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Argentina: Arrancó la estanflación

Se confirma el peor pronóstico: con precios arriba y economía para abajo, arrancó la estanflación


11-09-2014 El último índice de precios convalida la peor sospecha de analistas. Subió más que en meses previos, pese a que los comercios venden menos. Economistas hablan de una nueva etapa, en la que incidirán otros factores que harán que los productos aumenten aun si el Gobierno frenase la emisión

Se está confirmando el peor de los temores: la inflación va en alza pese a la fuerte recesión económica.

En agosto, la situación se agravó respecto de julio, coinciden en afirmar los economistas independientes que elaboran sus propias mediciones sobre subas de precios.

Esto alimenta la sospecha de que ya ni siquiera queda el consuelo de pensar que el enfriamiento en la inversión y en el consumo trae como contrapartida una estabilización de los indicadores económicos. Y que ha llegado el fin del breve período de "recesión estabilizadora".

Aun los más escépticos y críticos del "modelo" se muestran sorprendidos por este hecho, dado que agosto suele ser, por cuestiones estacionales, un mes de baja inflación.

No obstante, estos consultores calculan el índice en 2,7% para ese mes, luego de haberse registrado una cifra menor en julio (2,4%).

La tendencia es creciente, de manera que la expectativa es que el año finalice en torno al 40%.

"Es preocupante lo que sucede, porque se dio una aceleración en un mes en el que no es habitual que ocurra", afirma Lorenzo Sigaut Gravina, economista jefe de la consultora Ecolatina.

Atribuye su estimación (2,5%) al efecto de ajustes en las tarifas de servicios públicos, pero también a una inquietante tendencia alcista de los alimentos.

También se mostraron sorprendidos por lo acaecido en agosto los analistas de la consultora Elypsis, dirigida por Eduardo Levy Yeyati, que perciben un claro punto de inflexión. Destacan que en ese mes se registró "la inflación más alta desde abril".

La inercia le gana a los controles
Lo que la mayoría de los economistas está percibiendo es que, cualquiera fuere el motivo que estaba conteniendo el incremento de precios en los últimos meses (para el Gobierno, el programa "Precios Cuidados"; para los opositores, el enfriamiento de la economía) está agotando su efecto.

"Lo que se está mostrando la inflación es una inercia muy alta, aun a pesar de todos los datos negativos que viene arrojando el consumo", afirma Gabriel Camaño Gómez, economista jefe de Ledesma & Asociados.

Con la medición de 2,3% para agosto, esta consultora ya ubica la variación interanual en un 38% y con tendencia ascendente.

En la misma línea se expresa Facundo Martínez, analista jefe de Melconian & Santangelo, que modificó sus previsiones tras constatar los últimos incrementos.

"Se pensaba que con la recesión, el índice podía caer a un nivel cercano al 2%. Ahora el pronóstico es que -de no mediar algún factor raro, como puede ser una devaluación- se ubicará en torno al 3% mensual", señala.

Su medición de 2,8% supone un salto abrupto para un mes, ya que en julio había registrado un 2,1%. También atribuye la variación de agosto al alza de servicios como el gas y algunos transportes. En tanto, observa un empuje alcista en el rubro alimentos.

Pesos que circulan más rápido
Varios economistas se han mostrado sorprendidos de que este repunte ocurra a pesar de la política del Banco Central de retirar pesos del mercado.

Apelando a la emisión de títulos (Lebacs) -que ofrece a los bancos para que estos le entreguen pesos- Juan Carlos Fábrega "aspiró" del mercado unos $72.000 millones en lo que va del año.

Incluso, si se hace el cálculo descontando el efecto inflacionario, hasta se llega a la conclusión de que hubo un ajuste monetario, porque la oferta real de dinero se contrajo más del 15%.

¿Cómo se explica, entonces, que pese a los esfuerzos de Fábrega, el índice reaccione al alza? Para los expertos, esto es la señal de que se está dando uno de los fenómenos más temidos: la caída en la demanda de dinero.

"Hay, en términos reales, menos pesos que el año pasado. Pero el problema es que ahora circulan mucho más rápido y ese factor resulta suficiente para seguir presionando sobre los precios y el dólar", apunta el consultor Federico Muñoz.

En la misma línea, el economista Roberto Cachanosky alega que al Gobierno le resulta cada vez más difícil valerse de la inflación como vía de financiamiento fiscal.

"En la medida en que los particulares quieran sacarse los pesos más rápido de encima, disminuye la base imponible sobre la que se aplica el impuesto inflacionario. En otras palabras, dado que las personas no quieren conservar moneda local en sus bolsillos, el Gobierno tiene que aplicar una tasa de impuesto inflacionario cada vez mayor para recaudar lo mismo", argumenta.

De cara a lo que viene, la perspectiva no luce alentadora. Se espera que, sobre finales de año el mercado se inunde de pesos, como consecuencia de la acumulación de obligaciones financieras contraídas por el Estado.

Una estimación de la consultora Economía & Regiones da cuenta de una cifra de $125.000 millones para el último cuatrimestre, de modo tal que se estaría aumentando la base monetaria en un 30% respecto del año pasado.

El agotamiento del modelo pro-inflacionario
Esta tendencia a "huir del peso" es lo que explica el porqué los precios continúan para arriba -y a velocidades crecientes- pese a que los comercios vendan menos y haya caído el nivel de compras.

Lo que en definitiva están planteando los economistas, es que ese mismo combustible que durante años fogoneó la demanda -y, por lo tanto, favoreció al consumo y al empleo- ya no está surtiendo efecto, y hasta está jugando en contra.

En los buenos tiempos del "modelo", se generaba el fenómeno que algunos bautizaron como "reactinflación", que consistía en poner todos los incentivos para que se vuelquen a comprar.

Con alta inflación y bajas tasas de interés, las personas preferían no mantener sus ahorros en el banco y los transformaban en mercaderías. Incluso, se había instalado la idea de que era un buen "negocio" adelantar consumos.

La suba constante de precios se combinaba con la expansión del crédito, posibilitando el fenómeno de la "licuación de cuotas".

Es decir, al comprar un producto y cancelarlo a 12 meses, la propia inflación -y los ajustes salariales- se encargaba de que cada pago mensual se achicara progresivamente en términos reales.

En esa etapa del boom consumista, las empresas lograban compensar los mayores costos.

En parte, trasladándolos a precios. Pero para una gran proporción apelando a los beneficios derivados de la "economía de escala": al fabricar más cantidades podían prorratear esas mayores erogaciones (claro que había una demanda interna que "absorbía" esa mayor producción).

Sin embargo, los economistas siempre habían advertido que este tipo de crecimiento, basado en la inflación, no iba a durar indefinidamente.

Más bien, pronosticaban que el efecto sería decreciente.

Ahora parece haberse llegado al final de esta etapa de "tolerancia social" a la constante alza en los precios.

Además de que estos siguen subiendo y se hayan acabado las "economías de escala", se verifica otro fenómeno preocupante: el aumento del desempleo.

Hasta ahora, se había generado en la Argentina cierto consenso en el sentido de que la inflación era un mal menor que había que aceptar para sostener los puestos de trabajo.

Es lo que los economistas conocen como "curva de Philips", planteada por un neozelandés que, al difundirla, armó un revuelo a nivel mundial, al proponer que existía una relación inversa entre inflación y desempleo.

Es decir, que en una economía con alto índice había mayores probabilidades de mantener los puestos laborales. Por el contrario, en situaciones de estabilidad de precios crecía el riesgo de que los ajustes se produjeran no a nivel salarial sino en la cantidad de gente ocupada.

Nadie lo expuso con más claridad que el líder de la central sindical CGT, Hugo Moyano, cuando todavía era aliado político del kirchnerismo: "Prefiero esta inflación antes que la deflación de la década del ‘90, cuando se cerraban establecimientos o se perdían constantemente fuentes de trabajo".

Hoy, cuando las suspensiones y despidos ocupan un rol central en los medios de comunicación -junto con las noticias sobre incrementos en bienes y servicios- esas opiniones pro-inflación ya no mantienen el mismo prestigio.

¿Lo peor está por venir?
En este contexto, los analistas ven pocos motivos para el optimismo en el corto plazo.

A la luz de lo que está aconteciendo en la economía, creen que lo que se constató en agosto lejos está de ser una excepción.



Más bien, señalan que las subas adoptarán una "velocidad crucero" de un punto mayor a la actual, siempre y cuando no ocurran imprevistos.

"Creemos que la inflación va a ser más alta y que rondará el 3%, de no mediar alguna circunstancia rara, como una devaluación", apuntan desde M&S, la consultora del economista Carlos Melconian.

Para Jorge Todesca, ex viceministro de Economía, puede llegar a estabilizarse en torno al 2,5% mensual hasta fin de 2014.

"Los nuevos valores que se seguirán incorporando para el resto del año ya están reemplazando a los registrados a finales del año pasado", argumenta, convencido de que el índice interanual se ubicará cerca del 38%.

Desde Ledesma & Asociados estiman que si el ritmo de emisión de billetes del Banco Central continúa en ascenso, "se va a acelerar más, independientemente de la recesión" que atraviesa la economía argentina.

Un factor clave para los pronósticos es la actitud que tome el Ejecutivo respecto del tipo de cambio.

"Creo que la emisión va a ser fenomenal, pero por la recesión se va a neutralizar. Ahora, si en noviembre llegara a ocurrir una devaluación como la de enero, entonces seguro que el alza de precios en diciembre va a ser más fuerte", alerta Fausto Spotorno, del Estudio Ferreres.

Como la mayoría de sus colegas, cree que un 2,5% mensual promedio va a convivir con una economía que seguirá fría por varios meses.

"Para bajar esa cifra hay que hacer que dicha economía funcione de otra manera, se necesitan reformas profundas", advierte.

Claro que no resulta factible pensar en ese tipo de reformas en el año final de un Gobierno que termina su ciclo de una década.

Por lo pronto, los analistas consideran que ya no hay dudas sobre la fase que vive la economía, que ya transita de lleno un proceso de "estanflación pura".
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