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¿Es la violencia de lesbianas es un problema feminista?

Dentro del feminismo existen dudas, temores y resistencias a la hora de afrontar las violencias en relaciones lesbianas. En este artículo defiendo que algunas de ellas están justificadas pero que, no obstante, no son suficientes para rehuir la cuestión. Además, ignorarla agrava injustamente la situación de las lesbianas (y de toda persona que mantenga una relación lesbiana) inmersas en dinámicas de violencia.

Eunate Cearra, jurista y doctoranda sobre violencia entre lesbianas





La violencia en relaciones lesbianas (así como toda violencia en relaciones no heterosexuales y la que ejercen algunas mujeres contra sus parejas varones) a menudo no se nombra más que para negar la existencia, extensión y gravedad de la violencia machista que ejercen algunos hombres contra sus parejas mujeres. Es tan absurdo como argumentar que la violencia racista no existe porque hay personas blancas que se agreden entre sí o que son víctimas de personas negras. Y sin embargo el miedo a que estas otras violencias se empleen como arma arrojadiza, o cortina de humo, que difumine nuevamente el machismo es la causa que algunas voces esgrimen para rechazar la conveniencia de atender la violencia en relaciones lesbianas. Miedo sin duda justificado pero no suficiente para instaurar una dictadura del silencio que facilita y agrava las problemáticas de violencia.

Desde el feminismo (algunas voces feministas) se incurre también a veces en el error de instrumentalizar estas violencias de tal modo que no se les reconoce interés más que en la medida y en aquellos casos en que tengan causa en el sistema patriarcal.


La lesbofobia interiorizada es una de las causas que señalan aquellas feministas que abogan por reconocer la violencia en relaciones lesbianas como también expresión de la dominación patriarcal


De tal modo que algunas feministas sostienen que la violencia en relaciones lesbianas no es un asunto que deba interesar al movimiento dado que no es una violencia que se encuadre dentro de la categoría de violencia machista. Efectivamente, no es el machismo lo que motiva la mayor parte de violencias que se ejercen en relaciones lesbianas. Aunque, en algunos casos, sí sea la lesbofobia. Y esta (la lesbofobia interiorizada) es una de las causas que señalan aquellas feministas que abogan por reconocer la violencia en relaciones lesbianas como también expresión de la dominación patriarcal. La otra es la asunción de los modelos machistas de relación y romanticismo.

Tanto para unas como para otros el foco de interés no se encuentra en las violencias que efectivamente están ocurriendo en las relaciones lesbianas sino, para las feministas, en las manifestaciones y efectos del machismo y, en el caso de los machistas, en la negación del machismo. Tal es así que incluso algunas de las se interesan por estas problemáticas parecen pasar de puntillas por aquellos aspectos de la realidad que quedan fuera de dicho enfoque para regresar con rapidez a la denuncia del patriarcado y sus manifestaciones (una de las cuales sería, a su parecer, la violencia en relaciones lesbianas)

La violencia en relaciones lesbianas no es una y siempre la misma



Cuando empleamos la denominación/categoría violencia en relaciones lesbianas no es el machismo o el sistema patriarcal el criterio para seleccionar las violencias objeto de nuestro interés sino un determinado tipo de relación. Estamos diciendo que nos vamos a ocupar de todas aquellas violencias que se ejercen/padecen en el transcurso de las relaciones que podamos describir como lesbianas. Sería erróneo si hacer uso de una misma denominación/categoría nos llevara a concluir que nos referimos siempre a hechos semejantes. No es así, las violencias a las que nos referimos son diversas en cuanto a motivaciones, formas, intensidad, significados, efectos, respuestas, etcétera.

Así por ejemplo, existen grandes diferencias entre un empujón único y excepcional en una discusión entre quienes, por lo demás, mantienen una relación igualitaria y de respeto y aquel patrón de conducta que denominamos maltrato (esto es, un patrón de conducta violenta y coercitiva que busca controlar a la otra persona o castigarla por resistirse a los intentos de control). También entre la violencia lesbófoba que puede ejercer contra su pareja quién rechaza sus deseos y actos lesbianos y el comportamiento violento de quien afronta agresivamente las diferencias.

Agencia del sujeto e interseccionalidad



La violencia no es una abstracción sino una forma de calificar o describir algunos comportamientos que los seres humanos pueden y a veces deciden realizar en sus concretas circunstancias por motivos diversos. Esto es, quién en última instancia decide su comportamiento- violento o no- es la persona, quién siempre pudo escoger otra forma de comportarse. También quién responde frente a la violencia ajena lo hace en ejercicio de su capacidad de decisión, aunque sea dentro de su abanico de posibilidades.


La mirada interseccional proporciona claves valiosas e ilumina aspectos de la violencia en relaciones lesbianas que deberían implicar al feminismo


Pero las personas no vivimos y tomamos decisiones en el vacío (ni tan siquiera nacemos para a continuación crearnos a nuestro libre antojo) sino en circunstancias, relaciones, entornos, sociedades, culturas concretas. De tal modo que el recurso a la violencia podrá no estar motivado por el machismo y en (muchos o pocos, habría que estudiarlo) casos tampoco por la lesbofobia interiorizada, sin embargo, quienes viven problemáticas de violencia en relaciones lesbianas están atravesadas por ejes de poder y privilegio que afectan a sus circunstancias, identidades y experiencias.

Por poner un ejemplo, la lesbofobia puede propiciar una problemática de violencia cuando la persona víctima de su pareja apenas cuenta con opciones dado que quizás carezca del apoyo de familiares y amistades (quienes pueden haberle rechazado por lesbiana o desconocer que mantiene una relación lesbiana) así como de recursos públicos especializados. En estas circunstancias, se incrementan las diferencias en función de la clase social (quienes cuenten con suficientes ingresos podrán acceder a recursos privados como por ejemplo apoyo profesional, mudarse a otra vivienda, vivir de forma independiente), la cual a su vez depende, entre otras variables, de la raza/etnia, el lugar de procedencia, la situación administrativa, la capacidad, el sexo (en la medida en que todo ello interactúa para determinar el acceso a la formación, el empleo, la riqueza, etcétera).

La mirada interseccional proporciona claves valiosas e ilumina aspectos de la violencia en relaciones lesbianas que deberían implicar al feminismo, pero nuevamente nos equivocaríamos si creyéramos que constituye toda la explicación y procediéramos a reducir toda problemática de violencia a una mera expresión de la intersección entre los sistemas de opresión y desigualdad.

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