalismo desenfrenado, y los casos más notorios son Argentina y Venezuela, países que ahora viven en un desastre económico-financiero.



¿Qué opinión tiene sobre Argentina, que tanto lo desvela?


Estamos en presencia del último acto del fallido experimento kirchnerista, y la cuestión es por cuánto tiempo esta agonía terminal se va a prolongar. Se le ha causado un daño enorme a las instituciones económicas argentinas –al Banco Central, al Banco Nación, a la Anses, la AFIP, y al Indec–, a los derechos de la propiedad –especialmente de accionistas en empresas e inversionistas en bonos–, al funcionamiento de los mercados –energético, carnes, trigo, bienes importados, y cambiario–, y a la reputación internacional del país, y ese daño va a ser difícil de revertir.



Un gobierno sucesor bienintencionado pudiera llegar a provocar una explosión social al intentar deshacer la maraña de controles y subsidios que han distorsionado enormemente los precios relativos, favoreciendo en especial a los consumidores de la provincia de Buenos Aires. No hay varita mágica capaz de hacer desaparecer la herencia tan maldita que le está dejando Cristina Kirchner a su partido político, a su pueblo y a sus vecinos.

¿Qué impacto cree que tendrá en Uruguay esa crisis argentina?


Aunque es verdad que la agudización en marcha de la crisis socioeconómica en Argentina probablemente no va a ser tan profunda como la que sufrió en 2001 y 2002, y no va a tener las desastrosas consecuencias que tuvo en Uruguay, no debiéramos adoptar actitudes triunfalistas. La crisis económica argentina va a ser mucho más duradera, y el eventual proceso de cura y recuperación mucho más traumático y demorado que lo que presenciamos hace una docena de años.



Sin embargo, el gobierno y muchos analistas uruguayos dicen que se limitaron los canales de contagio…

Es un buque que se está hundiendo, y le conviene a Uruguay –y en particular, a sus autoridades presentes y futuras– tomar la mayor distancia posible de Argentina.

¿Hay países en la región que hicieron las cosas bien?

En el otro extremo, destacamos los países que aprovecharon la coyuntura favorable y llevaron adelante reformas estructurales necesarias y políticas macroeconómicas adecuadas: Colombia, Chile y Perú.



Más la grata sorpresa que representa Paraguay, país que ha progresado mucho últimamente.

Ellos también se han desacelerado por la baja en los precios de sus exportaciones, pero no sufren desequilibrios macroeconómicos o vulnerabilidades mayores. Estos cuatro son los países sudamericanos con las mejores perspectivas económicas, incluso en un escenario de turbulencias por la eventual subida de tasas de interés en los EEUU y la mayor aversión al riesgo por parte de los inversionistas extranjeros.



¿En qué lugar ubica a Uruguay y a Brasil?

Catalogaría a Brasil y Uruguay como casos intermedios. El aumento exagerado del gasto público y de la expansión monetaria en ambos países ha dado los resultados que cualquier texto de macroeconomía pronosticaría: un crecimiento artificial del empleo, los salarios y la producción, pero con escaza resolución de los problemas estructurales y, para peor, con el avivamiento de llamas inflacionarias no fáciles de apagar.



Ahora que la coyuntura internacional no juega tanto a favor, queda claro lo miope que fue esa combinación de políticas económicas expansivas. Me preocupa lo que está pasando con la alta inflación, que se ha arraigado tanto en Brasil como en Uruguay, lo que indica la falta de credibilidad que tienen las autoridades monetarias de ambos países, y es una lástima.

A su vez, en Brasil y Uruguay, muchos de los indicadores de desarrollo económico y calidad de vida o no mejoraron o empeoraron pese a todos esos años de bonanza, dejando decepcionados especialmente a los jóvenes de las clases media y baja. Estoy plenamente de acuerdo con mi colega Ernesto Talvi, quien hizo mucho ruido en al destacar que si examinamos a fondo “la década dorada” de Uruguay, se caracterizó por mucho crecimiento pero por muy poco desarrollo.


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