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Aquellas historias del viejo correo Argentino

Aquellas historias del viejo correo Argentino


CORREO ARGENTINO

Había un hombre que trabajaba en la oficina de correos, cuyo trabajo
era procesar las cartas que traían la dirección ilegible.




Un día llegó a sus manos una carta que traía escritura temblorosa y
que iba dirigida a Dios, pero no tenia dirección alguna. Como esa
carta no iba a ir a ningún lado, decidió abrirla para ver de qué se
trataba.

‘Querido Dios: Soy una viuda de 84 años que vive de una pequeña
pensión. Ayer alguien me robó el monedero, que tenía 600 pesos. Era lo
que me quedaba para el mes, y ahora voy a tener que esperar hasta el
mes que viene. No sé qué hacer.

El próximo domingo es Navidad y había invitado a dos amigas mías a
cenar, pero sin dinero, no tendré qué ofrecerles; no tengo ni comida
para mí. No tengo familia y eres todo lo que tengo, mi única
esperanza. ¿Me podrías ayudar? ¡Por Favor!
Sinceramente, María. '

Fue tal el impacto que la carta causó al empleado postal, que éste
decidió mostrarla a sus compañeros de trabajo. Todos quedaron
sorprendidos, y comenzaron a buscar en sus bolsos y carteras. Al final
de la tarde habían hecho una colecta de 520 pesos. Los guardaron en un
sobre y lo mandaron a la dirección de María.

Esa tarde, todos los empleados que cooperaron sintieron un rico
calorcito en el ambiente y una sensación de satisfacción que tal vez
no experimentaban desde hacía mucho tiempo, al saber lo que habían
hecho por María y sus amigas.

Llegó la Navidad y se fue.

Algunos días después de la Navidad, llegó a la oficina de correos otra
carta de María. La reconocieron inmediatamente por la escritura y
porque iba dirigida a Dios. La abrieron y todos con curiosidad leyeron
lo que decía:

' Querido Dios: Con lágrimas en mis ojos y con todo el agradecimiento
de mi corazón te escribo estas líneas para decirte que hemos pasado,
mis amigas y yo, una de las mejores Navidades de la vida. Y todo por
tu maravilloso regalo. Debes saber que siempre hemos sido fieles a tu
mandato y hemos guardado todos tus mandamientos, tal vez esa sea la
razón de tu benevolencia con nosotras. ¡Gracias, Dios! Por cierto,
faltaban 80 pesos. Seguramente se los quedaron esos hijos de puta del
Correo...


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