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El Extraño y Atávico Caso del Monetarismo en la Argentina

El Extraño y Atávico Caso del Monetarismo en la Argentina



Gráfico 1 Fuente: Mecon, mensual, 2003-2013

La imagen de una “maquinita” que imprime billetes al impulso de las necesidades del gobierno de turno, es casi un argumento obligado en un ascensor, en la cola de un banco o en un taxi, como referencia a una obvia implicación inflacionaria de sentido común en la Argentina.

Aunque trascendiendo la vulgata y a pesar de ser la inflación un tema demasiado debatido en nuestro país, existe y persiste una confusión básica entre correlación y causación del nivel de precios y la cantidad de dinero que da pábulo a la versión popular.

La relación observada en el primer gráfico entre cantidad de circulante (M3) (o diversos agregados monetarios) y el nivel de precios (IPC) para la argentina es un dato que nadie puede negar desde que en una economía moderna las transacciones se pagan con dinero. La dificultad reside en demostrar la fortaleza de la cadena causal entre las variables en una dirección (de M a P) y no en otra (de P a M).
Por caso, con la misma lógica que subyace en este tan extendido aserto monetarista, el siguiente gráfico podría ser leído con la implicación que la inflación (IPC) genera crecimiento (Pib).




Gráfico 2 Fuente: Ferreres, 2010 anual 1980-2013


En economía, como en otras disciplinas, aún con altísima correlación, como sugieren los gráficos, las causalidades suelen resultar espurias[1] o sin sentido y por ello no es tan simple demostrar una hipótesis. Ese es el caso de la tan difundida interpretación monetarista de la inflación.

Frecuentemente diversos analistas económicos, trocan confusamente a la demanda en general y al gasto público en particular por el acto de “emisión monetaria”, como si el acto mismo de emitir moneda tuviese alguna acción causal per sé.

Omitiendo entonces que la acción del banco central normalmente obedece a las demandas de los agentes privados y públicos, conformando lo que actualmente en todo el mundo -academia y bancos centrales- se considera como endogeneidad del dinero (aún en los casos donde la base monetaria resulte parcialmente exógena).

En efecto, aún las explicaciones, que distan de ser heterodoxas, como las de Blinder (1997), Taylor (1999) y Romer (2000), han definido un “nuevo consenso” macroeconómico donde el dinero es “endógeno” y donde los bancos centrales sólo determinan la tasa de interés efectiva a la que prestan dinero pero no controlan el dinero en circulación. De esta forma, el nuevo consenso macroeconómico reconoce que la tasa monetaria de interés no está determinada por la productividad de los factores de producción, sino fijada exógenamente por el banco central.

Desde una visión alternativa a la convencional, aca, aca y aca el dinero también es endógeno y la tasa de interés exógena. En efecto, la creación monetaria está basada en la demanda solvente de crédito (los bancos centrales no obligan a los bancos privados a prestar a insolventes como podría llegar a deducirse del planteo monetarista de un multiplicador monetario). Por lo que la causalidad esgrimida para la inflación es la inversa: mayores precios impulsados por mayores costos, implican mayores cantidades de dinero.[2]


Correlación empírica no es causación teórica


Es más, aún si aceptáramos dicha explicación de “emisión” arbitraria y exógena por parte del banco central, no aparecen claros los canales causales por los cuales dicho incremento de dinero haría subir el nivel de precios. Incluso si la hipótesis de exogeneidad del dinero supusiera inflación por “exceso de demanda” con la idea del dinero como un bien más, dicha explicación fallaría en no tener en cuenta que:

1-las economías capitalistas transitan un normal estado de uso no pleno de su capacidad productiva ni de recursos;
2-en dichas economías se manifiesta una oferta flexible a los aumentos de la demanda (el producto potencial se mueve con el producto efectivo); ACA
3-existen canales de esterilización, por los cuales los bancos centrales regulando las tasas de interés logran vender bonos y letras del tesoro;
4-y finalmente, en el caso específico de nuestro país, que hoy transitamos por niveles mínimos en los últimos años del grado de utilización de la capacidad productiva.

Lo que en el actual contexto económico de nuestro país sí podría suceder es que un “excedente de pesos no deseados” puede probablemente volcarse hacia activos como la compra de divisas y lograr en algún caso agudizar la restricción externa. En ese sentido, el exceso monetario en pesos, podrá generar alza de precios sólo si presionara sobre las reservas del banco central, (compra de divisas o mayores importaciones inducidas) y lo obligara a una depreciación de la moneda doméstica. Pero otra vez, el canal inflacionario sería por costos (tipo de cambio) y no por “exceso de demanda”.

Existen por supuesto regresiones y correlaciones abonando la explicación alternativa donde mayores costos, implican mayores precios y por lo tanto una demanda de mayor cantidad de dinero. También existen para la Argentina (evidentemente, la puja distributiva entre salarios-tasa de ganancia y el tipo de cambio son los causantes de la elevación de costos que impactan sobre el índice de precios)[Aca]

Lo que debe quedar claro es que la causalidad sólo puede ser argumentada y fundamentada por medio de la teoría económica, en tanto cualquier resultado econométrico a lo sumo podrá ofrecer correlaciones sofisticadas, pero simplemente como sustento de una argumentación teórica coherente y cuya cadena causal sea plausible de ser observada.

Realizar afirmaciones de causalidad en base a regresiones y correlaciones sin elucidar los canales efectivos de transmisión, solo hace perdurar un diagnóstico equivocado de las causas de un fenómeno. Aunque como muchas creencias pueda ser avalado masivamente.

*Economista y Profesor de la Universidad Nacional del Luján

Original: El Economista
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