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El secreto masturbatorio de la prenda femenina



¿Por qué una prenda que puede llegar a ser bastante incómoda tiene tanto éxito entre las chicas?



Todo el mundo mira a las chicas en shorts. Yo soy chica y hetero y también las miro: ellas son las musas de la belleza veraniega, representan la armonía minimalista ante los excesos de gente, de calor y de todo. Las miro por su evidente belleza. Por envidia. Porque están por todos lados. También porque, hasta hace poco, me costaba entender cómo podían ir cómodas con esos mini pantalones.

Observar a gente que viste más ligero que tú, a gente más ligera que tú, es refrescante. Cuando empezaron las noches de calor y bochorno me dio por pensar que la gente delgada sufre menos calor. Y si esa gente delgada viste prendas mínimas, sus cuerpos se transforman en las aspas de un ventilador. La ropa pequeña es como la ropa técnica del período estival. Por eso las chicas en shorts son como astronautas contra las altas temperaturas. No es casualidad, intenté explicarme, que los shorts lleven varios años batiendo récords de éxito. Sencillamente, es una prenda apetecible. Fácil. Combinable. Fresca. Si una tiene ganas de mostrar su cuerpo, es perfecta. La quintaesencia del verano. La cuestión es: ¿no son MUY incómodos?


Ese día llevaba los shorts apretados. De pronto, un movimiento del vagón me dio un chispazo de placer. Caray con la bebida energética, pensé


Luego me di cuenta. Las chicas como yo, de muslos grandes y gelatinosos, también los llevan. A ellas no les resultan incómodos y yo me revuelvo como si tuviera sarampión. Así que me dije: te vas a probar todos los modelos de shorts de esta gran ciudad. Ocurrió lo siguiente. Si los llevaba demasiado estrechos me quedaban marcas en la piel; terminé con unos surcos rojos en las ingles y en la cintura que picaban más que invitar a un trago a un grupo de mosquitos. Si, por el contrario, me ponía unos más anchos, terminaba con la parte interior de los muslos en carne viva por culpa del roce. Si elegía unos elásticos, o bien cortos, se producía el efecto chicha-apretujada.

A saber:



Entonces, ¿todas esas chicas llevan shorts porque tienen más capacidad de sacrificio que yo? ¿O es que en realidad lo que quiero es ir a trabajar desnuda? Si pudiera, ¿me arrancaría la piel? Pensaba en esto sentada en el metro. Ese día llevaba los shorts apretados. De pronto, un movimiento del vagón me dio un chispazo de placer. Caray con la bebida energética, pensé. Entonces crucé las piernas. Y ahí ya sí que la lié. Un hormigueo empezó a derramarse desde mi clítoris hasta el resto del cuerpo. Miré las paradas que quedaban hasta llegar a casa. Cuatro. Tres. Dos. Uno... ¡Joder!

De pronto lo entendí todo. El éxito de los shorts es que son herramientas masturbatorias de élite. Con un mínimo movimiento de piernas, empujón de transeúnte o el simple ajetreo en un vagón pueden llevar al éxtasis en cualquier momento, en cualquier lugar. Eso me parece apetecible. Y veraniego. ¿O me lo habré inventado también?


Por: Alba Muñoz


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