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Taylor Swift: El feminismo es parte de mi vida,no una pose





Taylor Swift no solo es una de las mayores estrellas del pop del planeta, sino también la más neurótica. En este preciso momento está preocupada por esta entrevista. Acaba de llegar de una reunión de producción sobre su próxima gira, 'The 1989 World Tour', y está pendiente de la lista de canciones que interpretará, de los ángulos de visión del escenario y de cómo llevar su piano a la parte derecha del mismo en el momento adecuado.

Antes de eso, nada más despertarse, le habían entrado sudores fríos por la ansiedad de haber dicho algo mal la noche anterior (a pesar de que simplemente había usado la palabra interjección cuando se refería a inyección). "Me obsesiono por todo en todo momento", confiesa con una sonrisa. 'Se nos acabaría el tiempo para la entrevista solo con que te contara cuántas cosas me han angustiado desde el desayuno. La neurosis de Taylor Swift, se titularía el reportaje'.

La mayoría de las cantantes de pop de la talla de Swift pagan a otras personas para que se desvelen por ellas. Y aunque la frenética actividad en la casa de Beverly Hills utilizada por su equipo ya indica que la artista no sufre escasez de personas al tanto de sus necesidades, ella sigue interviniendo en cada uno de los aspectos de su carrera







Lo que no debe inquietarla es cómo va ese asunto. Es la única artista de la historia que ha vendido más de un millón de copias en una semana de tres álbumes diferentes: 'Speak Now,' en 2010; 'Red', en 2012, y 1989, publicado en octubre del año pasado y el más vendido en sus primeros siete días desde 2002. El sencillo 'Shake It Off' ha sido número uno de iTunes en 89 países. Y hasta que lo hizo ella, nadie desde los Beatles había logrado mantenerse seis semanas en el número uno estadounidense con tres discos consecutivos, vendiendo más de seis millones de álbumes en todo el mundo. Su peso en la cultura (55,8 millones de seguidores en Twitter; 27,1 millones en Instagram y 74,4 millones de me gusta en Facebook) significa que puede dar a conocer a un artista con un solo tuit, y suele usar ese poder con nuevas voces que le gustan. La retirada de su catálogo de discos de Spotify en noviembre de 2014 obligó al consejero delegado de la compañía a salir en defensa de su modelo de negocio. "No pensé que fuera a afectar al mercado de valores", dice Taylor; "cuando tomo una decisión, actúo en consecuencia, y creo que la música tiene un valor".

Eso la lleva a reflexionar sobre si será ella la última persona que venderá tamaña cantidad de discos. "¡Había tantas teorías sobre el final apocalíptico de la industria de la música! En mis últimos dos trabajos sabía que la gente estaba esperando que no llegara al millón de copias para declararla agonizante o muerta. Es mucha presión". Entonces, ¿cree Taylor Swift que en el futuro otros artistas venderán tantos discos como ella? "Es posible. Tenemos que esforzarnos en hacer buenos álbumes si queremos que sacarlos a la venta siga siendo importante. Para mí lo es, pero muchos ya han renunciado. Tengo amigos que piensan que no está a su alcance; me parece una manera muy derrotista de ver la vida". Y no es su estilo. Su contagiosa actitud proactiva se hace evidente desde el momento en que me saluda en la puerta, con un elegante vestido y el pelo peinado hacia atrás. A pesar de estar enterado de su estatura (casi 1,78 m), la encuentro más alta de lo que esperaba. Pide que nos traigan café y salpica la conversación con los nombres de pila de sus amigos famosos.






Tiene un escuadrón de amigas íntimas, todas ellas grandes triunfadoras. El poco tiempo libre que le queda lo dedica a cocinar con la modelo Karlie Kloss, a pasear por Nueva York con la actriz y guionista Lena Dunham ('Girls') o, como delatan recientes 'posts' en su cuenta de Instagram, a avistar ballenas en Hawai con el grupo indie 'Haim'. "Lo que me encanta de todas mis amigas es que les apasionen sus trabajos. Muchas famosas tienen a su alrededor grupos de personas para las que la prioridad son ellas mismas, y se sienten cómodas con esa dinámica. Yo no".

Nacida en West Reading (Pensilvania ) el 13 de diciembre de 1989 (razón por la que el número que habitualmente se asocia a la mala suerte, para ella significa la buena), Swift pasó sus primeros años de vida en una plantación de árboles de Navidad propiedad de su familia. Su padre, Scott, es consultor en Merrill Lynch; su madre, Andrea, trabajó para un fondo de inversión antes de convertirse en una madre 'full-time' para Taylor y su hermano pequeño, Austin.

De pequeña aparecía con frecuencia en producciones musicales, ferias y espectáculos de nuevos valores, y su pasión por la música 'country' se la debe a Shania Twain. Los Swift se trasladaron a Nashville, capital de este género musical, cuando su hija cumplió los 15 años.

Cuatro antes, cuando Taylor tenía 11, ella y su madre habían intentado promocionar un cd de la niña de puerta en puerta. Poco después de que la familia se mudara llegó la oportunidad que buscaban. Swift fue la compositora más joven de la historia en firmar con Sony Music. Un año más tarde, en 2006, lanzó su álbum homónimo de debut. Fue una de los primeras artistas 'country' en utilizar internet para introducirse en el mercado, con lo que amplió su popularidad más allá de los feudos tradicionales del género, reclutando a un ejército de seguidoras adolescentes.






Con su segundo álbum, 'Fearless', en 2008 dejó atrás este tipo de música: su primer sencillo, 'Love Story', alcanzó el éxito en Europa, donde se la conoce más como artista pop. En 2010 ganó el Grammy al Álbum del Año y el MTV Video Music Award al mejor vídeo femenino. El rapero Kanye West interrumpió su discurso de agradecimiento, indignado porque Beyoncé no hubiera ganado, un episodio en el que llegó a intervenir el propio Barack Obama, que tildó de "idiota" a West. El Museo Grammy de Los Ángeles tiene una planta entera dedicada a su trayectoria. Allí, vídeos de ella cantando el himno estadounidense en eventos deportivos cuando era niña revelan que siempre ha tenido talento. "Había acumulado una década de práctica antes de alcanzar la fama. He subido un montón de escaleras en vez de usar ascensores. Hoy a los artistas se los dispara con un cañón hasta la estratosfera", opina.

Antes del lanzamiento de 1989 se mudó a Nueva York, se cortó su larga melena rubia y abrazó el feminismo. Asegura que no es una táctica: "Forma parte de mi vida". Empezó a salir de copas, desprendiéndose gradualmente de la imagen remilgada que definió sus años de adolescencia, aunque insiste en que su estilo "pasa por no ser erótica ni excitar a las masas". Además, llevó a cabo un decidido intento de cambiar su imagen pública, que era la de una especie de psicópata de las relaciones. "Tenía la reputación de escribir canciones contra los chicos, una forma sexista de describir los temas de desamor. Ahora estoy en una fase diferente de mi vida".

Hubo un momento en que no entraba en internet por miedo a lo que pudiera ver, pero ahora pasa mucho tiempo 'online', hablando con los 'swifties', sus seguidores incondicionales. "No son adoradores serviles. Mis 'fans' me toman el pelo, y eso es genial. Tienen montones de 'gifs' animados míos haciendo el tonto o tropezando en el escenario. Me pongo muy seria a veces, ya te habrás dado cuenta, y ellos me devuelven a la tierra", dice.

Sus fans. Basándose en lo que aprende de ellos espiando en las redes sociales, ha elaborado listas de reproducción para ellos, ha acabado de pagar préstamos a estudiantes y hasta les ha enviado regalos por Navidad y San Valentín, acompañados de notas manuscritas. Uno daría por sentado que tiene gente para eso, pero la cantante insiste en que lo hace ella misma: "No llevo los paquetes a la mensajería, pero sí los embalo. ¡Tengo montones de plástico de burbujas en mi casa!", cuenta.






La razón está en su angustia vital. "Deseo sacar el máximo partido posible de este éxito, o como quieras llamarlo, porque no va a durar", explica. "Tengo que ser tan buena persona como pueda mientras mi nombre importe, porque no siempre vas a poder transmitir algo a los chavales de 15 años. Me gusta enviarles regalos. Cuando elijo a alguien para mandarle un paquete, me meto en sus perfiles de las redes sociales durante los últimos meses y averiguo sus preferencias o su situación. ¿Le interesa la fotografía? Pues le compro una cámara Polaroid de los 80. ¿El vintage? Voy a una tienda de antigüedades y elijo unos pendientes de 1920".

¿Es posible ser tan agradable todo el tiempo? "No, eso también es molesto", dice entre risas. "Tengo amigos y también enemigos. Hay días malos en los que no me apetece ir a una sesión de fotos, pero no voy a presentarme allí con cuatro horas de retraso por eso. No soy siempre encantadora, pero trato de no ser desconsiderada con quien no lo merece".

Tampoco desea hablar de su aparente enemistad con Katy Perry, de la que se ha rumoreado mucho. "No voy dar a las webs de cotilleos nada sobre lo que escribir", afirma categórica.

De hecho, está concentrada en lograr, según sus palabras, "una vida hermosa". ¿Cómo se ve dentro de cinco años? "Para entonces tendré 30. Probablemente me dará tanto miedo todo que ni siquiera saldré de mi casa. Estaré rodeada de gatos, tantos que se habrán organizado ellos mismos en ejércitos", bromea. Ni siquiera está segura de que vaya a publicar otro álbum antes de 2020. "No pienso sacar un disco hasta que haya conseguido uno mejor que este, y va a ser difícil", subraya. Por ahora, su vida está muy bien trazada. Cuando acabamos, repasa su agenda del día: ver los vídeos de sus fans, probarse un vestido, reuniones, una fiesta








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