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Reconocer a un pelotudo !

Reconocer a un pelotudo farsante !









Descripción

Este pastelito no es fácilmente detectable. Aparentemente es un tipo normal, no muy canchero, pero sociabiliza bien; no es muy rico, pero sí pasable; no es el payaso del grupo, pero sí te entretiene; un tipo parejito, a todas luces confiable.

Posiblemente en su más tierna niñez era medio nerd, o el típico niñito quitado de bulla que se junta con los chistosos y que, por lo tanto, siempre fue aceptado por las niñas. Cuando grande también es así: se juntará con los “buena onda”, pero siempre desmarcándose de la actitud payasa de sus amigos.

Su principal virtud se basa en manejar el contraste: no es que sea tan diferente, simplemente se rodea de amigos que lo hacen resaltar en forma positiva. Aparenta ser un tipo tranquilo, se ve decente; por eso llama la atención en comparación 
al resto de pingaslocas (“él es diferente”). Y claro que es diferente, porque a diferencia de sus amigos, este pastel NO TIENE BOLAS.


El pelotudo es cobarde; se manda las mismas cagadas que el resto, puede ser más caliente que Rocco Siffredi, pero no se le nota; su actitud de pollo mojado convence desde profesoras hasta madres: “¿mi niñito?, no, él jamás haría eso, es un pan de Dió”. La culpa es del resto: a él lo inducen, lo seducen, lo obligan, lo engañan, lo ciegan y siempre, siempre, hay alguien que le cree. En este sentido, él aplica a cabalidad una variante masculina de la Mosquita Muerta: se hace olímpicamente el weón.


Hábitat

Tiempo Libre: Él no se estresa; como es buena onda, siempre tiene algún amigo canchero que lo invita a carretear y le presenta minas sin moverse de su escritorio. Las mujeres se le acercan solas, porque mientras sus amigos juegan al africano, a recitar el abecedario eructando, se agarran a combos o vomitan en el baño mostrando la alcancía, él está conversándote de cosas entretenidas, con su cara de vendedor de autos, muy piscola en mano, y escuchándote como si lo que dices fuera lo más interesante que ha oído jamás.
Después de un rato de conversa, comienza a soltarse: “Que eri simpática tú… ¿oye? em… no pienses que te estoy engrupiendo, pero… ¿estás pololeando? ¿No? Yo pensé que sí, es que eres súper bonita”.

A medida en que te va viendo interesada, comenzará a acercarse de a poquitito, muy sutilmente para jamás quedar de jote y darte confianza. Él no es frontal sino muy delicado, nada de contactos físicos bruscos que demuestren que está caliente; a lo más te tocará el pelo y dirá frases melosas como “me siento tan bien contigo, nunca conocí una mina tan simpática como tú”“te vengo recién conociendo, pero como que me pasan muchas cosas contigo”. Si te pilla volando bajo, falta de cariño o muy necesitada, el chancho está tirado.

Universidad: Compañero piola, no jotea mucho; puedes carretear y hacer trabajos con él, te invita a su casa, tú lo invitas a la tuya, y vamos agarrando confianza. Es el típico que ves todo acaramelado, pegado a una compañera que después de 3 meses lo termina odiando porque ahora, anda con otra.

Trabajo: Es el que te invitará a almorzar en agradecimiento de lo que sea; buscará algún modo no muy explícito de acercarse a ti y meterte conversa: un cafecito, un correo contándote algún secreto de la oficina, etc. Se ve tan confiable y poco jote, que incluso llegas a pensar que sería una falta de respeto siquiera preguntarle su estado civil.
Obvio, después de un par de salidas y de promesas de amor eterno, te cuenta; o peor, te enteras por otro lado de que el querubín está casado y tiene 7 hijos. No te extrañes (si es que lo vuelves a ver) si al encararlo te dice con cara de circunstancia: “¿pero cómo? Yo pensé que sabías, ¿cómo nunca me preguntaste?”.








Cómo se comunica
Si bien busca el mismo objetivo que el Pingaloca, este pastel lo hace por medio de engaños u omisiones. Rehúye las preguntas que lo ponen en aprietos, habla muy poco de su vida personal y nunca dirá nada que te pueda hacer sospechar algo malo de él o que luego puedas usar en su contra. Pero, como todos, este lolito tiene frases de cabecera rápidamente reconocibles:
Siempre tiene una excusa para todo: “¡Pucha, perdón! no pude llegar ayer porque mi mami se enfermó…pobrecita mi viejita”

Jamás reconocerá que miente, aún si es sorprendido in fraganti: “Mi amor, te juro que no es lo que tú piensas, ¡te lo puedo explicar!”
Siempre le echa la culpa a los amigos: “no me pude venir antes, tú cachay como se pone el Lalo, siempre se pega
Es el rey del descarte sutil: “mañana no puedo… ¿el miércoles? Pucha tampoco, tengo partido… ¿el sábado… oh mi amor, se me olvido decirte que me voy a la playa a ver a mi abueli”
Siempre estará soltero; ahora bien, si su estado civil de comprometido o casado es evidente, es porque está pasando por un mal momento con su pareja o se encuentra a punto de terminar.
Siempre lo llaman números desconocidos, se queda sin batería, o se va a hablar bien lejos…”espérate un poquito que no escucho nada”, “¡Aló, aló!… ¡no escuchoooo! voy entrando a un túnel…”Cuando ya no le interesa seguir mintiendo, desaparece sin explicación.

Misión
Lo mismo que el pingaloca; follar y divertirse, pero haciéndose el cucho. Un pingaloca, pero poco hombre.




La presa

No existe un estereotipo de mujer específico; todas pueden ser potenciales victimas. Sin embargo, entre sus regalonas se pueden encontrar 2 tipos:
La desencantada: damiselas decepcionadas del género masculino, que se han topado repetidas veces con pasteles y que en su afán de encontrar algo mejorcito, caen con el peor de todos. El pelotudo, con un trabajo de joyería, logra romper una a una las barreras de la víctima. Logrado su objetivo, desaparece o se busca otra
La ciega: son las más vulnerables a creer sus cuentos. Aquellas chiquillas que no se tienen mucho cariño, creen lo que quieren creer y pasan por alto hasta las más evidentes señales, creándose su propia novelita rosa. En el fondo saben que tienen la nuca como pómulo de boxeador, pero prefieren vivir en la mentira, sea porque creen que no encontrarán nada mejor, o en muchos y penosos casos, porque se sienten cómodas siendo mantenidas. Con la ciega, nada que hacer, salvo darles la dirección de un psicólogo o de Laborum.com.

Cómo cazarlo
De partida, tú no lo cazas a él, sino que él a ti.
Además, ni lo pienses: es el típico pelotudo que desaparece sin rastro y sin justificación, que te sale con un cabro chico de la nada, o peor, el típico pastel que después de 25 años de matrimonio… tenia otra familia igualita a la oficial, con perro labrador y todo.



Cómo extinguirlo

Elimina todo rastro de él, no es confiable ni como amigo. Déjalo que se vaya, bien lejos, ojala con uno de tus zapatos baratos y con punta bien metido en el culo. Haz caso a las señales; al contrario de los sicópatas, a la gente normal la mentira se le nota en los ojos y en los gestos.
En síntesis, este espécimen es uno de los más peligrosos y dañinos de la fauna masculina; no hay una formula específica ni efectiva para poder evitarlo, y tampoco puedes andar por la vida desconfiando de todos; pero cuando se trata de picos hombres, es mejor dejar las esquelas, los peluches y todas esas cosas que te bajan el CI en la basura. Por eso, y a menos que sólo quieras un revolconcito feliz, mejor andar con cuidado.
Si ya fuiste víctima del pelotudo, llore todo lo que quiera por haber sido tan re hueona confiada. Total, no serás la primera ni la última santa pelota que caerá redondita; al menos fuiste una que se salvó, así que intenta sentirte feliz de haberte librado del cachito a tiempo.


Tarea


Materiales:

 
Loza barata, una pieza con llave y paredes aislantes, un equipo de música con súper woofer, parches curita, el disco Weight de la Rollins Band, tequila y sal a gusto.


Desarrollo: Una vez en la pieza, abrir el tequila y beber un gran sorbo, suba el volumen del equipo0 al máximo, ponga el disco y busque la canción “LIAR”, beber otro sorbo. Poner mucha atención a la letra
Cuando sientas que la canción toma fuerza, agarra la loza y quiébrala en las paredes; grita, patalea, llora,  putéalo, deja que fluyan todos esos bellos pensamientos que alojas en tu cándido corazón.

Terminada la operación, ordene el desastre, péinese, atesore el disco y salga divina creyéndose la raja, con la idea de no volver jamás a nombrar ni pensar en ese pelotudo embustero.

Advertencia: el éxito de la operación dependerá de su discreción. Sea digna y que nadie se entere de que usted enloqueció




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