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Diagnóstico de la economía social en Argentina e ideas para su desarrollo


En las distintas regiones de Argentina se pueden producir bienes y servicios para abastecer tanto el mercado interno como las demandas del exterior, pero parece que no hubiera quien se dedique a ello.

El posible aporte de la Economía Social para el desarrollo

Una política de desarrollo integrado agresivo debe tener en cuenta estas potencialidades, y el Estado actuar en la promoción de estos encadenamientos y en la capacitación de los actores. Estas construcciones se pueden adaptar a cualquier tipo de producto, ya sean bienes o servicios, con el consecuente beneficio en el desarrollo local y regional.

En muchas zonas de nuestro país, las personas que se dedican a algún tipo de producción se encuentran aisladas y enfrentando un sinnúmero de situaciones problemáticas que, en realidad, no deberían formar parte de sus vidas. Cuando acontecen, terminan desgastando y, a veces, destruyendo el espíritu emprendedor, generando sensaciones de frustración y desconfianza.

Y muchas veces estas situaciones son producidas desde el mismo Estado que, absorbido por los tiempos políticos, no diseña estrategias a mediano y largo plazo para la consolidación de un desarrollo sustentable.

Considérese solamente cuantas personas se sumarían a las cadenas productivas, iniciándose en la cría de cerdos, de conejos, en la horticultura, y en tantas otras actividades, si encontraran las condiciones para hacerlo y sólo tuvieran que concentrarse en la producción, teniendo resueltos temas tan vitales como la provisión de insumos, las distintas etapas de transformación e, incluso, de la comercialización.

Es cierto que son muchos los escollos para generar una política exitosa que provoque la aparición de muchos emprendimientos asociativos que dinamicen y ensanchen el aparato productivo: el difuso, heterogéneo y difícil rol que se adjudica a las ONG; la ausencia de instituciones claves: universidad, sindicatos, cámaras y grandes empresas; la existencia endémica de prácticas clientelares y corruptas; la baja calidad del seguimiento y la capacitación y la ausencia de un serio programa continuo de ésta; el financiamiento escaso; la ausencia de cadenas de valor; la inexistencia de planes de desarrollo regionales; el bajo nivel de gestión municipal; la poca capacidad y cultura asociativa.

En este contexto la falta de conciencia emprendedora en la población no puede ser superada con subsidios estatales que premien el generar sus propios emprendimientos sino se aseguran previamente las condiciones mínimas del proyecto. En este caso se tropieza con la baja calificación laboral y productiva de estos sectores y es muy probable que se dilapiden los recursos.

Sugiere Elgue (2004: 38) que en la cuestión de emprendimientos el apoyo estatal debería direccionarse a otras capas sociales con mayor capital cultural, y de ahí que éstas generen emprendimientos con mayores posibilidades de sustentabilidad en el tiempo y que sean a su vez generadores de empleo o que amplíen el mercado interno, lo que así redundará en beneficios económicos a la población hoy excluida. Esta idea no se comparte porque, aunque tuviera razón, ello aumentaría aún más las diferencias sociales. Por ello, se impone dotar a los más rezagados de las condiciones para que el dinero destinado a sus proyectos tengan posibilidades de éxito.

Para eso serían necesarias las siguientes medidas:

funcionamiento permanente de mesas de desarrollo local con actores relevantes;
creación de vínculos que faciliten la inserción en encadenamientos productivos competitivos;
programas de capacitación ambiciosos que focalicen en primer lugar la formación de formadores;
generación de plantas permanentes mixtas de docentes –de Universidades y del Estado-;
financiamientos adecuados que incluyan compra de locales, establecimientos y capitales de trabajo;
relación más intensa con todas las manifestaciones de la Economía Social;
programas de asociación de clientes y/o proveedores;
talleres de asociativismo y sensibilización asociativa;
equipos de intervención profesional continuos con capacidades de mediación y coordinación;
acuerdos con universidades, sindicatos, cámaras empresariales y grandes empresas;
esquemas de planificación de desarrollo regional que tengan en cuenta el contexto económico;
fuerte apoyo a los sistemas nacionales de innovación, a los procesos de diseño productivos, a la generación de una banca que apoyo a la producción;

Puede que sean muchas y difíciles de implementar las medidas necesarias para tornar factibles los programas de apoyo a emprendedores sociales, pero podría sintetizarse como la reconstrucción del Estado para participar activamente en la vida económica, recuperando sus capacidades de gestión y sus equipos técnicos.

Es imperiosa la necesidad de políticas públicas activas que trasciendan los tiempos electorales y que tengan como pilares el desarrollo local y la economía social, construyendo un tejido empresarial autóctono, que respete la cultura y la identidad territorial.

EXTRACTO DEL TRABAJO QUE OBTUVO LA 1ª MENCIÓN DE HONOR EN EL CONCURSO DE INVESTIGACIÓN DELA UNIVERSIDAD DE CONCEPCIÓN DEL URUGUAY 2011.

Si querés ver más notas, info o videos podés pasar por:
http://escabullidos.over-blog.com/


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