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Ya ni el absurdo limita las mentiras estadísticas

Ya ni el absurdo limita las mentiras estadísticas
El análisis económico del día. El Secretario de Comercio, Augusto Costa, llevó la mentira estadística al absurdo. Sostuvo que los precios están desacelerándose, mientras publicaba los datos oficiales que lo desmienten. La inflación oficial fue del 1.4% en septiembre, y había sido del 1.3% en agosto.



Es posible dibujar las estadísticas oficiales. No lo es hacerlo sin dejar rastros.

Según Indec, en 2010 los precios subieron sólo 10.9% mientras los salarios en blanco subían 29.3%, y en 2011 los precios subieron sólo 9.5% mientras los salarios en blanco subían 35.8%.

Estas estadísticas oficiales son visiblemente inconsistentes entre sí. No hay aumentos razonables de productividad que permitan pagar aumentos salariales reales de la magnitud implícita en esos números.

Según el BCRA, utilizando datos oficiales de inflación, el tipo de cambio real, es decir, corregido por inflación, es hoy 56.6% mayor que ¡en abril de 2002, luego de la devaluación más grande de las últimas dos décadas! Otro resultado absurdo.

Si el tipo de cambio real fuera hoy tan alto, los exportadores estarían aplaudiendo las políticas oficiales, la industria estaría creciendo, las importaciones serían bajísimas, lloverían dólares comerciales, las reservas del BCRA estarían creciendo aceleradamente y el Gobierno no habría tenido que recurrir a las restricciones a la compra de dólares.

Hasta el año pasado, utilizar datos oficiales de inflación estaba generando estadísticas de pobreza e indigencia tan exageradamente bajas, que el Gobierno decidió discontinuar su publicación, con el argumento inaceptable de que Indec padece “severas carencias metodológicas” que le impiden empalmar series de precios.

Cuando las estadísticas económicas son incoherentes entre sí de un modo tan grosero, es obvio que tales incoherencias no pueden ser consecuencia de errores, o de simples cuestiones metodológicas. Es obvio que son consecuencia de dibujos estadísticos.

De otro modo, sería incomprensible que las autoridades del Indec, que según el propio Ministerio de Economía, en comunicado oficial, degradaron la institución hasta el extremo de padecer “severas carencias metodológicas”, sigan conduciéndolo hoy.

Como si tales mentiras evidentes no fueran suficientes, el Secretario de Comercio, Augusto Costa, ha ido aún más lejos. Llegó al absurdo de realizar declaraciones desmentidas por sus propios datos.

Dijo que “vemos una tendencia a la desaceleración, o sea que los precios suben pero a tasas menores, y esperamos que este mes siga así”.

Según los números oficiales referidos por Costa, mientras la inflación en septiembre fue del 1.4%, en agosto había sido del 1.3%. Es evidente que no hubo desaceleración de precios en septiembre. El Secretario de Comercio es desmentido por sus propias estadísticas.

Podría estar refiriéndose a alguna tendencia de los últimos meses. Los datos oficiales igual lo desmentirían: la inflación oficial había sido del 1.4% en julio, 1.3% en junio y 1.4% en mayo. Los números oficiales muestran que el ritmo de aumento de precios se ha mantenido prácticamente constante durante los últimos 5 meses. No existe la desaceleración que plantea.

Si los números oficiales de inflación no cuadran con el resto de las estadísticas oficiales, se discontinúan las estadísticas de pobreza, y los datos de actividad económica no muestran la evidente recesión, resulta difícil entonces creer en las estadísticas oficiales.

Si además el Gobierno manifiesta, en comunicado del Ministerio de Economía, que la institución responsable de las estadísticas oficiales padece “severas carencias metodológicas”, más difícil aún creer en ellas.

Y si encima el Secretario de Comercio dice que los precios están desacelerándose, mientras anuncia, sin sonrojarse, datos que lo desmienten, la supuesta batalla por recuperar la credibilidad de las estadísticas oficiales está, directamente, perdida.

Porque ya ni siquiera el absurdo es un límite a la mentira estadística.

El Secretario de Comercio se permite mentir mientras publica los datos que dejan en evidencia la mentira.
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