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La ultima chela del desierto

Mi nombre es Luis y trabajo en una hamburguesería para poder pagar mi universidad, desde la preparatoria aspiraba a ser escritor, y escribía sobre una persona llamada Kevin, 30 años y ya era dueño de las más grandes empresas de México, tenía más dinero que Slim y Obama solicitaba juntas y reuniones con él, las cuales Kevin rechazaba porque estaba demasiado ocupado conversando con grandes famosos y aclamados artistas como Paul McCartney, Johnny Depp, Eminem, Justin Bieber o Selena Gómez. Siempre llevaba flotas enteras de patrullas que le hacían escolta mientras caminaba a uno de los últimos modelos de automóvil que tenía, subía en él y el típico, al ponerlo en reversa chocar su Ferrari o su Mercedes Benz, eso le molestaba ya que en caso tenía que pedirle a uno de sus sirvientes que llamen a la compañía que le envíen un auto nuevo.





Sin duda una vida genial llevaba Kevin, yo en cambio que escribo la vida del hombre más exitoso de todos los tiempos, me queme ayer con el asador de hamburguesas del puesto donde trabajo.

Cierto día mientras barría la cocina, vi una bolsa de plástico tirada, y no la recogí, a pesar de que vivo solo, tuve una extraña sensación de que yo era Kevin, y pensé que alguien más la recogería, quizá uno de mis tantos mozos o sirvientes. No pensé eso en concreto, pero tuve esa sensación inconscientemente. Mi mente se aclaro por la noche cuando lo recordé, no soy Kevin, no soy un magnate millonario amigo de Bon Jovi y dueño de las más grandes empresas mexicanas, soy Luis, un fracasado que cursa la universidad y trabaja hamburguesería para poder vivir, me quedé dormido.
Al día siguiente me levanto, me pongo las chanclas y me voy a bañar, llegue a la cocina y me resbalo con la bolsa de platico que no había recogido ayer y me doy un fuerte golpe en la cabeza. Quedé inconsciente.
Me despierto, estoy mareado, tardo un poco en recobrar la emoción del tiempo, y me dirijo a bañar. Me baño y salgo. Me visto y me voy a peinar a mi cuarto. Pero… alguien se estaba peinando ya, o más bien, lo estaban peinando, habían 5 personas a su al redor, mojando, cepillando y recortando las puntas de su cabello, ¿Y a quien estaba peinando?, o más bien, ¿Qué rayos hacían ellos en mi casa? Invadían mi propiedad y podía hacer una denuncia. Todos esos pensamientos tuvieron menor importancia cuando la persona a la que peinaban volteo hacía mí, en el fondo ya sabía quién era y temía tener razón. Era Kevin. 
Alucine, alucine, alucine, alucine y me eche atrás, ¿Me he vuelto loco? ¿Me he vuelto esquizofrénico? ¿Qué pasa?



KEVIN: Oye, no te pago para que te recargues en la pared, necesito que laves mi Jet privado, el de avión de negocios por favor, porque siempre lavas el Jet que tengo personal para adornar mi cochera. Tengo que ir a Estados Unidos porque ya me canse que Obama este fregando con lo de la junta y demás.
¿Qué dijo? No lo escuche, yo sigo, alucinando, estoy boquiabierto y espantado. ¡Esto no puede estar pasando!, Kevin es un personaje ficticio que yo invente, pero lo estoy viendo en carne y hueso en frente de mí hablándome como si fuera uno de sus sirvientes. Esto es imposible, con todas sus letras: IMPOSIBLE.
Me largo corriendo en busca de un psicólogo.
Llegué con el Dr. Montiel. El cual me diagnostico que el golpe en la cabeza que sufrí tuvo un efecto psicológico con mis pensamientos y materialice a Kevin. El está en mi cabeza, en mi imaginación, y para colmo soy su sirviente.
Dispuesto a dirigirle la palabra vuelvo a casa, con esperanza de que, ahora que se que todo lo imagine, ya no esté ahí. Pero al entrar, me lo encuentro charlando con sus viejos amigos, Freddie Mercury y Michael Jackson. Esto no está pasando.
LUIS: Kevin, ¿pue
do hablar contigo un momento?
KEVIN: ¿Qué qué?, ¿Sabes a quien le hablas?, yo puedo hacerte pedazos con simples palabras.
LUIS: Por favor, es urgente, y me pidieron que te lo dijera o si no…
En ese momento pensé, yo creé a Kevin, yo sé lo que le da miedo, lo que le da pánico y lo que le preocupa, así que continué:
LUIS: … o si no podrías quedar en banca rota total.
Hubo un silencio que se rompió con la voz de Michael:
MICHAEL: No le puedes creer.
KEVIN: Lo sé, pero… quiero escucharlo.
Kevin se fue con Luis a su cuarto.
LUIS: Esta bien, deja te informo que… quizá no lo entiendas… pero… yo escribí tu vida.
Kevin se me quedo mirando.
KEVIN: ¿Estas bromeado? ¿Es en serio?, Digo, ya estas grande, y despedido, no eres digno de mi presencia.
LUIS: Puedo probártelo, yo sé cosas de ti que nadie sabe.
Kevin rió.
KEVIN: ¿Cómo cuales?
LUIS: Tus padres se llamaban Mayra y Richi, tu nombre completo es Kevin Phelps Bundo, tu mejor amigo se llamaba John, y eres tan rico porque siempre que te hacían daño te daban la opción de dejarte en paz si les dabas dinero, y desde entonces conseguir dinero se convirtió en una obsesión que debías cumplir sea como sea y conseguiste doctorados en finanzas y también se que embarazaste a una chica y te mudaste a México y te cambiaste el apellido. Aun siendo un adulto sigues fumando a escondidas, se que desde niño tu sueño era ser un locutor de radio en un programa que llamarías LB LA IDEA, y sé que… te meabas en la cama hasta los catorce años.
Kevin quedo aterrorizado con las palabras de Luis.
KEVIN: ¡¡SEGURIDAD!!
Al gritar eso, por la calle llegaron decenas de patrullas y helicópteros policiacos de los cuales bajaban hombres y soldados armados los cuales tomaron de los brazos a Luis.
KEVIN: ¡Llévense a este loco!, y no lo dejen salir jamás de prisión.


Kevin se dio la vuelta con el fin de irse.
LUIS: ¡¡OYE!!
Kevin volvió a mirarme.


KEVIN: ¿Qué quieres?
LUIS: ¿Qué rayos eres?
KEVIN: ¿Aun no sabes?, soy ese al que todos rodean en lugar de estar en medio de todo, ¿sabes a que me refiero?, encantador… El Juan Camaney…
LUIS: ¿De qué hablas?
KEVIN: En resumen, soy la última chela del desierto.








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