About Taringa!

Popular channels

Roma Antigua [Fin del Imperio Romano 19/20]

Tesis de la decadencia y caída
La versión tradicional del final del mundo antiguo fue que la desintegración política y militar del poder romano en Occidente acarreó la ruina de su civilización. Desde San Agustín hasta el siglo XXI ha predominado la idea de que las culturas ofrecen una evolución similar a la de los seres vivos, y que la decadencia es su fase final. Esta visión tuvo su origen en el siglo XVIII. Hasta entonces el absolutismo político y el Cristianismo del Bajo Imperio habían sido valorados positivamente, pero con los nuevos vientos ilustrados, comenzó a valorarse de manera peyorativa, surgiendo la idea de la decadencia.

Edward Gibbon y su monumental History of the decline and fall of the Roman Empire recibieron de la historiografía anterior un legado muy mediatizado por la religión, puesta en tela de juicio por los filósofos ilustrados. En este panorama de profunda revisión, Gibbon hizo suya la exposición de principios de Tácito, y desarrolló su monumental obra partiendo de la idea de moda en ese momento, ya adelantada por Montesquieu en sus Considérations sur les causes de la grandeur des Romains et de leur décadence (París, 1734): que la pérdida de la "virtud republicana" fue causa fundamental de la decadencia del Imperio. Gibbon plantea que tras la Edad de Oro racionalista de los Ulpio-Aelios (para él "los Antoninos" se inicia la decadencia, el inicio del triunfo de lo bárbaro y lo cristiano, el momento en el que la irracionalidad ocupa el poder. El historiador italiano Arnaldo Momigliano6 indicaba que lo novedoso de Gibbon no fueron sus ideas políticas, morales o religiosas, que son las mismas de Voltaire, sino que supo comprender el importante papel de los hechos en la Historia y supo ordenarlos y valorarlos, realizando la primera historia moderna, y en eso radica su importancia y la fuerza con que ha calado en toda la historiografía posterior.

La visión de Gibbon, probablemente el historiador más influyente de todos los tiempos.7 8 fue compartida por los grandes historiadores positivistas del siglo XIX como Jacob Burckhardt u Otto Seeck. Entre las obras del primero se destaca Die Zeit Constantins des Großen (Basilea, 1853), donde abundaba en la idea de la decadencia como un envejecimiento social reflejado en la creencia en la inmortalidad y la vida ultraterrena, que desintegró la civilización clásica.

En general, hasta los últimos decenios del siglo XX se mantuvo la visión que de este periodo había establecido Gibbon, principalmente de la mano de Mikhail Rostovtzeff, y su influyente Social and Economic History of the Roman Empire (Oxford, 1926). Este historiador ruso realizó la primera explicación sistemática de la crisis bajoimperial, con una metodología concreta pero muy condicionada por sus experiencias personales (la Primera Guerra Mundial y la Revolución rusa). Rostovtzeff mantuvo el mismo esquema establecido por Gibbon, pero cambiando las religiosas por las económicas.

De la mano de Rostovzeff se retomó a Max Weber, estudiándose los fenómenos económicos que serán seguidos fundamentalmente por la historiografía marxista. Siguiendo esta tendencia, a lo largo del siglo se ahondó en aspectos más concretos, pero sin cuestionar la tesis "decadentista".

Otros importantes historiadores retomarán las ideas de la "barbarización del imperio", como Franz Altheim, con su obra Die Soldatenkaiser. Todos ellos mantienen el mismo concepto de fondo iniciado por Gibbon que llevaría a otro importante historiador como André Piganiol a decir que "la civilización romana no ha muerto de muerte natural. Ha sido asesinada". En general, los rasgos más importantes de la teoría tradicional de la "decadencia del Imperio romano" pueden resumirse en 7 puntos:

Ruina económica: depreciación monetaria, carestía y contracción de la actividad, en especial de la comercial, lo que conduce a la autarquía.
Guerras civiles e intensificación de las rapiñas de una soldadesca cada vez más barbarizada.
Plagas pestíferas y despoblación.
Desórdenes internos, revueltas sociales (bagaudas), bandidaje terrestre y marítimo (piratería sajona).
Abandono de tierras y expansión de la vinculación personal (colonato).
Luchas de poder entre el ejército bárbaro y los funcionarios civiles romanos por la dirección del Estado, con victoria de los militares: surgen diversos caudillajes (Estilicón, Aecio, Ricimero).
Destrucción de las clases privilegiadas e imposición del dominio del campo sobre la ciudad.
En 1956 el arqueólogo, epigrafista e historiador del arte Henri Marrou publicó un artículo de capital importancia titulado «La décadence de l’Antiquité classique». En él consideraba que los historiadores, él mismo incluido, habían subestimado la Antigüedad Tardía al considerarla mero periodo intermedio entre el clasicismo antiguo y su recuperación renacentista. El error habría sido de partida y metodológico, ya que humanistas e ilustrados habían utilizado con parcialidad el concepto de decadencia en defensa de sus opiniones e intereses. El concepto de "decadencia" implica necesariamente un juicio de valor que sustenta toda una filosofía de la historia: humanistas e ilustrados pretendían "disipar las tinieblas de la Edad Oscura", para redescubrir una antigüedad pretendidamente luminosa, la existente hasta la muerte de Marco Aurelio. El Bajo Imperio, con el triunfo del cristianismo y el absolutismo, era desdeñado por los prejuicios ilustrados como un período de «barbarie», «tiranía» y «superstición».

Marrou consideraba que los historiadores debían evitar caer en esos prejuicios y renovar su metodología. El Imperio Tardío no era en nada inferior al de Augusto o los Antoninos. Su cultura y modelo de civilización no eran decadentes ni reproducían, sin comprenderlos, los esquemas del Alto Imperio. Además, estaban produciendo nuevos modelos, es decir, que la época mostraba originalidad.

A la luz de los nuevos estudios, la historiografía piensa actualmente que existió una crisis importante, pero matizada y condicionada a zonas geográficas concretas, de las cuales todavía queda mucho por determinar.

Tesis del continuismo y la transición[editar]
Ya desde el siglo XIX algunos historiadores pensaron que el término "caída" no era el término apropiado para el período que posteriormente sería bautizado como Antigüedad tardía, predominando actualmente la idea de cambio y evolución desde el modelo de sociedad de la Roma altoimperial a la plenamente medieval.

El pionero del moderno continuismo fue Fustel de Coulanges (Institutions politiques de l'ancienne France. I-VI vols; París, 1874), que consideraba que los bárbaros no serían destructores del mundo antiguo, sino que dieron un nuevo rumbo a un proceso de transformación del mundo romano que ya estaba en marcha. Encontró una gran variedad de pervivencias posteriores, observando que las instituciones tardorromanas estaban muy cerca de las similares de merovingios y carlovingios, y que las fuerzas de integración social actuaban de igual forma antes y después (creencias, estructura económica, etc.).

Henri Pirenne continuó en la línea de su maestro Coulange, planteando su célebre teoría (Mahomet et Charlemagne; Bruselas, 1937), según la cual las invasiones germánicas no destruyeron la unidad mediterránea del mundo antiguo, ni tampoco eliminaron los rasgos que suelen considerarse esenciales de la cultura romana tal como aún existía en el siglo V. La verdadera causa de la ruptura con la tradición de la Antigüedad la habría producido el rápido e inesperado avance del Islam, que interrumpió las rutas comerciales del Mediterráneo y llevó al declive de la economía europea, provocando un largo período de autarquía. Sin embargo, a pesar de su fama, Pirenne no convenció a la historiografía dominante en aquel momento, muy influenciada por el marxismo.

Tesis del colapso[editar]
De origen antropológico y sociológico, sus principales representantes son Arnold Toynbee, James Burke y Joseph Tainter (The Collapse of Complex Societies; Cambridge, 1988).

En ellas se suele aceptar que la caída del Imperio romano era inevitable, equiparándola con la de otras grandes culturas de la historia universal, de acuerdo a una teoría del derrumbe de las sociedades complejas. Simplificando mucho, esta visión considera que, a medida que una sociedad se desarrolla, se diferencia cada vez más socialmente y se hace más compleja, de modo que para poder seguir existiendo necesita de un crecimiento correspondiente.
0No comments yet