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Roma Antigua [Imperio Romano 14/20]

Los primeros emperadores desde Augusto hasta la muerte de Nerón (27 a. C. - 68) formaron la dinastía Julio-Claudia, que tras el periodo del 68 al 69, el año de los 4 emperadores, dio paso a la dinastía Flavia con tres emperadores del 69 al 96 y a la dinastía Antonina, los 5 buenos emperadores, del 96 al 180. El 180 se inició la dinastía Severa que duró hasta la muerte de Alejandro Severo el 235.
Con la victoria de Octavio sobre Marco Antonio, la República se anexionó de facto las ricas tierras de Egipto, aunque la nueva posesión no fue incluida dentro del sistema regular de gobierno de las provincias sino convertida en una propiedad personal del emperador legable a sus sucesores. A su regreso a Roma el poder de Octavio fue enorme, tanto como lo fue la influencia sobre sus legiones.

En el año 27 a. C. se estableció una ficción de normalidad política en Roma, otorgando a Augusto, por parte del Senado, el título de Imperator Caesar Augustus (emperador César Augusto). El título de emperador, que significa «vencedor en la batalla», lo convertía en comandante de todos los ejércitos. Aseguró su poder manteniendo un frágil equilibrio entre la apariencia republicana y la realidad de una monarquía dinástica con aspecto constitucional (Principado), en cuanto compartía sus funciones con el Senado, pero de hecho el poder del príncipe era completo. Por ello, formalmente nunca aceptó el poder absoluto aunque de hecho lo ejerció, asegurando su poder con varios puestos importantes de la República y manteniendo el orden sobre varias legiones. Después de su muerte, Octavio fue consagrado como hijo del divus (divino) Julio César, lo que lo convertiría, a su muerte, en dios.

En el plano militar Augusto estableció las fronteras del Imperio romano en lo que él consideraba debían ser sus límites máximos de extensión al norte; el limes Elba-Danubio. Asimismo, finalizó la conquista de Hispania doblegando a las últimas tribus del norte de las montañas cantábricas: cántabros y astures, que permanecían aún al margen del control militar romano. Esta sangrienta lucha final sería conocida como las Guerras Cántabras. Tan difícil fue la tarea que Augusto se trasladó personalmente con toda su corte a la península Ibérica estableciendo Tarraco como capital provisional imperial. En este periodo la urbe experimentó un gran crecimiento urbanístico. Hacia el 17 a. C. Hispania pasa a dominio romano por completo, y su territorio queda organizado en 3 provincias: Lusitania, Tarraconensis y Baetica, además de la provincia Transduriana, que organizaba los territorios recién conquistados del Noroeste, de cuya existencia tenemos noticia por un epígrafe recientemente descubierto en el Bierzo: el Edicto del Bierzo.

Al norte, Augusto también obtuvo grandes victorias y anexionó Germania Magna, con lo que el Imperio se expandió hasta el río Elba. Pero esta situación no duraría mucho: Augusto confió la dirección de la provincia a un inexperto gobernador, Publio Quintilio Varo. Su ineptitud y su escaso entendimiento de las culturas locales, nada acostumbradas a plegarse ante un conquistador, incrementaron los recelos de los lugareños. Así fue como en 9 a. C. una revuelta protagonizada por Arminio aniquiló las 3 legiones de Varo en una brutal emboscada conocida como la batalla del bosque de Teutoburgo. La reacción romana permitió evacuar no sin problemas el resto de cuerpos militares acantonados en Germania. Augusto, escandalizado ante el desastre militar, exclamaría: «¡Quintilio Varo, devuélveme mis legiones!». Finalmente, y a pesar de los deseos iniciales de Augusto, las legiones se retiraron a defender el frente del Rin. Así el sistema de limes septentrional se mantendría estable hasta el colapso del Imperio en la menos firme frontera Rin-Danubio. Augusto recomendó a su sucesor Tiberio que no tratara de extender más allá sus dominios.

Los sucesores de Augusto no demostraron ser especialmente dotados, lo que evidenciaba las debilidades de un sistema dinástico hereditario. Tiberio, Calígula y Nerón fueron especialmente despóticos e incluso se dejaron llevar por excesos que pusieron a prueba la fortaleza del sistema consolidado bajo la administración de Octavio.

Tiberio era hijo de Livia Drusilla y de Tiberio Claudio Nerón. El 18 de septiembre del año 14, después de la muerte de Octavio, quedó solo en la regencia que había obtenido con la acumulación de títulos de los años anteriores. No adoptó el título de emperador y demostró su desafección al poder desde inicios de su reinado. Una de sus primeras decisiones fue reformar las instituciones, para lo cual aumentó el poder del Senado dándole la facultad de nombrar magistrados, de manera que los Comicios, instituciones cuya principal tarea era esa, fueron debilitadas. Al aumentar el poder del Senado y anular el del pueblo, Tiberio buscó un equilibrio, aumentando de 3 a 9 cohortes los efectivos pretorianos y asignándole un campamento permanente en Roma, la Castra Praetoria. El Senado comenzó la publicación de numerosas leyes, y recuperó su antiguo poder, al tiempo que volvía a ser la entidad fiscalizadora sobre los gobernadores de las provincias romanas.

A los pocos años del inicio de su reinado, en las regiones de Panonia y Germania, los legionarios se sublevaron exigiendo el pago de sus salarios atrasados. Germánico, un joven y brillante general, y el hijo de Tiberio, Julio César Druso, fueron enviados para sofocarla. Así, Germánico unió a los rebeldes a su causa y emprendió una campaña en Germania, atravesando el Rin. Estos hechos, unidos a que Germánico recuperara las águilas de las legiones destruidas en la Batalla del Bosque de Teutoburgo, generaron euforia entre el pueblo y la popularidad de Germánico se disparó. En 17, tras decenas de años sin victorias, Germánico celebró un triunfo. En 19, Germánico murió envenenado, sin conocerse el asesino, aunque muchas sospechas recayeron en Tiberio. En 23, tras la muerte de su hijo Druso, Tiberio se sumió en un estado depresivo, y lentamente fue delegando poderes en su prefecto del pretorio, Lucio Elio Sejano, quien ejercía el cargo desde 15, hasta que, finalmente, en 26, Tiberio se retiró a la isla de Capri y dejó el poder absoluto a Sejano, a quien quería mucho. Los 9000 hombres que Sejano tenía a su mando le daban el poder de Roma. La muerte de Livia Drusilla, la temible mujer, envalentonó al, hasta entonces, moderado Sejano. Comenzó una serie de juicios contra sus enemigos, ejecutando y robando sus propiedades, y desterró a la descendencia de Germánico el año 30. En 31 se erigió en cónsul junto a Tiberio. Ese mismo año un complot senatorial lo llevó a juicio y posteriormente a la muerte. Fue reemplazado como prefecto del pretorio por Nieve Sutor Macre. Al enterarse de esto, Tiberio volvió rápido a Roma e inició una carnicería que diezmó las filas senatoriales, y ejecutó a casi todos sus miembros. Muchos otros patricios fueron ejecutados, exiliados o encarcelados, debido a la caída de Sejano, amigo personal de Tiberio. En este tiempo, empezaron a salir a la luz rumores de supuestos actos indebidos de Tiberio durante su estancia en Capri, entre ellos, de perversión sexual. Tras terminar sus ejecuciones, Tiberio se retiró del poder y se aisló completamente, dejando que el Imperio funcionara por sí solo. Finalmente muere en la miseria, el 16 de marzo de 37, supuestamente asesinado por Macre o por Calígula, a quien dejaría el poder en su testamento por ser hijo de Germánico, junto a su nieto, Tiberio Gemelo.
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