Femme

Cornuda resentida escracha a su ex zurdito y elitista



Las «memorias» de Valérie Trierweiler (49 años), ex de François Hollande (60), contando las miserias de su historia de amor con el jefe del Estado se han convertido en una tormenta incendiaria, metiendo fuego a un paisaje de ruinas políticas en los pasillos más oscuros del poder. Según dos sondeos publicados a las veinticuatro horas de la aparición de «Merci pour ce moment» (Gracias por ese momento), la cota de estima y popularidad de Hollande continúa hundiéndose de manera vertiginosa.

Según el último sondeo de «Le Figaro Magazine», en vísperas de la publicación de las revelaciones escandalosas de su ex, Hollande solo contaría en la actualidad con un 13 % de opiniones positivas y un 87 % de opiniones negativas. El resultado más bajo y catastrófico para ningún político de la historia de la V República.

La revelaciones íntimas de su amante sobre la personalidad del jefe del Estado quizá contribuyan a continuar minando una confianza que ha caído a niveles históricamente bajos. Quizás por eso, Les Arenes, la editorial que editó el volumen, imprimió los 200.000 ejemplares de la primera tirada en Alemania. Los libros no cruzaron la frontera hasta el martes por la noche. Y las propias librerías que los pusieron a la venta, tenían estrictamente prohibido abrir las cajas hasta ayer.

Un deshonor
Marine Le Pen, presidenta del Frente Nacional (FN, extrema derecha), estima que el libro de Trierweiler es una «vergüenza» y un «deshonor» para Francia, poniendo una bomba de relojería en el pedestal de una función presidencial caída en un lodazal que despide pútridos perfumes. Manuel Valls, primer ministro, estima que los comentarios excesivos y los ataques exagerados «rebajan» el debate.

El gran público, por el contrario, parece sediento de revelaciones sobre la verdadera «naturaleza íntima» de un jefe del Estado que su examante «desnuda» en la plaza pública en un estado de patética miseria física y moral.

Los comentarios malévolos de Trierweiler sobre Hollande caen como bombas fétidas en la escena pública, arrojadas al rostro de amigos, enemigos, rivales, hombres y mujeres convertidos en peleles de un esperpento que la opinión pública descubre fascinada y horrorizada. Cuando Hollande, según Trierweiler, trata a los «pobres» es unos términos despectivos, con una «ironía» de «rico acomodado», con una pavorosa falta de escrúpulos verbales, la imagen del presidente socialista sufre un duro golpe. Su ex hunde la navaja en el costado público, añadiendo: «No tengo claro que el jefe del Estado sepa todavía donde tiene su mano izquierda».

Cuando Hollande jura y perjura, desnudo, en el lecho de amor, que los «rumores» de «otras» aventuras eróticas son pura «filfa», Trierweiler quizá habla por la boca de una mujer herida, despechada, sin duda. Pero sus palabras suenan ciertas cuando, en el mismo lecho desnudo, el mismo Hollande sigue dejando caer perlas asesinas sobre sus ministros y el personal «subalterno».

«Le Nouvel Observateur» afirma que su examante da al presidente un «tiro de gracia». «Le Parisien» afirma que se trata de una «guerra patética» que está dañando la «función presidencial». «BFM» insiste: «Las revelaciones provocan una onda de choque devastadora para la imagen del jefe del Estado».

«Inrocks» estima que las revelaciones de Trierweiler harán mucho daño a la izquierda socialista, contando un largo rosario de miserias donde se confunden la intimidad sexual y la guerra política sin cuartel entre la élite del PS y el actual gobierno. La guardia pretoriana del presidente de la República parece temer ese efecto boomerang de un libro cuyas intimidades sentimentales y carnales se han transformado en una tormenta política. En ese terreno, las revelaciones de Trierweiler echan aceite hirviendo al incendio de la crisis, divisiones y enfrentamientos de las familias socialistas.

La ex de Hollande cuenta con precisión cómo los ministros que le reían las gracias cuando ella era la «primera dama» dejaron de hablarle y le volvieron la espalda cuando comprendieron que Hollande se estaba acostando con otra, la actriz Julie Gayet.

Trierweiler trata con olímpico desprecio a Manuel Valls, primer ministro, Michel Sapin, ministro de Economía, y Pierre Moscovici, aspirante al cargo de comisario de asuntos económicos de la UE. Por el contrario, agradece a Carla Bruni de Sarkozy y Cecilia Ciganer (ex Sarkozy), su solidaridad en el momento cruel de su ruptura con Hollande. Varios ministros y dirigentes socialistas se niegan a comentar un libro que denuncian como un ejercicio de periodismo «rosa» (pasión).

Está por ver cómo irán reaccionando, con el tiempo, personajes como Laurent Fabius (ministro de Asuntos Exteriores), Ségolène Royal (madre de los cuatro hijos de Hollande), o el mismo Manuel Valls, jefe de Gobierno, cuando vayan rumiando las frases asesinas de Hollande, sobre ellos, contadas con ferocidad por una amante despechada que amenaza con seguir contando miserias de unos y otros.