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Mi [email protected] Tiene Sobrepeso, Como Puedo Ayudarle?

Mi [email protected] Tiene Sobrepeso, Como Puedo Ayudarle?



Cuando vemos a un niño rellenito, nos parece tan mono... Pero después comienza a ser preocupante: además, con las advertencias del pediatra ( un 18,5% de los menores entre 2 y 14 años tiene sobrepeso y un 11,9% obesidad, según la Encuesta Nacional de Salud), es normal que cuando una oye eso, se pregunte si sus hijos están engordando demasiado.

Aprende a identificar este problema, en caso de que exista. Descubre las posibles soluciones que te proponemos. No te culpabilices pero no tardes demasiado tampoco: cuanto antes te ocupes del sobrepeso de tu hijo, antes recuperará su peso normal.



¿MI HIJO TIENE SOBREPESO?





¿Cómo saber si tu hijo está “demasiado gordo”, “rellenito” o tiene sobrepeso? Es simple: sólo necesitas datos objetivos. Lo más fiable es el IMC (Índice de Masa Corporal), que tiene en cuenta el peso y la altura de tu hijo.

Calcula el IMC de tu hijo: peso en kg / altura en m (por ejemplo: un niño que pese 24 kg por 1,20 m tiene un IMC de 24/ (1,20 x 1,20) = 16,6)
A continuación comprueba que ese resultado se encuentre dentro de una “normalidad ponderal”, definida por el Ministerio de Sanidad y Consumo.



LOS PRINCIPIOS DE UNA ALIMENTACIÓN SANA





Para evitar que tu hijo coja sobrepeso, tienes que proporcionarle una alimentación equilibrada. La base: comer un poco de todo de manera razonable.

Para un niño, lo ideal sería:

> Cuatro comidas al día (merienda incluida), sentado, tranquilo y, si es posible, en familia.
> Cinco raciones de frutas o verduras al día.
> Algo de alimentos con alto contenido en fécula en cada comida.
> Carne o pescado una vez al día (no más).
> Leche o productos lácteos tres veces al día.
> Un desayuno que incluya una ración de cereales, un lácteo y fruta fresca.
> Un único tentempié (o merienda) al día: la merienda (limitada en horario y en cantidad).
> Nada de picotear fuera de las comidas.


Y, sobre todo, enseña a tu hijo a identificar lo que siente: a comer cuando tiene hambre, ni más, ni menos. Es mejor centrar tu discurso sobre su bienestar en vez de en su peso, noción vaga que puede hacerle sentirse culpable.

Las costumbres alimenticias que hereda tu hijo las guardará toda su vida. Así que vale la pena esforzarse los primeros años.



BUENAS COSTUMBRES





Sólo un 1% de los casos de obesidad infantil se deben a una causa médica (genética o de origen endocrino). Así que en el resto de casos, deben adoptarse una serie de costumbres lo antes posible.

> Piensa en "verde": no tiene porqué ser biológico o fresco (no siempre tenemos el tiempo o el dinero necesario), pero intenta que sea lo menos industrial posible: es mejor que coma una barrita de chocolate y un trozo de pan que un pastel, una fruta mejor que una compota… Incluso una hamburguesa “hecha en casa” es mucho mejor que una de una cadena de comida rápida. Los productos industriales siempre tienen grasa, azúcar o sal añadida: si consume productos naturales, reduces el aporte calórico y acostumbras al niño a los sabores “reales” de los alimentos.

.> Moverse: anima a los niños a que salgan a jugar fuera en lugar de quedarse viendo la tele o jugando con la videoconsola o el ordenador. ¿Cómo? Sal a pasear con ellos cuando tengas tiempo, y anímales a que inviten a otros amigos (estarán menos tentados por las pantallas de tv etc.) y apúntales a actividades físicas… Los especialistas recomiendan media hora de actividad física diaria.

> No hagas de la comida una solución para todos los problemas: para muchos padres, un niño con buena salud es sinónimo de estar regordete y tienen tendencia a cebarles en cuanto llora. Ahora bien, a pesar de que sea cierto que un niño alimentado llora menos, es peligroso acostumbrarle a la idea de que la comida le consolará: también puede llorar para manifestar que necesita mimos, atención, dormir…

> No culpabilizar al comedor escolar: no existen estudios que demuestren una relación entre la obesidad infantil e ir al comedor escolar.


SÓLO LE GUSTA LA FRITURA, ¿QUÉ HAGO?




De recién nacidos, sólo toman leche y, progresivamente, empiezan a comer otro tipo de alimentos (purés y compotas cada vez más elaborados, galletas…). Entre 2-3 años y 6 años, la mayoría atraviesan un periodo de "neofobia": rechazan todo lo nuevo y se limitan a algunos alimentos seguros.

¿Las causas de este comportamiento? El niño busca seguridad consumiendo sólo alimentos que conoce. ¡De ahí la importancia de hacerle probar verduras y frutas cuando tan sólo es un bebé!

¿Y qué hago? El Dr Bocquet explica lo siguiente:
> No hay que dramatizar: aunque rechace lo que le propongas, tu hijo no va a morir de hambre.
> No hay que ceder: dejarle comer sólo lo que le gusta no es nada bueno, ni físicamente ni psicológicamente. Tienes que poner límites y decidir lo que es bueno para él, es el papel que te toca desempeñar como madre. Nada de prepararle comidas sólo para él, tiene que comer como el resto de la familia.
> Evita conflictos en cada comida, muéstrale la relación entre el placer y la comida.

Enséñale a disfrutar
> Disfrutar con las manos: Si los niños te ayudan a preparar la comida, se familiarizarán con los alimentos, así que tendrá menos miedo de consumirlos.
> Disfrutar saboreando: ¡Está prohibido decir no a las verduras! Si añades un poco de mantequilla o queso a las espinacas o endivias, en seguida suelen tener más éxito.
> Disfrutar compartiendo: acuérdate de tu primera taza de café… Sólo te gustó después de varias intentonas. A los niños les sucede lo mismo. Proponle en varias ocasiones un alimento, preparado de la misma manera, para que el niño pueda reconocerlo. Terminará por gustarle. ¿y si no? Fija unas normas: tiene que consumir al menos un poco, cada vez que prepares esos alimentos.


¿CUÁNTA CANTIDAD HAY QUE DARLE?




Las necesidades alimenticias de los niños varían en función de su edad, sexo y actividad física. Contrariamente a lo que muchas personas creen, los chicos no necesitan comer más que las chicas, ¡al menos no hasta la pubertad!

Antes de los 2 años, los pediatras recomiendan diversificar progresivamente la alimentación del bebé. En cuanto a las cantidades, el niño te hará saber él mismo que no tiene más hambre: cuando gira la cabeza o escupe, generalmente significa que ya no tiene más hambre.

Después de los 2-3 años, las necesidades varían de un niño a otro. Para saber la cantidad que necesitan... ¡tienes que fiarte de ellos! No le obligues a terminarse lo del plato, sírvele cuando te pida más (pero proponle alimentos sanos: en lugar de terminar la tarta, que se coman una fruta) y fija las comidas a una hora fija, en la mesa,y tranquilamente, es la única manera para ellos de identificar los signos las señales de hambre (o de saciedad) que les envía el cuerpo.

El Dr Bocquet insiste en el hecho en que nunca hay que poner a un niño a dieta, nunca le prives de comida diciéndole que pesa demasiado: si no, tendrá tendencia a sobre alimentarse en cuanto pueda, por miedo a no poder hacerlo más adelante.


LA INFLUENCIA DEL SUEÑO





Varios estudios lo demuestran: los niños que no duermen lo suficiente (se aconseja entre 16 y 17 horas de sueño por día para los menores de 3 años, 12 horas para los niños de entre 3 y 5 años, de 10 a 12 horas para los niños de entre 5 y12 años, y de 8 a 9 horas para los adolescentes) suelen tener más sobrepeso que el resto.

¿Por qué? Son varias las hipótesis: por lo que sabemos, la falta de sueño tiene una incidencia sobre las hormonas. Una noche más corta de lo que debería disminuye la circulación de leptina, una hormona que producen las células adiposas y que tiene un efecto « calmante » sobre el apetito.

La falta de sueño también podría aumentar el nivel de grelina, una hormona que produce la mucosa del estómago que aumenta el apetito.

Y, finalmente, a un niño que no duerme lo suficiente también le falta energía, así que practica menos actividad física.

Conclusión: ¡manda a tus hijos a dormir a una hora prudente! Como se levantan sobre las 7 h 30 de la mañana durante la semana para ir al colegio, lo ideal sería acostarles sobre las 20h/21h. O al menos compensarlo durmiendo más el fin de semana.




NUNCA LE DIGAS...




Algunas frases que deberías evitar...

"Si te portas bien, ¡te podrás comer un helado! Si no terminas el plato de judías verdes, ¡no tendrás postre!" La comida no es ni una recompensa ni un castigo. Es una manera de alimentarse, de disfrutar. Pero hacer que el niño relacione verduras con una obligación y lo graso/dulce con una recompensa, es peligroso.

"Sube por las escaleras, te vendrá bien." El niño tiene que moverse, no para adelgazar, sino porque es una buena manera de estar en forma y desahogarse. Es mejor pensar en lo que se disfruta haciendo deporte y no en algo como un castigo por haber comido demasiado.

"Nada de refrescos, ni hamburguesas ni helados." Prohibirle un alimento hace que este se convierta en algo irresistible para él. Estos alimentos tienen que consumirse con moderación, y de manera excepcional (cumpleaños, fiestas familiares…), y por lo demás, no comprarlos, así te evitarás discusiones.

"¿Qué quieres para cenar?" Eres tú la que tiene que decirdir el menú. El niño no está capacitado para eso. Tienes que indicarle qué es bueno para él.




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