Estuve todo un día sin twitter y viví para contarlo.
Para muchos, quedarse sin twitter un día entero es una catástrofe de proporciones épicas; una tragedia que sólo puede ser comparada con las más desgarradoras tramas de telenovela en las que la protagonista es traicionada por el galán, quien se la juega con su madre que en realidad no es su madre sino la hermana de su papá que resultó ser gay y que termina quedándose con el atlético galán para finalmente suicidarse en pareja, eso sin contar con que el día del funeral cae una bomba que deja lisiada a la otrora bella protagonista que hacía pocos días había sido plantada en el altar por un narcotraficante novato que a última hora aceptó que sólo quería casarse para quedarse con una finca que ella no sabía que recibiría como herencia, pero que ya había sido puesta a nombre de un abogado inescrupuloso que también sedujo a su madre, la cual al enterarse de todo inevitablemente fue a parar a un manicomio. Pero no nos quedemos viendo este desolador panorama al que se ven enfrentados los twitterdependientes que sienten que el fin del mundo se adelantó cada vez que se cae la red, no, veamos las cosas desde otro punto de vista porque quizás lo que no han hecho ellos y ellas es detenerse por un momento, hacer log out por un día entero y descubrir todo lo bueno que pasa cuando no estamos online haciéndonos los interesantes en 140 caracteres y leyendo las “brillanteces” que escribe una serie de desconocidos que sufren patologías similares a las nuestras en lo que a redes sociales y dependencia de las mismas se refiere.
Y como la ciencia exige sacrificios, yo fui muy valiente y tomé esa decisión: me desconecté voluntariamente por un día para desarrollar un estudio social en el que analizaría lo diferente que puede llegar a ser un día sin la reconocida red social en la que mueren los famosos antes que en las noticias. La anterior frase, para ser más estrictos, quiere decir que en mi lugar de trabajo decidieron bloquear el acceso a redes sociales y yo fui uno de los tantos damnificados que se está viendo obligado a abstenerse de tuitear en horas laborales, situación que empeora gracias a que un grupo de fanáticos de la tecnología me robaron con arma blanca el blackberry desde el que perdía tiempo en modo wireless.
Así pues, el día del experimento inició muy normal. Sonó la alarma de mi teléfono móvil provisional, el cual tiene precisamente como función más destacada eso, la alarma, y me levanté medio zombie a buscar la ruta hacia el baño más cercano en el que me esperaría una ducha que siempre tarda en calentar el agua mucho más de lo que quisiera. Aquí empezaron los hallazgos...
Para leer el final de esta historia, visita: http://www.triego.com/2011/05/04/un-dia-sin-twitter/
Y como la ciencia exige sacrificios, yo fui muy valiente y tomé esa decisión: me desconecté voluntariamente por un día para desarrollar un estudio social en el que analizaría lo diferente que puede llegar a ser un día sin la reconocida red social en la que mueren los famosos antes que en las noticias. La anterior frase, para ser más estrictos, quiere decir que en mi lugar de trabajo decidieron bloquear el acceso a redes sociales y yo fui uno de los tantos damnificados que se está viendo obligado a abstenerse de tuitear en horas laborales, situación que empeora gracias a que un grupo de fanáticos de la tecnología me robaron con arma blanca el blackberry desde el que perdía tiempo en modo wireless.
Así pues, el día del experimento inició muy normal. Sonó la alarma de mi teléfono móvil provisional, el cual tiene precisamente como función más destacada eso, la alarma, y me levanté medio zombie a buscar la ruta hacia el baño más cercano en el que me esperaría una ducha que siempre tarda en calentar el agua mucho más de lo que quisiera. Aquí empezaron los hallazgos...
Para leer el final de esta historia, visita: http://www.triego.com/2011/05/04/un-dia-sin-twitter/
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