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Seguir imprimiendo pesos para llegar a 2015 como sea

Enero nunca estuvo tan lejos: la economía deberá caminar sobre un "campo minado" hasta el 2015



Sin crédito externo, dólares que escasean, cuentas en rojo y puestos de trabajo en peligro en varios sectores se anticipa un peligroso sendero a recorrer hasta fin de año. A esto se suma el conflicto con buitres y un Gobierno dispuesto a imprimir pesos como nunca antes. Lo que viene, según analistas

Si hay alguien que pone en duda la máxima de Albert Einstein sobre que "el tiempo es relativo", es porque no vive ni hace negocios en la Argentina.

Los cinco meses que restan para 2015, un lapso que en cualquier país es considerado como de cortísimo plazo, son vistos aquí como un período demasiado largo como para hacer cualquier plan.

Enero es la meta que se ha fijado para la economía, dado que recién allí vencerá la temida cláusula RUFO que hoy día impide al Gobierno negociar con los "fondos buitre".

Y, supuestamente, es el ansiado momento a partir del cual el país podrá volver a solicitar crédito externo que lo ayude a oxigenar sus exhaustas cuentas.

Pero el camino a recorrer desde aquí hasta enero aparece tan plagado de riesgos y amenazas, tanto en el plano financiero como en el político, que muchos se preguntan si es realmente posible llegar hasta esa fecha sin que la situación económica del país se sumerja en una severa crisis.

Por lo pronto, una encuesta realizada a los principales empresarios reveló una profundización del pesimismo, que se refleja en una baja en la disposición a invertir y en una posible agudización del desempleo.

A la hora de identificar los principales obstáculos para sus negocios, los ejecutivos se quejan de la incertidumbre política y, sobre todo, del nerviosismo que genera el problema irresuelto de la deuda soberana.

"En estos meses por delante vamos a vivir en una volatilidad enorme, con un tobogán de dichos y contradichos que a la economía real le hace horrible", sostiene el economista Tomás Bulat.

Y plantea que su temor es que, ante las señales recesivas, la única respuesta del Ejecutivo sea al aumento del gasto público, lo cual podría llevar a una crisis inflacionaria.

"El Gobierno siempre tiende a hacer lo mismo. Volcar más plata a la calle, emitir más dinero para forzar la economía, controles de precios, intervención en las tasas de interés... y los resultados serán obviamente los mismos", asegura.

De momento, los hechos parecen darle la razón, ya que la batería de medidas anunciadas días atrás por Cristina Kirchner admiten que vendrá una gran expansión del gasto público, para compensar el hecho de que -tal como asegurara la mandataria- si "el sector privado no la pone, entonces la tiene que poner el Estado".

En este contexto, el factor que analistas identifican como determinante para la economía es la manera en que se lleve adelante el conflicto con los "buitres".

"Que enero quede muy cerca o muy lejos es algo que dependerá de la actitud del Gobierno", apunta Javier González Fraga, ex titular del Banco Central.

"Si sigue su discurso actual de ‘malvinización' de la negociación de la deuda, si apusta al gasto público para frenar la recesión, entonces lo que va a venir es mayor presión cambiaria, puede haber un salto fuerte en los precios y este período se va a hacer muy, muy largo", agrega.

Su recomendación es que los funcionarios cambien de actitud, de manera de persuadir sobre su deseo de normalizar su relación con los mercados de capitales para así poder tomar crédito externo.

Más vencimientos, menos crédito
No por casualidad, una de las noticias más comentadas por los economistas en los últimos días fue la licitación de deuda que hizo Paraguay, que pidió u$s750 millones, recibió ofertas por u$s3.700 millones y finalmente tomará crédito por u$s1.000 millones a 30 años a una tasa del 6 por ciento.

En muchos funcionarios, la "envidia" que genera ese tipo de noticia es imposible de disimular.

Aquí, en el último intento de endeudamiento por parte de la provincia de Buenos Aires, fueron recibidas ofertas a una tasa de más del doble: 13 por ciento.

El objetivo que se había trazado el Gobierno después de arreglar con el Club de París -y cuando creía que el tema de los "buitres" estaba controlado- era financiarse al 8 por ciento.

Ahora, de más está decirlo, no hay posibilidad alguna de conseguir dinero fresco. Hay, incluso, cierto temor respecto de que la petrolera YPF pueda hacerlo y sea objeto de embargos.

De hecho, la Argentina está sufriendo ahora la peor combinación de todas: ya empezó a pagar las cuotas como resultado de haber hecho "buena letra" en sus acuerdos con Repsol y con el Club de París, sin el beneficio de acceder a las ventanillas de crédito.

Los economistas calculan que en este semestre el Gobierno deberá hacer frente a vencimientos por u$s3.000 millones. No debería ser algo difícil de enfrentar para una economía del tamaño de la de Argentina. Pero claro, para ello se necesita un flujo de dólares entrantes.

Y en los próximos meses ocurrirá lo contrario. Porque además de la falta de crédito, mermará el ingreso de la exportación agrícola, tanto por motivos estacionales como por la caída de los precios internacionales.

Como además las reservas del Banco Central deben destinarse prioritariamente a importar combustibles -una cuenta cada vez más pesada-, entonces algún rubro deberá sacrificarse como variable de ajuste.

Resulta sintomático el hecho de que los permisos de venta de dólares para ahorristas se hayan restringido en las últimas semanas, justo en coincidencia con un aumento de la demanda por el cobro del aguinaldo y las vacaciones de invierno.

Pero para los analistas no hay dudas sobre cuál será el ajuste más importante: una represión a las importaciones. Con el agravante de que eso no afecta solamente al consumo de productos finales, sino sobre todo a la industria, que depende de insumos y partes compradas en el exterior.

"Las perspectivas es que habrá menos oferta de divisas. Las exportaciones están cayendo y sin esa oferta es muy difícil pensar que el Gobierno pueda evitar una corrección en el dólar", advierte Rodrigo Alvarez, economista jefe de Analytica.



Y agrega: "Lo podrá evitar por un tiempo, pero es notorio que hay un aumento en las expectativas de devaluación".

En este contexto, todas las consultoras están revisando a la baja sus pronósticos sobre caída del PBI: las más optimistas pensaban que podía rondar el 1% y ahora se instala la idea de que puede ser de más de un 3 por ciento.

El costado más grave de esta situación es el empeoramiento del desempleo: la industria automotriz, en pleno desplome, ya afecta a más de 10.000 trabajadores, mientras que en la construcción ya se perdieron 20.000 puestos de trabajo.

Hasta ahora, la conflictividad sindical no ha sido tan grave, pero la perspectiva, en la medida en que la actividad no mejore, es la de un enrarecimiento del clima social.

El explosivo "factor buitre"
Hasta ahí, el escenario aparece complicado pero no muy distinto a una recesión tradicional. Sin embargo, la falta de arreglo de la deuda con bonistas implica más amenazas en el camino que queda hasta enero.

Está la posibilidad de que todos aquellos que no lograron cobrar sus acreencias -no los "buitres", sino los que habían entrado al canje de reestructuración de deuda- se presenten ante la Justicia y exijan el pago inmediato de fondos originalmente programados hasta 2038 (conocido como efecto aceleración de la deuda).

De ocurrir esto, alertan los economistas, se dispararía una crisis financiera mucho más aguda, ya que la acumulación de obligaciones equivale prácticamente a la totalidad de reservas del Banco Central.

Para los expertos, el Gobierno juega con fuego al apostar que transitará todo el resto de este año sin que esa "aceleración" se active.

"Este limbo en el cual parece que el default no trae consecuencias y no pasa nada grave, es algo que no va a durar más de 60 días", sostiene Ramiro Castiñeira, analista de Econométrica.

"Antes de fin de año, la situación necesariamente se tiene que clarificar: o se resuelve el problema de deuda con bonistas o el contexto será mucho más delicado que el actual", agrega.

Un remedio equivocado
Otros expertos afirman que el Ejecutivo tampoco debe subestimar el campo de las expectativas de la opinión pública.

Es decir, aun cuando no se produjera un litigio masivo por parte de los acreedores, si se generalizara una sensación de crisis, se gatillarán mecanismos defensivos por parte de los argentinos que harán disparar los precios y al dólar.

Algo de eso se vio esta semana, cuando el blue abandonó su quietud, pero los analistas creen que la tensión del mercado se puede agudizar todavía más en la medida en que las expectativas empeoren.

"Más que lo que diga el Gobierno, lo que importa es lo que crea el mercado. Cuando se perciba que el incumplimiento de deuda con bonistas vino para quedarse, esto va a implicar mayores expectativas de devaluación, más inflación y seguramente más controles del Gobierno", observa Diego Giacomini, economista jefe de Economía & Regiones.

Desde su punto de vista, uno de los peores riesgos de cara a los meses que vienen será que, en el intento de revertir el estancamiento, el Ejecutivo agrave la situación por la vía de una expansión descontrolada del gasto público.

"A mayor emisión monetaria, peor será la relación entre pesos y dólares, con lo cual este círculo negativo se retroalimentará", agrega.

En la misma línea argumenta el influyente Miguel Angel Broda, para quien "el Gobierno decidió inundar de pesos todo, con una ampliación presupuestaria inédita, que es entre siete y doce veces más de la de otros años".

"Y recién estamos en agosto", recuerda, para enfatizar lo largo que puede ser el camino por delante.

Un dólar cocinándose a fuego lento
En cualquier caso, la forma en la que los economistas creen que se manifestará la inconsistencia económica es la clásica de la Argentina: una devaluación brusca.

Como se prevé que la emisión monetaria aumentará mientras que las reservas, en el mejor de los casos, quedarán estabilizadas en torno de u$s28.000 millones, los pronósticos apuntan a que el dólar paralelo pueda superar los $15 antes de fin año, desde su precio actual de $13,20.

Y en lo que respecta al oficial, el consenso es que, como mínimo, se deslizará un 20% respecto de su valor actual.

Para el economista Federico Muñoz, que ya había realizado una advertencia similar sobre fin del año pasado, antes de la última devaluación, hay peligro de que se repita la tensión cambiaria antes de enero 2015.

No oculta su escepticismo sobre el debate interno del Gobierno.

"Si triunfa la posición racional de Fábrega, con astringencia monetaria, sufriremos una profundización de la recesión. Si en cambio prevalece la posición de Kicillof, presagiamos violentas turbulencias financieras antes de fin de año", afirma.

Ese escenario, advierte, no sólo implicará una ampliación de la brecha cambiaria, sino que el nerviosismo podría también afectar al sistema bancario.

Serán, posiblemente, los cinco meses más largos de toda la gestión presidencial de Cristina.

Y, por cierto, la probabilidad de problemas aumentará en proporción directa con la suba de la temperatura en el termómetro: no se puede descartar la repetición de la ola de apagones cuando llegue el calor veraniego, ni tampoco los ya clásicos incidentes de fin de año.
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