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La melancolía tiene cara de mujer

La melancolía tiene cara de mujer




¿Sabían ustedes amigas queridas que la palabra “melancolía” tiene su origen desde la Grecia primitiva?

Y qué curioso parece esto, pero un médico de aquella época llamado “Hipócrates” la asoció al humor negro y a la bilis que se produce en el hígado, derivada de la amargura y el dolor. Más tarde en el año de 1725 aparece otro personaje, Sir Richard Blackmore (médico británico), quien le da el nombre de: “depresión” como se le conoce hoy día en el área de la psiquiatría científica actual.



Entonces nos daremos cuenta que el conocimiento de los antiguos no andaba tan lejos de la realidad con respecto a lo que la ciencia médica actual ha descubierto en cuanto a los humores del organismo humano, tales como: indigestiones, vómitos, sudoración, orinas,heces y todo tipo de toxinas que suelen enfermarnos con frecuencia si no son evacuados o atendidos a tiempo, derivado todo ello de una mala o deficiente ingesta o asimilación de los alimentos, pero también existe otra causa que no es física sino psíquica y esta es: no saber digerir y transformar las impresiones mentales y sentimentales.

El mal de nuestro mundo es la soledad, es la melancolía con su sinónimo muy conocido llamado: tristeza, y dicen los expertos en la materia que cuando esa tristeza se prolonga por más de seis meses máximo, se convierte en depresión y más tarde en neurosis y psicosis depresiva, de allí seguro hay un paso hacia la esquizofrenia de la cual no se puede salir tan fácilmente como algunos optimistas pudieran pensarlo, porque para estas cuestiones no sólo se necesita entusiasmo sino algo más, se requiere de una buena dosis de paciencia en las terapias que no siempre dan resultado, dependiendo del caso que se trate.



La melancolía por lo general se viste de mujer, es muy raro ver patologías masculinas de este aspecto… pero sí las hay, especialmente cuando se trata de enfrentar lo sueños rotos. En esta área la mujer es una experta, se especializa en materia de sufrimientos, y los más densos y difíciles de trascender son precisamente (qué curioso), las añejas heridas sentimentales.

La mujer normalmente es más entregada, y en cuestión de amores sufre más porque es la que da más, la que siente más, la que está más cerca de la hoguera y a veces no le importa quemarse con tal de salvar su corazón del dolor, de la soledad, de la melancolía, de la tristeza y de la depresión. A ninguna mujer le gusta estar sola, creo que a nadie, es una especie de dependencia necesaria el sentimiento de sentirse amada y respetada. Pero lo malo es que la mujer siempre pone sus apegos sentimentales en manos ajenas y nunca se le ocurre pensar que al entregar el cuerpo, alma, sentimiento y razón a alguien que no conoce lo suficiente, está quemando anticipadamente su mapa de la felicidad auténtica.¡No es justo ni digno vivir atadas a una felicidad pre-fabricada con lazos de apego y dependencia!

Cuando la mujer aprenda a conocer sus zonas internas donde se manifiesta la tristeza y la melancolía, cuando aprenda a curarse a sí misma con amor y respeto a sí misma primero, ya no tendrá miedo de amar libremente, porque si llegaran a fallarle, ella sabrá que fue el hombre quien se engañó y se falló a sí mismo primero. ¿Quién se lo pierde?

Verán mujeres amigas que hasta con orgullo, dignidad y alegría podrán sentirse victoriosas de sus triunfos y disfrutando de una sonrisa secreta podrán exclamar jubilosas: “Yo ya lo conocí a él tal cual era… es él quien todavía no me conoce a mí!”… ¡Y se habrá ganado la batalla y quizá algún día, la guerra total contra la melancolía y el dolor!

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