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Capitanes eran los de antes!!!!


¿Se acuerdan del Costa Concordia?







El léxico marinero, sabemos, es muy rico, así nos describe no solo cada parte de una embarcación, nos brinda en pocas palabras un conocimiento necesario en maniobras, meteorología y todas aquellas actividades propias imprescindibles para las artes marinas.
En estos días se ha acuñado un nuevo termino del saber del mar: “El Capitán estaba enfiestado”. Término realmente curioso, sobretodo si ser trata de un naufragio y de uno de los buques de pasajeros más grandes del mundo.
Me cuesta separar el humor de la tragedia, por que en el Costa Concordia han perdido la vida muchas personas. Analicemos los hechos: El Capitán Francesco Schettino se acerca a menos de doscientos metros con semejante monstruo, para dar un “saludito a un conocido” en el cercano pueblo y se come una bruta roca sumergido. Claro usted no piense que el Capi es un gil, cuenta con toda la parafernalia de tecnología, desde las cartas electrónicas, pasando por los milimétricos GPS, ecosondas y otros, claro no miró la carta náutica en papel que señala con toda precisión cada accidente en cada mar del mundo. Profundidades, mareas, faros, tipos de fondos, corrientes y datos para que ni el más bruto de los marinos pueda hacer naufragar su barco. Pero el hombre para hacer macanas debe hacerlas a lo grande, por ello ¿hundir un pequeño yate? No señor si vamos a naufragar hay que hacerlo a lo grande, con señorío. Reventar el navío lo vamos a reventar, pero un barco bien largo, no menos de 300 metros.
¿El Titanic el rey de los naufragios? ¡Ni loco! Los italianos son bien viriles, así que Don Sechettino mandó la ciudad flotante justo arriba de una roca sumergida, que como bien dijo el Capi, ¡La roca no debería estar allí”. Tenía razón, deberíamos remontarnos mucho antes que Rómulo y Remo fundaran Roma. Pero para ser justos con la naturaleza, es posible que la roca estuviese allí desde mucho antes. El pobre Capi lo ignoraba, a pesar de haber hecho esa “pasadita” más de cincuenta veces. La roca le dijo ¡basta viejo! Además echar culpas es fácil, nadie pensó en los cientos de registros de profundidad que se hicieron año a año para señalar el maldito escollo. Don Sechettino. Luego de un minucioso análisis del naufragio pegó el grito ¡La roca no estaba allí! La verdad estos tipos que hacen la carta náuticas, no entienden nada. La Prefectura Italiana contenta. Hay que buscar responsables, sí ¡Rómulo y Remo!
No hay nada más inteligente para las situaciones de riesgo que la excelente preparación, claro siempre y cuando uno sea inteligente.
Me imagino al severo Capitán Ahab, en su Pequod, persiguiendo a su mortal enemiga, Moby Dick, en la novela de Henry Melvill, seguramente no se “enfiestaba”, ni siquiera con el primer oficial.
O el extraordinario Shackleton, que a bordo de su Endurance, allá por 1915 se largó al Polo Sur, a recorrer zonas nunca navegadas el hielo lo atrapó, pero claro él fue un Capitán de los de antes. Esperó el duro invierno. Luego partió con dos chalupas y a puro sextante, en esos mares brutales, llegó, luego de 800 kilómetros, a una isla rocosa. Dejó allí a sus hombres y con otros dos navegaron otros mil hasta las Georgías y los rescató a todos con vida.
En la tragedia del Titanic su Capitán Edward John Smith se fue al fondo junto a su nave. Es que el Capitán DEBE ser el último en abandonar el barco. Pero, ¿se trata verdaderamente de una ley, o es sólo un mito? Uwe Jenisch, experto en derecho marítimo internacional y profesor en la Universidad de Kiel, dice que no existe un artículo en el que se explicite tal comportamiento por parte del capitán de un navío. Pero agrega que esa regla se deduce de otras: “En todo navío a vapor o a vela hay una persona que ordena”. En todas las embarcaciones hay un orden jerárquico establecido, y el capitán es el único y mayor responsable. Es quien asume el comando y debe organizar la evacuación de la nave. Mientras el barco exista, el capitán tiene la responsabilidad”. Pero nuestro Capitán “enfiestado” sufrió una mala pasada del destino: se cayó (uno de los primeros) dentro de un bote. Cuando el Prefecto del lugar se enteró que estaba lejos del barco repleto de gente atrapada, lo insultó en todos los colores ¡Mascalsone!!Vuelva a bordo! Le espetó. -De acá, de acá en más veremos- le contestó nuestro héroe. Cuando le tomaron declaración afirmó que efectivamente, luego del choque, no estaba al comando del buque. En su defensa argumentó que tampoco nadie conducía a la artera roca.
Definamos entonces, dentro de la nomenclatura marinera, la palabra “enfiestado” momentos previos a un naufragio en que un hijo del mar, a cargo de una nave, se encuentra cómodamente agasajando a alguna señorita.
Digámoslo, Capitanes eran los de antes, y no se olvide de una frase que me encanta: en el mar no hay barcos grandes, todo lo que flota puede dejar de hacerlo. Así que si piensa tomar un crucero, vigile a su Capitán, si lo ve “enfiestado” busque ya un salvavidas.
Terminaré hablando seriamente: sí hubo ejemplos de heroísmo al momento del naufragio: La fallecida, camarera peruana Erika Fani Soria Molina, cuyo cuerpo fuera recuperado del crucero Costa Concordia, ha sido descrita por varios supervivientes como una heroína. Los testigos afirman que Erika ayudó a muchos a subirse a los botes de salvamento, y cedió su propio chaleco salvavidas a un anciano.
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