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hay que ser un hijo de cuca con las mujeres



Muchas veces escuchamos “Con las mujeres Muchas veces escuchamos “Con las mujeres hay que ser un hijo de puta”.

Ahora digo…alguien que de por sí no es hijo de puta en ningún orden de la vida…¿puede ser hijo de puta con las mujeres?

No hay vuelta que darle, ser hijo de puta es algo que se lleva adentro y dicho sea de paso “no es nada bueno”. Ni con las mujeres ni con nada.

¿Desde cuando ser malo garpa?
El bien siempre a la larga va a triunfar sobre el mal, de la misma forma que la luz siempre le gana la batalla a la oscuridad.
Si en una habitación muy oscura, ponemos una pequeña luz, la iluminamos.
Si en una habitación muy iluminada agregamos una pequeña porción de oscuridad, la habitación sigue tan iluminada como antes.
La luz ilumina la oscuridad. La oscuridad no oscurece la luz.

Si naturalmente no somos “hijos de puta, en primer lugar demos gracias por no serlo. Y en segundo lugar jamás actuemos como si lo fuéramos.


Pero cuidado: No confundamos ser buenos con ser boludos, sometidos y entregados.

Alguien puede decir: “Mi novia se fue de vacaciones con un grupo de amigos que incluía al ex novio. Y como yo la amo lo acepté”.
Ese tipo cree que fue “bueno” con la novia, cuando en realidad fue un pelotudo atómico. Y la novia lo sabe. Y a la novia no le gustan los pelotudos y menos los atómicos.

Y ni hablar de los pelotudos, atómicos y además cornudos (que será en lo que se convertirá ese novio en breve)

Por eso es importante hacer dos distinciones:

Una, entre bueno y boludo.
Y dos, entre hijo de puta y tipo que se “valora y respeta”.

Esto último también trae bastante confusión. Muchas veces pensamos que no dejarnos pasar por arriba, no dejarnos boludear, es ser hijos de puta. No. Para nada. Eso es quererse, valorarse, respetarse.
Y a las mujeres les atraen mucho más ese tipo de hombres que los otros.

El gran problema es que las mujeres muchas veces nos impulsan a ser unos forros.
Nos hacen quilombos porque no le mandamos veinte mensajes por día, porque miramos por la calle un poster de Nicole Newman o porque tenemos un hobbie (cualquiera sea) que nos ocupa una hora semanal.
Y lo único que respondemos a estas demandas es “Sí mi amor…perdoname…” creyendo que con eso vamos a estar mejor con ellas, que las vamos a tener más enamoradas, que no nos van a romper más las pelotas. Y cuando de todas formas nos dejan decimos: “Debí ser más hijo de puta”.

No...no…para nada. Debimos ser menos pelotudos, que no es lo mismo.
”.

Ahora digo…alguien que de por sí no es hijo de puta en ningún orden de la vida…¿puede ser hijo de puta con las mujeres?

No hay vuelta que darle, ser hijo de puta es algo que se lleva adentro y dicho sea de paso “no es nada bueno”. Ni con las mujeres ni con nada.

¿Desde cuando ser malo garpa?
El bien siempre a la larga va a triunfar sobre el mal, de la misma forma que la luz siempre le gana la batalla a la oscuridad.
Si en una habitación muy oscura, ponemos una pequeña luz, la iluminamos.
Si en una habitación muy iluminada agregamos una pequeña porción de oscuridad, la habitación sigue tan iluminada como antes.
La luz ilumina la oscuridad. La oscuridad no oscurece la luz.

Si naturalmente no somos “hijos de puta, en primer lugar demos gracias por no serlo. Y en segundo lugar jamás actuemos como si lo fuéramos.


Pero cuidado: No confundamos ser buenos con ser boludos, sometidos y entregados.

Alguien puede decir: “Mi novia se fue de vacaciones con un grupo de amigos que incluía al ex novio. Y como yo la amo lo acepté”.
Ese tipo cree que fue “bueno” con la novia, cuando en realidad fue un pelotudo atómico. Y la novia lo sabe. Y a la novia no le gustan los pelotudos y menos los atómicos.

Y ni hablar de los pelotudos, atómicos y además cornudos (que será en lo que se convertirá ese novio en breve)

Por eso es importante hacer dos distinciones:

Una, entre bueno y boludo.
Y dos, entre hijo de puta y tipo que se “valora y respeta”.

Esto último también trae bastante confusión. Muchas veces pensamos que no dejarnos pasar por arriba, no dejarnos boludear, es ser hijos de puta. No. Para nada. Eso es quererse, valorarse, respetarse.
Y a las mujeres les atraen mucho más ese tipo de hombres que los otros.

El gran problema es que las mujeres muchas veces nos impulsan a ser unos forros.
Nos hacen quilombos porque no le mandamos veinte mensajes por día, porque miramos por la calle un poster de Nicole Newman o porque tenemos un hobbie (cualquiera sea) que nos ocupa una hora semanal.
Y lo único que respondemos a estas demandas es “Sí mi amor…perdoname…” creyendo que con eso vamos a estar mejor con ellas, que las vamos a tener más enamoradas, que no nos van a romper más las pelotas. Y cuando de todas formas nos dejan decimos: “Debí ser más hijo de puta”.

No...no…para nada. Debimos ser menos pelotudos, que no es lo mismo.


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