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Radiografía al nuevo feminismo





Aquellos que a principios de nuestro siglo anunciaron la decadencia y muerte de los movimientos feministas en razón que los logros obtenidos ya no justificaban su existencia, parecen haber gritado victoria antes de tiempo. No solo pues las diferencias en el plano laboral persisten (la gran mayoría de las mujeres pueden confirmarlo) sino que, en los últimos años, las reivindicaciones se han multiplicado y han subido en tono y osadía. Ya no hay temas tabúes ni maneras inaceptables de reclamar cambios, tal como lo demuestra la variedad de movimientos y la intensa actividad en los medios sociales que difunden y justifican sus reivindicaciones. Se la llama la ‘cuarta ola’ del feminismo.



¿De qué se trata esta cuarta ola y cuáles eran las tres anteriores?

Primera ola (aproximadamente entre 1840 y 1920) Esta primera ola nació del movimiento antiesclavista y se consolidó en los derechos de las mujeres, particularmente el de votar. Un reclamo que las sufragistas presentaron oficialmente en 1848 y que fue recibido con sorna cuando no con una oposición tenaz y agresiva. El primer país en otorgar el voto universal femenino fue Australia, en 1894, seguido por Finlandia, en 1901. Pero fue recién a partir de 1917 que la onda sufragista comenzó a dar resultados si bien algunos países como Francia (1945), Chile (1949) o Suiza (1961) se mostraron más reticentes.

Segunda ola (aproximadamente entre 1960 y 1988) Como la primera, esta también surgió a partir de un enorme movimiento de justicia social (los derechos civiles para los afroamericanos) cuando las mujeres agitadoras se dieron cuenta de que ellas mismas carecían de muchos de los derechos que reclamaban para otros. El principal objetivo del movimiento de liberación femenino fue la igualdad en el trabajo y el derecho para decidir sobre su maternidad.

Tercera ola (aproximadamente entre 1988 y 2010) Fue consecuencia de un enorme cambio cultural: una nueva generación crecida con los logros del movimiento femenino ya vivía su vida feminista (educación, libertad en su vida sexual, participación en la política, etc.) pero el gran cambio entre la segunda y tercera lo definió el lugar del trabajo en la vida de una nueva generación de mujeres.

Cuarta ola (aproximadamente de 2008 en adelante) Lo que sucede ahora es totalmente nuevo. Si la cuarta ola recrea los conceptos que la tercera ya había avanzado, es la tecnología que la define: las nuevas herramientas (Internet, redes sociales) permiten la construcción en línea de un movimiento planetario, fuerte, popular y reactivo. La dimensión de esta popularidad es sorprendente y se expresa de diversas maneras:



Las manifestaciones-espectáculo


En los últimos años las demostraciones se propagaron por todas partes. En Francia surgió el movimiento Ni putes ni soumises (ni putas ni sumisas) creado por iniciativa de un grupo de mujeres jóvenes en respuesta a la violencia de la que son objeto en los suburbios y complejos de viviendas (’cités’).

Las nuevas feministas no dudan en poner sus atractivos al servicio de la lucha. Cansadas de esconderse, estas aguerridas activistas gritan sus reivindicaciones, muchas veces con sus senos al descubierto.

La Barbe es otro movimiento francés cuyos miembros llevan una barba postiza (símbolo esencialmente masculino) y se manifiestan silenciosamente contra la dominación de los hombres en las esferas de poder en todos los sectores, cultural, profesional, político y social. Pussy Riot, colectivo ruso de punk-rock feminista pone en escena actuaciones de provocación política sobre temas como la situación de las mujeres en Rusia y, más recientemente, en contra de la campaña electoral de Vladimir Putin a la presidencia de Rusia.

Asimismo, las nuevas feministas no dudan en poner sus atractivos al servicio de la lucha. Cansadas de esconderse, estas aguerridas activistas gritan sus reivindicaciones, muchas veces con sus senos al descubierto. Mientras que las activistas del grupo Femen (nacido en Ucrania en 2008) no dudan en manifestarse contra el turismo sexual con pechos desnudos; el movimiento Slutwalks reúne en sus demostraciones miles de mujeres vestidas ligeramente que manifiestan su indignación ante la idea preconcebida de que si una mujer es víctima de una violación puede ser a causa de su ropa ‘provocativa’. “No le digan a las mujeres cómo deben vestirse, digan a los predadores de no violar”, afirman.

Originadas en Ontario (Canadá) hace tres años, sus marchas tuvieron lugar en distintas ciudades del mundo como Nueva York, Singapur, Bhopal (India), Bristol, Brasilia o San José de Costa Rica. Aun en Egipto y Túnez, valerosísimas mujeres osan poner fotos de ellas desnudas en Internet para luchar contra el sexismo, el machismo y la injusticia de manera general. Pero esto no debe confundirse con exhibicionismo: estas nuevas formas de feminismo encuentran en la provocación un medio de hacerse oír y marcar las mentalidades.



Feminismo online


Los websites feministas 2.0 florecen como champiñones. Las perspectivas y temáticas son tan múltiples como variadas. The Feminist Times, fundada por Charlotte Raven resucita el espíritu de The Spare Rib, el panfleto de los 70 y 80 que sirvió de portavoz a la generación de mujeres de la segunda ola. En su editorial de lanzamiento del sitio, lo describía como “un lugar donde desintoxicarse de la cultura dominante”. El proyecto Everyday Sexism (sexismo cotidiano), creado por Laura Bates en 2012, resultó tan exitoso que en un año dio lugar a diecisiete versiones nacionales. Allí miles de mujeres confían sus experiencias sobre abuso y discriminación en la calle, transporte o lugar de trabajo.

Las seis mil quejas sobre abuso o asalto en el transporte urbano que llegaron a la edición británica fueron utilizadas como información para entrenar a los agentes de policía londinenses y crear una campaña de concienciación pública. Jezebel, lanzado por la periodista Anna Holmes en 2007, asumió como su primera batalla la lucha contra los preconceptos misóginos sobre el cuerpo de la mujer y la denuncia de la costumbre de retocar burdamente las fotos de las modelos en las revistas, lo que contribuye a crear ideales inalcanzables. En Chile tenemos Mujeres en Red, el periódico online que aborda todos los temas de la actualidad desde una óptica feminista.

En los últimos tiempos han surgido han surgido mujeres carismáticas cuyas luchas desatan pasiones, como Caroline Criado-Pérez, periodista y activista inglesa que participó en campañas para que la mujer esté mejor representada en los medios.



Las pasionarias


En los últimos tiempos han surgido mujeres carismáticas cuyas luchas desatan pasiones, como Caroline Criado-Pérez, periodista y activista inglesa que participó en campañas para que la mujer esté mejor representada en los medios y para que el Banco de Inglaterra pusiese mujeres ilustres en los billetes de cinco libras (que culminó en una feliz resolución en julio 2013) pero provocó una campaña de abusos vía Twitter en su contra. También en Inglaterra, la jovencísima Yas Necati (17 años), encabeza la campaña contra la Página 3 (la célebre página del diario The Sun, el más leído del país, que muestra diariamente una joven semidesnuda) y Karen Ingala Smith, es la iniciadora del proyecto Counting Dead Women (Recuento de Mujeres Muertas), que cuenta los números de asesinatos misóginos que tienen lugar cada día y pone nombres e historias a las frías estadísticas.

En América Latina destacan la chilena Marcela Serrano, defensora de las reivindicaciones de su sexo, que sostiene que “definirse feminista es definirse ser humano”; la mexicana Marta Lamas, fundadora del Instituto de Liderazgo Simone de Beauvoir , y su compatriota, la antropóloga Marcela Lagarde, quien acuñó la palabra ‘feminicidio’ para describir la situación de Ciudad Juárez.

Y estos ejemplos son apenas un puñado. No hay duda: segunda, tercera o cuarta ola, el feminismo está más vivo que nunca. Y si aún sufre reveses, es bien sabido que las olas retroceden para volver con más fuerza.




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