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Carstens asume un cargo clave en el FMI y vuelve a sonar como sucesor de Lagarde


Agustín Carstens

El gobernador del Banco de México podría convertirse en el primer latinoamericano en presidir el organismo.

El titular del Banco de México, Agustín Carstens, fue electo como presidente del Comité Monetario y Financiero Internacional del FMI, según confirmó hoy la institución. Ocupará el cargo por un período de tres años, a partir de marzo, en sustitución de Tharman Shanmugaratnam, viceprimer ministro y ministro de Hacienda de Singapur, cuyo período concluye el 22 de marzo de 2015.

La noticia no es menor, pues se trata de un órgano clave en la estructura del organismo: está integrada por ministros de Hacienda y titulares de bancos centrales de todo el mundo y es la principal herramienta de consulta de la Junta de Gobernadores del FMI, además de deliberar y definir las principales políticas que aborda la institución.

La designación de Carsten es una nueva victoria para el mexicano y lo coloca otra vez en el centro del cuadrilátero de la pelea por el cargo que hoy ocupa la francesa Christine Lagarde. Dicha pelea, por cierto, no es nueva para el economista estrella de la gestión económica mexicana.

La carrera y también las aspiraciones de Carstens dentro del FMI llevan años: fue miembro del directorio Ejecutivo de la institución durante 1999 y 2000, subdirector gerente entre 2003 y 2006, y presidente del Comité para el Desarrollo del FMI y el Banco Mundial desde 2007 hasta 2009.

Pero el punto más alto de su carrera dentro del organismo llegaría en 2011, tras la escandalosa renuncia de Dominique Strauss-Kahn, quien había sido denunciado por agresión sexual e intento de violación. En ese momento, Carstens compitió cabeza a cabeza -aunque en una lucha para muchos desigual- contra Christine Lagarde por la jefatura del FMI.


Emergentes vs. Europa

Es un secreto a voces la hasta ahora infranqueble regla no escrita de los organismos internacionales financieros: el director gerente del FMI siempre ha sido europeo -salvo dos cortos mandatos interinos de transición, en manos de EEUU- y el presidente del Banco Mundial siempre ha sido estadounidense.

Con la salida de Strauss-Kahn, la canciller alemana Angela Merkel reclamó rápidamente que el sucedor debía ser un representante del viejo continente. Francia, Alemania y Gran Bretaña salieron entonces en bloque a apoyar la candidatura de la francesa, que reunía condiciones de expepción: podría convertirse en la primera mujer al frente del organismo, con el plus de no ser economista sino abogada.

Lagarde construyó en torno a estas dos características el principal concepto fuerza de su postulación: representaba -en un momento de fuerte crisis de los lineamientos ortodoxos del FMI- una visión más pragmática, heterodoxa y de renovación para el organismo.

Los países emergentes, que nunca se sentaron en el sillón de la conducción, impulsaron al mexicano Carstens, quien también podría tener el honor de ser el primer latinoamericano en conducir el FMI. Sin embargo, se lo señaló como un economista ortodoxo, una crítica que el propio titular del Banco de México tildó de campaña sucia en su contra.

En un principio la postura de Estados Unidos pareció de abstención, al declarar simplemente que esperaba que una sucesión con celeridad. Pero la presión del bloque europeo, al que se sumó China y Rusia, terminaron por definir el pleito. EEUU también se expresó a favor de Lagarde, y la decisión culminó siendo unánime.


Un perfil técnico

Carstens goza de una reputación intachable en México: pese a haber surgido de las líneas del PAN, todo el arco político le reconoce su trabajo y se lo señala como uno de los principales artífices de la estabilidad macroeconómico de los últimos años.

Luego de haber trabajado para el equipo de transición para el entonces presidente electo Felipe Calderón, Carstens fue nombrado secretario de Hacienda y Crédito Público, puesto que ocupó hasta 2009, cuando fuera propuesto y designado como nuevo gobernador de Junta de Gobierno del Banco de México.

Desde entonces, su perfil técnico le sirvió para tender puentes con todas las fuerzas políticas. De hecho, ha forjado una excelente relación con el secretario de Hacienda y Crédito Público, Luis Videgaray, un hombre del riñón de Enrique Peña Nieto.

Tan valorada es su figura, que muchos descuentan que si finalmente decide no volver contender por la jefatura del FMI, el presidente le pediría que siga un mandato más al frente del Banco de México.

Una señal sobre esta decisión fue el pedido que hizo el año pasado EPN al Senado para que se ratifique el nombramiento del subgobernador de Banxico, Roberto Del Cueto, para un segundo periodo. Es que hacia dentro de la Junta de Gobierno del Banco de México, Del Cueto es el hombre de mayor confianza de Carstens.

Está claro que las aspiraciones del economista mexicano no están en la puja política partidaria de México, sino en crecer dentro del organismo financiero. Su designación al frente del Comité Monetario y Financiero Internacional lo coloca nuevamente como candidato natural a pelear la sucesión de Lagarde. Resta saber cuál será su decisión definitva.


El caso Francisco, la esperanza de Agustín

La elección de un latinoamerica al frente del FMI no sólo sería un hecho histórico, sino una verdadera revolucion y una señal fuerte de cambio geopolítico. Una aceptación del rol cada vez mas gravitante de los países emergentes en la economía mundial.

Pero ya quedó demostrado que Europa hará fuerza para mantener su hegemonía como conductor de las políticas del FMI. Hay, sin embargo, una esperanza para Carstens en la historia reciente: la desginación de un Papa argentino, el primero no europeo desde 714 y latinoamericano al frente de la Santa Sede, otro hecho inédito e inesperado.

El cardenal Jorge Bergoglio también pasó por un primer período de selección en el fue derrotado por el poderío europeo: el cónclave de 2005, cuando perdió la oportunidad de convertirse en Papa en manos del cardenal alemán Joseph Ratzinger, Benedicto XVI.

Pero tendría su segunda oportunidad en el cónclave de 2013, en donde no sólo todos los americanos lo apoyarían, sino que las divisiones y luchas fraticidas europeos divirían su fuerza en su favor.

Carstens parece encontrar un caso testigo en el Papa. Tanto es así que en su último viaje al Foro Económico Mundial de Davos, el titular de Banxico habría comentado que consideraba en el 2016 contender para la presidencia del FMI sucediendo a Christine Lagarde.


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