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Gobierno para los humildes y gobierno para los capitalistas

Para los pobres, el populismo. Los CLAP, la agricultura comunal, los desfiles en los próceres, las ferias del pescado y mercados a cielo abierto, las transmisiones conjuntas, los programas neutrales, divertidos y distractores de Tves, los noticieros y la lucha libre política entre la MUD y Jorge Rodríguez, las opiniones complacientes de Mario Silva, En Tres y Dos, por ejemplo; las propagandas y publicidades oficiales, y todo lo que no sea conflicto o hablar con la cruda verdad. Luego están las OLP, las colas sostenidas, la economía subterránea, la lucha de "el todos contra todos" por los alimentos y las medicinas regulados; las marchas por la defensa de la patria y cuanta cosa haya que defender, todo menos marchar por la defensa del socialismo.

Para los capitalistas se gobierna con más seriedad. Para ellos son los diálogos, los dólares, las concesiones mineras; para ellos hay licencias, el lavado de los dólares robados al Estado, el control económico de la Zona Especial de la Faja del Orinoco, los estímulos impositivos; una sonrisa, una ventaja, una invitación, una mano extendida y franca.

El gobierno no necesita dialogar con los humildes ni con los obreros, ni siquiera con los chavistas críticos. No necesita dar muchas explicaciones sobre el otro gobierno, el que es para los capitalistas. A los críticos se los ignoran. Y los humildes no deben saber ni siquiera que existe un gobierno distinto, que conversa íntimamente con los capitalistas. Para evitar explicar eso usaremos un nombre largo, llamaremos a estos actos de gobierno, a estos pactos secretos, "La Venezuela Potencia está en marcha", o el "Este es el Nuevo modelo Económico". Si preguntan hablaremos de "se trata del Desarrollo de las Fuerzas Productivas". Nadie debe saber más que eso. Cuanto mucho le diremos que todo está dicho en el Plan de la Patria, sin dar muchas explicaciones.

Está prohibido dar explicaciones destalladas a los pobres sobre ningún asunto importante que concierna al socialismo y al destino de toda la sociedad. Está prohibido dar explicaciones a los humildes sobre a los asuntos que competen a los negocios con capitalistas "honestos" y chinos. Está prohibido hablar en los programas de opinión de todo lo que haya sido criticado o denunciado por chavistas radicales, o chavistas acusados de ultrosos. Está prohibido discutir el tema del "Arco Minero del Orinoco" en Televisión; de falsificación en el "Plan de la Patria"; de las reuniones con Shannon, con Kerry o con Obama.

En el gobierno para los humildes, la tv del Estado y la publicidad es solo para mostrar a nuestros ministros en la calle, entregando bolsas de comida, inaugurando comunas, cultivos comunales, talleres de producción comunal, viviendas, para promover en treinta segundos los "motores económicos", para divulgar las intervenciones enardecidas de la Canciller Rodríguez; las campañas de publicidad del Gobierno pare defender la soberanía y la patria en menos de un minuto; para insistir con las conspiraciones y trampas de la MUD y del Imperio. En los programas de opinión es obligado invitar a los chavistas más dóciles, jóvenes militantes, trabajadores, dirigentes comunales. Inclusive, está prohibido, que los dirigentes del partido o responsables del gobierno sean expuestos a las críticas de estos mismos humildes y honestos chavistas.

El gobierno para los capitalistas es más serio. Mientras que con los pobres los dirigentes llevan en el pecho los ojos de Chávez, aquí la formalidad es la clave de todo, va con el espíritu de burgués. Nuestros líderes gobiernan para ellos con trajes formales. Cuando se reúne el gobierno con los distintos "sectores empresariales" hay que llevar paltó y corbata. Perfume. Se gobierna en privado, y de los convenios y acuerdos resultantes en esas conversaciones exclusivas, nada se informa. O se informa de la manera más difusa posible. El secreto es, después de la formalidad, lo más importante.

Pero cuando se gobierna para los capitalistas un acto público, éste debe hacerse de manera igualmente formal y usando un lenguaje comedido. No se gritan consignas, y mientras no se habla de socialismo ni de Chávez, ¡jamás! Y al final, cuando se nombran es apuntando al pasado o al futuro lejano, nunca al quehacer del presente.

En cambio, se deben usar expresiones de valor constitucional, hablar de Estado Democrático y Social, además de democracia social, de capitalismo democrático, de seguridad jurídica, de desarrollo de las fuerzas productivas, de cambios en el modelo económico rentístico. La formalidad y, de nuevo, la superficialidad, son las que marcan el tiempo al diapasón de los discursos. Y al final debe haber muchos saludos, halagos y choques de manos, abrazos y palmaditas en los hombros.

Para gobernar a los humildes hay que vestirse de rojo o con la bandera tricolor ocho estrellas. Con la gorra de la bandera, las ocho estrellas y el 4 a la izquierda. Se debe usar un lenguaje más radical, con muchas amenazas, que inspire dignidad nacional y nacionalista, patriótica; que invoque al socialismo, a Chávez a la revolución sin ninguna enseñanza inteligente y clara. Cuando se gobierna para los pobres hay que mostrar que se es un líder, dar consejos, ser estrictos y condescendientes alternativamente, ser medio groseros, altaneros con los capitalistas y con el capitalismo, con el imperio. Mostrar piedad y generosidad extrema. De vez en cuando regalar algo a alguien, solo porque se haya atrevido pedirlo. Besar niños y ancianos, poner música; ¡obligado!, de preferencia salsa.

El estilo es el de arenga militar, la bravura, y repetir una tras otras todas las consignas y frases que aludan a la revolución. Está prohibido hacer explicaciones difíciles sobre esos temas (sobre Chávez y el socialismo). Está prohibido hablar del asesinato de Chávez, por ejemplo. Y está prohibido analizar públicamente con la gente pobre temas económicos, casos de corrupción económica y política y temas políticos. El gobierno, para los humildes pobres, debe ser firme y exigente; ejercido con autoridad bufa, "Estas conmigo o estás contra mí" se le dice al pueblo pobre.

Para gobernar a los ricos capitalistas se los persuade. Se los invita. Se les dicen cosas amables. Se les hacen promesas tentadoras, como que "Señores inversionistas, podrían traer sus capitales para invertir en el país… y mientras yo sea ministro no se les preguntará jamás de dónde salieron los reales". El estilo no es autoritario ni teatral, es más bien humilde rayano en la sumisión. El lenguaje no es asertivo, el estilo es condicional: "Nos iría bien si ustedes invirtieran en el país". El don de mando se diluye en la zalamería, disimulada por una fuerte dosis de formalidades y protocolos. En fin, hay dos gobiernos que son dos cara de una misma moneda. Y esa moneda se llama socialdemocracia.

El socialismo nos enseña que nada en el gobierno debe ser doble, indigno, humillante. Todo tiende a la vergüenza política, a la unidad, a la integración en el espíritu socialista. A ser socialista en cualquier circunstancia. Todos somos iguales, tratados como iguales, respetados de la misma manera. Escuchados por igual. Pero ese es otro cuento.
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