Canales populares

5 Situaciones Que Nos Recuerdan Nuestra Infancia

1. Hacer las tareas con Encarta.


En una época en que internet todavía no era capaz de transformarnos en procrastinadores, Encarta era el aliado perfecto para hacer los trabajos para el colegio. Creíamos que abarcaba todo el conocimiento de la humanidad y que no había trabajo que no podía hacer con esa maravilla. Incluso algunos profesores prohibían usarlo -por último el Icarito- y si ponías una foto sacada de Encarta con el barrita negra en el borde inferior de la foto (donde salían los derechos reservados), los profes sabían de dónde lo sacaste y cagaste.

2. Coleccionar tazos.



Tenía amigos que iban al almacén y compraban con un billete de quinientos pesos cinco paquetes de ramitas o suflés. Abrían el envase, sacaban el tazo (o ‘los tazos’ si tenías suerte) y regalaban el resto.En nuestra infancia, las entretenciones eran más simples y coleccionar tazos o álbumes podían ser verdaderas misiones de vida para niños como tú y la manía era tan masiva que incluso -para quienes les costaba conseguir plata- se vendían pliegos de cartón con tazos impresos para ampliar la colección.
Sí, yo tuve uno de esos pliegos y con un poco de agua que les cayera, cagaban.


3. Picarse y llevarse la pelota para la casa.



Cuando uno jugaba a la pelota con los amigos y al dueño de la esférica lo botaban al suelo o le decían algo feo o lo dejaban al arco o simplemente manchaban su honra, era típico que se picara (“ya, no juego más”), tomara su pelota (“¡pásenme la pelota poh!”) y se entrara a la casa (“es mía la pelota así que me voy no más”)Se acabó el juego por culpa del amurrado. Y para revertir la situación, la decisión era simple: el dueño de la pelota era intocable y si se podía, se le ignoraba sutilmente para que no le viniera un berrinche y se quedaran sin jugar.


4. Ver ‘Hugo’ y enojarse con los participantes ñurdos.



Si había una situación de estrés para un niño era ver ‘Hugo’ en las tarde de semana. El programa -animado por Ivette Vergara- consistía en que el público llamaba para participar y el seleccionado podía jugar desde la casa con el teclado numérico de su teléfono guiando a Hugo (¿qué cresta era?: ¿un elfo, un duende, o qué?), quien debía pasar etapas  agachándose, saltando, en skate o haciéndole el quite a los trenes.¿Dónde venía la rabia? Daba la impresión de que a veces elegían a los más tarados porque al intentar esquivar los obstáculos, perdían apretando algún botón del teléfono más de la cuenta o con un desfase de mierda. Y uno, en la comodidad de nuestro hogar, siempre pensaba que podía hacerlo mejor y atrapar a la bruja en la etapa final.


5. Soplar los cartuchos del Súper Nintendo.



Da la impresión de que las consolas de videojuegos las fabrican cada vez con menos aguante y cariño para aumentar el consumismo, porque el Nintendo (NES), el Súper Nintendo (SNES) y el Nintendo 64 (N64) tenían -tienen- un aguante increíble.¿No te funcionaba ‘Donkey Kong Country’? Soluciónelo con un clásico: sople la base del cartucho como si fuera una armónica y listo; ¿se te caía la consola? Da lo mismo: aguantaba varias más. ¿Y qué hacer si alguna vez cagaba el transformador después de reventarlo jugando? Comprabai’ uno alternativo bien barato y funcionaba de lujo.
0No hay comentarios