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Las mujeres adictas al amor, ¿cómo pueden recuperarse?

Las mujeres adictas al amor, ¿cómo pueden recuperarse?


Quizás muchas mujeres que estén leyendo este artículo, sientan ese estado que describimos, como "destrozadas". Poder reconocerlo, es el punto de partida, para una nueva vida, una vida tan maravillosa que ni siquiera podemos imaginarla.


¿Cómo puede recuperarse una mujer que sufre demasiado por amor?
Robin Norwood (autora del libro “Mujeres que aman demasiado”) ofrece una serie de pasos, sencillos pero no fáciles, que si se siguen posibilitarán la recuperación:

1) Busque ayuda.

Este es el primer paso, tenemos que abandonar la idea de que solas podemos salir de esta adicción, para ello necesitamos tratamiento adecuado con un profesional de confianza y especializado en el tema.

Un obstáculo frecuente para el pedido de ayuda, es la falta de convicción que tiene la mujer de que merece más felicidad de la que posee. Este un concepto clave en la recuperación.
Hay que evitar que la enfermedad que padecemos por amar demasiado genere un mayor deterioro.

2) Haga que su recuperación sea una prioridad.

Debemos estar dispuestas a cambiar. Las fuerzas o energías hay que ponerlas en función de nosotras mismas. Desviemos la mirada y dejemos de ayudarlo a recuperarse a él y atendamos a nuestra persona.


Si cumplimos con la psicoterapia, la asistencia a grupos de apoyo, aprenderemos a valorar y promover nuestro propio bienestar. Debemos hacer esfuerzos, en cuanto a tiempo y dinero, para recuperarnos. El tratamiento es lo más importante, ninguna excusa o motivo pueden obstaculizarlo.

3) Busque un grupo de apoyo integrado por pares que la entiendan.

A través del intercambio de experiencias podremos identificarnos, reconocer defectos, aciertos, características y sentimientos, iniciando el proceso de auto-aceptación, requisito fundamental para la recuperación.


Encontrar un grupo de pares que nos comprendan puede requerir cierto esfuerzo. Si el grupo específico no existe en la comunidad, busquemos un grupo de apoyo en el que las mujeres traten sus problemas de dependencia en general (no sólo a un hombre), o bien iniciemos nuestro propio grupo.

4) Desarrolle la espiritualidad con la práctica diaria.

Este paso se puede cumplir siendo muy creyente o ateo. Es el camino que nos lleva más allá de nosotras mismas, por el cual vivenciamos paz, serenidad, alivio.


El solo hecho de poner el problema en manos de un Ser Superior nos librará de la obstinación de creer que las cosas sólo dependen de nosotras.

5) Deje de manejar y controlar.

Este ítem requiere aprender a no decir ni hacer nada más por el otro. Implica decir ¡Basta! No podemos ubicarnos como madre de nuestra pareja.


La mayor alteración y desesperación experimentada deriva por los intentos que hacemos para dirigir y controlar lo que no podemos.

6) Aprenda a no engancharse en los juegos.

No engancharse implica reaccionar en una forma que ponga fin a un eterno juego de roles. Ambos miembros de la pareja interactúan ocupando el lugar de rescatador (tratan de salvar al otro), perseguidor (tratan de culpar) y el de víctima (quien está indefenso).


Estos roles son como un juego que perpetúa una manera patológica de vincularse.

7) Enfrente con coraje sus propios problemas y defectos.

Al dejar de dirigir y controlar a otros y a los juegos no nos queda otra cuestión que revisar nuestra vida. Para ello necesitamos mirarnos en profundidad, con las ayudas que tenemos (psicoterapia, grupo, programa espiritual).


De esta manera, comienza la etapa de autodescubrimiento. Realicemos un trabajo completo, minucioso, hablemos, escribamos sobre detalles, acontecimientos, circunstancias, no nos inhibamos, dejemos aflorar nuestras vivencias. Es necesario escucharnos y ser escuchadas.

8) Cultive lo que necesita desarrollar en usted misma.

Tenemos que actuar como si no contáramos con otro apoyo que el de nosotras mismas. Significa no esperar la aprobación de él para emprender nuevas iniciativas. Cultivarse implica hacer cambios: empezar una carrera, darse gustos, buscar un empleo, etcétera.


En general, somos buenas dando a los demás, pero tenemos poca práctica en darnos a nosotras mismas. ¡Entonces practiquemos!

9) Vuélvase egoísta.

Volvernos egoístas es un ejercicio necesario para renunciar al martirio.


El sano egoísmo significa colocar nuestras opiniones, deseos, sentimientos, trabajos, planes en primer lugar en vez de último.

10) Comparta con otros lo que ha experimentado y aprendido

Este paso se puede dar luego de haber logrado la recuperación. Compartir con otros lo que hemos aprendido sin esperar nada a cambio, resultará natural.


Al hablar de ello, ayudaremos a otros a recuperarse. Y mantendrá nuestra propia recuperación.


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