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Coleccion de Partes

Un recuerdo personal…

Personajes famosos de todo tipo, políticos, científicos, delincuentes o faraones egipcios; posiblemente todos coincidan en un punto en común, que es que ninguno de ellos imaginó en vida que tras su muerte, partes varias de sus cuerpos pulularían por lugares dispares para gozo y contemplación de turistas, investigadores o simples coleccionistas.


La lista es interminable, y dejando de lado las reliquias religiosas, vaya aquí una pequeña muestra de partes de famosos que por motivos diversos fueron separadas de sus cadáveres y que acabaron de los modos más sorprendentes.

El corazón de Juana de Arco

Aunque fue quemada en la hoguera por los ingleses en Ruán, la leyenda dice que el corazón de Juana sobrevivió milagrosamente entre las cenizas. (Los expertos forenses modernos dicen que en muchos casos el corazón es resistente al fuego debido a su alto contenido en agua.) Los ingleses quemaron el cuerpo dos veces más y después arrojaron las cenizas al Sena, pero han persistido los rumores de que algunos fragmentos se salvaron.
En 1867, un farmacéutico de París descubrió una vasija con restos carbonizados con la etiqueta: “Restos hallados bajo la hoguera de Juana de Arco, virgen de Orleans”. A los patriotas franceses les llenó de alegría.
Pruebas de ADN realizadas en 2007 indicaron que el revoltijo de restos estaba compuesto de carne de una momia egipcia, un trozo de lino y un fémur de gato, obviamente reunidos como parte de un fraude en el siglo XIX, cuando Juana fue reivindicada por los franceses como heroína nacional.



El dedo de Galileo

En 1737, noventa y cinco años después de la muerte del científico, el admirado italiano Anton Francesco Gori extirpó el dedo corazón al exhumarse el cuerpo de Galileo en Padua para enterrarlo en una gran tumba. El dedo era venerado por “señalar el camino” simbólicamente desde la ignorancia medieval hacia el mundo científico moderno.
En 1841 se exhibió en la Biblioteca de Florencia, y después fue trasladado al museo de ciencias local.
El dedo seco fue aceptado como auténtico; continúa expuesto en una caja de cristal de forma ovoide en el Museo de Historia de la Ciencia de Florencia, rodeado por los instrumentos científicos de Galileo.



Los huesos de los oídos de Beethoven


Los huesos temporales de Ludwig van Beethoven fueron extirpados durante la autopsia en la Universidad de Viena unos días después de su muerte, en un intento de analizar la sordera del compositor. Se vieron por última vez en posesión del ayudante médico Anton Dotter.
En Viena se extendió el rumor de que Dotter se los había vendido a un doctor extranjero. Tras ser exhumado junto con Schubert en 1863 por frenólogos, desaparecieron dos trozos de ocho centímetros del cráneo de Ludwig.
Los huesos de los oídos continúan perdidos, pero los fragmentos del cráneo reaparecieron en 2005 en Danville, California, después de haber sido transmitidos a través de cuatro generaciones de una familia. Tras demostrar las pruebas de ADN su autenticidad, fueron donados a la Universidad Estatal de San José.

Fragmentos del cráneo de Abraham Lincoln

Tras la muerte de Lincoln en la Casa de Huéspedes de Petersen debido a la herida de la cabeza, se desató un frenesí de búsqueda de recuerdos; desaparecieron mechones de cabello del presiente, el cuello manchado de sangre y los puños de la camisa, trozos de una toalla del hotel empapados en su sangre. Los cirujanos se quedaron con fragmentos del cráneo hecho añicos de Lincoln que habían sido extirpados en el tratamiento y la posterior autopsia.
Las reliquias se transmitieron entre los miembros de las familias y pronto fueron buscadas por coleccionistas privados en las subastas.
Fragmentos de cráneo, mechones de cabellos cortados por los cirujanos y puños del traje ensangrentados se siguen exhibiendo hoy en el Museo Nacional de la Salud y la Medicina de Washington. D.C. Se exponen junto con “Restos de John Wilker Booth, asesino”, tejidos tomados de las vértebras durante la autopsia después de la ejecución. El lecho de muerte, una sábana ensangrentada y fragmentos de toallas de Lincoln están expuestos ahora en el Museo de Historia de Chicago.



El cerebro de Einstein

Al parecer en contra de los deseos de Einstein de ser incinerado, el cerebro del genio se extirpó durante la autopsia, siete horas después de su muerte en Princeton, y después lo hizo desaparecer el patólogo Thomas Harvey en un frasco de conserva. Harvey también se llevó los ojos y se los entregó a un amigo, oculista de Einstein.
Harvey fue pronto despedido de la Universidad de Princeton por negarse a entregar los restos de Einstein. Se llevó el cerebro a Wichita, Kansas, y en 1997 cruzó el país desde Princeton hasta California para entregar el cerebro a la nieta de Einstein. El cerebro fue devuelto al Centro Médico Universitario de Princeton, donde se encuentra ahora. Los ojos estuvieron guardados en un cajón del optometrista durante cuarenta años; ahora están en una caja de depósito de seguridad en Nueva York.

El aparejo de Rasputín

El mastodóntico miembro fue cortado del cuerpo del Monje Loco tras su asesinato en 1916 por celosos aristócratas rusos en San Petersburgo; según un rumor, fue descubierto por una doncella del palacio en el lugar del crimen.
Apareció en París cinco años después, venerado como símbolo de la fertilidad por algunas rusas blancas en ceremonias secretas. Fue reclamado por la hija de Rasputín en California hasta su muerte en 1977. Pista escurridiza: un objeto adquirido en una subasta resultó ser un pepino de mar desecado.En el museo de Arte Erótico de San Petersburgo se exhibe actualmente un órgano de 30 centímetros en un recipiente con formaldehido; su propietario afirma que lo compró a un “coleccionista francés” anónimo por 8000 dólares. Su autenticidad es objeto de serias dudas, ya que descripciones tempranas de la reliquia decían que había sido desecada, no escabechada.

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