Aquella gélida noche de invierno Un relato desde el insomnio

Cierto día hace cierto tiempo en el cuál me sentía muy bajoneado por culpa de mi ex novia por la cual sufrí una depresión de mas de 7 meses, me levanté de la cama a eso de las 4 de la matina dado que no podía dormir y me puse a escribir algo, espero que les guste:

Aquella Gélida Noche de Invierno

Veintiuna fue la hora escogida en aquella gélida noche de invierno, en la que al mundo fue introducido de forma anticipada e inesperada nuestro chivo expiatorio, nuestro querido protagonista.
Esperado por nadie (al igual que muchos otros) de forma rápida, sagaz, casi sin esfuerzo para su madre, como sin querer causar mucha interferencia y sin dejar grandes marcas en su amada progenitora él señor nació. Podríamos decir entonces que el ser de escasos centímetros, y peso reducido tuvo un nacimiento casi que altruista; rasgo que durante toda... o mejor dicho "casi" toda su vida lo perseguiría como si de su sombra se tratase.
Aquella negra noche invernal en aquella pequeña tierra, en algún rincón perdido y desconocido del mundo, el frió la envolvía. La copiosa y triste lluvia golpeaba con desconsolada furia aquél grís y amargado territorio. Los árboles no lucían ya ninguna de sus hojas y solo quedaba a la vista su desnudo y estoico marrón tronco.
Mientras que en las calles el frió y azotador viento deambulaba libremente, llenando todos los espacios con su fantasmal pero amplia mente perceptible presencia. El una vez celeste cielo fué amordazado por una densa y alcolchonada capa de negras y grises nubes.
Desde luego era esta un extremadamente pintoresca, optimista, auspiciosa y acogedora postal para el pequeño y cándido "humano" que acababa de nacer...
De todas formas esto no importaba para la familia de la madre, que con calurosa reacción acogieron felizmente la llegada del gritón y carmesí recién nacido. El cuál podría ser perfectamente confundido a primera vista con cualquier otro mamífero recién nacido del reino animal o un Alien (desde luego) por su prominente cabeza y grandes ojos, gracias a la cuál posteriormente se le adjudicarían uno de sus varios sobrenombres. Claro está, que este es el menos ingenioso de todos los sobrenombres de la lista (cosa que no le debe de extrañar querido lector porque les aseguro que este sobrenombre fue dado por un de los integrantes menos listos de la familia del protagonista) aunque existen otros mucho más ingeniosos. Pero bueno sigamos, la prominente pequeña cabeza iba acompañada de un aún más pequeño cuello el cuál iba adosado a un tronco (obviamente pequeño) del cuál salían delicadas extremidades las cuales sostenían manos, o algo parecido que iba en donde van normalmente las manos de las cuales salían unos delicados filamentos que (si seguimos el razonamiento anteriormente expuesto con las manos) deberían ser los dedos. Sus alaridos provenientes de aquel muy pequeño cuerpo eran tan desgarradores y vibrantes que retumbaban estruendosamente en la sala y en los pasillos de impoluto blanco del iluminado hospital a tal punto que pareciera que algo lo estuviese hiriendo de muerte, tal vez era este un adelanto de lo que sería su vida. El echo es que increíblemente y dado a sus escazos meses de gestación nuestro protagonista estaba vivo (contra todo pronóstico) lloraba y todo.
El nombre dado fue Cristopher (si mi querido lector, la madre le puso Cristobal pero en Inglés para que sonara mejor y fuera más... "Chick!"). Las agujas del reloj fueron pasando, luego de que pasara por las manos de la madre fué llevado rápidamente a una incubadora donde los 37 grados centígrados eran como unas vacaciones de verano gratis bajo el cálido viviente y alegre sol.
Pero la situación era grave, el recién nacido necesitaba cuidados totales y estrictos seguimientos para asegurar su vida, que oscilaba como un péndulo colgado en el filo de la hoja de la hoz de la muerte que aguardaba deseosa cada segundo el resultado funesto. Muchas fueron los momentos en los que él se debatió entre la vida y la muerte, en un par de ellas su corazón se detuvo y su cuerpo se tornó púrpura, la vida se le estaba yendo de viaje al Hades y Caronte lo vio subir su barca... pero de forma sorpresiva la vida siempre se aferró fuertemente al pequeño y nunca lo abandonó al igual que su familia, que pedía a todo dios, dioses, ángeles, deidades, elfos, nomos, etc a todo ser divino o con alguna facultad parecida existente por la "vida" del recién llegado.
El tiempo pasó inevitablemente, las agujas del reloj nunca se detienen las estaciones fueron pasando año tras año, pasaron varios inviernos y varios veranos, varias cosechas y Cristopher (o Cristobal llámenle como más se sientan a gusto) fue creciendo y cada día haciéndose más y más fuerte, pronto se vio que el niño poseía una gran inteligencia, junto con gran capacidad de observación y sobretodo él sentía mucha empatía por los demás, era muy bondadoso no dudaba de ayudar a alguien si este lo necesitaba, aunque él no recibiese nada a cambio con solo ver la sonrisa en el otro ya le bastaba, eso le producía mucha felicidad y lo hacía sentir útil. Ayudar aunque solo fuera escuchando el problema de alguien le llenaba el alma.

Su niñez estuvo siempre plagada de regalos, de juegos, de amor de su familia y de felicidad, pero este obviamente no se daba cuenta de que estaba viviendo una etapa única en la que solo parecía predominar la felicidad. Así pues nuestro protagonista disfrutaba de jugar en el campo, en el verde del parque junto con los otros niños desde que salía el sol hasta que el dominante astro rey se ocultaba e Hypnos esparcía su negro telón en el cielo y la blanca luna se adueñaba del firmamento. El niño era feliz en su inocente ignorancia, ajeno al mundo que lo rodeaba y a la oscuridad que reina en este y en el corazón de sus egoístas y tristes habitantes, él no sabía entonces que dentro de algunos años él podría ser uno más de ellos y que todo lo que vendría en adelante serían los pasos necesarios para convertirlo en otro oscurecido ser que tanto abunda en las sendas del mundo.

Y llegó el día en que pudo ver por primera vez en acción la verdadera naturaleza humana la parte oscurecida del ser humano. el veía como golpeaban a sus amigos, como los insultaban como los obligaban a comportarse y veía como de esta manera la llama de la inocencia comenzaba a extinguirse bajo el fuerte soplido de la realidad. Hasta que un día le llegó a él y ahí sintió y pudo comprobar lo miserable, lo oscuro, lo repugnante, lo aberrante y los estúpidas que pueden llegar a ser las personas. A medida que el tiempo pasaba su inocencia de iba extinguiendo, su llama era apagaba de forma forzosa. Comprendió entonces que no todas las personas ayudaban, que no todos se regocijaban al ver al otro feliz y que tampoco importaba ponerse en lugar del otro, el egoísmo había tomado sus una vez inocentes y puras almas corrompiéndolos.

Él veía como a su al rededor iban cayendo uno a uno presa de la oscuridad, caídos, como si de piezas de ajedrez se tratasen. Y él también...

Pero él en el fondo nunca abandonó la idea de que el humano es un ser bueno, se aferró interiormente a la idea de que todo humano es esencialmente bueno y no desistió.
Por fuera se endureció pero por dentro seguía siendo el mismo dispuesto a ayudar a quien lo necesitó siguió lo que su familia le enseñó y no se dejó caer creyendo aún en su idea.

Cuando joven Cristopher pudo al fin comprender la importancia de la niñez, ese momento en el que fue feliz sin saberlo y se lamentará toda su vida de aquí en adelante por no poder volver a saborearla. Entendió que los años de educación solo hicieron encasillarlo, apagarlo, sacarle su brillo sin darse cuenta poco a poco, día tras día, año tras año hasta volverlo solo una cáscara vacía, frágil y dependiente sin pensamientos propios y sin sentimientos. Dejó poco a poco de ser "humano". Los días ya no brillaban como antes, no sentía que cada día fuera un descubrimiento ni una oportunidad para algo nuevo, para algo bueno. Su capacidad de observación y de razonamiento le permitió mirar por encima de la cerca y comprendió que si no se ajustaba al camino preestablecido sería rechazado, volcó tiempo y esfuerzo en hacerse mejor en mostrarse tal y cuál era pero su brillo era demasiado luminoso para las oscuras cucarachas que lo acompañaban y estas quedaban ciegas o se sumergían en su ignorancia, estas lo rodeaban como una plaga para él. Y para ellos él solo era un loco un cero a la izquierda, un incomprendido, alguien que no se adaptaba a las reglas del juego y es que las reglas hace bastante tiempo que habían cambiado, las cualidades de Cristopher no eran apreciadas ni eran las cualidades que se utilizaban en sus tiempos, el mundo había cambiado mientras que él seguía siendo el mismo de antes aferrado a sus convicciones tratando de no dejarse arrastrar cuál sedimento en marea, confiando interiormente que algún día encontraría a alguien como él capaz de apreciarlo.
Sus amistades se alejaron cuál leproso, fue poco a poco quedándose cada día menos acompañado, más solo.
Su familia no tenía tiempo de ocuparse de esos asuntos que tanto aquejaban e iban poco a poco consumiendo a Cristopher, puesto que ellos debían trabajar todo el día para mantenerse lo cuál a él le producía grán espanto, esa automatización, esa banalidad, ese consumo desmedido, esa estupidez en masa había vuelto a los una vez queridos y defendidos humanos de Cristopher en algo mucho más simple. Los humanos del su tiempo eran menos humanos y más animales. La falta de amor en su mundo para él era una puñalada en el pecho y lo gracioso era que "amor" era una palabra que todos utilizaban y decían sentir y buscar pero ellos no se dieron cuenta que hace tiempo se olvidaron de sentir por si mismos. Ya nadie ya se preocupaba por el otro, todos al parecer disfrutaban más de dañarse los unos a los otros.
Detestaba a muerte a toda aquella persona que a su entender haya dañado a alguien más o que su pasado estuviese "manchado" por algún grave error, porque para él es impensado obrar de mala manera con alguien y tampoco se siente a gusto tratando con alguien que "no está a su mismo nivel" en otras palabras, no se siente a gusto tratando con alguien que no tiene algo en común con él.

Para él el pasado de las personas cuenta y cada uno debería actuar de la forma más altruista y desinteresada posible, cosa que la mayoría de las personas no hace y su genio no lo comprende.
Él veía horrorizado como su mundo se iba pudriendo, autodestruyendo, la gente se volvía cada vez mas inmoral, ya no discernían en lo que está bien o mal, para él su mundo iba muriendo poco a poco y se caería sobre todos pero al parecer solo él estaba realmente preocupado por eso y nadie más parecía darse cuenta. Se dió cuenta de que toda su vida dependía de un pedazo de papel con números y quien ganara más papeles con números: "viviría mejor" si quería vivir bien y ganar dinero debería de estudiar lo cuál para él significaba seguir dentro de un lugar que para él era un limitante de sus capacidades.
De igual forma terminaría siendo esclavo del trabajo al igual que todos aquellos que para él son ciegos solo que ganaría mucho menos dinero si no estaba preparado, por lo tanto no le quedaba otra que seguir estudiando. Para él el dinero y el trabajo no son problema, en cuanto le permitiesen vivir cómodamente y poder alcanzar sus logros que tanto tiempo él viene persiguiendo con una fé inquebrantable, el problema para él era la soledad.

De nada le servía a Cristopher lograr sus metas si no tenía con quién compartirlas y dado que una de sus metas es formar una familia es importante para él encontrar una compañera. Y digamos encontrar una mujer que comprendiera a Cristopher con su forma de ser y de ver la vida y que además estuviese dispuesta a estar con él no era una tarea para nada fácil, su aislamiento lo había vuelto tímido y su tristeza lo sumergía.
Un buen día nuestro joven protagonista va al parque donde años atrás disfrutaba de jugar todos los días, desde salido el sol hasta bien entrada la noche, !pero esos ya habían sido otros tiempos¡. Ahora solo resta conformarse con ver a las nuevas generaciones de pequeños disfrutar del verde césped y de los coloridos juegos bajo el brillante amarillo y luminoso sol acompañado de un despejado cielo azul, mientras que él sentado en uno de los bancos los observa atentamente con una sonrisa en la boca. ¡Un día perfecto!. En determinado momento se acerca una chica joven, aparentemente de su misma edad no muy alta pero de una belleza inigualable, su tez era blanca como la de la luna, sus ojos grandes como los de un gato y oscuros como la mismísima noche, su nariz era pequeña y muy delicada su cabello era largo y oscuro y su cuerpo estaba bien proporcionado. Nuestro Romeo inmediatamente se percató de esa bella presencia que se acercaba en dirección a él e iba con un andar muy decidido, ella se sentó entonces junto a él y también observaba al igual que Cristopher a los niños jugar. Solo que ella no tenía una sonrisa en su rostro... su semblante estaba triste, la preocupación y la tristeza se manifestaban en el rostro de la bella joven y ella parecía no importarle que eso se notara. Ante esto Cristopher tímidamente luego de varios minutos de total guerra interna en la que se debatía entre si preguntar o no preguntar lo que le sucede a la joven opta por armarse de valor y con total temor e inseguridad como quien fuera a ser ejecutado hace la siguiente pregunta:
Cristopher: Ho... ho... hola, que te sucede?
Luego de tamaña hazaña de tal tamaño la cuál necesitó una cantidad pasmosa de hombría un silencio de muerte de varios segundos se apoderó de la escena, con lo cuál nuestro conquistador estuvo a punto de echarse a correr y huir como un cobarde. Pero para su sorpresa la bella muchacha reacciona y dirige su mirada hacia los ojos de él, en ese instante Cristopher puede apreciar con total asombro la belleza de sus negros ojos, tan negros como el mismo cosmos, acto seguido sus enormes ojos se tornan vidriosos y brillan. Las lágrimas brotan sobre sus mejillas.


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Bueno esto es todo por ahora, espero que les guste y opinen. Desde ya muchas gracias.