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Advierten que el Blue puede irse a $17

Dólar postdefault ya tiene consecuencias palpables y expectativa de un blue a $17



En Wall Street, los inversores anticipan una caída del 10% en el valor del peso tras el 'default selectivo' inducido por el fallo de Griesa la semana pasada, en lo que consideran un efecto casi 'natural' de las crisis de deuda. ¿Qué ocurre aquí? Expectativas de devaluación, falta de créditos y más cepo, que ya se siente...




CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24) Las primeras consecuencias que el mercado había pronosticado para un escenario de default, ya se perciben: mayores expectativas de devaluación, que obligarían al Central a acelerar el ritmo del dólar; el encarecimiento del crédito externo, o la simple falta de acceso que ya sufren los bancos y las empresas y el endurecimiento del cepo cambiario.

En los últimos días se registró un récord en la compra de divisas para ahorro: el viernes, la demanda fue de US$28 millones y ayer, de US$31 millones. El tipo de cambio oficial mostró en estos cinco días su mayor ajuste desde febrero. Y ayer, el Central se vio forzado a vender dólares propios, como sólo lo había hecho en seis ruedas cambiarias desde mitad de mayo, para frenar una escalada que temía peor ante la desaparición de las divisas de los exportadores, según 'Ambito Financiero'.

En los bancos sintieron ya la restricción de las líneas en dólares, que ellos toman a través de corresponsales del exterior, para poder financiar después a los exportadores locales.

Las entidades que suelen asistirlas acortaron los plazos y subieron las tasas de interés de los préstamos que les otorgan previo llamado telefónico.

Según el matutino, algunas ya fueron advertidas ayer mismo: el crédito que tomaban a 180 días ahora podrán contraerlo sólo a 120 días y el spread de tasa de interés que pagarán sobre la Libor, que días atrás era de 300 o 350 puntos básicos, se ubicará ahora en los 450. El encarecimiento de estos créditos impactará en primer lugar en el financiamiento del comercio exterior, pero podría repercutir más tarde en la liquidez en pesos del sistema si los exportadores deciden financiarse en moneda local.

"Las estadísticas de la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP) muestran que 61.000 personas realizaron entre el fin de semana y ayer los trámites para validar sus compras, 42.092 de las cuales las concretaron ayer mismo, demandando un total de US$31,5 millones", publica el diario 'La Nación'.

Y el número se vuelve más relevante si se tiene en cuenta además que la venta de dólares ha quedado en las últimas semanas virtualmente vedada para los monotributistas, lo que ayudó a ralear el mostrador de demandantes.

La presión minorista y la mayor reticencia a liquidar que vuelven a mostrar los exportadores (en un contexto en que volvió a quedar bloqueado el ingreso de dólares financieros) provocaron que el Banco Central (BCRA) debiera asumir una merma de US$ 99 millones en sus reservas. Así, perforaron el nivel de US$ 29.000 millones y amenazan clausurar el corto ciclo de recuperación que mostraron desde comienzos de abril, en consonancia con el comienzo de la temporada alta de liquidaciones del complejo sojero.

Al retroceso en esta estratégica aportaron también las ventas por US$ 20 millones que el propio ente monetario debió realizar en el mercado cambiario oficial, para evitar una aceleración indeseada en la tasa de devaluación del peso, que finalmente promedió el 0,3% ayer.

Desde hace tres ruedas, el precio oficial del dólar sube más de dos centavos (el vendedor mayorista estaba a $ 8,2010 el miércoles y cerró a $ 8,2625 ayer), tras haberse mantenido congelado desde mediados de abril y hasta mitad de julio. Pese a ese incentivo y la presión que se supone que ejercen los precios de la soja, tendiendo a una fuerte baja en los mercados de futuros, la oferta de dólares sigue siendo escasa, lo que habilita a suponer que una parte de los exportadores decidió atesorar las divisas convencidos de que podrán hacerlas valer más pesos con el correr de los días.

Esa hipótesis, de alguna forma, es convalidada por el movimiento que el BCRA volvió a dar al tipo de cambio, en esas circunstancias.

A su vez, la vigencia del default selectivo comienza a golpear los títulos de la deuda argentina en dólares y emitidos bajo ley de Estados Unidos, es decir, los que ya están entrampados por la orden judicial o corren riesgo cierto de quedar alcanzados, en la medida en que la situación no se destrabe en las próximas semanas.

Por caso, ayer la cotización del bono Discount en dólares bajo ley Nueva York cayó 5%. Por este título, que llegó a cotizar en la plaza local a $ 1345 por lámina de US$ 100, ayer se pagaron apenas $ 1140. En la misma sintonía se movió el Global 17, que cedió 1,2% y ya se desvalorizó 11% desde que se confirmó el default, por haberse mantenido bloqueado el servicio de renta del Discount que venció el 30 de junio.

En este contexto, el riesgo país escaló otro 5%, al quedar levemente por encima de los 730 puntos, al cabo de una jornada en la que el resto del riesgo emergente se mantuvo estabilizado en torno a los 300 puntos. Esa situación la aprovechó ayer Paraguay para tomar US$ 1000 millones de los mercados globales a 30 años a una tasa del 6,1%, la mitad de lo que rinde un bono argentino a vencer en un plazo 3 veces menor.

Según el diario 'BAE', en Wall Street los inversores están anticipando una caída del 10% en el valor del peso despues del “default selectivo” inducido por el fallo Griesa la semana pasada. Los NDF (Non-Deliverable Forward), contratos de cobertura a que se negocian en Nueva York a 90 días ya se negocian por encima de los 9,25 pesos por dólar, la mayor caída del peso en los último seis meses.

El consenso de los operadores y analistas de Nueva York es que la suba de los NDF no solo tiene que ver con la apuesta de operadores e inversores en debilitar el peso argentino para mejorar sus posiciones y aumentar ganancias, sino que es un efecto casi “natural” de las crisis de deuda.

“Tradicionalmente, los problemas de la deuda están altamente correlacionados con devaluaciones”, señaló Vladimir Werning, economista del JP Morgan en su informe a los clientes del banco enviado el 31 de julio.

Dólar, ¿sin techo?

Para el economista Tomás Bulat, no es descabellado pensar en un dólar blue a $17 para los próximos meses, dado que esa sería la cifra resultante del "cálculo de convertibilidad". Es decir, de la división entre base monetaria y reservas.

Bulat está entre quienes creen que, a la hora de hacer la estimación, no solamente se deben tomar en cuenta los pesos que circulan en la economía sino también las letras emitidas por Juan Carlos Fábrega, que deben contabilizarse como pasivos del Central.

"Lo que se llama el déficit cuasi fiscal, a través de las Lebacs, pasó de $93.000 millones a $183.000 millones. Si se suma esto a los otros pasivos del Central, entonces el precio del dólar da $19, lo cual marca una tendencia clara de hacia dónde irá el blue", argumenta Bulat.

Y cree que, ante esa presión del mercado, resultará inevitable también una corrección del tipo de cambio oficial.

"No creo que haya cambios fuertes en el corto plazo. Lo que viene es más de lo mismo, con más controles, más gasto público y más inflación. Es decir que lo que vamos a ver es un desgaste lento hasta que el dólar no se pueda contener", agrega.

Entre los más escépticos figura Salvador Di Stefano, un analista influyente en el sector vinculado a la actividad agrícola, quien viene advirtiendo que "hay que prepararse para otra devaluación del dólar oficial".

Con un mal pronóstico para los precios de productos exportables, su pronóstico es inquietante: "En la medida que se derrita el precio de la soja y el maíz, hay que olvidarse de importar. Se viene el ‘vivir con lo nuestro', y con una fuerte devaluación".

Y, precisamente, Aldo Ferrer, el autor intelectual de la tesis de no depender del financiamiento externo y "vivir con lo nuestro", también parece prever una corrección cambiaria.

De todas formas, este economista de fuerte prédica en el oficialismo, aclara que se ubica en un punto equidistante entre quienes se ilusionan con una "lluvia de dólares", en caso de un arreglo con los buitres, y aquellos que promueven la devaluación para recuperar competitividad.

"Los controles de entrada y salida de divisas, del comercio exterior y demás, sólo alivian lo inmediato, pero si los desequilibrios subsisten, no se resuelve nada de fondo", afirma Ferrer.

Está claro que las cuestiones estructurales que llevan a la escasez de divisas no podrán ser resueltos en corto plazo, y menos por un Gobierno que se encuentra en el tramo final de su gestión.

De manera que en el gremio de los economistas nadie cree que la agudización de los problemas actuales pueda revertirse en este contexto "post-default".

Diego Giacomini, de la consultora Economía & Regiones, cree que las expectativas jugarán un rol importante en las próximas semanas: "En la medida en que el mercado perciba que el default vino para quedarse, van a crecer las posibilidades de devaluación".

Agrega que una consecuencia esperable de esta situación es un mayor control sobre las importaciones, candidatas a variable de ajuste en esta nueva etapa.

"Esto va a implicar menor consumo, menos inversión y una caída en el nivel de actividad", argumenta, en caso de que no se resuelva el problema con los buitres.

Y defiende la idea de que si el Gobierno pretende contrarrestar el estancamiento de la economía mediante una mayor emisión monetaria y más gasto público, los problemas podrían agudizarse aun más.

Su estimación para este año es -de mantenerse el actual de conflicto con holdout- el de una recesión en torno del 3%, con una inflación del 40% y un dólar paralelo que, hacia fin de año, se ubicará en $16.

Por su parte, Fausto Spotorno, economista jefe del Estudio Ferreres, advierte un escenario problemático: mientras la oferta de dólares se mantendrá invariable, la demanda tenderá a crecer. "Una mayor desconfianza lleva a que el público demande más billetes verdes", observa.

Su perspectiva, coincidente con la mayoría del mercado, es que el dólar oficial pueda estar en $10 sobre fin de año. Resta verse si ello ocurrirá en un deslizamiento suave o mediante saltos bruscos.

Mientras tanto, por más que el Gobierno festeje la tranquilidad del mercado financiero, empiezan a notarse indicadores de que las cosas están complicándose.

Por ejemplo, en el cada vez más evidente "cierre del grifo" para los ahorristas y turistas que piden dólares.

El economista Ariel Setton reveló que en julio la AFIP prácticamente eliminó los permisos para que los monotributistas adquieran divisas: de un promedio de US$6 millones mensuales se pasó a apenas US$26.000.

La demanda, como ya se mencionó, sigue subiendo, y ayer se batió el récord de compras por parte del público desde que se reabrió parcialmente el "cepo".

Menos oferta, más demanda. Menos exportaciones, más deuda. Un cóctel conocido y que tiene un final anunciado.

La AFIP "explica" el cepo

Según el organismo recaudador, la medida se explica en que el fisco no puede verificar que los solicitantes tengan capacidad de ahorro suficiente.

Durante julio la AFIP aplicó controles más estrictos para con los monotributistas que pidieron comprar dólares para tenencia. Como resultado, casi ninguno pudo acceder al mercado cambiario: en total se otorgaron sólo 86 validaciones para adquisición, que marcaron una caída del 99,5% respecto del mes anterior.

El organismo recaudador explicó oficialmente que había hecho un análisis de cruce de datos con los monotributistas que han comprado desde el inicio del sistema y verificó que "una gran cantidad de solicitantes extinguieron su capacidad de ahorro para obtener la validación que les permita comprar dólares".

Según la AFIP, el 71% de los monotributistas que habían efectivizado compras de divisas durante el primer semestre "ya no alcanza el mínimo de ingresos anuales disponibles" para acceder. Al mismo tiempo, el 21% registra mora con el pago de las cuotas del régimen simplificado.

Siempre según la explicación oficial, por un lado, la caída en las autorizaciones de compra a monotributistas se explica en que el fisco no puede verificar que los solicitantes tengan capacidad de ahorro suficiente. Por otro, no se permite comprar a los que adeuden pagos del monotributo.

Un vocero de la AFIP detalló, incluso, que los monotributistas que se recategorizan para demostrar mayor capacidad de ingresos para adquirir divisas deben "demostrar un mínimo de permanencia" para verificar la permanencia en la nueva categoría. Este plazo es de unos seis meses.

Para analizar la capacidad de compra de los monotributistas, la AFIP instrumentó en octubre de 2013 un sistema informático que cruza datos tales como niveles de facturación declarados, gastos personales, gastos operativos, personal a cargo, consumos con tarjeta de crédito, adquisición y tenencia de vehículos, entre otros.

Formalmente, los algoritmos del software reciben información actualizada mes tras mes y la cotejan con el historial tributario de cada individuo para determinar su ingreso bruto y capacidad de ahorro disponible para comprar divisas.

"Hemos encontrado casos de personas que se inscriben como monotributistas y, de repente, gastan más dinero que el que declaran como ingresos. En ese caso no pueden acceder", detalló la fuente oficial, y reiteró que "la caída en el número de convalidaciones obedece exclusivamente a la progresión de la capacidad de ahorro". Es decir, el organismo ha considerado que algunos demandantes agotaron su margen de compra.

El punto que genera mayor controversia es la aplicación de la fórmula de convalidación de operaciones de compra de dólar para tenencia. Desde el inicio, la AFIP estableció que los monotributistas pueden adquirir divisas hasta por el 20% de su facturación neta mensual, con un tope de US$ 2000, y que deben acreditar un ingreso mínimo mensual de $ 7200.

Ahora bien, la comunicación A 5526 del Banco Central, del 27 de enero pasado, establece que la compra de billetes extranjeros se hace "en función de los ingresos de la actividad declarada ante la AFIP y de los demás parámetros cuantitativos que se establezcan".

Ésta es la carta que abre la puerta a la discrecionalidad en los controles.

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