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La factura de la guerra puede derrorar a Kiev

Pese a las ayudas del Fondo Monetario Internacional, la factura de la guerra está resultando demasiado cara para la economía ucraniana, instalada en el decrecimiento.

El hastío ha podido al final con el ministro de Economía ucraniano, Pavlo 
Sheremeta, que ha presentado su dimisión entre quejas por la actitud "depredadora" que a su juicio tiene el gobierno de Kiev hacia "las empresas". Lo cierto es que, pese a las ayudas del Fondo Monetario Internacional, la factura de la guerra está resultando demasiado cara para la economía ucraniana, instalada en el decrecimiento.



Desde el FMI se esperaba que la economía del país cayese un 5% este año. Pero que volviese a crecer en 2015. El mes pasado empeoró las previsiones hasta un 6,5% de contracción, un cálculo bastante más realista. Durante las últimas semanas, varios analistas han advertido de que si el conflicto dura unos meses más en el actual formato, el coste puede ser demasiado pesado para la economía ucraniana.



La decisión de no exigir a Kiev que reestructurase sus deudas antes de recibir más ayuda no parece ahora tan buena idea como en el primer trimestre. Sobre todo porque se tomó en un momento en el que Ucrania acababa de perder Crimea, que puntuaba como un 3,7% de su economía. Pero todavía quedaba la parte más amarga: la insurrección en Donetsk y Lugansk, que según el fondo de inversiones Capital Ukraine suman el 16% de la economía del país. Aunque gane, la factura de la guerra puede derrotar a Kiev.



Aunque el conflicto haya agriado las relaciones entre Rusia y Ucrania, ambos países están interesados en que el fin de las hostilidades llegue sin la destrucción de ese disputado enclave. Los presidentes de ambos países participarán en las negociaciones en Minsk el próximo 26 de agosto. Estarán, además de los presidentes de Ucrania y Rusia, los de Bielorrusia y Kazajstán, así como la jefa de la diplomacia europea, Catherine Ashton, y dos comisarios europeos, el de la energía y el del comercio. En Minsk se discutirá la deriva europea de Ucrania, el estatus de Crimea y las causas del conflicto en Donbass. Pero una de las cosas que están sobre la mesa sin que nadie se atreva a ponerla en el orden del día es la viabilidad de Ucrania como país a corto y medio plazo.



"Es una pena, pero la economía nunca avanzará si el gobierno continua comportándose como un depredador hacia los negocios". Son las palabras que escucharon los ucranianos de su ministro de Economía saliente (aunque su adiós ha de ser aprobado por el Parlamento) hablando por la televisión. Sheremeta está harto "de luchar contra el sistema del pasado". El dinero de Occidente llega condicionado a las reformas, que van demasiado despacio. El propio primer ministro ucraniano, Arseni Yatseniuk, se lo ha echado en cara en más de una ocasión.



No es la única discrepancia. El 24 de julio pasado, el presidente de la Rada, Alexandr Turchínov, anunció la desintegración de la coalición parlamentaria Opción Europea, creada tras la caída del presidente ucraniano, Victor Yanukovich. La iniciativa de liquidar la coalición partió de los partidos UDAR y Svododa, que creían que el Parlamento no respondía a las demandas de la sociedad. A ese desencanto ha sobrevivido Yatseniuk, aunque algo más discutido que antes.



El presidente ucraniano, Petro Poroshenko, tratará de mostrarse sólido ante Putin en Minsk. Pocos confían en que las negociaciones permitan resolver la situación en el este del país. Kiev quisiera convencer a la Unión Aduanera de que la eurointegración ucraniana no va en contra de los intereses de estos países. Pero es complicado que pueda convencer a Vladímir Putin de que el acuerdo con la UE no perjudicaría la economía rusa. Las opiniones a día de hoy son totalmente opuestas.



Tatiana Ivzhenko sugería esta semana en el diario ruso Nezavisimaya Gazeta que Moscú está ganando tiempo, ya que entiende que la economía ucraniana se encuentra en un estado deplorable y la guerra empeora cada vez más la situación. No es un escenario inverosímil que Kiev, ante lo empinado del terreno, ceda algo en su empuje belicoso. Y acabe concediendo alguna legitimidad a las repúblicas autoproclamadas de Lugansk y de Donetsk, reconociendo de paso la adhesión de Crimea a Rusia.
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