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Trucos para enseñar a hablar a tu bebé





El afecto es la chispa que enciende el primer intercambio lingüístico que se produce entre el bebé y su madre. Se desarrolla día a día en situaciones cotidianas y durante los cuidados de alimentación e higiene que el bebé necesita para su desarrollo.

Cuando nos relacionamos con nuestro bebé, nos damos cuenta de que, a medida que maduran, se vuelven seres cada vez más sociales y que se comunican mucho antes de que dominen las complejas reglas del lenguaje. Son capaces de sintonizar con el adulto que le sostiene en brazos y responder en consecuencia.



Estimula el lenguaje de tu bebé


En toda comunicación son al menos dos personas las que interactúan, aunque en este caso, una de ellas sea un bebé. Para ayudar a tu hijo a desarrollar su lenguaje es necesario:






1. Desear conectar con tu bebé
:
debemos ponernos cara a cara con él para mostrarle que estamos interesados en todo lo que dice o hace.





2. Interpretar sus acciones como si estuviera queriendo comunicar algo: conviene intentar adivinar qué nos está diciendo el bebé, aunque al principio no estemos seguros de haber acertado.




3. Encontrar el momento o la situación adecuada para mantener ese diálogo: será más fácil si contamos con la colaboración del bebé y lo hacemos cuando esté descansado y activo. Aprovecha las situaciones cotidianas de higiene, los pequeños rituales familiares y, sobre todo, el juego.



4. Esperar cualquier reacción del niño para responder a ella.



5. Escuchar cualquier producción vocálica para imitarla, alentando así a que lo vuelvan a hacer o decir.



6. Jugar para promover el desarrollo de la comunicación: las actividades lúdicas son un recurso ideal para desarrollar el lenguaje de tu bebé. El juego es una actividad placentera con la que los niños descubren el mundo, las cualidades de los objetos (blando, duro, frío, cálido…) y las reglas que rigen su pequeño universo. Jugando también buscamos repetir una y otra vez, desplegamos todo tipo de habilidades y favorecemos la comprensión de la situación. Los juegos que más conectan a los niños pequeños con los adultos son cucu-tras, cosquillas, caballitos o nanas. Más adelante comenzarán a conectar con los juguetes que les ofrezcamos, aunque cualquier cosa puede servirnos para jugar con él: un pedazo de papel que se rompe, una mantita que nos oculta a su vista para luego aparecer o el agua que sale del grifo. El espacio cotidiano, que para los adultos no encierra sorpresas, se convierte en un mundo de maravillas a explorar para los niños.



7. Despertar su interés: contar desde el principio con su atención y su participación depende de ti, de vosotros y de vuestra habilidad como interlocutores. Para mantener el interés y la confianza del bebé en su interlocutor es importante darle tiempo a que responda y a que pueda desplegar sus habilidades en el juego.



8. Respetar los turnos: aunque el bebé no sepa hablar aún, sus intervenciones están marcadas por un gesto, una mirada o una sonrisa. Si en toda comunicación, uno habla y el otro escucha, y luego se invierten los turnos, debemos esperar a que el bebé intervenga para hacerle saber que nos interesa lo que quiera compartir y que vamos a responder después.




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