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se viene el estallido


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CFK, 25% de inflación y estallido
El análisis económico del día. Es falsa la premisa de que con inflación del 25%, la economía debería estallar, como dijo la Presidenta hace dos años. Y que hoy la inflación sea del 40% tampoco implica, necesariamente, un estallido económico.



Dos años atrás, en la Universidad de Georgetown, en Washington, la Presidenta de la Nación pronunció la frase “si realmente la inflación fuera del 25%, el país estallaría por los aires”. Esa frase ha recuperado, por estos días, una inesperada relevancia.

La frase no estaba fundada en alguna teoría económica o evidencia empírica. Su propósito era más modesto (desde lo conceptual, aunque tal vez más importante desde lo político): justificar que la inflación era mucho menor que la real. El silogismo era: si con inflación del 25% la economía tiene que estallar, no habiendo estallado, la inflación no podía ser entonces del 25%.

Pero ocurre que era falsa la premisa inicial, de que con 25% de inflación la economía necesariamente tiene que estallar.

En un contexto de inflación alta pero estable puede ocurrir que la mayoría de los precios y salarios se ajusten de manera más o menos proporcionada, evitando los desequilibrios que una inflación alta pero inestable suele generar.

Esto no es sólo teoría. Ocurrió muchas veces en la historia argentina. Por ejemplo, nadie recuerda el Gobierno de Arturo Illia, del ’63 al ’66, como un periodo de estallidos económicos. Por el contrario, se lo recuerda como un periodo de fuerte crecimiento (promedio del 6.6% anual). Y sin embargo la inflación fue del 23.8% en 1963, 18.1% en 1964, 38.2% en 1965 y 29.9% en 1966.

Casualmente, mientras la Presidenta formulaba aquella frase, la inflación era del 25% anual, y hacía tiempo que estaba estabilizada en ese nivel.

Con salarios que le seguían el ritmo a la inflación (de hecho, el año previo, en medio de las elecciones presidenciales, las encuestas mostraban cómo la inflación no era una de las principales preocupaciones de la opinión pública) y variables cambiarias que permitían conservar competitividad (por combinación de subas del tipo de cambio acá y caídas de tipo de cambio en socios comerciales como Brasil), la economía funcionaba relativamente bien. Al menos, sin estallido, tal como observaba la Presidenta.

Todo eso estaba comenzando a cambiar casualmente mientras la Presidenta formulaba aquella frase. Se iniciaba un incipiente problema de atraso cambiario, mientras Brasil comenzaba a subir su tipo de cambio, la situación se estaba agravando por las restricciones a las importaciones y a la compra de dólares en general, y luego todo se complicó cuando la inflación se aceleró y empezó a caer el poder adquisitivo de los salarios.

Aun en este contexto de deterioro económico, utilizar hoy aquella frase para pronosticar un estallido económico, como si fuera cierto que con inflación del 25% la economía necesariamente tendría que estallar, y más aún entonces con una inflación del 40%, como planteó en estos días Luis Barrionuevo, es sólo una chicana política. De lo contrario estaría tomándose por cierta una premisa falsa.

La realidad es que, a pesar de la alta inflación, no está garantizado, ni siquiera hoy, afortunadamente, un estallido económico.

Lo que no implica desconocer, por supuesto, que la economía está en una situación muy delicada, y con alta probabilidad de continuar deteriorándose durante el año próximo.

Consciente de lo delicado del momento actual, la dirigencia política, en lugar de chicanear con aquella frase de la Presidenta, tal vez tendría que pensar tres tipos de acciones complementarias:

a.- Cómo contribuir a evitar un estallido económico y social innecesario.

b.- Cómo contribuir a reordenar la economía aprovechando la oportunidad que brindará el próximo cambio de gobierno.

c.- Cómo hacer que estos desastres económicos, que vienen ocurriendo hace más de 40 años, queden definitivamente en el pasado.

Difícilmente pueda exagerarse esto último.

Mientras sigamos dándole a cada Presidente total discrecionalidad para que haga lo que quiera con el Banco Central, el gasto público y la deuda, seguiremos sufriendo los desastres económicos que hemos sufrido en los últimos 40 años.
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