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Atados de pies y manos (relato)

Jamás en la vida escribí algo relacionado con este género, tengo en este momento unas ideas en mi cabeza, lo que voy a hacer es algo similar a la improvisación, porque voy a escribir ahora todo de un golpe y a ver que sale, espero que les guste, y espero que me guste jajaj. Al final dejaré una opinión personal de lo que hice, muchas gracias

Atados de pies y manos


¿Quién hubiese dicho que alguna vez me iba a ocurrir algo como esto? ¿Yo? ¿Una persona sumisa? Permítanme contarles mi extraña pero bella historia, y les pido por favor que no me prejuzguen.

Recuerdo que juré que no me dejaría someter por nadie en ningún aspecto de la vida nunca más.
Por eso desde que ella decidió marcharse, sólo recurrí a aquellas mujeres, si, como las de aquella esquina, tienen un precio justo, bastante razonable diría yo, además, son las únicas personas a las que puedo darles alguna orden de vez en cuando.

Primero fueron las de la esquina, pero conforme fue pasando el tiempo, fui volviéndome más y más perverso, he pagado por toda clase de mujeres, mi mente cada vez más morbosa y retorcida, convertía sus defectos en cualidades exóticas, el morbo que ya había corrompido cada parte de mi cuerpo, pudo lograr que aquellas mujeres que a cualquiera le causarían rechazo me resultaran en extremo atractivas.

Luego de haber probado toda clase de cuerpos, ya no me alcanzaba, necesitaba exitarme con situaciones, con lugares, fantasías. Durante unos meses estuvieron bien los encuentros en lugares públicos, los disfraces de enfermeras y colegialas. Pero comenzaba a entender que el sexo era como una mala droga para mi, altamente adictiva, pues cada vez necesitaba más y más, pero nunca quería que se repitieran las mismas situaciones, en mis búsquedas de placer he recorrido muchos antros, me he hecho de muchos amigos, y sobre todo amigas, conocí lugares muy prohibidos, vi cosas que me gustaron, como vi cosas que me hicieron huir asqueado y aterrorizado, a refugiarme en la carne barata de alguna mujer barata. He visto cosas que me hicieron entender que mis apetitos sexuales no eran tan retorcidos como yo creía.

Una noche, recorriendo un obscuro callejón que me habían recomendado por ahí, me crucé con una vieja amiga, fue una de las primeras prostitutas que probé, era de muy alta calidad, su precio era acorde a su hermosa figura, debo confesar que acudí varias veces a ella, ahora somos buenos amigos con derechos. Ella me habló de un lugar muy exclusivo, lamentablemente no puedo darles el nombre. Me dijo que solo se podía asistir al lugar con invitación, así que debería ir con mi amiga, antes de que comenzara a describirme el lugar, le pedí con mucha emoción que se detuviera, que me dejara explorarlo por mi mismo, ella solo sonrío y me dijo que nos encontraríamos en ese mismo callejón el miércoles a las nueve de la noche.

No podía esperar esos dos días que faltaban, estaba muy ansioso. Llegada la hora del encuentro, allí estaba yo, llegando al callejón, con mi mejor traje, el perfume que me caracterizaba, y una sonrisa de oreja a oreja, y allí me esperaba ella, vestida también de manera muy elegante, pero en el escote de su vestido largo, se podía ver algo de latex que oprimía fuertemente sus senos. Y yo comenzaba a entender un poco de que iba todo eso de la fiesta exclusiva. Caminamos hasta una esquina transitada, un auto negro frenó, nos subimos y nos pusieron unas capuchas también de latex, cuyos únicos dos orificios se hallaban en la base, estaban ahí para no morir por la asfixia que de todos modos se sentía.

-Esta es solo una muestra del placer que recibirás esta noche-. Dijo una voz femenina
-Pero espero que tengas una abultada billetera.

El dinero no iba a ser un problema, lo extraño, es que realmente esa sensación de asfixia comenzaba a repercutir en mi miembro, ya ni sabía,si esa presión en mis pantalones era por la asfixia, o porque sabía que la noche apenas estaba comenzando.

Al llegar al lugar me quitaron la capucha, más no fue así para mi amiga, nos bajamos del auto y este aceleró, supuse que fue a buscar a más invitados. Al entrar, comprendí un poco más como era el sistema. Ese lugar representaba al más puro sado masoquismo, velas, antorchas, látigos, y elementos de tortura decoraban todo el lugar. Las mujeres conservaban las capuchas, mientras que los varones, podían ver absolutamente todo, y también interactuar con todo. Había también algunas mujeres dentro de unas jaulas, una por jaula exactamente, pude ver como un hombre calentaba el piso de una de las jaulas para causarle dolor a una de las chicas, y también pude ver como su sexo se iba humedeciendo, y como esa humedad se evaporaba por el calor, ahí entendí el porque de ese delicioso aroma en el aire.

-Todas son prostitutas-. Me dijo un hombre como de sesenta años, con una voz amigable.
-Sabes que tienes que ir y tomarlas, a todas las que quieras, eso si, son algo caras. Pero valen la pena, puedes hacerles lo que quieras, donde quieras, son tuyas.

Mi miembro crecía más y más, como si se quisiera escapar de mi pantalón, e ir a pasar un buen rato entre las piernas de alguna mujer. No sé porque, justo quise ir con aquella, tal vez lo suponía, tal vez fue casualidad, no dejaba ver mucho de su cuerpo, pero algo en ella me atrajo enormemente, me acerqué por atrás y puse mi bulto entre sus nalgas, casi con violencia.

-Ah, muy dotado por lo que siento. Pero... Me gustaría sentir un poco más. Dijo con una voz familiar y un tono más seductor que cualquiera que jamás había oído.

La voz familiar, no me importaba, había conocido muchas mujeres en el último tiempo, y llegado el caso de que fuera alguna de ellas, nos lo íbamos a pasar muy bien de todos modos.

No sé si fue el aroma o el calor que había en el aire, o el calor que se concentraba todo en un solo punto de mi cuerpo, o que no estaba con una mujer desde hacía horas, pero no pude aguantar más me separé de esos firmes y redondos glúteos por un momento, como si no quisiera hacerlo, y allí, en el medio de toda la fiesta, como si no hubiese nadie más, bajé el cierre de mi pantalón y mi pene salió como disparado. Volví a acomodarlo en ese tan perfecto lugar, como si estuviese hecho para mí.

-¿Cuanto cuestas? Pregunté, de manera descarada pero elegante.
-Mmmm, aunque mis ropas son gruesas y abultadas, lo puedo sentir bien duro, con cada vena y cada pliegue, lo siento latiendo, y hasta puedo sentir la sangre e incluso otras cosas fluyendo a través del largo y ancho de esa obra de arte, no hay más palabras para describirlo. ¿Usted también siente la conexión verdad?
-Por supuesto señorita-. Le dije intentando parecer elegante e interesado.
-¿Cuánto?
-Solo para usted caballero, serán unos doscientos cincuenta mil.

Era un lugar de nivel, y el dinero no era un problema, además tenía ganas de liberar todo ese calor concentrado en una parte de mi cuerpo, no podía esperar más, lo necesitaba.
-De acuerdo señorita, esta noche usted será solamente mía.
-¿Esta noche? Pero...
-Shh no hable más, por ahora me pertenece, y no voy a tratarla más de usted, ahora, no eres más que un objeto para mí.

Le susurré mientras le hacía una seña al organizador del evento, para que nos diera un cuarto, no sin antes pagar el dinero correspondiente por los servicios de la joven, más unos diez mil por el alquiler del cuarto.
El cuarto, estaba provisto por todo lo que uno pudiera imaginar, látigos, vibradores, jacuzzi, mangueras, comida, animales, velas, antorchas, sogas, esposas, camas de agua, de clavos, de hierro.
Si bien estaba desesperado, y si bien mi miembro estaba sediento de los fluídos e una mujer, había pagado mucho dinero por esta muchacha y la iba a disfrutar.

Cuando le quité el vestido, se dejó ver un traje de latex bien ajustado que hacía juego con la máscara, me quité toda la ropa, me detuve para admirarme un rato en el espejo, siempre fui muy narcisista, he llegado a masturbarme viendo mi reflejo, viendo como mis músculos trabajaban en perfecto equilibrio, deseando cada parte de mí con mi propia mirada.

-¿Cómo te llamas puta? porque no puedo andar por ahí llamándote puta, cuando salga de aquí voy a hablar de ti, no me voy a referir a ti como "puta", necesito saber tu nombre-. Le dije entre gritos, como queriendo asustarla.
-Beatriz-. Me dijo tímidamente
-Más fuerte puta que no te oigo. Le dije entre gritos, intentando amedrentarla inútilmente.
-Beatriz-. Me dijo nuevamente como entre sollozos.
Eran falsos, intentaba seguirme el juego. La acosté en la cama de hierro que colgaba de unas cadenas, y la até bien fuerte con unas sogas de pies y manos.
Tomé un cuchillo, y posé el acero sobre su cuello diciéndole.
-Cuando hable con mis amigos, más te vale que pueda hablarles bien de ti ¿de acuerdo?
-S..Si

Luego deslicé el filo del cuchillo por el medio de su cuerpo desde el pecho hasta ambas piernas, de ese modo abrí el traje de latex y se lo desprendí violentamente.
Luego quien quiso deslizarse por todo su cuerpo, fue mi mano, pero todo cambió en el instante en que mi mano sintió su piel, no podría describirlo con palabras, ninguna prostituta me había hecho sentir algo así antes, mi corazón latía a más no poder. En ese momento, si bien era ella quien estaba atada, era yo quien se sentía inmóvil, ella yacía estática delante mío, esperando a que yo hiciese algo. Y yo no hice más que someterme a la voluntad de su cuerpo.

No quería tocarla, se veía tan... Perfecta así como estaba, no quise hablar más, en principio solo me dispuse a sentir todos los aromas de su cuerpo, mis hormonas estaban demasiado alborotadas y cada parte de mí necesitaba y una parte de mí en especial, se acercaba más a ella hasta el punto de generarme dolor. Luego, antes de tocar, quise oír, y puse mi oreja a milímetros de su piel, primero sobre su pecho, de manera tal que podía oír su corazón, también latía muy rápido, como si todo su cuerpo también estuviese deseoso de tenerme. Y así me deslicé por todo su cuerpo pudiendo sentir sus latidos desde sus rincones más recónditos.
Finalmente me decidí a tocarla, tomé un bowl que contenía muchas fresas, y con mis manos las exprimí sobre todo su cuerpo, e introduje una, la más grande, en el orificio de su cuerpo que yo más quería poseer. Y comencé a lamer todo ese jugo que había exprimido, y todos los manjares que había probado antes no tenían comparación a los sabores de su cuerpo, y ni la música clásica ni las bandas de moda habían creado más dulce melodía que la de sus tímidos y nacientes gemidos. Excepto por su vagina, no quedó una gota de jugo de fresas, y un sólo rincón de su cuerpo sin ser probado, lo recorrí todo, sus muslos, sus hombros, su pecho, su abdomen, quise dejar los senos para el final, pues esos pezones parecían dos piedras preciosas, duros, rosados, como si fuesen un tesoro, no eran muy grandes, pero solo para disfrutar del placer que le estaba dando, hice lo posible para que el recorrido con la punta de mi lengua se hiciera eterno.

Luego de haber quedado tan cautivado, hice algo que jamás creí que haría.
-No la voy a desatar ni le voy a quitar la máscara. Sabiendo y a partir de ahora, puede hacer conmigo lo que quiera señorita.
Luego de eso comenzó a gemir desaforadamente, y cuando terminó me dijo.
-Quiero que te comas la fresa que guardaste para el final, te lo ruego hazlo por lo que más quieras.
De su sexo fluía un líquido rojo mezcla de su flujo con el dulce jugo de fresa. Muchas veces había practicado sexo oral, pero aquella vez, no solo lamí su sexo, me lo devoré. Yo sólo conté tres orgasmos en ese momento pero puede que me haya equivocado, y hayan habido más.
-Parece que entre los dos hemos hecho que quede bien limpita, así se siente, ahora quiero sentir tu pene.
Yo estaba encantado, estaba por tener ese tesoro, uno como el que no había visto antes, cada bello de mi cuerpo se erizó de la emoción y la ansiedad, pero cuando la punta de mi miembro rosó sus labios.
-Momento, no dije que lo quería ahí, quiero sentirlo, en todo mi cuerpo.

¿Saben? Yo había pagado por esa chica, podía hacerle lo que quisiera, pero mi deseo en ese momento, era seguir sus órdenes. Mi pene acarició todo su cuerpo, lentamente, lo apoyé largo rato en su cara cubierta por el latex, e incluso lo usé para darle unos masajes de placer que jamás había dado, y de repente.
-Por favor, ya, métemelo que yo tampoco aguanto más.

¿Como sabía que yo no aguantaba más? Ya nada importaba, mi pene se encontraba en el interior de aquella hermosa mujer, con curvas perfectas, y mi cuerpo entero sentía un placer que hacía mucho tiempo no sentía. Estuvimos así un largo rato, como si estuviésemos haciendo el amor, ella estaba atada y yo estaba sometido, mi sexo y el suyo ardieron juntos hasta no poder más, y cuando no aguanté, saqué mi pene de dentro de ella y bañé su cuerpo con mis fluídos, que también hervían, casi quemándole la piel, y ese cuerpo, aún estático por las ataduras, también era una obra de arte.

Como todo un caballero, la limpié arrojándole un baldazo de agua helada sobre el cuerpo, y decidí que ya era hora de quitarle esa capucha, y ver el rostro de quien me había hecho pasar la mejor noche de mi vida.
Lentamente fui desatando la capucha, no se la quité, eso lo dejé para ella, corté las sogas, que dejaron unas fuertes marcas en sus muñecas y tobillos, y la esperé sentado en la cama, se sentó al lado mío, y se quitó la capucha. Y yo, no podía creer lo que estaba viendo.

-¿Así que Beatriz eh?-. Le dije con una sonrisa y una voz calma.
-No puedo creer que seas tu... Me salvaste.
Beatriz realmente era Natalia, mi ex mujer, aquella por la cual decidí que nadie volvería a dominarme nunca más, y una vez más ella había tomado control sobre mí, ahora es conexión cuadraba completamente. No entendía a que se refería con eso de que la salvé. Pero comencé a vestirme, cuando abrí la puerta de la habitación para marcharme me dijo.
-¿A donde te crees que vas?
-A mi casa, ya hice lo que vine a hacer, ahora me voy, y espero no volver a verte. Le dije de manera sobradora y soberbia, aún sabiendo que me engañaba a mí mismo. Aún creyendo que la amaba desde lo más profundo de mi alma.

-No amor, tu no me alquilaste, me compraste, y ahora soy completamente tuya, para siempre.
Que increíbles las vueltas del destino, finalmente volví a casarme con Natalia, ahora somos felices, porque sabemos que no necesitamos a nadie más para saciar nuestros más bajos deseos, de la forma en que querramos, cuando lo querramos, porque luego de esa noche entendimos, que más allá de pertenecernos y obedecernos el uno al otro, era tal vez por el destino que también estábamos atados de pies y manos.



Bueno fue muy extenso, no sé si con lo erótico en sí, pero después de todo quedé satisfecho, al menos con el desarrollo del relato. Muchas gracias si leíste hasta acá, sé que fue muy extenso.
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