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El problema del valor y el precio en Marx I

El siguiente es un artículo traducido de la siguiente página http://critiqueofcrisistheory.wordpress.com/responses-to-readers%E2%80%94austrian-economics-versus-marxism/value-theory-the-transformation-problem-and-crisis-theory/ que trata sobre la teoría del valor-trabajo de Marx y la relación del valor de las mercancías con los precios de mercado de esas mismas mercancías.
Aquellos lectores que conozcan un poco de economía, ya sean marxistas o no, conocerán una discusión recurrente que surge al afirmarse que la teoría del valor de Marx no da cuenta de los precios de mercado de las mercancías. Es inusual que quienes afirman esto hayan leido El Capital, y tampoco parece estar en sus planes leerlo. Un poco para ahorrarles el trabajo, pero sobre todo para los genuinamente interesados en conocer el pensamiento real de Marx, es que presento el texto que sigue, en el que se demuestra la pertinencia de la teoría del valor-trabajo de Marx, para calcular tanto el valor como el precio.

También pueden leer el capítulo 3 de Valor, mercado mundial y globalización de R. Astarita, que trata el mismo tema.

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Teoría del Valor, el problema de la transformación y la teoría de la crisis


Esta respuesta le debe mucho al trabajo del profesor Anwar Shaikh de la New School, especialmente su ensayo de 1978 “Marx’s Theory of Value and the Transformation Problem” y su artículo de 1982 “Neo-Ricardian Economics: A Wealth of Algebra, A Poverty of Theory“


El problema de la transformación en la economía política

La ley del valor como fue desarrollada por la economía política clásica, sostenía que el valor de una mercancía está determinado por la cantidad de trabajo que, bajo las condiciones prevalecientes de producción, es necesario en promedio para producirla.

De acuerdo a los economistas clásicos el valor de una mercancía determina su precio natural, alrededor del cual fluctúan los precios de mercado, en respuesta a los cambios en la oferta y la demanda. Las fluctuaciones de los precios de mercado alrededor de los valores -o lo que viene a ser lo mismo, de acuerdo a la economía política clásica, precios naturales- regulan la distribución del capital entre las varias ramas de la producción.

En lo que concierne a los clásicos, el precio natural (para usar la terminología de Adam Smith) o el costo o el precio de producción (para usar la terminología preferida por Ricardo) era idéntico al valor de la mercancía. (1)

Supongamos que se produce demasiado grano y no suficientes zapatos. El precio de mercado del grano caerá por debajo de su precio natural o valor, mientras que el precio de mercado de los zapatos se elevará por sobre su valor o precio natural. Los capitalistas invertirán entonces menos capital en la producción de grano, donde los beneficios serán menores a la tasa media de beneficio o incluso negativos, y más en la producción de zapatos, donde los beneficios serán mayores a la tasa media de beneficio.

Mientras cada capitalista individual busca beneficios extraordinarios -beneficios superiores a la tasa media de beneficio- la tasa de beneficio tenderá a nivelarse entre las varias ramas de la producción. Al mismo tiempo, los varios tipos de mercancías serán producidas en las proporciones necesarias para satisfacer las necesidades de la sociedad. Todo esto es logrado sin ningún tipo de gestión centralizada de la economía.

El principio central que emerge de la economía política clásica, es que mientras que todos sean libres de desarrollar sus intereses materiales individuales, el bien común emergerá gracias a la operación de la ley del valor-trabajo de las mercancías. Esto se convirtió en la principal doctrina del liberalismo económico.

Sin embargo, ya Adam Smith se había percatado de que la ley del valor así formulada está en aparente contradicción con la tendencia de la competencia a igualar la tasa de beneficio. Bajo la presión implacable de la competencia, ningún capitalista individual puede permitirse conformarse con una menor tasa de beneficio, si se puede conseguir una tasa de beneficio más alta. Cada capitalista, bajo pena de bancarrota, debe procurarse la tasa de beneficio más alta posible. (2)

Asumiendo que no haya barreras al libre flujo de capital entre las varias ramas de la producción -esto es, libre competencia o, como lo llamó Adam Smith, "libertad perfecta"- la competencia entre capitales tenderá hacia una situación en la que los capitales de igual tamaño ganen iguales beneficios en iguales periodos de tiempo.

Pero esto lleva a una contradicción. Los capitales que emplean una cantidad de capital fijo mayor a la media, tienen periodos de retorno más largos que aquellos que emplean una cantidad menor de capital fijo en promedio. ¿Pero acaso las ramas de producción con periodos de retorno de su capital más largos que el promeido no tienen que cobrar -el resto permaneciendo igual- precios más altos que los capitales de aquellas ramas de la industria con un periodo de retorno más corto que el promedio? Si así no fuere, los capitales con diferentes periodos de retorno no pueden realizar beneficios iguales en iguales periodos de tiempo.

El problema de los vinos finos añejados en baúles de roble

Un ejemplo frecuentemente utilizado para ilustrar al capital con un periodo de retorno largo, es el del vino fino añejado en viejos baúles de roble a lo largo de muchos años. Mientras el vino descansa en los baúles, parece estar acumulando "interés", a la manera en que sucede con el dinero en una cuenta de ahorros de alto rendimiento, aunque no esté absorbiendo trabajo humano adicional alguno.

Los economistas burgueses modernos argumentan que esto muestra que la ley del valor- trabajo no puede ser verdadera. De acuerdo a ellos, el trabajo que el vino absorbe a través del proceso de producción, al añadírsele el "interés" que el vino gana mientras se añeja en viejos baúles, prueba que el vino y los baúles también están produciendo valor. De hecho, ¿no es verdad acaso que los vinos añejados por muchos años son más caros debido a este "interés" acumulado?

Desde los días de Adam Smith, casi todas las escuelas de economía —la clásica, la marxista, y la marginalista, aunque los marginalistas dirán igual tasa de interés en lugar de tasa de beneficio- han aceptado esta ley económica básica. Pero porqué existe una aparente contradicción entre la determinación de los valores de las mercancías por la cantidad de trabajo necesaria para producirlas, por un lado, y la tendencia de la tasa de beneficio a igualarse, por el otro?

El problema de la transformación en Marx

La aparente contradicción entre la ley del valor-trabajo y la tendencia de la tasa de beneficio a igualarse, se ve agudizada aún más en la transición desde la economía política clásica a la economía de Marx tal como fue desarrollada en el Volumen I de "El Capital".

A diferencia de los economistas clásicos, Marx distinguía entre capital constante -capital fijo y materias primas y auxiliares, por un lado, y capital variable -fuerza de trabajo- por el otro. Recordemos que para Marx, sólo el trabajo vivo, capital variable, produce valor y plusvalor. El capital constante, en contraste, sólo puede transferir su valor existente a las mercancías que ayuda a producir.

Supongamos que una rama de la producción emplea $50 de capital constante —depreciación de máquinas y materias primas y auxiliares- y $50 para salarios para producir una mercancía individual. Abstrayendo las fluctuaciones de los precios de mercado alrededor de los valores, asumimos que las mercancías se venden a sus valores-trabajo. Asumamos que la tasa de plusvalor es de 100 por ciento. Esto es, cada trabajador trabaja la mitad del tiempo para sí mismo y la mitad para su jefe. Tenemos que 50C + 50V + 50S = 150. La tasa de beneficio será del 50 por ciento.

Asumamos que otra rama de la producción emplea $75 en valor de capital constante y $25 en valor de capital variable para cada mercancía individual producida. Asumamos otra vez una tasa de plusvalor del 100 por ciento. Tenemos que $75C + 25V + 25S = 125. Por lo tanto, asumiendo otra vez que las mercancías se venden a sus valores, la tasa de beneficio es de sólo 25 por ciento. (3)

Sin embargo, bajo la presión abrumadora de la competencia, ningún capitalista puede permitirse invertir en una rama de la industria en la que la tasa de beneficio es de 25 por ciento, si este capitalista puede invertir con igual facilidad en una rama en la que la tasa de beneficio sea de 50 por ciento. Por lo tanto, el precio natural, para usar la terminología de Adam Smith, alrededor del cual fluctúan los precios de mercado, no estará determinado por la cantidad de trabajo socialmente necesario para producir las mercancías.

La solución de Smith al problema de la transformación

Adam Smith reaccionó al problema de la transformación, retirándose de la ley del valor-trabajo en muchos pasajes de su "La Riqueza de las Naciones". En su lugar, sugirió que en una sociedad capitalista regulada por la tasa media de beneficio, el precio natural o valor, podría determinarse simplemente sumando los ingresos básicos ganados por los diferentes miembros de la sociedad: salarios del trabajo, beneficio del stock -capital- y renta de la tierra. (4) Esencialmente, Smith proclamó que la ley del valor-trabajo se aplicaba sólo en una economía de producción simple de mercancías, en la que los productores fueran dueños de sus propios medios de producción.

Para una sociedad capitalista, Smith sugirió una teoría del valor del costo de producción. El valor de una mercancía estaba determinado por la suma de los salarios, beneficios y rentas incluidos en su producción. Adam Smith pudo hacer esto sólo porque ignoró el capital constante, omisión que consideró legítima porque el capital constante siempre podía reducirse a los salarios en el "análisis final".

Esta teoría del valor del costo de producción fue suficiente para los economistas que dominaron la economía política entre la muerte de Ricardo en 1823 y la llamada revolución marginalista de los 1870s.

Ricardo y el problema de la transformación

David Ricardo estuvo de acuerdo con Adam Smith en que el valor de una mercancía era el precio promedio alrededor del cual fluctuaba el precio de mercado de acuerdo a los flujos y reflujos de la oferta y la demanda de esa mercancía. Pero mientras que la visión de Ricardo era mucho más estrecha que la de Smith, también era mucho más lógica. A Ricardo simplemente, no le gustaban las contradicciones lógicas.

Mientras que Smith podía moverse de una teoría del valor a otra dentro de su "La Riqueza de las Naciones" como le conviniera en cada momento, Ricardo buscaba consistencia. Aunque bien al tanto de las contradicciones de la ley del valor-trabajo de Smith, se esforzó de todos modos para usar la teoría del valor trabajo consistentemente.

Pero Ricardo no fue capaz de resolver las contradicciones de la teoría clásica del valor-trabajo, en mayor medida que Adam Smith. A diferencia de Smith, sin embargo, él consideró que las aparentes contradicciones de la teoría del valor-trabajo podían ser resueltas, y esperaba que un sucesor pudiera lograrlo. Tal sucesor no fue, sin embargo, un economista político, sino un representante de la clase trabajadora que se erigió en oposición a toda la economía política burguesa. (5) Su nombre era Karl Marx.

Marx y el problema de la transformación

Marx desarrolló la ley del valor-trabajo mucho más allá del nivel alcanzado por cualquiera de los economistas clásicos, incluyendo a Ricardo. Junto a su teoría del plusvalor, que al distinguir entre trabajo y fuerza de trabajo explica cómo el plusvalor surge cuando cuando iguales cantidades de trabajo incorporadas en mercancías son intercambiadas por iguales cantidades de trabajo, el mayor avence de Marx en la economía por sobre la economía política clásica fue su descubrimiento de las categorías de trabajo concreto, que produce valores de uso, y trabajo abstracto, que produce valor. (6)

Esto no es la cosa más fácil de entender y explica porqué para aquellos que abordan "El Capital" por primera vez -o la segunda o la tercera vez- los primeros tres capítulos son tan difíciles. Especialmente para aquellos que no estén entrenados en filosofía y lógica, los primeros tres capítulos representan un verdadero desafío. (7) Pero una vez que al concepto de trabajo le son abstraídas todas sus características específicas, como trabajos con diferentes calificaciones, trabajos que producen distintos tipos de valores de uso, o aún trabajos de obreros individuales a diferentes horarios (por ejemplo, antes y después de la taza de café matutina), obtenemos el trabajo humano como tal, como pura sustancia social homogénea.

Es el trabajo abstracto lo que hace posible equiparar diferentes tipos de valores de uso materiales, tales como manzanas y naranjas, entre sí en el proceso de intercambio. La abstracción ocurre no sólo en las páginas de "El Capital" sino de manera inconsciente, cuando las mercancías con valores de uso cualitativamente diferentes, son sin embargo intercambiadas y por lo tanto equiparadas unas con otras. Deben tener algo en común, o sino no podrían ser equiparadas entre sí, ¿pero qué es eso en común?

Marx razona en los tres primeros capítulos de "El Capital" que las mercancías que son tan diferentes en términos de sus valores de uso materiales deben, igualmente, compartir una cualidad en común. Esa cualidad en común es que todas son productos del trabajo humano.

No el trabajo concreto que las produce, por ejemplo el de un metalúrgico, o el trabajo de un joyero, o el de un pocero, sino la cualidad que todas las formas de trabajo tienen en común. Esto es trabajo humano en abstracto, dejando de lado todas las características que distinguen una hora de trabajo concreto de otra hora de trabajo concreto.

La habilidad o falta de ella del trabajador individual, la salud del trabajador, si el trabajador tomó su café matutino, el momento del día en que el trabajo es realizado, y todo por el estilo, son abstraídos. Dejamos todo esto afuera y todo lo que distinga una hora de trabajo humano de otra, y tendremos una hora de trabajo abstracto. Esto, explicó Marx, es la sustancia social pura -no sustancia física- del valor que todas las mercancías tienen en distinto grado.

Una vez que el valor es reducido a una sustancia social homogénea, puede ser medida por una unidad de tiempo en común. Cuanto más trabajo abstracto contiene una mercancía, más valor tiene. En términos de valor, las mercancías difieren cuantitativamente entre ellas, pero son cualitativamente similares.

Esta teoría del valor representó un enorme avance sobre la teoría del valor de Ricardo. A diferencia de la teoría ricardiana, hizo posible una teoría consistente del valor y el precio. Marx pudo mostrar que el trabajo abstracto que representa una mercancía, funciona como la medida inmanente -medida interna- del valor de la mercancía.

Pero la cantidad de trabajo abstracto que una determinada mercancía representa, nunca puede ser conocida directamente por los productores -ni siquiera aproximadamente- una vez que la producción y el intercambio de las mercancías se han desarrollado más allá de sus etapas primarias.

Por lo tanto, Marx distinguió entre valor y valor de cambio en tanto forma del valor. Los economistas clásicos sólo habían distinguido entre valor de uso y valor de cambio. Llendo más allá de la teoría clásica burguesa del valor de cambio, Marx hizo una distinción entre valor medido en términos de una cierta cantidad de trabajo abstracto - su medida inmanente-, y el valor de cambio en el cual el valor de una mercancía se mide en términos del valor de uso de otra mercancía (la que se usa como equivalente universal, por ejemplo, el oro, que se mide por su peso, N. del T.). Esto lleva directamente a la teoría del dinero y el precio de Marx.

Entonces, en el modo de producción capitalista, que es la forma más alta de producción de mercancías, en el cual la fuerza de trabajo se ha vuelto una mercancía, el valor sólo puede tomar la forma de valor de cambio. (8) Antes de Marx, el valor y el valor de cambio eran usados como sinónimos. Pero Marx mostró que en realidad son bastante distintos. El valor de cambio de una mercancía particular —la forma relativa de la mercancía- siempre debe ser medida en términos del valor de uso de otra mercancía —la forma equivalente.


El oro no es dinero por naturaleza, pero el dinero es por naturaleza oro.

Mucho antes del ascenso de la producción capitalista, la producción de mercancías surgió del intercambio aleatorio de diferentes productos del trabajo humano. A medida que este proceso se desarrollaba, una o a lo sumo unas pocas mercancías emergieron como equivalentes universales. A lo largo de miles de años de producción e intercambio de mercancías, el oro ha probado ser el mejor dinero-mercancía. No sólo contiene una gran cantidad de valor en una relativamente pequeña sustancia física. En su forma de lingote, el oro es extremadamente homogéneo, dado que es un elemento químico, no un compuesto.

Además, debido a sus propiedades químicas naturales, el oro no se corroe. Por añadidura, como un simple valor de uso material, el oro no cambia cualitativamente durante la historia de la producción. Una onza de lingotes de oro producida en los días de Adam Smith es idéntica a una onza de lingotes de oro producida hoy, aún si el método de producirla desde la materia prima y la cantidad de trabajo humano abstracto que una cantidad de oro representa, han cambiado drásticamente.

Esto mismo no puede decirse de los valores de uso de la mayoría de las otras mercancías. (...)

Además de su invariabilidad como valor de uso material, un lingote de oro puede ser dividido en barras más pequeñas, o ser derretido y combinado en barras mayores. Por lo tanto, así como el trabajo humano abstracto es divisible en tanto sustancia social, también lo es el oro en tanto sustancia física. Por estas razones, como dijo Marx, el oro no es por naturaleza dinero, pero el dinero es por naturaleza oro.

Una vez que emerge un equivalente universal -asumiré aquí que el oro es este equivalente universal- el lingote de oro en su valor de uso material se vuelve la medida de los valores de cambio de las demás mercancías. Los valores de cambio son por lo tanto medidos en términos del valor de uso del lingote de oro -esto es, en términos del peso del lingote de oro. No sólo las mercancías individuales sino también las más complejas formas de la mercancía -riqueza en una sociedad capitalista- tales como capital, precios, rentas, interés y el beneficio empresario, están todas medidas en términos de dinero, esto es, en términos de peso del lingote de oro.

Como toda mercancía, una cierta cantidad de oro en lingote representa en cualquier punto en el tiempo, una cantidad dada de trabajo humano abstracto. A diferencia del trabajo social incorporado en otras mercancías, el trabajo humano abstracto incorporado en un lingote de oro no tiene que demostrar su naturaleza social al ser intercambiado por una suma de dinero. A diferencia de las otras mercancías, el lingote de oro ya es dinero. No tiene que mostrarse como riqueza social mediante su venta en el mercado.

Precio directo

Tradicionalmente, los marxistas desde el propio Marx en adelante, se han referido a menudo a una mercancía siendo vendida "a su valor". No hay nada malo con esta expresión usada como abreviación, mientras se sepa exactamente lo que significa. Pero pocos marxistas después de Marx han sabido exactamente qué se quiere decir con esta expresión. Muchos marxistas tienen una visión del valor más o menos idéntica a aquélla desarrollada por la economía política clásica, más bien que el entendimiento mucho más sofisticado del valor que fue desarrollado por Marx.

En pos de una mayor claridad, voy a seguir a Anwar Shaikh en su reemplazo de la terminología tradicional de una mercancía vendida a su valor, por la terminología de una mercancía vendida a su precio directo. Si una mercancía se vende a su precio directo, quiero decir que el valor del precio de una mercancía es idéntico al valor de la mercancía en sí propia (valor-trabajo, N. del T.). Dado que el precio es siempre una cantidad de oro en lingote medido en términos de su peso -asumiendo que el oro es el dinero-mercancía- el precio siempre tiene su propio valor independiente de la mercancía por la cual es intercambiada o cuyo valor está midiendo.

O lo que viene a ser lo mismo, el precio directo de una mercancía es el precio al cual la cantidad de trabajo abstracto incorporado en el lingote de oro representado por ese precio, es exactamente igual a la cantidad de trabajo abstracto incorporado en esa mercancía.

Usos de los precios directos

El valor del precio de una determinada mercancía puede en teoría ser idéntico al valor de esa misma mercancía, pero en la práctica casi nunca lo es. Aún así, el asumir que los valores de las mercancías y los valores de sus precios son idénticos -esto es, que todas las mercancías se venden a su precio directo- es una poderosa herramienta analítica para el análisis de los secretos de la economía capitalista. Esto es especialmente cierto en el análisis de la naturaleza y origen del plusvalor, la cuestión más importente de toda la economía. Pero también es una poderosa herramienta para analizar otras relaciones.

Precio de mercado

Este es el precio en sentido cotidiano del término. Es lo que figura en la etiqueta y lo que se paga en la caja registradora. El precio de mercado puede, y casi siempre está, por encima o por debajo del precio directo. Sólo existe una mínima posibilidad de que el precio que uno ve en la etiqueta sea realmente igual al precio directo de una mercancía dada.

En los días en que empecé a leer a Marx y Engels, en lugar de a los trabajos de vulgarización de sus ideas, me extrañó cuando Marx -o Engels- escribían que las mercancías casi nunca se intercambiaban a sus valores -o en nuestra terminología, a sus precios directos. Como yo lo entendía, la esencia de la economía marxista era que los precios de las mercancías eran determinados por sus valores. Y los valores eran a su vez determinados por la cantidad de trabajo socialmente necesario, requerido para producir las mercancías.

¡Y he aquí que Marx (o Engels) parecían estar rechazando la teoría del valor-trabajo por la cual Marx era tan famoso! Ya había sido suficientemente complicado aprender que los precios de las mercancías están determinados por la cantidad de trabajo socialmente necesario para producirlas. ¡Y ahora los maestros decían que no lo estaban! Si lo que estaba leyendo no llevara la firma de Karl Marx o Frederick Engels, habría estado seguro de estar leyendo el trabajo de un peligrosos revisionista.

Al principio, mi reacción fue la de borrar de mi mente estos pasajes de apariencia extravagante, ya que parecían contradecir a la misma "economía marxista" que yo intentaba dominar. Ahora me doy cuenta de que en aquellos tempranos días mi propia teoría del valor estaba bastante cerca de aquélla de los economistas clásicos, pero aún a bastante distancia de la teoría del valor desarrollada por Marx. Fue un buen primer paso hacia el entendimiento de la teoría del valor de Marx, pero nada más. Aún estaba a una gran distancia de comprenderla por completo.

Precio de producción

El precio de producción es la cantidad de oro en lingote por el cual una mercancía sería intercambiada, si la tasa de beneficio en todas las ramas de la industria capitalista fuera igual. (...) Esto es, si por doquier, los capitales de igual tamaño -medidos en términos de peso de oro en lingotes- ganan los mismos beneficios - medidos taambién en términos de peso de oro en lingotes- en iguales periodos de tiempo.

En el mundo real, esto nunca será así. Aún si un capital particular -empresa capitalista- realmente gana la tasa promedio de beneficio, esto ocurre casi con seguridad porque está comprando algunos de sus insumos a precios que se desvían de sus precios de producción ya sea hacia arriba o hacia abajo. La tendencia hacia la igualación de la tasa de beneficio es sólo una tendencia, aún en una economía basada en la "libre competencia".

Pero es una tendencia importante, como correctamente lo entendieron los economistas clásicos. Con los precios de producción, como opuestos a los precios directos, empezamos a acercarnos a la superficie de la vida económica. La tasa promedio de beneficio existe en las mentes de los capitalistas del día a día, como la "tasa de valla", la mínima tasa de beneficio que debe esperarse -aunque nunca haya certeza de que pueda realizarse- por debajo de la cual ninguna nueva inversión se llevará a cabo, en una rama industrial dada.

El capitalista del día a día, para hacer una suposición informada acerca de si una inversión propuesta va a realizar la "tasa de valla", tendrá que hacer una estimación informada del precio que el mercado va a sostener y aún ser capaz de realizar al menos la "tasa de valla". Este precio más o menos se va a corresponder con el "precio de producción".

Salarios de la fuerza de trabajo y precios de producción

La fuerza de trabajo, la única mercancía que produce plusvalor, no es de hecho producida de manera capitalista. Por lo tanto no tiene precio alguno de producción como tal, aunque tiene tanto un valor como un precio -el salario. Pero en la medida en que las tasas de beneficio se igualan, y los precios de mercado se acercan a los precios de producción, estos precios de producción determinarán el salario. Si los precios de mercado de hecho igualaran los precios de producción de las mercancías, el valor del precio de la fuerza de trabajo que un obrero vende al capitalista, se desviaría por lo tanto un poco de lo que sería si el obrero comprara las mercancías necesarias para reproducir su fuerza de trabajo, a sus precios directos.

El oro y los precios de producción

Una complicación subsiguiente involucra al lingote de oro mismo. Un lingote de oro de cierto peso, asumiendo sus funciones como dinero, carece de precio, en cambio sólo tiene un valor medido en términos de la cantidad de trabajo abstracto que es necesario para producirlo. Dado que el lingote de oro no tiene precio de ningún tipo, tampoco tiene precio de producción.

Pero si la composición orgánica y el periodo de rotación del capital involucrados en la producción de oro se desvían del promedio, el oro se intercambiará con otras mercancías a una tasa algo diferente de lo que sería si la composición orgánica y el periodo de rotación del capital no se desviaran del promedio.

También existen otras complicaciones. Por ejemplo, podemos asumir que los capitalistas industriales que producen oro en lingotes, compran sus insumos a precios de producción y no a precios directos, y que sus obreros compran sus medios de subsistencia que reproducen su fuerza de trabajo, a precios de producción y no a precios directos.

También es probable que los capitalistas industriales que producen oro en lingotes a través de la extracción y refinamiento del oro, se conformen con una tasa de beneficio algo menor que la promedio, ya que su riesgo es también menor. Ya tienen dinero en cuanto producen el lingote, no tienen que preocuparse por venderlo.

Voy a evitar las complicaciones derivadas de la renta del suelo que otorgan las tierras que contienen oro, ¡para que esta respuesta no se convierta en un libro más largo que el Volumen III de "El Capital"!

Si después de tomar en consideración todos estos elementos perturbadores, el oro se intercambia con las mercancías a una tasa inferior a la que prevalecería si las mercancías de hecho se vendieran a sus precios directos, entonces la suma total de los precios de las mercancías en términos de oro en lingotes será mayor de lo que sería la suma total de los precios en lingotes de oro si los precios de hecho se correspondieran con los precios directos.

Si el caso fuera el inverso, la suma de los precios de las mercancías en términos de lingotes de oro sería algo menor a lo que sería si las mercancías se vendieran a sus precios directos.

En "El Capital" Marx trabajó esencialmente con tres tipos de precios: precios directos, precios de producción, y precios de mercado. ¿Cuál de estos tres tipos de precio usó Marx en "El Capital" y otros lugares en sus escritos maduros (es decir, cuál en cada caso, N. del T.)? Todo depende del contexto en que Marx estuviera escribiendo.

Cuando Marx escribió acerca de cómo la crisis de 1857 o la Guerra de Secesión estadounidense afectaron los precios del algodón, una cuestión vital para Inglaterra en aquellos días, usó precios de mercado.

Cuando lidió con la cuestión de la renta diferencial, usó precios de producción. Cuando lidió con la renta absoluta, usó precios de producció y precios directos. (9)

Pero cuando tuvo que explicar la cuestión más importante de la economía política, el origen y naturaleza del plusvalor, encontró absolutamente necesario el uso de los precios directos.

Si uno intenta analizar los orígenes del plusvalor -beneficio y renta- en términos de precios de producción, parecerá que el trabajo muerto -capital constante- produce plusvalor. Ya vimos esto al ver el problema de vino fino añejado en viejos baules de roble. Cuando usamos precios de produción, parecería que el añejamiento del vino y los viejos baules de roble están produciendo considerables cantidades de plusvalor. Pero Marx ya se dió cuenta de que esto era una ilusión. Por esto es que Marx no usó precios de producción para analizar los orígenes y la naturaleza del plusvalor. Efectivamente, los precios de producción esconden la real naturaleza del plusvalor.

La mayor diferencia entre la economía científica -tanto la escuela clásica como Marx- y lo que Marx llamó economía vulgar, es que la economía vulgar comienza con la "tasa de beneficio uniforme" y precios de producción, dado que ésa es la manera en que las cosas se le presentan a los capitalistas involucrados en la competencia diaria en el mercado, y así es como funciona el mundo real después de todo. La economía científica -especialmente la de Marx- comienza con valores y precios directos donde el valor de la mercancía se corresponde exactamente con el valor de su precio.*

Marx usó precios directos no sólo para explicar el plusvalor sino también para analizar la reproducción, tanto simple como ampliada, así como a la famosa tendencia decreciente de la tasa de ganancia. Esto es, usó los precios directos no sólo a lo largo de los Volúmenes I y II sino aún bien entrado el Volumen III también. Aunque los precios directos no son los precios que uno paga en el almacén, son un medio muy poderoso para analizar el modo capitalista de producción.

Sin embargo, los precios directos no son adecuados para lidiar con la cuestión de la renta diferencial y absoluta de la tierra. Por lo tanto, antes de abordar el problema de la renta, Marx tuvo que explicar los precios de producción. Esto llevó a Marx inevitablemente al problema de la transformación, el cual como vimos, no había sido resuelto por la economía política clásica.

La solución de Marx al problema de la transformación

En el Volumen III de "El Capital", Marx dió el primer paso en el desarrollo de un modelo matemático que ilustrara el proceso de la transformación de los precios directos a precios de producción. Como es siempre el caso con sus abstracciones, la transformación parcial de precios directos a precios de producción, es una herramienta poderosa para develar los procesos ocultos del modo capitalista de producción. Por ejemplo, si confundimos los precios directos con los precios de producción, como hicieron los economistas clásicos y la gente que recién aborda a Marx -como me ocurrió a mí mismo-, cometeremos significativos errores. Estos errores jugaron un rol clave en llevar a la caída de la economía política clásica.

En su solución parcial del problema de la transformación, Marx asumió que los insumos se venden a sus precios directos pero lo producido se vende a sus precios de producción. Marx mostró usando esta transformación parcial, que la transición de precios directos a precios de producción redistribuye el plusvalor desde las ramas que tienen una composición orgánica del capital menor al promedio, hacia las ramas que tienen una composición orgánica del capital mayor a la media. Las ramas de la industria con una composición orgánica del capital mayor a la media, venden sus mercancías a precios mayores a los precios directos de estas mercancías, mientras que aquéllas con una composición orgánica del capital inferior a la media, venden sus mercancías a precios menores a sus precios directos.

En el ejemplo de Marx, la masa y la tasa de beneficio en términos de precios directos es idéntica a la masa y la tasa de beneficio en su parcialmente transformado sistema de precios de producción. Este es un poderoso primer paso hacia el entendimiento de lo que sucede en la transformación de un sistema de precios directos a un sistema de precios de producción.

Sabemos que las ramas de la industria que tienen una composición orgánica del capital mayor a la media, venden sus mercancías a precios de producción, y por lo tanto asumimos como regla precios de mercado que están por encima de sus precios directos. Inversamente, las ramas de la industria que tienen una composición orgánica del capital menor a la media, también se ven forzadas a vender sus mercancías a precios de producción -y por lo tanto a precios de mercado que estarán por debajo de sus precios directos. Por lo tanto, ellos estarán entregando una porción del plusvalor que extraen de sus trabajadores, a los capitalistas que producen con capitales de una composición orgánica superior a la media.

Este resultado tiene implicaciones muy importantes en el análisis de los cambios en el sistema capitalista que hemos visto en recientes décadas. Vemos que la producción industrial se está moviendo cada vez más desde los países imperialistas de Norteamérica, Europa Occidental y Japón, hacia los países en donde el valor de la fuerza de trabajo es mucho menor, y por lo tanto la tasa de plusvalor es mucho más alta.

Las industrias que permanecen en los países imperialistas, tales como las manufacturas de chips de computadoras, tienen composiciones orgánicas de capital extremadamente altas y emplean muy pocos trabajadores. Por lo tanto, aún excluyendo toda la cuestión de los precios de monopolio, cada vez menos del plusvalor está siendo producido en los países imperialistas, y cada vez más está siendo producido en los países históricamente oprimidos.

De todos modos, la solución de Marx al problema de la transformación es sólo una solución parcial. Los modernos economistas burgueses que se especializan en "refutar a Marx" ven esto como una debilidad en la teoría marxista, que esperan usar para destruir el "sistema" de Marx por completo. Ellos hablan del "error" que Marx cometió en el Volumen III con su parcial transformación de precios directos a precios de producción. Esto se parece mucho al "error" que Marx cometió en el Volumen I cuando usó los precios directos para explicar los orígenes y la naturaleza del plusvalor, en vez de empezar con la tasa de beneficio uniforme y el "costo de producción" como hacen los economistas burgueses. En realidad, Marx estaba bien al tanto de que su solución era sólo parcial.

Completando la transformación de precios directos a precios de producción

Para completar el cálculo, hay que repetirlo, reintroduciendo en las ecuaciones los precios de producción parcialmente calculados en la primera etapa como insumos, y entonces recalculando los precios de producción una vez más. Cuanto más se repite esta iteración, ha sido probado matemáticamente, más los precios de producción que se obtienen, convergen hacia la solución correcta.

¿Entonces porqué es la transformación de precios directos a precios de producción, todavía tratada como un problema mayor de la teoría del valor marxista? ¿Y porqué los economistas burgueses todavía piensan que pueden usar la transformación para "refutar" a Marx?

Mientras se asuma que todas las mercancías son usadas como insumos -que reingresan al proceso de reproducción- no sólo uno ha transformado los precios directos a precios de producción, sino que puede mostrar que la tasa y la masa de beneficio calculada en términos de precios directos es idéntica a la tasa y masa de beneficio calculada en términos de precios de producción -un resultado asombroso que no da cabida alguna a los "refutadores" profesionales de Marx.

¿Pero qué hay de las mercancías que no entran al proceso de reproducción? Esto es, ¿qué hay de los bienes de lujo -finos carruajes en el tiempo de Ricardo y yates de hoy, por ejemplo- que sólo son comprados por los capitalistas o sus allegados? ¿Y qué hay de los medios de destrucción que son producidos como mercancías por capitalistas privados pero son comprados por el estado? Las bombas que el gobierno de EE.UU. está lanzando en Pakistán, Afganistán, Irak, y otros países, ciertamente no están reingresando en el proceso de producción. Son simplemente medios de destrucción.

En el mundo real, las mercancías de lujo que los mismos productores de las mercancías, los trabajadores, no llegan a consumir -más los medios de destrucción- forman una parte no despreciable de la masa total de la producción de mercancías en el capitalismo de hoy. Es aquí donde toda una serie de críticos de Marx, incluyendo a algunos socialistas bienintencionados que quieren "mejorar" la crítica marxiana de la economía política burguesa descartando su teoría del valor, y a algunos economistas burgueses que quieren "refutar" a Marx del todo, comienzan su ataque.

Una vez que las mercancías que no reingresan en el sistema de reproducción son tenidas en cuenta, la identidad absoluta entre la masa y la tasa de beneficio referida arriba, se rompe. En este caso, la masa y la tasa de beneficio sufren una cierta transformación cuando se cambia de un sistema de precios directos a uno de precios de producción. Probablemente no sea una transformación muy grande, ya que después de todo algunos bienes de lujo y militares tendrán precios de producción por encima de sus precios directos y otros por debajo, pero cierta transformación tanto en la masa como en la tasa de beneficio, ocurrirá de todos modos.

En este punto, los críticos de Marx proclaman, la ley del valor está refutada y debe ser abandonada. ¿Y qué crítico de Marx descubrió primero esta supuesta "falla" en el sistema de Marx? Ninguno. Fue el mismo Marx, como veremos abajo.

La historia del problema de la transformación


El problema de la transformación ha estado con nosotros de una forma u otra, desde los tiempos de Adam Smith. Cuando Smith ser encontró con la aparente contradicción entre la determinación de los precios naturales por la cantidad de trabajo socialmente necesario para producir las mercancías, y la tendencia de la competencia a igualar la tasa de ganancia, se retiró hacia una teoría vulgar del costo de producción, que no comenzaba con valores-trabajo, sino con la tasa uniforme de ganancia.

El problema con este "análisis del costo de producción" es que explica la determinación de los precios, por los precios. Es lo que los lógicos llaman argumento circular. ¿Cuál es el costo de producción de una mercancía? Pues es la suma de los precios de los insumos necesarios para producirla. Los precios son entonces determinados mediante los precios. Por lo tanto, en el trabajo de Smith, junto con los comienzos de un sistema de economía científica, también vemos un sistema de lo que Marx llamó economía vulgar. Ricardo entonces desarrolló el lado científico del sistema de Smith, mientras que los economistas vulgares —tales como J.B. Say, por ejemplo— desarrollaron el lado vulgar de Smith.

Con la muerte de Ricardo, cualquier progreso ulterior en el desarrollo de una economía científica con bases burguesas, llegó a un final. Los sucesores burgueses de Ricardo tomaron la economía ricardiana sin la teoría del valor-trabajo de Ricardo, un poco a la manera en que Smith lo había hecho en sus “pasajes vulgares” en “La Riqueza de las Naciones”. Estos economistas comenzaron con la tasa de ganancia uniforme y entonces derivaron los “costos de producción” alrededor de los cuales fluctúan los precios de mercado.


La revolución marginalista

Los marginalistas se encontraban incómodos con el razonamiento circular de la economía política post-ricardiana. En su lugar, desarrollaron una teoría del valor basada en la escasez relativa de valores de uso materiales, en relación a necesidades humanas subjetivamente determinadas. De esta manera, escaparon del “problema de la transformación” –o al menos eso creyeron. No por mera coincidencia, otra “gran ventaja” de la teoría marginalista del valor fue que el origen del plusvalor podía ser explicado a partir de la escasez de los factores de producción.

Sobre estas bases, los marginalistas probaron –al menos para su propio convencimiento, ya que no para el de los trabajadores conscientes- que la clase trabajadora no era explotada por la clase capitalista, mientras prevaleciera la libre competencia.

Cada factor de producción, explicaron los marginalistas, ganaba el valor de su producto marginal. Mientras prevaleciera la libre competencia —ningún monopolio como los sindicatos, por ejemplo— ningún factor explotaba a otro factor. Los trabajadores ganaban en salarios, exactamente el valor que producían, los capitalistas ganaban el valor que producían en forma de “interés” y los terratenientes —no debemos olvidarlos- ganaban el valor producido por la tierra en la forma de renta.


La historia moderna del problema de la transformación

En 1960, el economista ítalo-británico de izquierda Piero Sraffa (1898-1983) publicó un pequeño libro en el que había estado trabajando por décadas, “La producción de mercancías por medio de mercancías”.

Sraffa había emigrado a Gran Bretaña en los 1920s para escapar de la dictadura fascista de Mussolini, y pasó allí el resto de su vida. En su juventud, había sido un claro simpatizante del comunismo y la Revolución Rusa. Fue un amigo cercano de Antonio Gramsci, el fundador del Partido Comunista Italiano. Como emigrante anti-fascista en Gran Bretaña, fue acogido por John Maynard Keynes y por sugerencia suya se convirtió en el principal coleccionista de los escritos de David Ricardo. (10) Sraffa emergió como el pricipal estudioso de Ricardo en el mundo.

En “La producción de mercancías por medio de mercancías”, Sraffa no lidió con el “problema de la transformación” en la economía marxista ni con la ley del valor-trabajo de Marx —ni tampoco con la ley del valor-trabajo de Ricardo. En su lugar, su objetivo era el marginalismo “neoclásico”, que dominaba —y aún domina—los departamentos de economía universitaria.

El punto de partida de Sraffa no fue la economía marxista sino los propios supuestos de los marginalistas. Entre estas suposiciones se encontraba la de que bajo condiciones de libre competencia, la competencia lleva a la economía hacia un punto en que todos los capitales ganan una tasa de interés uniforme (Como expliqué en mis posts, los marginalistas reducen beneficio a interés).


La controversia capital de Cambridge

Sraffa demostró usando simples matemáticas, que el marginalismo se quiebra en términos de sus propias suposiciones. Los marginalistas estaban -y están— muy orgullosos de sus matemáticas. En que el marginalismo se quiebra matemáticamente, involucra el cambio de técnicas de producción trabajo-intensivas, donde se supone que el trabajo es más abundante que el capital, a técnicas capital-intensivas, donde el capital es más abundante que el trabajo.

Sraffa mostró que bajo ciertas condiciones, a medida que el capital se vuelve más abundante que el trabajo, ocasionando que los salarios aumenten y las “tasas de interés” –en realidad tasas de beneficio- caigan, ocurre un “reacomodamiento” desde técnicas capital-intensivas hacia técnicas trabajo-intensivas. Una reivindicación, dicho sea de paso, de las luchas de los sindicatos contra los jefes —un resultado que sin duda complació al izquierdista Sraffa, quien era simpatizante del movimiento sindical, aunque estuviera lejos de la vida real de la clase trabajadora en su ambiente académico en Cambridge.

Muchos de los economistas que enseñaban en Cambridge habían estado asociados a John Maynard Keynes y se inclinaban hacia la izquierda política. Estaban cada vez más disconformes con el marginalismo y les alegraba ver a Sraffa agujereando el sistema marginalista con sus simples matemáticas. En los años posteriores a la Segunda Guerra, los Estados Unidos, que en tanto principal potencia imperialista tenía un ambiente políticamente mucho más conservador que la Gran Bretaña de posguerra, ahora dominaba la economía marginalista. Era improbable que aunque sea unos pocos profesores de economía que enseñaran en universidades estadounidenses, desafiaran al marginalismo. El finado Paul Samuelson (1915-2009), un profesor de economía en el Instituto de Tecnología de Massachusetts, era reconocido como el líder del marginalismo norteamericano. Acudió a la defensa de la teoría marginalista contra el ataque lanzado por Sraffa contra ella.

Esto llegó a ser conocido como “La controversia capital de Cambridge”, porque involucró una disputa entre los economistas de Cambridge en Inglaterra liderados por Sraffa, y los economistas de Cambridge, Massachusetts, liderados por Samuelson. Samuelson era un economista fuertemente pro-capitalista que se describía a sí mismo como neo-Keynesiano. Apoyaba políticas monetarias exapansionistas y gasto deficitario durante los periodos de recesión, pero removió los elementos de la teoría de Keynes que entraban en conflicto con el marginalismo tradicional.


Los resultados de la ‘controversia de Cambridge’

Abajo en palabras de Samuelson estaba el resultado del choque entre los anti-marginalistas liderados por Sraffa de Cambridge, Inglaterra, contra los marginalistas liderados por Samuelson de Cambridge, Massachusetts.

“El fenómeno de retrotraerse, a una tasa de interés muy baja [en realidad tasa de beneficio—SW], a un conjunto de técnicas que habían parecido viables sólo a una tasa de interés muy altas, involucra dificultades más que esotéricas. Muestra que la simple historia contada por Jevons, Böhm-Bawerk, Wicksell y otros escritores neoclásicos —alegando que, a medida que la tasa de interés cae como consecuencia de la abstención de consumo presente en favor de consumo futuro, la tecnología debe volverse en algún sentido más ’roundabout’, más ‘mecanizada’ y ‘más productiva’— no puede ser universalmente válida [énfasis añadido—SW].” (“A Summing Up”, Quarterly Journal of Economics vol. 80, 1966, p. 568)

El marginalismo neo-clásico ahora tenía, como señaló Anwar Shaikh, su propio “problema de la transformación”. Se mostró como matemáticamente inconsistente. Hasta el día de hoy, los marginalistas no han podido tapar los agujeros hechos por Sraffa.

¿Pero acaso el libro de Sraffa contra los marginalistas, que comienza —como toda la economía vulgar— con una tasa de beneficio uniforme y precios de producción, sienta las bases para una nueva teoría científica de la economía capitalista que pudiera reemplazar no sólo al marginalismo sino también a la teoría marxista del valor? (11)

El economista socialista británico Ian Steedman, ahora profesor emérito de economía en la University de Manchester, respondió afirmativamente. En su libro de 1977 “Marx After Sraffa”, Steedman apoyó la afirmación de los críticos burgueses de Marx, de que el método marxiano de transformar precios directos en precios de producción era incorrecto. Una vez que los bienes de lujo y militares se tomaran en cuenta, señaló Steedman, la absoluta igualdad de la masa y la tasa de beneficio en términos de precios directos y en términos de precios de producción, se rompe. Lo que les importa a los capitalistas y por lo tanto explica las operaciones de la economía real, según Steedman, no es los valores de las mercancías, valores-trabajo de los que los capitalistas no son concientes de todos modos, sino el sistema del mundo real de precios de producción.

Steedman se inclinó fuertemente del lado de los “economistas vulgares”, que comienzan con la tasa de beneficio uniforme y los precios de producción. Empezar con los valores, afirmó Steedman, es redundante y lleva a serios errores en el análisis. Por lo tanto, Steedman urgió al movimiento socialista a abandonar a la ahora “refutada” ley del valor-trabajo en todas sus formas, clásicas así como marxistas, de una vez por todas.

Según Steedman, Sraffa mostró cómo es posible calcular precios de producción sin valores-trabajo y todos los problemas que acarrean. Sraffa, sostuvo Steedman, era el digno sucesor de Marx.

Por alguna razón, Steedman y su tendencia basada en Sraffa han llegado a ser conocidos como “neo-Ricardianos”. Esto es extraño, ya que el propio Ricardo sostuvo empecinadamente la ley del valor-trabajo, aún cuando admitió que existían contradicciones que no pudo resolver en su propia versión. Tal vez el término neo-Ricardiano proviene del hecho de que Sraffa era de hecho un estudiante de Ricardo que obviamente despreciaba al marginalismo.

¿Pero están los “neo-ricardianos” realmente haciendo avanzar a la economía más allá de Marx, o están meramente cayendo en el pantano de la economía vulgar post-ricardiana?

Lo que está en juego en el debate

Según Frederick Engels, el socialismo se convirtió en una ciencia con la teoría de Marx del plusvalor. Sin embargo, la teoría de Marx del plusvalor depende completamente de su teoría general del valor. Si la versión marxista de la teoría del valor-trabajo ha sido en verdad finalmente refutada por los “neo-ricardianos”, el socialismo científico está en ruinas, tanto como el marginalismo.

En tal caso, no hay por supuesto alternativa alguna más que comenzar el trabajo de construir una nueva teoría económica, tal vez basada en el trabajo de Sraffa. ¿Quién sabe adónde llevaría eso o qué conclusiones serían derivadas en última instancia? Tal teoría tendría que explicar no sólo la lucha de clases entre la clase trabajadora y la clase capitalista, sino que eventualmente tendría que proveer una teoría del imperialismo y, de especial interés para este blog, de las crisis capitalistas. Hasta donde puedo ver, los “neo-ricardianos”, basándose en Sraffa, han realizado un progreso notablemente escaso en esta dirección.

Mandel versus Shaikh

Dándose cuenta de la importancia de lo que estaba en juego, el marxista estadounidense Robert Langston se vio profundamente disgustado por las afirmaciones de Steedman y sus llamados “neo-ricardianos” de que finalmente habían localizado una falla fatal en la teoría económica del valor de Marx. Langston reunió a algunos de los economistas marxistas líderes de su tiempo, incluyendo a Ernest Mandel y al joven Anwar Shaikh. Se trasladó a Europa para trabajar con Mandel y otros en el problema. Desafortunadamente, Langston murió de un ataque al corazón a los cuarenta y cinco años, antes de que el proyecto pudiera dar frutos. Sin embargo, el proyecto de Langston sí logró llevar al libro “Ricardo, Marx, Sraffa”, publicado por Verso en 1984.

Aunque todos los que contribuyeron a este libro, incluyendo a Ernest Mandel y Anwar Shaikh, apoyaban la teoría del valor-trabajo marxista hasta el punto en que la entendían, contra Steedman, fueron incapaces de llegar a un acuerdo completo.

Ernest Mandel afirma en su introducción que aunque los varios contribuyentes intentaron armonizar sus visiones, fueron incapaces de lograrlo completamente. “Pierre Salama y yo argumentamos”, explicó Mandel, “que el principal propósito teórico de la solución de Marx al problema de la transformación en el tercer volumen de El Capital, era sostener una identidad combinada ,,, la identidad tanto de la suma de los valores [precios directos—SW] igualando la suma de los precios de producción, como de la suma del plusvalor [en términos de precios directos—SW] igualando la suma de beneficios [calculado en términos de precios de producción—SW].”

‘La contribución de Anwar Shaikh al presente volumen”, sigue Mandel, “mientras que comparte la posición de que el valor y el plusvalor sólo pueden ser creados por trabajo vivo en el proceso de producción, y que el beneficio se origina en el plusvalor, sin embargo concluye que la suma del beneficio puede y generalmente sucede que difiere de la suma de plusvalor.”

Esta crítica amistosa de Mandel a Shaikh parece pisar firmemente en el terreno del marxismo “ortodoxo”, pero en mi opinión, aquí Mandel está siendo más “marxista” que el propio Marx. Sucede que Marx estaba bien al tanto de los problemas señalados por Steedman, aunque esto ciertamente no llevó a Marx —o a su amigo Frederick Engels— a deshacerse de la ley del valor-trabajo, como urgen a hacerlo los “neo-ricardianos” de hoy en día. “Este fenómeno de la conversión de capital en ganancia debería ser notado, porque crea la ilusión [énfasis de Marx] de que la cantidad de beneficios crece (o en su contrario, decrece) independientemente de la cantidad de plusvalor”.

Aquí Marx anticipa toda la crítica “neo-ricardiana” de su teoría del valor-trabajo. Llamativamente, Marx apunta a la última solución al problema de la transformación que se encuentra en las líneas indicadas por Anwar Shaikh, y no al abordaje más estrictamente “ortodoxo” de Mandel.

En este libro, ni Mandel ni ningún otro de los contribuyentes pudo negar que la masa y la tasa de beneficio se ven de alguna manera transformadas durante la transición de un sistema de precios directos a un sistema de precios de producción. En este terreno, no pudieron refutar los puntos señalados por Steedman.

La solución de Shaikh al problema de la transformación

Mientras estemos tratando con mercancías que entran en la reproducción, no hay de hecho transformación alguna de la masa y la tasa de beneficio cuando nos movemos de la esfera del cálculo en términos de valor (en que se calcula en términos de horas de trabajo abstracto), a precios directos (en que se calcula en términos de pesos de oro en lingotes), y de precios directos a precios de producción (en que se calcula también en términos de pesos de oro en lingotes). Si un capitalista industrial gana al vender una máquina-herramienta por encima de su valor, los capitalistas industriales que compran esas máquinas herramientas perderán exactamente en el mismo grado en que el productor de la máquina-herramienta gana. Los capitalistas como un todo no ganan ni pierden. Es un juego de suma cero.

Lo mismo es cierto respecto a los medios de consumo consumidos por los (productores de plusvalor) trabajadores. La fuerza de trabajo que los capitalistas industriales compran a los trabajadores no es, hablando estrictamente, una mercancía producida "capitalistamente" y por lo tanto no tiene precio de producción. Pero podemos asumir que los trabajadores compran sus medios de subsistencia necesarios para reproducir su fuerza de trabajo, a sus precios de producción, no a sus precios directos.

Supongamos que los precios de producción de los medios de subsistencia comprados por los trabajadores están por encima de los precios directos de estos mismos medios de subsistencia. Los capitalistas industriales sufrirán una pérdida cuando compren la fuerza de trabajo de los obreros por encima de su valor -o más precisamente por encima de la suma de los precios directos de los medios de subsistencia- pero ellos recuperan lo perdido cuando venden los medios de subsistencia a los trabajadores a precios de producción superiores a sus precios directos. Lo que pierden con una mano, lo recuperan con la otra.

O podemos hacer la suposición contraria, de que los trabajadores compran sus medios de subsistencia a precios de producción menores a sus precios directos. El resultado aún será el mismo juego de suma cero. Lo que los capitalistas industriales ganan comprando la fuerza de trabajo a un precio menor a los precios directos de sus medios de subsistencia, lo pierden al vender los medios de subsistencia a los mismos trabajadores, a precios de producción menores a sus precios directos. Hasta ahora no hay problema. La tasa de beneficio en términos de precios directos siempre igualará la tasa de beneficio en términos de precios de producción.

¿Pero qué sucede con los bienes de lujo que sólo los capitalistas pueden comprar? Supongamos que los bienes de lujo que los capitalistas industriales producen, son vendidos a la mismo colectivo de la clase de capitalistas a precios de producción que de hecho están en promedio por encima de los precios directos de estas mismas mercancías de lujo. Los capitalistas realizarán en términos de dinero, un beneficio extra por encima del que hubieran realizado si hubieran vendido los bienes de lujo a sus precios directos. Pareciera que los capitalistas estuvieran realizando un beneficio parte del cual al menos, está siendo producido por algo distinto al trabajo no remunerado de la clase trabajadora.

¡Capitalistas felices!

Desafortunadamente para los capitalistas y sus economistas-refutadores-de-Marx -así como para sus seguidores socialistas tales como Ian Steedman- hay un problema.

Shaikh mostró —y Marx como vimos arriba, estaba ya al tanto del hecho— que lo que la clase capitalista gana en términos de beneficio cuando venden los bienes de lujo a precios de producción superiores a sus precios directos, lo perderán en términos de ingreso cuando compren estos mismos items de lujo a precios "inflados" -esto es, a precios de producción por encima de los precios directos. El beneficio extra que los capitalistas realizaron en términos de dinero, que no reflejó ningún trabajo no pagado realizado por la clase trabajadora, ¡es una pura ilusión monetaria!

Lo mismo es cierto en el caso contrario. Supongamos que los capitalistas se venden a sí mismos bienes de lujo a precios de producción inferiores a sus precios directos. Realizarán en términos de dinero una masa y tasa de beneficio menores de la que habrían tenido si hubieran vendido estos items a sus precios directos. Por lo tanto, ¿no está desapareciendo una cierta cantidad de plusvalor en la esfera de la circulación?

¡Capitalistas infelices!

Pero antes de sentirnos demasiado apenados por nuestros capitalistas, deberíamos darnos cuenta de que aquello que pierden cuando se venden bienes de lujo entre sí a precios de producción inferiores a sus precios directos, lo recuperan como consumidores, cuando compran estos mismos items de lujo a precios de producción de "ganga" por debajo de los precios directos. ¡La aparente pérdida que nuestros capitalistas sufren es otra vez, pura ilusión monetaria!

(...)

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Si te interesa la economía marxista:
http://www.correntroig.org/spip.php?rubrique15〈=ca
http://marianfeliz.wordpress.com/
http://rolandoastarita.wordpress.com/
http://critiqueofcrisistheory.wordpress.com/about/
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