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Entrevista con un zombie

                     






Lo encontré en su casa. Olía bastante bien como para llevar un tiempo muerto. Una ambigüedad aromática que oscilaba entre el pescado y el comino, ambos frescos. Me abrió la puerta: perdió dos falanges en la operación de correr el pestillo y se rompió la muñeca –la que le quedaba sana— al girar la manija. Aun así me extendió los buenos días con un aliento que, de haber seguido con vida, lo habría calificado como estertor. Estaba entusiasmado con la entrevista o quizá simplemente el gesto de sorpresa se le había congelado en el rostro por el rigor mortis. Me ofreció café y encendí la grabadora.

coco: ¿Cómo califica el estado biológico en el que se encuentra ahora?
ZOMBIE .: Podría llamarle vida (con la pronunciación de la “d” perdió una pieza dental que aterrizó en mi taza de café) pero sería injusto. No he respirado desde hace tres meses, aunque si se le ve el lado positivo, por esa misma razón no he sufrido al sacar la basura orgánica.


C: ¿Cuál es su principal dificultad en esta nueva etapa de su existencia?
Z: La principal, me resulta muy difícil caminar. Uno no sabe qué tanto ama a su hipotálamo hasta que lo tiene necrosado. También resulta incómodo limpiar la coladera de la ducha. Ahora, además de pelos, se tapa con dientes, jirones de piel y apenas la semana pasada tuve que llamar a un fontanero para desatascar el tubo central que se había tapado con uno de mis globos oculares.

C: ¿Cómo fue su experiencia de muerte? ¿Se parece a lo que los vivos especulan que sucede?
Z: Sí y no. En cuanto al flashback de toda tu vida pasando frente a tus ojos, no. Nada que ver. Ahora bien, lo de la luz al final del túnel sí lo viví. Claro que pudo haber sido porque me atropelló un auto que venía entrando al túnel en el que yo caminaba. Me dirigí a la luz (tenía un faro fundido) y pum. Todo se acabó.


C: ¿Encuentra alguna ventaja de su nuevo estado?
Z: Sí, mi contrato de matrimonio expiró junto conmigo. Volví a ser un hombre libre. Créame esto: es mejor ser un muerto que un viudo, se tienen más chances de ligar en un bar. Lo digo por experiencia (las dos cosas).

C: ¿Algo más?
Z: Sí, muchas cosas. Dejé de temerle a la muerte. Además puedo fumar y beber lo que yo quiera sin consecuencias nocivas para mi corazón o para el hígado. Incluso el alcohol me viene bien, me tiene mejor conservado por dentro. También ahorro mucho en cremas humectantes.

C: ¿Qué es lo que más extraña de su vida?
Z: Las elecciones.
C:¿Las elecciones?
Z: Perdón, quise decir erecciones. Es que como se me cayó el diente... Erecciones. ¿Sabe qué tan difícil es conseguir un levantón cuando no se tiene sangre circulando por el cuerpo? Pero bueno, hay métodos alternativos que estoy indagando.


C: ¿Se considera usted inmortal?
Z: Técnicamente soy más bien inerte. Pero la inmortalidad y la inercia se parecen mucho. Salvo que en la primera uno luce un poco más guapo.

C: Sus métodos de alimentación. ¿Cómo son? ¿Qué come? ¿Cómo lo consigue?
Z: Ciertamente me siento muy atraído a la materia gris. Todo mundo desea aquello de lo que carece, decía la Biblia… ¿O era Archer? Bueno, nunca fui muy bueno con eso de los autores. Sin embargo, las quesadillas de sesos hacen el truco. El control de colesterol es cosa del pasado para mí y en el puesto del mercado al que voy son muy buenas y muy baratas. El cerebro humano no me apetece, tiene un resabio amargo.

C: ¿Cómo consigue llevar su día a día? ¿Trabaja?
Z: técnicamente soy desempleado. En cuanto al dinero le diré que todo me convino: cobré mi seguro y se canceló mi hipoteca. El sueño de todo hombre maduro.


C: ¿Se arrepiente de algo en su vida?
Z: Pues hay algunas cosas que no hice pensando en que podría morir. Ese dicho “hay más tiempo que vida” lo inventó alguien que nunca fue un zombie. Aunque es cierto que hay cosas que uno ya no puede hacer en este estado. Suicidarse o cantar “Livin’ la vida loca” son sólo algunas de ellas.


C: ¿Los zombies deben tener los mismos derechos que los vivos?
Z: Me parece que sí. Claro, hasta entre los zombies hay clases. La prole zombie es algo numerosa y debe ser tomada en cuenta como una minoría. Los derechos humanos son algo que se puede extender para los zombies (claro, salvo el derecho a la vida).

C: ¿Ha sentido rechazo o discriminación?
Z: Claro. Me tratan como si fuera un indígena de Atenco. Pero eso es porque no entienden que no soy un zombie, soy un ser humano con capacidades diferentes. Por “ser” entendamos “mera entidad”; por “humano” entendamos “de origen orgánico”; por “capacidades” entendamos “signos vitales” y por “diferentes” entendamos “nulos”. No-ser no significa no-ser-humano. ¿O sí?



                                  
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