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Roma Antigua [Fin del Imperio Romano 20/20]

A grandes rasgos, se pueden ordenar en siete categorías o clases las diferentes teorías sobre las causas del hundimiento del poder imperial romano en Occidente. Es difícil citar nombres concretos, ya que muchos de los que figuran en cada categoría podrían también aparecer en otros apartados. Los nombres que siguen, aun siendo representativos, no engloban a la extraordinaria cantidad de obras, autores y tendencias que se han pronunciado sobre el tema. Así por ejemplo, el profesor alemán Alexander Demandt, de la Universidad Libre de Berlín, publicó una obra en que repasaba 210 teorías diferentes sobre la caída de Roma titulada Der Fall Röms. Die Auflösung des romischen Reiches im Urteil der Nachwelt (Múnich, 1984).

Teorías religiosas y morales
La "culpa del cristianismo" fue uno de los factores a los que más se ha achacado la crisis del siglo V. Actualmente es una teoría sin peso y sin defensores, al menos en estricta puridad. Unir bajo un mismo punto de vista metodológico la progresiva crisis del mundo romano y la victoria del cristianismo, haciendo culpable a este último de la primera es un planteamiento voluntarista, excesivamente radical, que no responde a la realidad. La Iglesia no volvió la espalda al Imperio y, si algunos cristianos contribuyeron a debilitar la resistencia imperial, otros apelaron al patriotismo romano; durante el Bajo Imperio, el cristianismo triunfante sirvió de aglutinante a la sociedad romana. Además, en Occidente (Galia, Germania, Britania e Hispania), donde la crisis fue más aguda, el cristianismo tuvo una implantación limitada hasta entrado el s. V, mientras que fue precisamente el Oriente más cristianizado el que mejor sobrellevó la crisis.

Historiadores tardoantiguos
Ya en la Antigüedad Tardía hubo intelectuales, como el historiador pagano del s. V Zósimo y su maestro Eunapio de Sardes, que echaron la culpa al cristianismo de los males que afligían del Imperio. Los paganos creían que la crisis se debía a que los dioses les negaban su protección por culpa de la expansión cristiana en el Imperio, lo que impulsó a gentes como Cipriano de Cartago, Agustín de Hipona, Salviano de Marsella o Paulo Orosio a defender lo contrario en obras como De civitate dei o Historiarum adversum paganos.

Edward Gibbon
Artículos principales: Edward Gibbon e Historia de la decadencia y caída del Imperio romano.
La apologética pagana potenció su influencia con la Ilustración; la “Edad de la Razón”, señalada por su negación del pasado, su escepticismo religioso, y su crítica violenta al poder monárquico y la autoridad religiosa, no podía aceptar como algo positivo el absolutismo y la profunda influencia del clero y la religión en el Imperio romano tardío. Edward Gibbon en su clásico History of the decline and fall of the Roman Empire, aparecido entre 1776 y 1788, se planteó las causas de la decadencia del Mundo Antiguo desde estos presupuestos racionalistas, agnósticos, e incluso neopaganos, pero su mérito estuvo en hacerlo de una manera totalmente novedosa. Adaptando las ideas de Tácito, el sabio inglés atribuyó la decadencia del Imperio a la pérdida de las virtudes cívicas, y echó la culpa al cristianismo, que predicaba un estilo de vida que influyó negativamente en la marcha de la gravísima crisis que padecía el Imperio desde la época de Marco Aurelio:

"En tanto en cuanto la felicidad en una vida futura es el gran objetivo de esta religión, podemos aceptar sin sorpresa ni escándalo que la introducción -o al menos el abuso- del Cristianismo tuvo una cierta influencia en la decadencia y caída del Imperio romano. El clero predicó con éxito doctrinas que ensalzaban la paciencia y la pusilanimidad; las antiguas virtudes activas [virtudes republicanas de los romanos] de la sociedad fueron desalentadas; los últimos restos del espíritu militar fueron enterrados en los claustros: una gran proporción de los caudales públicos y privados se consagraron a las engañosas demandas de caridad y devoción; y la soldada de los ejércitos era malgastada en una inútil multitud de ambos sexos [frailes y monjas, esta opinión sobre ellos era habitual en el público inglés del s.XVIII] capaz sólo de alabar los méritos de la abstinencia y la castidad. La fe, el celo, la curiosidad, y pasiones más terrenales como la malicia y la ambición, encendieron la llama de la discordia teológica. La Iglesia -e incluso el estado- fueron distraídas por facciones religiosas cuyos conflictos eran muchas veces sangrientos, y siempre implacables; la atención de los emperadores fue desviada de los campos de batalla a los sínodos. El mundo romano comenzó, pues, a ser oprimido por una nueva especie de tiranía, y las sectas perseguidas se convirtieron en enemigos secretos del estado.
Y sin embargo, un espíritu partidista, no importa cuán absurdo o pernicioso, puede ser tanto un principio de unión como de desunión. Los obispos, desde ochocientos púlpitos, inculcaban al pueblo los deberes de la obediencia pasiva buscada por el legítimo y ortodoxo emperador; sus frecuentes asambleas y su perpetua correspondencia los mantenían en comunión con las más distantes iglesias; y el temperamento benevolente de los Evangelios fue endurecido, aunque confirmado, por la alianza espiritual de los católicos. La sagrada indolencia de los monjes era con frecuencia abrazada en unos tiempos a la vez serviles y afeminados; pero si la superstición no había supuesto el fin de los principios de la República, estos mismos vicios [la servilidad y el afeminamiento] habrían llevado a los indignos romanos a desertar de ellos. Los preceptos religiosos son fácilmente obedecidos por aquellos cuyas inclinaciones naturales les llevan a la indulgencia y la santidad; pero la pura y genuina influencia del Cristianismo puede hallarse, si bien de forma imperfecta, en los efectos que el proselitismo cristiano tuvo sobre los bárbaros del norte. Si la decadencia del Imperio Romano se había acelerado con la conversión de Constantino, al menos su religión victoriosa redujo en algo el estrépito de la caída, y rebajó el feroz temperamento de los conquistadores."
(Capítulo XXXIX)
Teorías raciales y culturales
En buena medida, casi todas ellas han sido resultado de la identificación de cultura, raza y nación propias de la sociología y antropología darwinista.

Karl Julius Beloch
Artículo principal: Karl Julius Beloch
En Die Bevölkerung der griechisch-römischen Welt (Leipzig, 1886) ofrecía una explicación culturalista: la creación de un estado panmediterráneo impidió el desarrollo y consolidación de la vida civilizada. La Roma imperial habría ahogado los impulsos innovadores de la Grecia plural. Es preciso señalar que Beloch hizo tales conclusiones tras la unificación alemana, en pleno auge del militarismo, el nacionalismo y la socialpolitica de Bismarck, que en pocos años acabaron con la tradición liberal alemana. ....

Tenney Frank
Artículo principal: Tenney Frank
Este profesor norteamericano de la Universidad John Hopkins, publicó en 1916 un estudio titulado "Race Mixture in the Roman Empire"9 en el que defendía que la decadencia de Roma se debía a la diversidad cultural y la mezcla de razas: al emanciparse todos los griegos y orientales esclavos, cambiaron el carácter del Imperio, convirtiéndolo en una monarquía helenística, motivando el absolutismo, la expansión de las religiones orientales, la decadencia de la literatura latina y la desaparición de la vieja clase gobernante, ruda y viril, que construyó el Imperio romano.

Otto Seeck
Artículo principal: Otto Seeck
En Geschichte des Untergangs des antiken Welt (Stuttgart, 1920-1921) planteó que la decadencia de Roma se debió al hecho de que a partir del s. III hubo una especie de "selección al revés" que provocó la desaparición de la élite que dirigía el Estado romano. Esta desaparición se explicaría por el desinterés de las clases dirigentes en reproducirse y por su debilitamiento, desgastadas por mezclas continuas, provocada por la manumisión de esclavos, el matrimonio de libres y libertos, la prohibición del matrimonio a los soldados, las continuas guerras, etc. Asimismo, los emperadores se habrían dedicado a exterminar la capacidad y el mérito personal, y a extender la mentalidad servil, a lo que contribuyó el triunfo del cristianismo. El resultado obvio de todo ello habría sido la decadencia y el hundimiento del poder imperial.

Es importante señalar que Seeck planteó su teoría tras la derrota de la Alemania imperial en la Primera Guerra Mundial, en pleno proceso democratizador de la República de Weimar. El error de fondo subyace en la creencia de que hay razas superiores e inferiores. Ferdinand Lot objetó a esta tesis que, muy al contrario, el Bajo Imperio fue una época de grandes personalidades.

Franz Altheim
Artículo principal: Franz Altheim
En sus obras Die Soldatenkaiser (Fráncfort del Meno, 1939) y Die Krise der alten Welt im 3. Jahrhundert n. Zw. und ihre Ursachen (Berlín, 1943), este prestigioso historiador alemán explicaba la caída de Roma en la preponderancia de las "razas jóvenes" germanas, con mayor agresividad e iniciativa, sobre las "razas viejas" y decadentes del Mundo Mediterráneo, sumidas en la desidia. En su momento, sus explicaciones entraron dentro de la historiografía oficial del III Reich.

Martin Nilsson
Artículo principal: Martin Nilsson
Para este profesor sueco, una autoridad en religión griega, la decadencia de Roma vendría motivada por un cambio racial. Según su planteamiento, la “raza romana” estaría cada vez estaría más diluida y más barbarizada. No obstante, pasó poco tiempo antes de que autores como N.H. Baynes señalaran en la región donde la mezcla de razas fue mayor, Asia Menor, en el Bajo Imperio no hubo decadencia alguna, ni en lo intelectual, ni en lo social, ni en lo económico, ni el cristianismo tuvo ningún resultado funesto (antes al contrario).

Joseph Vogt
Artículo principal: Joseph Vogt
Su obra The decline of Rome: The metamorphosis of Ancient Civilization (Londres, 1967) insistía en la metamorfosis cultural, pero ajena a planteamientos biológicos, defendiendo una noción de continuidad sobre la base de un cambio. Consideraba que la mal llamada "decadencia" fue un proceso lento de cambio, que comenzó con Cómodo (180-193) y que dio como resultado un tipo nuevo de cultura, muy parecida al Mundo Medieval. En esta idea de cambio cultural, Vogt remarcaba la importancia de tener presente que las invasiones germánicas eran "una migración de gentes, no meramente una invasión de bárbaros".

Teorías militares y hostilistas
Entran en el grupo los que explican el fin del Imperio Romano en Occidente por el impacto que sobre el mismo tuvieron los germanos, de cualquier modo que ello se entienda, ya sea desde el punto de vista puramente militar o de las causas internas que obraron con ocasión de la coyuntura de la presión de los germanos. Esta presión fue causada por los Hunos pueblo del centro de Asia, de origen Mongol.

Flavio Vegecio Renato
Artículo principal: Flavio Vegecio Renato
En su Epitoma rei militaris (c. 430), este historiador militar contemporáneo de los hechos afirmó que la decadencia de las armas romanas se debía al abandono de las antiguas formas de organización de las legiones y la incorporación de mercenarios bárbaros al ejército romano.

Teorías naturales
Un cuarto grupo de autores han formulado explicaciones fundadas en las ciencias naturales, haciendo hincapié en la población, el clima y el suelo. Es importante señalar que el enfriamiento del clima a partir del siglo II tendría su influencia en malas cosechas, plagas de peste y la mayor movilidad de los pueblos bárbaros.

A.E.R. Boak
Este profesor de Historia Antigua en la Universidad de Michigan, especialista en Historia Bizantina, publicó un estudio, que ha tenido gran aceptación en América del Norte, titulado Manpower Shortage and the Fall of the Roman in the West (Londres, 1956). Opinaba que la causa de la caída de Roma se debe al déficit de la mano de obra que sufrió el Imperio, que tuvo efectos desastrosos en la agricultura, en la industria y en los servicios públicos; los decenios comprendidos entre los años 235 y 284, lo que se conoce con el nombre de la Anarquía Militar debido a las continuas luchas y a la peste, que asoló todo el Imperio durante 15 años y vació, al decir de los contemporáneos, ciudades enteras (ya a mediados del s. II, en época de Marco Aurelio, hubo otra pertinaz peste), fueron desastrosos para la población rural. La falta de mano de obra esclava se sintió en Occidente, pero no en Oriente.

El ejército, falto de nuevos reclutas desde mediados del s. II, alistó bárbaros, lo que produjo la barbarización del ejército ya en el s. III. La falta de mano de obra se agravó en el s. IV por la valoración cristiana de la castidad, y por el control de la natalidad, ya que las mujeres no querían tener más que un hijo. Sin negar que hubo períodos en que el déficit de mano de obra fuera grande, los historiadores actuales no consideran que fuera una causa determinante de la decadencia del Imperio.

Teorías políticas
Muchos historiadores consideran que los problemas políticos internos debilitaron económica y militarmente a Roma, y que ello permitió a sus enemigos externos derribar "un edificio podrido".

Ramsay Macmullen
Artículo principal: Ramsay Macmullen
Su obra Corruption and the Decline of Rome (Binghampton, 1988) es novedosa por el análisis cuantificado de algunos aspectos de la decadencia de Roma y la incorporación crítica de nuevos materiales. Hace una gran labor de sociología histórica, analizando las relaciones entre los distintos grupos sociales, concluyendo que algunos grupos sociales llegarían a constituirse en enemigos internos del Imperio: desertores, rebeldes, bandidos, etc.

Considera que el factor clave del fracaso del Bajo Imperio es que, a medida que se iba volviendo más burocrático (la alta administración pasó de unos 200 cargos a 6.000 desde Trajano a Teodosio) y totalitario, el poder absoluto iba escapando de manos del Emperador en favor de los funcionarios civiles y militares. Éstos sólo velaban por sus intereses personales, lo que llevó a la corrupción, los abusos de poder y la creciente incapacidad para enfrentarse adecuadamente a los problemas administrativos y militares. Los factores favorecedores de esta corrupción serían los siguientes:

Empleo de favores y violencia coercitiva por parte del Gobierno.
Ambigüedad de las leyes.
Totalitarismo.
Aislamiento del Emperador.
El efecto más notable sería el deterioro del ejército, con la barbarización de la tropa y la oficialidad, la falta de equipo militar y la corrupción de la clase dirigente. Bajo el mando de emperadores fuertes, la nave del Estado se mantenía firme, pero con el ascenso al poder de personajes débiles como Honorio, declinó rápidamente, lo que llevaría al caudillismo, encarnado en grandes espadones como Estilicón o Aecio.

Teorías económico-sociales
Ludwig von Mises
Artículo principal: Ludwig von Mises
Para este economista austriaco la caída del Imperio fue causada por la manipulación de la moneda realizada con objeto de enriquecer al Estado y una legislación creciente que regulaba el mercado. En su tratado La acción humana Mises sostiene que:

Apelar a la coacción y compulsión para invertir la tendencia hacia la desintegración social era contraproducente ya que la descomposición [del Imperio] precisamente tenía sus orígenes en el recurso a la fuerza y la coacción. Ningún romano fue capaz de comprender que la decadencia del Imperio era consecuencia de la injerencia estatal en los precios y del envilecimiento de la moneda.
Consideraciones en torno a la decadencia de la civilización clásica
Entre la medidas regulatorias que habían tomado los emperadores romanos estarían el castigo a quien osara abandonar la ciudad, la nacionalización del comercio de grano, la regulación de los precios agrícolas y del sector naviero (generando escasez) el aumento y la creación de nuevos impuestos especialmente desde el siglo III d. C. (sobre herencias y bienes para sufragar los gastos militares, la creación de espectáculos y obras públicas, para la pensión de soldados veteranos). A esto se sumaría un constante envilecimiento y devaluación de la moneda para adquirir mayores beneficios de "señoreaje" (diferencia entre el valor nominal de la moneda y sus costes de fabricación).

Moses Finley
Artículo principal: Moses Finley
En The Ancient Economy (Londres, 1985) plantea la importancia del desinterés. La polarización social y la acumulación de inmensos patrimonios en unas pocas manos aristocráticas provocaría que el dinero permaneciera ocioso por falta de incentivo. Además, los nuevos ricos no tendrían un verdadero afán de crear capital y producir riqueza, sino de adquirirla e imitar el modo de vida de la clase dominante. Los objetivos económicos no serían fines en sí mismos, sino medios de promoción política y social. Una vez alcanzados, se trataría de mantener el nivel de vida. Asimismo, al ser la tierra la base de la riqueza y no producirse progreso técnico alguno, el crecimiento económico, la productividad y aún la eficiencia se habrían estancado.
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