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La disimulada reseción del año eleccionario.

Este post es un Informe Económico que solo interesa a profesionales. Agradeceré evitar comentarios innecesarios.
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Recesión 2015

El consumo se redujo 1% durante 2014 la primera caída desde 2009. Es decir que el enorme gasto público no pudo ser moderado por la devaluación de enero 2014, la suba de tarifas, un menor gasto de las Provincias, los precios cuidados y todas las medidas de control que se tomaron. En consecuencia hubo un año recesivo, con creciente inflación debido a que se maneja la economía a ¨prueba y error ¨ o que provoca desconfianza de los agentes económicos.

La administración utiliza mecanismos de divulgación sobre el consumo que son subjetivos y exhibidos en forma supuestamente oportuna aunque ligeramente desordenados y tal vez con la intención de mostrar algo distinto a la realidad.

Se ha ingresado en una recesión, aunque el 9% de la población se haya trasladado a zonas de veraneo, tal como este gráfico con cifras oficiales muestra claramente:




Lo que sucederá con el consumo en el año electoral 2015 es algo que se puede prever, sin apelar a modelos econométricos. El consumo es el principal instrumento que utiliza esta administración, y como tiene una gran incidencia en el humor de los electores seguirá siendo fogoneando a cualquier costo.
Siendo éste un año de recambio presidencial, la administración asume la imperiosa necesidad de – al menos intentar – apuntalar el consumo. Cabe analizar si podrá lograrlo.

Para evaluar si lo logrará previamente habrá que analizar qué fue lo que motivó el enfriamiento del consumo hasta provocar la recesión actual.

Hay que tener en cuenta el primer paso: la devaluación de enero 2014 afectó brutalmente el poder adquisitivo de los sectores de menores ingresos, porque generó un pico de inflación que bajó el salario de los sectores de menores ingresos (cayó 25%) y redujo fuertemente el salario medido en dólares de todos los sectores medios, que se comprimió en promedio el 15%.

Ese primer paso generó incertidumbre cambiaria e inestabilidad laboral.

Comenzó a bajar la producción, las Pyme decidieron suspender turnos, adelantar vacaciones y reducir personal. Según el relevamiento de las diversas Cámaras, en 2014 las suspensiones se multiplicaron por siete mientras que los despidos se triplicaron. Este clima generó cautela a la hora de realizar compras, con lo cual se retroalimenta el proceso.

El segundo paso errado de la estrategia ¨prueba y error¨ que utiliza esta administración fue la autorización que permitió a los trabajadores de mayores ingresos comprar moneda extranjera para ahorro. Errado porque generó una injusticia entre capas sociales y erradas porque no resolvía absolutamente nada, marcando una fuerte contradicción ideológica del ¨progresismo¨ favoreciendo a los más pudientes.

Como la cantidad de dólares que cada individuo puede adquirir es una proporción pequeña de su salario, la posibilidad de adquirir dólares al precio oficial (más la retención impositiva) resultó muy extraña, en especial porque previamente instalaron un cepo cambiario bien cerrado con persecuciones incluidas lo que generó una gran desconfianza en las acciones de esta administración.

El error fue no prever – infantilmente – que los pesos reingresarían al circuito financiero a través de la venta de divisas en el mercado paralelo, y muy pocos individuos conservaron sus dólares, priorizando el ahorro en lugar del consumo.

El costo del crédito fue el tercer error que explica la caída del gasto de las familias y la recesión actual: en promedio, los préstamos personales de 2014 se contrajeron 13,5% en términos reales. Aunque el consumo con tarjetas de crédito mostró mayor dinamismo, nunca logró alcanzar la inflación.

Las compras con tarjetas de crédito merecen llamar a la reflexión tanto a los consumidores como a los vendedores y bancos. Hacer percibir al consumidor que está comprando un televisor, una heladera o un electrodoméstico en 18 cuotas sin interés es ligera afrenta a su inteligencia y constituye un engaño impropio tanto de una administración gubernamental como de todos los involucrados.

Por un lado, el público compra una cuota que puede pagar y no un producto que necesita, lo cual es una demanda agregada falsa. El precio al contado contiene la ganancia de toda la cadena de producción / distribución / financiación que participan del artificio y el comprador recibirá el incremento de salario que hará su cuota proporcionalmente menor mucho después de efectuada por lo cual la paga con ingresos devaluados.

El vendedor compensa con menor utilidad y mayor volumen, el financiador cobra un 6% anual real por los gastos, seguros y cargos de renovación que carga en las tarjetas, incrementa el volumen de clientes y el romántico consumidor queda inexorablemente cautivo por 18 meses al arbitrio de los aumentos por renovación, extractos y seguros de vida que su banco le cobra.

Por otra parte el precio de venta de cualquier electrodoméstico es en nuestro país mucho más alto respecto de cualquier otro de la región: un 80% más caro que en Chile, un 60% más caro que Brasil y mucho más que 100% respecto del país de origen (China o EE.UU) que envían sus piezas para ser armadas en el país.

Cada uno puede sacar sus propias conclusiones. Lo llamativo es que son tantos los involucrados que se benefician, que ni siquiera los analistas económicos independientes se animan a plantear el debate. No tienen nada que ganar excepto ser honestos consigo mismos y perder clientes, un honor que podría ser un buen regalo a sí mismos.

Para 2015 esperamos que el consumo agregado se estabilice o incluso crezca producto de los diversos, variopintos y aun no imaginados estímulos estatales.
En este punto cabe destacar que habíamos previsto una baja real de las jubilaciones y pensiones algo que no ocurrió. El anuncio de un aumento de 18.16% para marzo 2015 desmiente nuestra predicción y coloca las jubilaciones solamente dos puntos por debajo de la inflación.

Si esta administración tiene la suerte de equivocarse nuevamente y mantener la recesión, tal vez logre moderar algo la inflación y las paritarias acepten incrementos nominales similares a los del año pasado, en cuyo caso no seguiría cayendo el salario real (lo opuesto a lo sucedido en 2014), pero – afortunadamente – para lograrlo deben equivocarse nuevamente.
El Sector Externo, el grado de recesión esperable y caída en un mundo que crece.

En todos nuestros previos informes estimamos una caída de entre el 2% y 3% para 2014 y así lo confirmaron los datos de la realidad conocidos esta semana. La administración se enfrentó por primera vez con la disyuntiva entre mantener las reservas internacionales o no caer en recesión, y eligió la primera de las opciones.

En 2014, todos los rubros de exportación cayeron, siendo las exportaciones agrícolas las más golpeadas y hubo – como ya mostramos – una fuerte contracción de las ventas industriales, elementos que estarán presentes en 2015, porque han bajado los precios internacionales de las materias primas y por el tremendo ajuste que atraviesa la economía brasileña.

En el año electoral 2015, la menor disponibilidad de dólares no permite ser en absoluto optimistas en cuanto a la evolución de la actividad. El efecto neto de los menores precios del petróleo y de la soja sobre las ventas externas que caerán USD 4.800 millones y la mejora del balance energético por el abaratamiento del petróleo y sus derivados que favorecen en USD 3.000 millones sigue siendo negativo, mientras que la muy mala situación de la economía brasileña no permitirán la recuperación de las exportaciones industriales. El 2015 tendrá una restricción externa que pone un techo a la recuperación de la economía doméstica.

Todo lo expuesto indica que las perspectivas para el corriente año son malas.

Según informó el FMI esta semana Argentina (-1,3%) junto con Venezuela (-7%) volverán a ser las únicas dos economías de la región en mostrar una nueva caída de su Producto Bruto, en un contexto en el que el promedio de América Latina y el mundo tienen una nueva y muy buena evolución positiva.

El programa monetario y el escenario externo.

La imprecisión del programa monetario para el año eleccionario es extraña.

No aparecen definiciones sobre cuál será la política cambiaria a lo largo de un año que será muy movido desde todos los frentes. Principalmente a nivel interno, donde los desequilibrios macroeconómicos: elevada inflación y déficit fiscal con un sector público que afrontará vencimientos de deuda en moneda extranjera.

El escenario externo es muy complejo porque Argentina enfrenta una combinación de menores precios de los commodities, un dólar más fuerte a nivel global, y ningún crecimiento de Brasil.

En este marco, no estaría mal arreglar con los holdouts algo que esta administración no puede hacer para no contrariar su forma de ser siempre a su favor personal. A pesar de que ya no rige la cláusula RUFO los funcionarios se han mantenido en su postura de ofrecer el canje (más intereses capitalizados) a los bonistas litigantes.

Bajo este escenario, las presiones sobre la cotización del dólar en 2015, tanto en el mercado oficial como en el paralelo, serán mayores lo que obligará a elegir entre una pérdida de reservas, una devaluación del peso, o una profundización de la caída de la actividad, estimamos que será esto último por ser más disimulable y transferible a futuras administraciones sin afectar la imagen de esta administración. El programa monetario no permite conocer cuál será la estrategia en este contexto.

Si la autoridad monetaria se inclinará por devaluar para cuidar las reservas, algo muy poco probable en un año electoral, y mucho menos cuando suelen decir que las reservas están para usarse. Ninguna de las alternativas que hemos mencionado es buena para la política económica, y lo más probable es que el gobierno vaya administrando el día a día, a prueba y error como siempre, lo que probablemente y sin casi percibirlo los llevará a una combinación de las tres alternativas.

Si se mantiene el superávit comercial en US$ 7.000 , e pagan los vencimientos del BODEN 2015 y la deuda pública en dólares, sin sorpresas en el turismo y sin ningún exabrupto de los habituales las reservas deberían despedir a esta administración con un nivel de US$ 27.000 todo un logro Chino.
La falta de una estrategia monetaria es fácil de explicar. La política monetaria se ajusta a las necesidades del ejecutivo porque la emisión monetaria es la primordial partida de financiamiento del déficit.

El costo en 2014 fue el nivel de actividad, producto de una importante contracción al sector privado. Pero como ya hemos anticipado en numerosas oportunidades, este rumbo no se puede sostener.

La pregunta es si, a diferencia del año pasado, estarán dispuestos a financiar una mayor proporción del déficit con reservas para evitar una nueva caída de la actividad.

La inflación 2015

No se puede esperar menos de 30% de inflación para el año eleccionario. A tal punto anestesiado el consumidor que ha recurrido a toda clase de ingeniería financiera primaria para contener la sangría del debilitamiento de sus ingresos. Traslados diarios a los supermercados, búsqueda de ofertas con diversos descuentos en diversos lugares cada día y resignación. Su lucha está perdida contra los sistemas sofisticados de las cadenas de supermercados que suben y bajan los precios al ritmo de las ofertas de descuentos para que la suma se siempre 0 y los descuentos…falsos.

En los dos últimos años y desde el más alto nivel del gobierno nacional, la política económica ha consistido en que el Ministerio de Economía – vía otorgamiento de subsidios – y el Banco Central – vía emisión de dinero – alientan la gran demanda que se observa en todos los mercados para impulsar crecimiento.
Estas medidas serían favorables al crecimiento y legítimas cuando no hay inflación, o cuando ésta es menor del 4% anual, pero en el contexto actual en que la inflación ya está instalada en alrededor del 35/38% anual, esa Política Económica no es la más adecuada porque es como querer apagar un incendio con baldes de nafta.
Es saludable crecer, pero no a cualquier precio, pues el remedio puede ser peor que la enfermedad.
Esta administración ha subestimado la inflación y ahora es demasiado tarde.
Sigue subestimando la inflación pues afirma que sólo existe “un reacomodamiento de precios”, sin saber que la peor estrategia para combatirla es ignorarla.
Si no se frena a tiempo, crece indefinidamente al retroalimentarse en su inercia.
Pocos recuerdan que en marzo de 1976 el índice de precios minoristas del INDEC era del 37%, equivalente a un 4.270% anual.
También la inflación de 1989 (4.900% anual) obligó a Raúl Alfonsín a renunciar 6 meses antes de finalizar su mandato presidencial.
No es un mal inevitable, pero si no se la detiene a tiempo la inflación es similar al fuego en un bosque: se pasa de una chispa a una brasa, de una brasa a una fogata y de una fogata a un incendio incontrolable.
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