Dependencia económica (o intercambio desigual)

Dejo aquí dos fragmentos de artículos de R. Astarita que intentan explicar con claridad y brevedad (teniendo en cuenta la complejidad del tema), la famosa Teoría de la Dependencia bajo una mirada desde la Teoría del Valor de Marx.
Siguiendo estos estudios se puede discernir el funcionamiento del capitalismo a nivel mundial, y de la perpetuación del subdesarrollo como parte de su lógica interna.
A un nivel más general, recomiendo fuertemente el sitio cuyo link dejo aquí:
http://www.rolandoastarita.com/


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Seminario-entrevista

La primera, en mi opinión, es romper con la tesis del estancamiento permanente, crónico, del capitalismo, y de la periferia en particular, que mantuvo prácticamente la totalidad de los autores de la dependencia (vimos que la excepción fueron Cardoso y Faletto).
Sobre este asunto desde hace tiempo llegué a la conclusión de que por lo menos en los últimos 25 años hubo un fuerte desarrollo del capitalismo a nivel mundial. Debo confesar que llegué a esta conclusión después de intentar, durante años, demostrar lo opuesto. Esto porque durante mucho tiempo fui militante trotskista. Y ya cuando empecé a militar, siendo muy joven, me habían informado dos cosas centrales: la primera, que el capitalismo esta en crisis; la segunda, que “estamos ganando”. Esta segunda afirmación nunca me convenció demasiado, pero la primera traté de probarla. Así pasé años intentando demostrar que el Programa de Transición, escrito por Trotski, tenía razón cuando sostiene que el capitalismo está estancado desde 1914. Pero como no pude demostrar semejante cosa, llegó un momento en que publiqué un escrito que decía que las fuerzas productivas se habían desarrollado. Lo cual no es ninguna novedad para cualquier persona “normal”. Pero como en el trotskismo era una gran novedad, me echaron. Ahora bien, lo importante es que si no existe estancamiento crónico, la tesis original del imperialismo (la exportación de capitales se produce porque en el centro ya no hay oportunidades de inversión) no se cumple. Y tampoco se sostiene la idea clave de la dependencia, y de tantos sectores de la izquierda latinoamericana, de que en la periferia el desarrollo está secularmente bloqueado.

La segunda cuestión es que pienso que hay que superar la tesis del predominio del monopolio, que defendieron todos los teóricos de la dependencia. También en esto durante años traté de demostrar que los mercados eran dominados por los monopolios. Pero hoy pienso que esta tesis carece de validez. Soy consciente de que aquí posiblemente choque con un prejuicio muy extendido. Pero necesitamos tener un juicio científico sobre el asunto, no prejuicios.

Observen que para demostrar que funciona la tesis del monopolio tenemos que probar dos cosas: la primera, que no hay guerras de precios. Es que no hay teoría de monopolio basada en guerra de precios. Y en segundo lugar, tenemos que demostrar que hay ganancias sistemáticamente más altas en los sectores más concentrados que en los no concentrados. Esta segunda cuestión intenté demostrarla durante años; pero no había manera de hacerlo. El que me sacó el peso del monopolio fue Shaik. Shaikh hizo una crítica acabada a esta idea. En una ocasión tuve la suerte de tener una charla con él, en un viaje que hizo a Argentina (actuaba de traductor) y me dio el empujón definitivo para dejar esa tesis. En este sentido tengo una gran deuda intelectual con Shaikh. Remarco esto porque en otras cuestiones he tomado distancia de su teoría; pero Shaikh ha sido fundamental en mi evolución. Volviendo a la cuestión del monopolio, en mi libro le he dedicado dos capítulos a la crítica de la tesis establecida. Pienso que lo que opera a nivel mundial son grandes empresas, que entablan competencias despiadadas y brutales, con guerras de precios. Esto impulsa al sistema capitalista a acentuar más y más la explotación. Esto actúa así porque hay competencia. Ésta es la idea central.

Ahora bien, si esto es así, la ley del valor trabajo está operando a nivel mundial de manera más pura aún que en la época en que escribió Marx. Y la ley del valor trabajo es objetiva. Objetiva quiere decir que estamos ante un mundo, de las mercancías, generado por el ser humano pero que el ser humano no domina. Ésta es la tesis del fetichismo de la mercancía de Marx. Aplicado al caso que nos ocupa, significa que no existe un poder concentrado en un grupo de grandes capitalistas que “dicte” que tales y cuales países no se desarrollen; o que pueda decidir que la periferia permanezca bloqueada, porque le es funcional tal o cual formación social precapitalista. De manera que se viene abajo otro pilar de la escuela de la dependencia.

A partir de aquí los fenómenos de la dependencia y el subdesarrollo se pueden entender mejor pensando en que hay un despliegue de la ley del valor, y que en condiciones de diferencias de productividad, existe una generación también diferenciada de valor. Un país con capitales con mayor tecnología relativa, sencillamente genera más valor en el mercado mundial que un país con capitales atrasados tecnológicamente. Por lo tanto la explotación básicamente es una explotación de clase sobre clase. Así, tenemos un sistema capitalista creciente mundializado y transnacionalizado, con diferentes grados de fuerza. El capital explota de conjunto a la clase obrera mundial. Por primera vez en el mundo el capital se ha desplegado a pleno. Pero ese despliegue no lleva a la igualdad de ingresos entre los países, porque la propia dialéctica del capital genera diferencias crecientes. Esta realidad es la que había registrado la teoría de la dependencia. Desde esta perspectiva, vuelve a tener mucha vigencia el estudio de El Capital, y el estudio de la lógica de la acumulación en situaciones distintas, en articulaciones distintas de los espacios de valor nacional. Es a partir de este cuadro que, en mi opinión, podremos rescatar entonces los aportes que hizo la corriente de la dependencia. Su crítica a la tesis de las etapas ineludibles, a la idea evolucionista y lineal, a la teoría neoclásica de los mercados imperfectos. Quiero parar aquí y abramos el debate.

Pregunta: ¿Cómo entra la patria contratista en este esquema?
Astarita.: no entiendo bien la patria contratista, a qué te estas refiriendo.

Pregunta: A que no está en la guerra de precios, los grandes grupos concentrados que hacen grandes contratos con el Estado y crecen a partir de aprovechar la situación
Astarita: Cuando uno dice que no rige la formación de precios monopólicos, no quiere negar que en determinados nichos duros haya acuerdo de precios, negociados, etc. Por ejemplo, acá en Argentina en la concesión de los corredores viales hubo precios administrados, monopolios. Pero esto también sucedía en la época de Marx con algún sector o empresa. Cuando Marx habla de la ley del valor trabajo, reconoce, y lo dice en El Capital, que existen lugares donde hay precios acordados. Pero lo que hay que establecer es si el price leadership, y el acuerdo entre empresas para administrar los precios, es lo que prevalece como norma. O si, por el contrario, lo que prima son las guerras de precios entre grandes unidades del capital. Cuando en algún sector se administran precios, y las tasas de ganancia son muy altas, debido a elementos políticos que impiden la entrada de otros capitales en ese sector, a mediano o largo plazo otros grandes capitales empiezan a socavar y a meterse en el sector favorecido. Aquí pasó con la telefonía. En la telefonía estuvieron garantizadas ganancias muy altas durante bastante tiempo, después de las privatizaciones; pero hoy hay competencia creciente, porque otros grupos entraron y empezaron a socavar. En términos generales, cuando se analiza cómo está operando el mercado mundial, se encuentra que la guerra de precios es una constante. He presentado datos en mi libro sobre esto; basándome en Business Week, The Economist e informes de empresas que aparecían periódicamente en The Wall Street Journal Americas. Tomé un periodo de aproximadamente 10 años y no hay casi rubro donde no haya habido guerra de precios. Pero incluso las fusiones de empresas se explican por la necesidad de encarar las crecientes presiones competitivas que vienen de los mercados. Esto es lo que hace que opere a pleno la ley del valor del trabajo y la ley de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia; de lo contrario ésta no podría operar. Es muy interesante porque Mandel en su Tratado de Economía Marxista, planteaba que en el capitalismo avanzado no existían las guerras de precios y que predomina el price leadership, y que de hecho las ganancias “de los monopolios” no bajaban. Baran y Sweezy también lo plantearon de esta forma. Por esta razón pensaron que no podía operar la ley de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia o que las empresas podían administrar los precios de manera de detener las crisis.
Agrego que incluso en ramas que están extremadamente concentradas, como la producción de aviones comerciales, donde hay prácticamente dos competidores, Boeing y Airbus, ambas están compitiendo por precios. Pongo otro caso. ¿Quién iba a pensar hace años, en los 50, 60, que General Motors sería desplazada de los mercados por los fabricantes japonesas? Y gran parte de la presión que soportó GM provino de la guerra de precios. Otro caso, los aceros de las empresas de Estrados Unidos. Cuando Baran y Sweezy decían todavía en los años 70 que no había guerra de precios, los aceros japoneses y coreanos estaban entrando en Estados Unidos y desplazando a la United Steel con precios más bajos. Esto hace a la dinámica del capital y explica que sea un movimiento incontrolado. Aunque, por supuesto, siempre se puede hallar algún sector y período en donde existe algún precio monopólico.

Quiero hacer una observación adicional sobre el tema de monopolio y la libre competencia. En las cátedras hemos dicho durante muchos años que el sistema capitalista se divide en dos grandes eras: la libre competencia, cuando actuaba a pleno la ley del valor; y la era del capital monopolista, donde los precios pasaban a ser administrados y la competencia se frenaba. La divisoria de épocas se ubicaba alrededor de 1890. Es la idea de los libros clásicos de Lenin, Hilferding, Bujarin. En lo que voy a decir me baso en dos autores Duménil y Lévy, que también sostienen que esta tesis del monopolio es equivocada.
La idea es esta: si en 1860 dos fábricas, A y B, producen el mismo bien, están separadas por 500 kilómetros, y los costos de transporte son tan grandes que no pueden competir, la ley del valor ahí no está funcionando. Es que la ley del valor implica comparar tiempos de trabajo. Sin embargo cuando los costos del transporte bajan dramáticamente hacia fin del siglo XIX, A y B se ponen en contacto y entran en competencia. Por lo tanto la gran ola de de fusiones, acuerdos, formación de cartels, trusts que ocurrió hacia 1890 y 1900 reflejaba el hecho de que al bajar en forma dramática los costos de transporte, espacios de valor que estaban desconectados se ponían en contacto. Esto generó una competencia devastadora para el sistema capitalista. Por eso lo que se buscó fue frenar la competencia; pero no la eliminaron. En realidad, en 1860 o 1870, la ley del valor tenía menos aplicación en cuanto a universalidad, que hoy.
Más en general, en 1810 ningún fabricante de paraguas de China podía competir con los que se vendían en la Plaza de Mayo en Argentina (según cuenta que sucedía alguna tradición pictórica). Pero hoy sí compiten porque han bajado enormemente los costos de transporte. La idea de la unificación en un espacio único de valor significa esto. Implica que unidades de capital cada vez más fuertes entran en choque y competencia. Hay que acabar con la idea de que si hablo de competencia estoy pensando en un mundo de competencia perfecta walrasiana, de hombres, sin estrés y mercados equilibrados; eso no existe. La alternativa a la tesis walrasiana parecería ser el control monopólico. Pero hay otra alternativa, bastante más acorde con lo que está sucediendo, que son guerras competitivas entre capitales. Aquí las municiones son las bajas de precios, el cambio tecnológico y la tendencia a aumentar la explotación. Esto lleva a que las tendencias del capitalismo se desarrollen a fondo; esta es la idea de Marx sobre la competencia. Marx decía que los ideólogas del capital hablaban sobre la competencia y no entendían su naturaleza. La competencia en realidad actúa como coerción sobre cada capital para que vaya al fondo de la explotación. Hace que las tendencias a aumentar la explotación, a revolucionar las fuerzas productivas, a la acumulación, sean sistémicas, no dependan de la voluntad individual. El capital que no cumple con eso desaparece en la lucha competitiva. Por eso es un rasgo sistémico del capitalismo. Por eso también no se puede eliminar con parches.

Pregunta: Cómo ingresa en este modelo la teoría de la dependencia o el papel de los estados nación particulares y sobre todo el problema es quien dirige el desarrollo de las fuerzas productivas, que eso sí está concentrado en los países centrales. China copia tecnología, las desarrolla hasta que las copia, pero nunca puede innovar.
Astarita.: En esto tiendo a coincidir con vos. He trabajado un modelo inspirado en Carchedi, autor marxista, y tomando la problemática del intercambio desigual. La idea sería la siguiente. Soy crítico de Hard y Negri o de Burbach que plantean que vamos a la igualación de productos e ingresos entre los países. Precisamente estoy diciendo que no, que vamos a ver una creciente desigualdad de los ingresos, y esto por la dialéctica del valor.
Un tema que se le planteó al marxismo cuando reconoció que la principal forma de explotación no es a través del colonialismo, y que la participación de los países atrasados en la exportación de manufacturas crecía de manera importante, fue explicar por qué los países desarrollados se desarrollan cada vez más y los subdesarrollados quedan atrás. Frente a esto existe una explicación que tiene su origen en Mandel; pero también está en Marini, Carchedi y Shaik.
La explicación es esta: supongamos que la empresa de un país atrasado produce una mesa y la vende en el mercado mundial. Supongamos también que debido a que tiene tecnología atrasada empleó 15 horas para producir la mesa, pero que la tecnología socialmente necesaria en el mercado mundial es 10 horas de trabajo. Por lo tanto en el mercado mundial le pagan por 10 horas de trabajo. Sin embargo, según Mandel, Carchedi, Shaikh, esa empresa habría generado valor por 15 horas. De manera que habría transferido 5 horas de valor al exterior. Esto sería hoy el principal mecanismo para el intercambio desigual.
Sostengo que esta tesis es imposible de defender desde la teoría del valor trabajo. Es que el valor es tiempo de trabajo socialmente necesario. Si la empresa produce la mesa en 15 horas y el tiempo de trabajo socialmente necesario es 10 horas, la empresa no generó 15 horas de valor; es que 5 horas de trabajo no son validadas como generadoras de valor. Por lo tanto esta empresa que emplea tecnología atrasada no puede transferir valor al exterior, ni a ninguna parte. Si yo produzco un auto a mano, y por eso tardo mucho más tiempo que el socialmente necesario, no genero más valor que las empresas que utilizan tecnología de avanzada. A lo sumo habré generado el mismo valor que generan las empresas que lo producen según las condiciones tecnológicas medias. Ésta es la idea de tiempo de trabajo socialmente necesario del capitulo 1 de El Capital. A su vez, la empresa que trabaja con mayor tecnología y produce la mesa en 5 horas, siendo el valor modal de la mesa 10 horas de trabajo, genera 10 horas de valor con 5 horas de trabajo efectivo. Eso es trabajo potenciado. Es el concepto que plantea Marx en el capitulo 10 del tomo 1 de El Capital. Por eso, basándonos en la ley del valor, sin apelar a la tesis del monopolio, podemos explicar por qué hay diferencias crecientes de valor agregado, y por lo tanto de ingresos entre los países. Los que trabajan con mayor tecnología obtienen plusvalías extraordinarias; por lo tanto pueden invertir más en tecnología y desarrollo; al hacerlo, aumentan la brecha con los países atrasados. Los países atrasados tratan de recuperar competitividad; si no es con el cambio tecnológico, bajan salarios. En ese punto aparecen genios que pregonan el desarrollo con tipo de cambio alto y ¿que es eso? Es desarrollo con baja tecnología y bajos salarios en términos de dólares, para aumentar la explotación, para compensar la baja tecnología.

Para ampliar estas ideas, me voy a meter un poco con una “biblia” de la facultad, el manual de macroeconomía de Blanchard y Pérez Enrri, capitulo 15, que trata sobre el mark up. Es un texto de neokeynesianismo neoclásico furioso, o sea, neokeynesianismo con expectativas racionales. Blanchard y Pérez Enrri tratan de explicar por qué surge, o cómo surge, un mark up, una ganancia del capital. Ese plus fue siempre el gran problema de la economía burguesa; no de Marx, pero sí de la economía burguesa. Banchardy Péez Enrr dicen; supongamos una economía donde se trabaja sin capital (para ellos el capital son las herramientas). El obrero recibe el producto del trabajo que es igual al salario, que es igual a 1. Después aparece una “imperfección” generalizada del mercado, y el mark up. Ahora el salario baja en una proporción igual a 1 + mark up. ¿Qué es entonces el mark up? Una deducción del trabajo. ¿Como surgió? Por una imperfección del mercado. ¿Y por qué los trabajadores regalan a los capitalistas ese mark up? Nadie lo explica. Pero en realidad todas las teorías de precio monopólico por mark up tienen esta inconsistencia lógica, ya que no explican de dónde surgió, ni por qué. En mi opinión la ley del valor trabajo, con su articulación de cómo se forman los precios de producción, da una consistencia a esto. La podemos usar para explicar cómo se generan desarrollos crecientemente desiguales, de una manera coherente. Por eso no nos toma por sorpresa que una empresa como Petrobrás pueda cotizar a valores extraordinarios en el mercado mundial. Es porque obedece a las leyes de la acumulación. Fíjense, pongo el caso de Ruy Mauro Marini un autor por el que tengo una enorme simpatía. Pues bien, Marini pensaba que los esquemas de reproducción ampliada de Marx no se podían aplicar a los países atrasados, que no regían las leyes de la acumulación. ¿Por qué? Porque en su opinión la ley del valor se interrumpía de alguna manera en esos países. Por eso una de sus ideas, muy difundida (la tienen Furtado y otros), era que los trabajadores de los países atrasados nunca alcanzarían una canasta de bienes que incluyera bienes durables. Pero hoy muchos trabajadores de estos países tienen heladera, televisión, celular; y no por eso son menos explotados. Esto se puede explicar perfectamente con ley de la plusvalía y de la acumulación de Marx. Explicar también que la canasta que reproduce la fuerza de trabajo en los países atrasados es menor que en los Estados Unidos o Europa. Eso tiene que ver con el desarrollo desigual de las fuerzas productivas, y la dinámica del valor.

Todo esto que afirmo no es por amor a Marx, por reivindicar su obra, sino porque pienso que sirve para entender el capitalismo contemporáneo. Si los precios se formaran según la tesis del monopolio, El Capital no serviría de mucho para explicar el capitalismo actual. La estructura lógica de El Capital esta basada en la idea de que la ley del valor funciona con competencia. Pensemos que la obra completa de El Capital se conoce recién hacia fines del siglo XIX, principios del XX. El tercer tomo aparece en 1894; las Teorías de la plusvalía en 1905, y en forma parcial. En esa época ya tenemos, supuestamente, el dominio del monopolio. Entonces la relevancia de El Capital para entender el capitalismo habría desaparecido. Es que, como dice Harvey, cuando se quiere poner en consonancia la teoría del capitalismo del monopolio con la teoría de Marx, aparecen incongruencias. Baran y Sweezy se dieron cuenta del problema y trataron de elaborar una teoría del monopolio; pero no pudieron. En realidad, toda teoría del precio de monopolio se resuelve en una serie de casos particulares. No hay teoría general. Los que adhieren a ella tendrían que elaborarla. Kaldor dijo alguna vez que la teoría del monopolio en última instancia es tautológica: el precio de monopolio es lo que es porque el grado de monopolio es lo que es; o sea, no hay teoría. Y cuando hay fallas teóricas, fallan las explicaciones.

….
Pregunta: Se entiende desde esta lógica cómo empresas de países subdesarrollados pueden llegar a competir con empresas de países desarrollados. ¿Pero cómo se explica que esta lógica se difunda a todo el país, por ejemplo en el caso de Japón, y por otro lado el caso de Brasil y México, que tienen empresas que compiten a nivel mundial pero el desarrollo no se difunde al interior del país? ¿Cuál es la diferencia?

Astarita: Lo que uno puede plantear son algunos elementos teóricos para abordar el estudio de los casos concretos. Ahora esto nunca puede reemplazar el estudio de cada caso y sus particularidades. Marx dijo al respecto que no buscaba una teoría suprahistórica, que diera respuesta a todo. Hay que ir a los casos particulares. Por ejemplo, ¿por qué Argentina no tiene el mismo desarrollo que Australia o Canadá? Esto exige estudios particulares, incluso de factores políticos.
El japonés es un caso (debo aclarar no soy historiador y menos historiador de Japón) donde se deben aclarar algunas cuestiones. Baran dijo que Japón se había podido desarrollar porque había quedado por fuera de las rutas coloniales. Pero parecería ser que habría otra explicación que tiene que ver con cuestiones internas de Japón. Japón fue el único país, por fuera de Europa Occidental, que tuvo feudalismo en el sentido auténtico. Hubo un poder central, pero éste fue dual; no existió un imperio que ahogara sus energías, como parece haber sido el caso de China. La cabeza del Estado japonés feudal era bicéfala, porque estaba el shogunato, que era un poder militar, y donde el emperador tenía un poder más bien formal. En esta circunstancia se dio en Japón un proceso de acumulación primitiva, de acumulación simple, de artesanado, muy intenso. Kyoto, por ejemplo, en el siglo XIX era un centro comercial muy importante. Y cuando en Japón se advierte cómo las fuerzas británicas avanzaban sobre China, se produce la restauración Meiji. La restauración Meiji opera una modificación del reino, acaba con la dualidad, entroniza de nuevo al emperador, y eso genera el acceso al poder de un sector feudal de segunda línea ilustrado, que ya tiene la estrategia de apurar una industrialización y desarrollo capitalista para resistir las presiones del exterior. Por ejemplo, envían gente al exterior a aprender técnicas de fundición de hierro, técnicas militares. Esto ayudaría a explicar por qué Japón en 1905 pudo encarar una guerra con Rusia con eficacia. Algunas de estas cuestiones las trataron los marxistas japoneses. Acoto que el marxismo japonés en economía fue muy desarrollado. Esto se debió a que Stalin le había impuesto a los marxistas japoneses la ímproba tarea de demostrar que Japón era feudal y que era necesaria una revolución democrático-burguesa en el país. Hubo un autor que se llamaba Uno, que desarrolló una escuela alternativa donde hizo mucho hincapié en cómo se había desarrollado Japón, en sus particularidades. Con esto que quiero señalar, toda teoría general existe a través de los particulares; hay que estudiar los casos históricos concretos. De lo contrario caemos en abstracciones y generalidades.

Pregunta: Mi pregunta viene a la luz de los diagnósticos y en función de la coyuntura, donde aparecen conceptos como el de burguesía nacional. Esos conceptos no deben ser repensados a la luz de los diagnósticos (viendo las diferentes tendencias de la teoría de la dependencia) en tanto y en cuanto estos conceptos suponen ciertas actitudes políticas, en relación a cómo pensamos la coyuntura y cómo pensamos conceptos de industrialización en relación a la economía argentina. ¿Como elaborar nuevamente un concepto de esas características, como discutirlo? Vos decías que las burguesías locales se transnacionalizan. ¿Esas burguesías locales, son burguesías nacionales, son burguesías en la que nosotros podemos depositar cierta expectativa para el desarrollo local?
Astarita: Yo soy más bien de los escépticos sobre las burguesías “nacionales”. Creo que da para repensarlo. Porque generalmente el término burguesía “nacional” está cargado de una significación política. En los 60’ y 70’ se utilizaba la expresión para denotar una burguesía interesada en una liberación nacional; esta liberación se entendía como un desarrollo autárquico, autosostenido. Pienso que en realidad hoy lo que se está discutiendo es cómo las clases dominantes locales se insertan en la globalización y cómo participan en conjunto con el capital más transnacionalizado, como socios, en la explotación de la clase trabajadora mundial. Pongo un ejemplo. Se habla de 140.000 millones de dólares de argentinos en el exterior. Ese capital está participando de la explotación de la clase obrera a nivel mundial. Los dueños de ese capital consideran a los organismos internacionales de crédito como auditores de sus propios intereses. Hoy, cuando se habla del resurgimiento de una burguesía local, se admite que lo hace como socia de Repsol, Telecom, y empresas semejantes. Los viejos proyectos desarrollistas tenían la idea de que el excedente, el plusvalor, había que reinvertirlo productivamente. Si se lo apropiaba el Estado, debía ser para desarrollar industria pesada, para un proyecto de industrialización y desarrollo de las fuerzas productivas. Hoy sin embargo vemos pretendidos proyectos de desarrollo nacional (que incluso se autoproclaman socialistas) donde el excedente se usa para comprar bonos al 13%, para hacer bicicletas financieras en su propio país. Si eso lo hace un bonista suizo lo consideramos un usurero. Pero si lo hace otro que hace lindos discursos, es un compañero que nos ayuda a la liberación nacional. Realmente no lo entiendo. Pero da para pensarlo.

Fuente: http://www.lamella.com.ar/files/Seminario%20Teor%C3%ADa%20de%20la%20Dependencia%201er%20Encuentro.doc


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Una explicación desde la teoría del valor trabajo



La hipótesis que proponemos es muy sencilla, y en gran medida es similar a la que se desprende de los planteos de los neo-schumpeterianos, que hacen hincapié en la importancia de la innovación y el progreso tecnológico. Sin embargo, la diferencia con estos planteos es que hacemos hincapié en la teoría del valor trabajo, esto es, en la tesis –de Ricardo y Marx– de que la única fuente del valor es el trabajo humano. Desde esta perspectiva el deterioro de los términos de intercambio se puede explicar por las diferencias crecientes entre el trabajo complejo y el trabajo simple, a medida que avanza la investigación y el desarrollo de nuevas tecnologías en los capitalismos avanzados.

La idea de trabajo simple y complejo se relaciona con las diferencias en la preparación de la fuerza de trabajo, y las consiguientes diferencias en la generación de valor de los respectivos trabajos. El trabajo medio simple es el que resulta del gasto de una fuerza de trabajo que, “término medio, todo hombre común, sin necesidad de un desarrollo especial, posee en su organismo corporal” [Marx (1999) t. 1, p. 54]. Esto es, se puede considerar trabajo simple el trabajo de un operador de máquina o de un ensamblador de línea de montaje, trabajos que por lo general demandan poco tiempo de entrenamiento para que se llegue a los estándares de productividad medios. Por ejemplo en empresas de montaje o líneas de máquinas herramienta los operarios recién incorporados pueden demorar dos semanas, a lo sumo, para alcanzar el nivel de productividad media de sus compañeros. Variando según los países y los entornos o épocas culturales, el carácter de este trabajo medio simple, como señala Marx, está dado para una sociedad determinada. A su vez el trabajo complejo es que el exige una mayor preparación de la fuerza de trabajo, y por lo tanto opera como trabajo simple potenciado

… o más bien multiplicado, de suerte que una pequeña cantidad de trabajo complejo equivale a una cantidad mayor de trabajo simple” [Marx (1999) t. 1 pp. 54-55].

A igual que sucede cuando una empresa incorpora una tecnología más productiva que la tecnología empleada por las empresas modales de su rama, y por lo tanto cada unidad de trabajo genera más valor que el resto de la rama –o sea, también es trabajo potenciado–, cuando en una rama o empresa se emplean, en promedio, más unidades de fuerza de trabajo calificado, se genera más valor por unidad de tiempo que en las ramas o empresas que emplean, en promedio, más unidades de fuerza de trabajo simple. Es también similar al caso en que en una empresa se intensifica el trabajo con respecto al promedio reinante en el resto de la industria. Como explica Marx, si la intensificación del trabajo ocurre sólo en determinadas esferas, “entonces equivale a más trabajo complejo, a trabajo simple elevado a una potencia mayor” [Marx (1975) t. 3, p. 252].

En este respecto las diferencias salariales, en tanto reflejan las diferencias en los gastos de preparación de la fuerza de trabajo, pueden brindar una aproximación a las diferentes potencialidades de los trabajos como generadores de valor. Una cuestión que Marx rescata de Ricardo:

Ricardo mostró que este hecho no impide la medición de las mercancías por el tiempo de trabajo, si está dada la relación entre trabajo no especializado y el especializado. Ello corresponde a las definiciones de los salarios. Y en último análisis puede reducirse a los distintos valores de la propia fuerza de trabajo, es decir, a sus costos de producción variables (determinados por el tiempo de trabajo) [Marx (1975) t. 3 p. 137].

Por lo tanto las empresas o ramas que emplean en alta proporción trabajo calificado, o sea, dedicado a la elaboración de productos que requieren alta formación en habilidades –diseñadores, matriceros, ingenieros, técnicos– y bienes de producción que a su vez son el resultado de una alta acumulación de capital y del empleo a través de generaciones de estas formas de trabajo complejo, pueden generar más valor, en relación a las empresas o ramas que emplean predominantemente trabajo simple. Y esta diferencia puede ser creciente. Si los países desarrollados concentran cada vez más este tipo de producción, si en las cadenas internacionales de valor los países atrasados se concentran en los trabajos simples –sea en la producción de bienes primarios o de bienes industriales– las diferencias de precios pueden ser también crecientes. Esto sucede como consecuencia de la ley económica, no por relaciones de fuerza a nivel de los sindicatos. En este punto, insistimos, nuestra explicación se aparta no sólo de la de Prebisch y otros autores cepalianos, más o menos influenciados por el keynesianismo de posguerra, sino también de la de los marxistas que adhirieron a la tesis de la formación de precios por monopolio. La hipótesis que presentamos se basa exclusivamente en la teoría de Marx formación de precios de producción, a partir del impulso a la igualación de las tasas de ganancia.

Para ver el tema, vamos a suponer una economía mundial formada por sólo dos ramas, la A ubicada en el país adelantado, que emplea crecientes unidades de trabajo complejo, para hacer un producto X. La rama B está ubicada en el país atrasado, emplea unidades de trabajo simple, para hacer un producto Y estandarizado, que insume siempre las mismas unidades de trabajo simple. No incluimos por lo tanto innovación de procesos que puedan hacer variar los tiempos de trabajo empleados en la producción de X o Y; incorporar este supuesto no alteraría las conclusiones del planteo. Suponemos entonces que existe una tasa media de ganancia. Puede suponerse que las empresas que producen Y en B son capitales transnacionales, que pueden invertir libremente en A para producir X.

Empezamos suponiendo que en el primer ciclo cada unidad de trabajo complejo en A se paga US$ 10, y cada unidad genera US$ 10 dólares de plusvalía; se emplean dos unidades de trabajo por cada producto X. En B por cada unidad de trabajo simple se paga US$ 5 y genera US$ 5 de plusvalía; se emplean también dos unidades de trabajo por cada producto Y. Nótese que hacemos el supuesto que las tasas de plusvalía son iguales en ambas ramas; y que las unidades de trabajo simple reciben el mismo salario en ambos países, US $ 5. O sea, la diferencia salarial entre los trabajadores de A y B en este ejemplo se debe sólo a las diferencias entre trabajo complejo y simple; cada unidad de trabajo en A equivale a dos unidades de trabajo en B.

A partir de aquí la diferencia inicial se amplía; en el siguiente ciclo cada unidad de trabajo complejo que produce X equivale a tres unidades de trabajo simple que produce Y; y en el siguiente ciclo a cuatro unidades. Remarcamos que la tasa de plusvalía no se modifica, y tampoco los outputs respectivos, desde el punto de vista cuantitativo. En A se producen en los sucesivos ciclos seis unidades de X, y en B 100 unidades de Y. Por lo tanto, obtenemos:



Primer ciclo



Rama -- Generación de valor -- Precio de producción individual

A 90c + 20v + 10s = 130 Pr. 20,95


Output = 6

B 90c + 10v + 10s = 110 Pr. 1,143


Output = 100






La relación de intercambio indica que B debe entregar 18,33 productos Y a cambio de cada bien X, generado en A.



Segundo ciclo



Rama -- Generación de valor -- Precio de producción individual

A 90c + 30v + 30s = 150 Pr. 23,64


Output = 6

B 90c + 10v + 10s = 110 Pr. 1,182


Output = 100






Al aumentar el trabajo complejo en A la relación de intercambio se deteriora para B; ahora debe entregar 20 productos Y a cambio de cada bien X.



Tercer ciclo



Rama -- Generación de valor -- Precio de producción individual

A 90c + 40v + 40s = 170 Pr. 26,38


Output = 6

B 90c + 10v + 10s = 110 Pr. 1,217


Output = 100




En el tercer ciclo la relación de intercambio ha pasado a 21,67 bienes Y por cada bien X.

A medida que aumenta la diferencia entre trabajo complejo y simple, se produce el deterioro de los términos de intercambio. Naturalmente, a partir de este esquema se pueden introducir otros supuestos, que hacen el esquema más cercano a lo que sucede en el mundo capitalista. Por ejemplo, suponer que los salarios que se pagan en el país B son menores que los que se pagan en A. O que empresas de capitales nacionales que producen en B deben competir también con empresas que producen Y en A con mejor tecnología, y esto obliga a B a devaluar. Además, se pueden introducir los cambios en los procesos productivos, de manera que se generen más unidades de productos por unidad de tiempo. Cualquiera de estas variantes no cambia, sin embargo, la conclusión básica.



Movimientos de corto plazo y tendenciales, y algunas conclusiones



Lo anterior pretende dar una explicación de movimientos tendenciales. Estos movimientos no niegan la posibilidad de que durante períodos más o menos largos de tiempo existan reversiones parciales del deterioro de los términos de intercambio. Por ejemplo, si durante un período la demanda supera de manera consistente la oferta de bienes primarios o manufacturados “maduros”, este hecho estará indicando la necesidad de que se destinen más capitales –más trabajo social– a su producción. En tanto los capitales se desplacen a estas ramas, y aumente la oferta, los precios de mercado se establecerán alrededor de los precios de producción. De la misma manera, si se trata de productos primarios extraídos de fuentes naturales no renovables, puede producirse un aumento tendencial de los tiempos de trabajo empleados en su obtención. En este caso no se registraría un deterioro de los términos de intercambio; esto puede suceder porque se necesitan crecientes cantidades de trabajo simple para obtener una unidad de producto; o porque es necesario emplear cada vez más dosis de trabajo complejo –por ejemplo en investigaciones geológicas para localizar yacimientos petrolíferos–; o por una combinación de ambos tipos de trabajo. Estos procesos pueden estar en la base del alza de los precios de las materias primas, registrado en los últimos años, a partir del aumento de la demanda de China y otros países asiáticos.

La teoría del valor trabajo puede ofrecer entonces una explicación alternativa a la basada en el poder de monopolio, o de mercado, del fenómeno de deterioro de los términos de intercambio. Por ejemplo, la caída de los precios de los textiles en el siglo 19 –deterioro de los términos de intercambio para Inglaterra– obedecería a una caída de los precios de los productos “maduros”, debido a la reducción tendencial de los tiempos de trabajo, medidos en unidades de trabajo simple. Luego la suba relativa de los bienes manufacturados a partir de fines del siglo 19, comienzos del siglo 20, podría explicarse por la creciente incorporación de trabajo complejo por parte de las empresas de países centrales, en especial con la I&D, construcción de laboratorios, subsunción del trabajo científico al capital –por caso, las universidades se incorporan de manera creciente a la producción y mercantilización de conocimiento– y procesos relacionados. Es lo que registran los teóricos de los Sistemas Nacionales de Innovación, en particular a partir de fines del siglo 19, con la “segunda revolución tecnológica”.

Por supuesto, la presente sólo busca ser una hipótesis de trabajo para sugerir un camino para futuras elaboraciones e investigaciones empíricas.


Fuente: http://www.rolandoastarita.com/dt.DeteriorterminosdeintercambioNUEVO.htm


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