About Taringa!

Popular channels

El Rey del Hielo - Historia de emprendurismo



Si pensás en abandonar tu Idea de Negocio, no te pierdas esta historia...El Rey del Hielo
EL NEGOCIO DEL HIELO


Cápsula 364 del 25 de Julo del 2009

Investigación y Guión: Conti González Báez


Hasta hace dos siglos, el hielo era tan sólo un desafortunado efecto del invierno. Pero a principios del siglo XIX, un hombre vio signos de dólar en estanques congelados.

Frederic Tudor ofreció al mundo los primeros vasos de agua fría en los calurosos días de verano y logró saciar una sed que la gente ignoraba que tenía.



En 1805, dos ricos hermanos de Boston, Massachusets estaban en un día de campo familiar, disfrutando los raros lujos de bebidas frías y helado.




En ese entonces, algunas familias pudientes mandaban cortar manualmente hielo de sus propiedades durante el invierno, el cual se almacenaba en pozos profundos para el verano.

Bromearon acerca de que serían la envidia de todos los colonos que estaban sudando en las Indias Occidentales, es decir, las Antillas y Bahamas en el Caribe.

Fue un comentario casual, pero uno de ellos, Frederic Tudor, se quedó pensando en eso. 30 años después, estaría embarcando cerca de 200 toneladas de hielo al otro lado del mundo, para convertirse en el "Rey del Hielo".

Nada en sus primeros años indicaba que podría inventar una industria. Teniendo los contactos y dinero para inscribirse en la prestigiosa Universidad de Harvard, dejó la escuela a los 13 años. Tras holgazanear durante algunos años, se retiró a la propiedad campestre de la familia para cazar, pescar y jugar a ser granjero.

Cuando su hermano William dijo en broma que deberían recolectar el hielo del estanque de la propiedad y venderlo en las Indias Occidentales, Frederic tomó la idea muy en serio. Después de todo, no tenía nada más qué hacer.

Convenció a William para asociarse en un proyecto para embarcar hielo de Nueva Inglaterra al Caribe. Pensaba que una vez que la gente lo probara, nunca querría vivir sin él.

Durante los siguientes seis meses, los hermanos juntaron dinero y establecieron planes para embarcar su producto a la isla francesa de Martinica, donde esperaban crear un monopolio de hielo.

Nadie creía que la idea pudiera funcionar. De hecho, ninguna embarcación en Boston aceptó transportar la inusual carga, por lo que Frederic gastó casi 5,000 dólares en comprar un barco propio.

El 10 de febrero de 1806, el periódico "The Boston Gazette" reportó: “No es broma. una nave con una carga de 80 toneladas de hielo ha partido de este puerto hacia Martinica. Esperamos que esto no resulte ser un chasco."

Lo fue. Aunque el hielo llegó a Martinica en perfectas condiciones, nadie quería comprarlo. Desesperado, Frederic Tudor explicó que los fríos bloques de hielo podían ser usados en el sofocante calor del Caribe, pero los isleños no fueron convencidos.

Después de este desfavorable inicio, su hermano William dejó la sociedad y se convirtió en escritor. Al invierno siguiente, Frederic estaba solo. Sin embargo, logró reunir suficiente dinero para enviar otro cargamento a las Indias Occidentales.



Pero cuando un embargo comercial dejó gran parte del Caribe inaccesible, no pudo hacer nada. Mientras tanto, la fortuna familiar de los Tudor se perdió en un malogrado trato de bienes raíces.

Pese a las calamidades financieras, Frederic Tudor persistió y su negocio de hielo finalmente tuvo ganancias en 1810. Una serie de circunstancias, incluyendo la guerra, el clima y préstamos a familiares, impidieron que se mantuviera en números negros.

El empresario estuvo tres veces en la prisión de deudores y pasó el resto del tiempo escondiéndose del alguacil. Pero seguía obsesionado con la idea de que el hielo lo haría rico.

Durante la siguiente década, desarrolló nuevas y efectivas técnicas para convencer a las personas de que necesitaban el hielo, incluyendo una primera muestra gratis.

Mientras vivía en una casa de huéspedes en Carolina del Sur, hizo un hábito el llevar una nevera con bebidas frías a la mesa del comedor. Los demás huéspedes siempre se burlaban al principio, pero tras un par de tragos quedaban encantados con su hielo.

Tudor viajó por todo Estados Unidos y convenció a los dueños de bares para que ofrecieran bebidas frías al mismo precio que las regulares, para ver cuáles se convertirían en las más populares.

También enseñó a los restauranteros a hacer helado y buscó a médicos y hospitales para convencerlos de que el hielo era perfecto para refrescar a pacientes con fiebre.

La verdad es que la gente no sabía que necesitaba el hielo, hasta que Tudor hizo que lo probara. Entonces se convirtió en una necesidad de la vida diaria.

En 1821, el negocio de Tudor estaba fortaleciéndose. Había creado una demanda real para su producto en poblaciones del Sur como Savannah, Charleston y Nueva Orleáns, además de La Habana, Cuba. Pero aún necesitaba refinar su operación.

Entonces conoció a Nathaniel Jarvis Wyeth, un innovador que se convirtió en su capataz en 1826. Usando un arado tirado por un caballo para cortar el hielo en grandes bloques, Wyeth inventó un método mucho más veloz para recolectarlo.



También creó un proceso de ensamble en el lugar. Los trabajadores aserraban los bloques para separarlos y luego los ponían en canales para que flotaran corriente abajo. Una banda transportadora los izaba del agua y los transportaba a las casas de hielo, donde eran apilados hasta una altura de 25 metros.



Aún con tal eficiencia, sólo el 10% del hielo recolectado llegaba a venderse. Y lo peor, toda la operación era increíblemente insegura. Además de esos enormes montones de hielo en precario equilibrio, las manos entumidas, los instrumentos filosos y las frígidas aguas hacían el proceso sumamente peligroso.



Los bloques de 130 kilos de hielo podían resbalar fácilmente, golpeando a los hombres y provocándoles serias fracturas. Los recolectores de hielo también desarrollaban problemas en las rodillas, que se raspaban y sangraban al empujar el hielo sólido.

Pese a esos inconvenientes, los ingeniosos métodos de Wyeth mejoraron notablemente las anteriores prácticas de recolección y la producción se triplicó. Con el inventor a su lado, Tudor aseguró su monopolio y fue conocido como el "Rey del Hielo".



La reputación de Tudor se consolidó en 1833, cuando embarcó 180 toneladas de hielo al otro lado del mundo, para los colonos británicos en Calcuta. La operación fue tan exitosa que reabrió rutas de comercio entre la India y Boston.

Para 1847, casi 52,000 toneladas de hielo viajaron por barco o tren a 28 ciudades de Estados Unidos. Casi la mitad provenía de Boston y la mayor parte era de Tudor.



Éste mantenía derechos para recolectar hielo en estanques clave a lo largo del estado de Massachusetts y lo exportaba a varios países de América, Europa y Asia.



El escritor Henry David Thoreau observó un día a los trabajadores en su famoso lago Walden Pond y escribió filosóficamente acerca de la escena en su diario:

“Los acalorados habitantes de Charleston y Nueva Orleáns, de Madrás y Bombay y Calcuta, beben en mi pozo... El agua pura de Walden es mezclada con el agua sagrada del Ganges.”

Frederic Tudor murió en 1864, finalmente rico otra vez. Para entonces, todos los que tenían acceso a un cuerpo helado de agua estaban en el exitoso negocio inventado por él.

Esa década se convirtió en la cúspide de la competencia por la recolección de hielo en Estados Unidos. Aún cuando durante la Guerra Civil el Sur fue privado del abastecimiento de hielo del Norte, la industria progresó en Nueva Inglaterra y el Medio Oeste.



La próxima vez que usted disfrute de un té helado o una cerveza bien fría en un día caluroso, agradezca ese pequeño placer al gran visionario que tuvo la idea de convertir el agua de un estanque congelado en dinero: Frederic Tudor



0No comments yet