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[Futbol] De las ruinas a la gloria, en menos de cinco años





De las ruinas a la gloria, en menos de cinco años

En diciembre de 2008 terminó la gestión de Eduardo López, que dejó un club devastado. En poco tiempo, pero con mucho esfuerzo de dirigentes y socios, la institución fue refundada y hoy vive una fiesta que parecía imposible.



Parecen tiempos lejanos, olvidados. Pero vale la pena recordarlos. La historia de este Newell´s campeón es también la historia de una refundación, de una reconstrucción institucional que costó sudor y lágrimas. En los dirigentes que pusieron de pie al club, que armaron este exitoso proyecto deportivo, que hoy se abrazan por este título, aún están frescas aquellas devastadoras imágenes cuando allá por diciembre de 2008 ingresaron por primera vez a las instalaciones del Parque Independencia. Habían pasado 14 años de destrucción. La misión parecía imposible. Hoy Newell´s es otra vez de su gente, de sus socios. Y grita campeón. La resistencia a una tiranía tiene el mejor de los premios.

Son pocos los antecedentes en el fútbol argentino de una administración fraudulenta y conducida por la violencia y el terror como la que reinó en Newell´s desde 1994 a 2008. Eduardo López pensó y armó una gestión a su antojo. Sacó a los socios del club (inventó una "cuota estadio gratuita" para destartalar la vida política y democrática de la institución), cerró todas las disciplinas, rifó las divisiones inferiores, hipotecó las arcas, expulsó a ídolos y referentes, y se escudó en la barra brava para imponer el miedo ante cualquier atisbo de resistencia.

Clarín fue testigo en 2008 de la herencia que recibió esta Comisión Directiva que lidera Guillermo Lorente. Los dirigentes, asombrados por la destrucción ("Newell´s parece Kosovo", se lamentaban por aquel entonces), convocaron a los medios para que fueran testigos de la desolación: la luz cortada, baños comidos por el sarro, escombros en la pileta, vestuarios destruidos y el faltante de todo el inmobiliario. La barra brava se había llevado aires acondicionado, computadoras, ventiladores, máquinas de escribir, diez cámaras se seguridad, mesas, sillas y escritorios.

Claro que para llegar a ese momento, para lograr elecciones limpias y transparentes, para poder derrotar a Eduardo López, hizo falta de sacrificios colectivos e individuales, anónimos y silencios la mayoría de ellos, que aún hoy perduran en la memoria de los hinchas de Newell´s. Como el gesto de Marcelo Bielsa, quien el día de las elecciones, ni bien se abrieron las urnas, se acercó a votar, lo que desencadenó un efecto contagio en muchos socios que por temor dudaban en participar activamente del cambio. O como los jóvenes autoconvocados que, pese a apretadas y amenazas, salieron a la calle a decir basta. Que alzaron la voz cuando imperaba el "no te metas".

En estos años, Newell´s redujo su pasivo de 200 millones de peso a 68. No sólo eso. Volvió abrir el club a los socios (hoy son casi 50 mil). Se reconstruyeron las divisiones inferiores, un tesoro que se había rifado. "Se había tirado por la borda el legado de Griffa. Hoy tenemos otra vez unas inferiores de calidad. Dos pensiones, un colegio para los chicos que vienen de afuera y un predio de nivel como el de Bella Vista", le contaba hace unas semanas a este diario el tesorero Roberto Benedetto.

Y lo que es más importante: se llamó y se convocó a la gente que hizo grande al club. Se armó un proyecto deportivo pensando en las raíces. Los frutos están a la vista. Newell´s es campeón. Lo es de la mano del Tata Martino, de Lucas Bernardi, de Gabriel Heinze, de Maxi Rodríguez y de Nacho Scocco. Alcanza la gloria, se codea con el éxito máximo apostando y respetando su legado, su historia, su esencia. No es poca cosa. Es, al cabo, el camino a seguir. A imitar.








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