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El Deportivo pagó los platos rotos... (6-1)

El Real Madrid fascina por primera vez a su afición a base de goles ante un Deportivo impotente. Los de Mourinho se resarcieron con seis goles, marcando todo lo que hasta ahora se le había negado. El técnico luso se va de vacaciones con los deberes hechos: invicto, por encima del Barcelona y con goleada. Ronaldo en dos ocasiones, Di María, Özil, Higuaín y Ze Castro en propia puerta fueron los autores de los goles madridistas. Juan Rodríguez marcó el de la honrilla blanquiazul a doce minutos del final.



Mourinho se va de vacaciones, y se va con los deberes hechos tras una goleada ante el Deportivo que ha levantado el ánimo del madridismo. El conjunto blanco fue efectivo como nunca desde que el luso llegó a la capital madrileña y al minuto treinta ya ganaba por 3-0 ante un Deportivo que dejó la sensación de ser niños jugando contra hombres.

Ronaldo en dos ocasiones, Özil, Di María, Higuaín y Ze Castro en propia puerta marcaron para el Madrid, que hoy fue un auténtico tornado, pues le salió absolutamente todo tanto en ataque como en defensa. Y es que por salir, hasta se reconcilió con su afición, el Barcelona pinchó en casa y le adelanta en la clasificación de la Liga para cerrar una jornada redonda.


Dijo Mourinho en rueda de prensa en uno de los primeros partidos que, si seguían trabajando como lo estaban haciendo y creando las mismas ocasiones cada partido, al final alguien tendría que pagar los platos rotos de esa mala fortuna y esa sequía goleadora. Y ése ha sido precisamente el conjunto coruñés.

Y es que el Real Madrid no dio ante el Deportivo una lección de fútbol precisamente. Por momentos estuvo espeso, demostrando esa falta de ideas latente que tanto se le achaca. Pero eso sí, hoy sí que tuvo eso que otras veces le faltó: el gol. Y con goles efectivamente todo parece distinto. Hasta el punto de que el siempre frío Bernabéu disfrutó con los suyos y lo demostró a base de ovaciones y cánticos del minuto dos al noventa.

Van Nistelrooy decía que los goles eran como el kétchup, que por momentos no sale, pero si sigues empujando al final sale todo de golpe. Y eso fue lo que sucedió en una desapacible noche en el Santiago Bernabéu, que sin crear muchas ocasiones, cada vez que pisaba el área blanquiazul el Real Madrid, el electrónico se movía.

Y el mejor ejemplo, que Ronaldo marcó en la primera oportunidad al saque de un córner. Era el minuto dos de partido, el luso se elevó por encima de todos y su testarazo picado abajo no encontró oposición hasta llegar a las mallas deportivistas.

Di María lo intentó con un tímido disparo en el minuto doce, y a la tercera oportunidad llegó el segundo gol mediando la primera parte. Fue Özil en una jugada muy bien trenzada entre Xabi Alonso, Ronaldo e Higuaín, todos moviéndose entre líneas y todos soltando el balón al segundo toque, como mandan esos cánones que no suele seguir el equipo blanco. El cuero llegó hasta el alemán sorteando las líneas deportivistas, y con la zurda cruzó el esférico a donde Manu no podía llegar firmando el 2-0. Efectividad máxima por tanto.

Y a los diez minutos después, llegó la siguiente oportunidad clara, y con ella el tercer gol. Esta vez fue Di María el que embocó a gol tras un contraataque de libro de ésos que seguramente dos días atrás no hubieran finalizado en la red. Xabi Alonso y Marcelo tocaban atrás cual rondo hasta que el tolosarra encontró el hueco para asistir a Higuaín en profundidad. El argentino al primer toque centró al área con la zurda y Di María llegando desde atrás cabeceó a gol sin que ningún deportivista tocara el balón en toda la jugada. Gol para enmarcar y el partido cerrado con 3-0 cuando aún se había disputado un tercio del mismo.

Sin embargo, el Bernabéu quería más, y el equipo de Mourinho hoy sí estaba en condiciones de darle todo lo que pedía. El fondo sur y el gallinero hacían del coliseo merengue un autobús de estudiantes en plena excursión al ritmo de los goles blancos. Y es que nada más volver de los vestuarios Higuaín firmó el cuarto a puerta vacía tras otra gran combinación entre Ramos, Di María y el propio Pipita.

Y el quinto llegó en el minuto sesenta tras una jugada a trompicones entre Marcelo y Ronaldo que resolvió Ze Castro metiendo el balón en su propia portería. Y es que hasta eso le salió al Real Madrid, que pasó por encima del Deportivo cual apisonadora, aprovechando incluso para dar minutos a Granero y al canterano Juan Carlos, y con Ronaldo marcando el sexto en una bonita jugada personal en el último minuto.

¿Y qué hacía el Deportivo mientras se sucedía el vendaval de goles? Pues poco más que mirar. Y es que el conjunto blanquiazul estaba ordenado, con criterio a la hora de jugar el balón, con jugadores técnicos capaz de desmontar a cualquier rival. Pero eso sí, sin malicia ninguna, sin capacidad de hacer daño al rival. Sin pegada, como dirían algunos.

Hubo sólo veinte minutos de la primera parte entre el primer y segundo gol en los que el Madrid le planteó una batalla de igual a igual, dejándole llegar hasta la línea de tres cuartos sin excesiva oposición, pero no tuvo la picardía o la calidad necesaria para inquietar a un Casillas que hoy nuevamente fue un espectador de excepción en todo momento excepto en dos ocasiones aisladas y en el gol de Juan Rodríguez, cuando el partido ya iba 5-0 y quedaban apenas doce minutos para el final. Un gol que ni mucho menos empañó la fiesta que vivió el madridismo. Victoria, goleada, y dos semanas para saborearla por encima del Barcelona.
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